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Una de las características principales de las relaciones sanas entre padres e hijos son aquellas en que su resultado es un modelo de ape- go infantil suficientemente seguro. Por esta razón, evaluar la cali- dad de las relaciones de los hijos y las hijas con sus padres implica estudiar los modelos de apegos de los hijos, que nos llevarán direc- tamente a poder distinguir los diferentes grados de capacidades de los padres de los hijos e hijas estudiados. Para poder obtener la in- formación necesaria sobre la calidad de la relación nos parece útil la metodología de observación participante, adaptada a las diferentes edades de los niños y las niñas. Para proceder a esta evaluación es importante que el o la profesional que evalúa conozca el desarrollo normal de un niño o de una niña en sus diferentes edades. Este co- nocimiento es necesario sobre todo porque los bebés y lactantes evolucionan y cambian de una forma muy rápida en los primeros años de vida. así, por ejemplo, lo que es normal al mes o al segun- do mes constituirá un signo de perturbación grave al cuarto u octa- vo mes. En lo posible, la evaluación deberá ser el resultado de varias observaciones o, si esto no es posible, deberá intentarse, por lo me- nos, comparar lo observado con lo registrado en informes de otros observadores fiables. Por otra parte, el evaluador o la evaluadora tienen que tener en cuenta que los patrones repetitivos y esperables de las relaciones interpersonales entre un niño o una niña y la figu- ra de apego, en especial, la figura de apego primario que en la infan- cia temprana es fundamentalmente la madre y es sinónimo de una relación sana, futuro motor de un desarrollo adecuado de los hijos. aun en los apegos seguros más sanos, siempre existen momentos en que los niños muestran signos de estar vinculados con sus figuras

de apego, en especial, la figura de apego primario que en la infancia temprana es fundamentalmente la madre y es sinónimo de una rela- ción sana, futuro motor de un desarrollo adecuado de los hijos.

aun en los apegos seguros más sanos, siempre existen momentos en que los niños muestran signos de estar vinculados con sus figuras de apego y, en otros momentos, al contrario, parecen estar desvincu- lados. Lo importante, sobre todo en los bebés menores de un año, es que la figura de apego tenga la capacidad de tomar la iniciativa de la vinculación, ya sea para repararla o para reforzarla. Lo primero ocurre a través de conductas que calman los estados de excitación del bebé, producto de sus estados internos de hambre, frío, estrés o, simplemen- te, necesidad de contacto físico. Lo segundo, para reforzar el vínculo y estimularlo, sea tomándolo en brazos, meciéndolo, ofreciéndole obje- tos, como un sonajero o un cascabel o, simplemente, hablándole.

Que el niño o la niña experimenten momentos de desvinculación ayudan a éste o a ésta a desarrollar una representación de sí mismos diferenciada, que será la base de su individuación relacional (stier- lin, 1981). Lo importante es que estos momentos sean seguidos por una respuesta vinculadora por parte de los cuidadores.

En cada una de las formas del apego inseguro, y aun más en los apegos desorganizados, existe un problema en la regulación de la vinculación y la desvinculación, lo que va a determinar una forma particular de relación de los niños y de las niñas con sus padres. En las relaciones con apego evitativo, las conexiones para responder al malestar de las necesidades del bebé, por parte de la figura de ape- go, son sis temáticamente poco frecuentes, y las iniciativas para re- forzar el vínculo son también escasas, por lo que el bebé parece que estuviera desconectado de su figura de apego. En la diada relacional con apego ambivalente, las conexiones de la figura de apego son impre visibles y, en algunos momentos, agobiantes y emocional- mente intru sas. Existe por parte de los progenitores una gestión irrespetuosa e incoherente del ciclo infantil, que tiene momentos en que el bebé comunica sus necesidades y otros momentos «de sole- dad» para estar en contacto consigo mismo. Los comportamientos de refuerzo del vínculo son más bien conductas de estimulación exagerada que despiertan estados mentales en los hijos o las hijas de

excitaciones inútiles y desagradables. Éstos son más el reflejo del de- seo de un progenitor intruso que impone conexiones invasivas a par- tir de sus estados mentales que lo asaltan. Estos progenitores muchas veces persisten en sus esfuerzos por establecer un contacto o alinea- miento directo e inmediato con su bebé, cuando precisamente lo que éste necesita, en ese momento, es que le dejen tranquilo.

La consecuencia más nefasta para el bebé reside en que la reac- ción de una madre de este tipo puede bloquear o desorganizar sus comportamientos destinados a regular la presencia del otro. La pre- sencia, o no, de indicadores de este tipo, es lo que se pretende detec- tar a través de la observación de los comportamientos de un bebé según la pauta propuesta.

En el caso de la relación que produce un apego desorganizado/ desorientado, la situación es aun más dura para los pequeños, pues las interacciones propuestas por la figura de apego pueden ser fuen- te de terror y desesperación agobiante, que es mucho más dañina que la falta de sintonización o la sintonización intrusiva. En este caso, el niño o la niña se encuentran en un estado mental de sobreexcita- ción angustiosa y sin recibir ningún consuelo o efecto tranquilizador de su figura de apego, pues es ésta la fuente de sus miedos. El apego desorganizado se desarrolla a partir de estas repetidas experiencias en las que el cuidador reacciona como si estuviera asustado o ame- drentado ante el niño o la niña. Los bebés o los niños pequeños, con este tipo de apego, pueden dar la impresión de estar en trance o emo- cional y conductualmente congelados. En estos casos, la desorga- nización se expresa por la desvinculación, pero, a diferencia de los bebés con modelos evitativos, esta desvinculación está plagada de terror, por lo que el pequeño se va, en verdad, retirando de la rela- ción como si no esperara nada de ella o como si la pudiera controlar.

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