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28 Decomposition Analysis

XI. Concluding Remarks

ángeles, que llevaban siete plagas, las últimas, porque con ellas se consuma el furor de Dios. 2 Y vi también como un mar de

cristal mezclado de fuego, y a los que habían triunfado de la Bestia y de su imagen y de la cifra de su nombre, de pie junto al mar de cristal, llevando las cítaras de Dios. 3 Y cantan el cántico de Moisés,

siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios Todopoderoso; justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de las naciones!

4 ¿Quién no temerá, Señor,

y no glorificará tu nombre? Porque sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti,

porque han quedado de manifiesto tus justos designios.»

La sección, que se enmarca en el contraataque del Cordero y su acompañamiento contra las Bestias y sus huestes, sirve de preludio a la sección siguiente de las siete copas.

Es oportuno recordar el puesto que ocupa nuestra sección en del desarrollo de la parte profética cuya segunda sección ha comenzado en el c. 12 y que hemos llamado “El Apocalipsis de las Bestias y de su

derrota por el Mesías”. El imponente cuadro de Ap 12, con la Mujer encinta y el Dragón que la acecha, es una presentación simbólica e intuitiva de la gran confrontación de la historia: la lucha dramática entre el bien y el mal, una lucha que se remonta al comienzo mismo de la humanidad (Gn 3,15) y que llegará hasta la consumación.

El Dragón, derrocado del cielo y situado en la tierra, se propone hacer la guerra a los hijos de la Mujer, es decir, a los que guardan los mandamientos y mantienen el testimonio de Jesús.

La Bestia que sube del Mar y que representa la síntesis de las cua- tro Bestias de Dn 7, recibe del Dragón el poder y la tarea de hacer la guerra a los santos y vencerlos. En este cometido es ayudado por la segunda Bestia, la que sale de la tierra. El imperio romano, idólatra y perseguidor de los cristianos, es la encarnación de los poderes dia- bólicos (Dragón) y de las Bestias descritas en el c. 13.

El c. 14 nos ha presentado un cuadro totalmente contrapuesto al anterior: el Cordero situado en el monte Sión acompañado de los ciento cuarenta y cuatro mil. Una serie de proclamaciones angélicas anuncian la iniciación de la hora del juicio. Dos imágenes de larga tradición bíblica, la siega y la vendimia, anuncian en pasado proféti- co la realización del designio divino. Tanto el Hijo del hombre, que realiza la siega, como el ángel que lleva a cabo la vendimia son los agentes del juicio.

Ahora el vidente contempla una nueva señal en el cielo: los siete ángeles con las últimas plagas, porque con ellas se consuma el furor de Dios (15,1). El furor de Dios es la ira divina por el pecado de ido- latría y por las abominaciones que comete la humanidad. En esta batalla decisiva Dios va a poner en movimiento mediante los ángeles un septenario de plagas, simbolizadas en siete copas que traen una serie de calamidades que representan el castigo divino sobre la humanidad dominada por las fuerzas contrarias a Dios.

Una nueva visión de los elegidos triunfantes cantando el cántico de Moisés (actualizado) sirve de coro a esta visión de los siete ánge- les con las siete copas. Es difícil decir si esta señal grande y maravi- llosa forma inclusión con 12,1 (la señal grande). En tal caso, sería quizá la séptima señal del septenario que comienza en 12,1 (véase lo que decimos en el comentario a 14,14). Probablemente la expresión tiene presente ya el nuevo septenario de las copas. Su aparición sería el motivo del cántico que sigue.

En efecto, antes de pasar a la descripción de estas siete plagas, el autor nos hace asistir a una escena de triunfo y de cántico de los redi- midos. El escenario es un mar de cristal (15,2) que nos recuerda a la vez el Mar Rojo y el pavimento cristalino parecido al mar debajo del trono de Dios de que habla Ex 24. Los triunfadores de la Bestia están de pie junto al mar de cristal cantando (15,3-4). Es el cántico de Moisés y del Cordero. El título nos lleva directamente a Ex 15, donde Moisés y el pueblo de Israel cantan al Dios que les ha liberado del Faraón y les ha hecho pasar milagrosamente por el Mar Rojo. El segundo de los nombres (“Cántico del Cordero”) indica que ahora la liberación se ha llevado a cabo mediante la sangre del Cordero, y que este es el nuevo y definitivo liberador del pueblo.

Esta visión de los triunfadores que cantan, situada tras la procla- mación de la siega y la vendimia, parecería un duplicado de la visión del Cordero y su acompañamiento en 14,1-5, donde los 144.000 can- tan un cántico nuevo (14,3). Sin embargo, la escenificación es distin- ta. Allí es el monte Sión, lugar de la morada divina, un escenario con- trapuesto a la ciudad de la Bestia. Aquí, en cambio, el lugar es un mar de cristal mezclado con fuego (15,2), que sin duda se corresponde muy bien con el canto de Moisés. Se trata, pues, de los triunfadores libe- rados de la Bestia que evocan los israelitas liberados del Faraón.

El título “Cántico de Moisés y del Cordero” se inspira en Ex 15,1. El contenido del cántico es la proclamación de la grandeza de Dios y de sus obras y su justicia en tono exclamatorio: «Grandes y maravi- llosas son tus obras, Señor, Dios Todopoderoso; justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de las naciones!» (15,3b). Las “obras” de Dios son sin duda alguna las intervenciones divinas para castigar a los adoradores de la Bestia y para salvar a los elegidos. El mismo pensa- miento expresa por paralelismo la segunda frase, relativa a la veraci- dad de los caminos (actuaciones) de Dios. Los títulos de “Señor, Dios Todopoderoso” y de “Rey de las naciones” indican el señorío divino sobre la historia. El título último manifiesta la principalidad de la consideración del reinado de Dios.

Sigue una invitación a temer y glorificar a Dios mediante una pre- gunta poético-exaltadora: «¿Quién no temerá, Señor, y no glorificará tu nombre?» (15,4a). El motivo de exaltación es la proclamación de la santidad divina: «Porque sólo tú eres Santo» (15,4b).

Como consecuencia de la grandeza divina, se anuncia que ven- drán todas las naciones y adorarán a Dios, porque sus juicios se han hecho manifiestos (15,4c).

Las siete plagas de las siete copas (15,5 - 16,21).

5 Después de esto vi que se abría en el cielo el Santuario de la

Tienda del Testimonio, 6 y salieron del Santuario los siete ángeles

que llevaban las siete plagas, vestidos de lino puro, resplandecien- te, ceñido el talle con cinturones de oro. 7 Luego, uno de los cuatro

Vivientes entregó a los siete ángeles siete copas de oro llenas del furor de Dios, que vive por los siglos de los siglos. 8Y el Santuario

se llenó del humo de la gloria de Dios y de su poder, y nadie podía entrar en el Santuario hasta que se consumaran las siete plagas de los siete ángeles.

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