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CONCLUSION:

Unas de las interrogantes que seguramente movieron a la reflexión y participaron en la construcción de la postura existencialista de este pensador pueden ser las siguientes: ¿Qué es el hombre? ¿Cuáles son sus características distintivas? ¿Qué implican para él los demás y el mundo que le rodea? ¿De qué manera puede trascender? No existe otra preocupación para la humanidad entera a través de todo

este tiempo que encontrar respuesta a todas estas preguntas y todas las que tengan que ver con la manera de ser hombre. Heidegger reflejaba esto con cierto tono de escepticismo en una importante obra suya citada por Grene:

“En ninguna época se ha sabido tanto y tan diverso con respecto al hombre como en la nuestra. En ninguna época se expuso el conocimiento acerca del hombre en forma más penetrante ni más fascinante que en ésta. Ninguna época, hasta la fecha, ha sido capaz de hacer accesible este saber con la rapidez y facilidad que la nuestra. Y, sin embargo, en ningún tiempo se ha sabido menos acerca de lo que el hombre es. En ninguna época ha sido el hombre tan problemático como en la actual”. (Grene 67)

A pesar de todo esto, la importancia de esta pregunta sobre la existencia misteriosa del hombre sigue presente en todas las culturas y particularmente en cada persona. Probablemente se deba al deseo de encontrar la explicación al significado de la presencia de cada uno de los que estamos aquí. Esto nos lleva al aumento de otros tantos cuestionamientos como ¿qué es la vida?, ¿para qué nos ha sido dada?, ¿por qué y para qué se vive?, y yo, ¿quién soy?

De ahí la importancia de profundizar en las ideas que dejó Kierkegaard, fundador del existencialismo moderno que reaccionó contra el idealismo absoluto sistemático del filósofo alemán George Wilhelm Friedrich Hegel. Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana.del siglo XIX. En medio de un mundo realizado en el que predominaba la estética y la religión oficializada, durante el siglo XIX, hubo alguien que se atrevió a contradecir lo que universalmente estaba aceptado. Nicol lo explica así: “En Kierkegaard, la dialéctica ya no es la forma intrínseca del proceso universal; es algo relativo al hombre solo, y representa más bien una tensión situacional o existencial. Y esta tensión no tiene un

rumbo fijo, como el curso de la historia según Hegel. El hombre se integra en la historia con su individualidad bien recortada y no como componente mutable de un proceso (Nicol 185).

A continuación se intenta compartir la reflexión realizada sobre la perspectiva de Soren Kierkegaard respecto a lo que es y no es el hombre, la forma en que lo representa, su relación con todo lo que le rodea y su trascendencia. Para ello se tomarán como base tres de sus obras: Diario de un seductor, publicada en 1843, Temor y temblor, en 1844 y El concepto de la angustia, en 1884. Con el apoyo de estas fuentes se intenta descubrir cómo este precursor del pensamiento existencial proyecta su perspectiva y da respuesta a estos cuestionamientos.

¿Qué es el hombre?

Para Kierkergaard lo más importante es el tema del hombre, pero se refiere al hombre concreto, no el hombre concepto-abstracción, sino el real, el que sufre, el que se siente aturdido en cuanto encara y sufre a uno solo de sus límites, el que ama, el que todo le parece un absurdo, el que no se comprende a sí mismo. Se preocupa por sus limitaciones tratando de comprender sus impulsos y angustias, piensa que la mejor manera de transformarse es aclarando los aspectos que forman parte de su persona. Considera que la verdad objetiva es un estorbo para el hombre, no lo determina y solamente podría conseguirse con la experiencia “Lo que me determina es la armonía de la verdad con las exigencias más profundas de la persona, con esta verdad moral que es en mi el individuo que soy y quiero ser” (Jolivet, 47).

La visión que tiene Kierkegaard del hombre se refiere al concepto de la posibilidad. Señala que el hombre es capaz de elegir y es en esto en que aparece la angustia y la desesperación. Debido a que a la naturaleza humana le corresponde

el desconocer su futuro, esa situación le provoca desasosiego, limitación. Lo ejemplifica en el primer capítulo de su obra Temor y Temblor cuando reconstruye la figura del patriarca Abraham sometido a la difícil decisión de sacrificar a su primogénito. El ejercicio de la libertad es una exigencia que genera presión y pone al hombre la complicada situación de elegir que viene a convertirse en una sensación de límite. El creer y tener fe en el absurdo paradójico que lo libere escapa a toda razón, pues en el momento en el que se cree, el absurdo adquiere otro sentido; esa fe que libera es el cristianismo. La premisa es que el hombre se hace a sí mismo, su libertad la ejerce para consistir, pero sólo después de ser.

“Si el hombre fuese un animal o un ángel, no sería nunca presa de la angustia. Pero es una síntesis y por tanto puede angustiarse, y cuanto más hondamente se angustia, más grande es el hombre. Sin embargo, no hay que tomar esto en el sentido en que los hombres en general lo toman, refiriendo la angustia a algo externo que se acerca desde fuera al hombre, sino en el sentido de que el hombre mismo produce angustia.” (Kierkergaard, El concepto de la angustia 152)

A diferencia de otros seres a los que su propia naturaleza les ha dado su forma de vivir, al ser humano aunque le dieran su existencia no significa que le estén dando el camino de su vida. En su obra: El diario de un seductor expresa todo su pensamiento. Señala la necesidad del hombre por encontrar la razón por la que se encuentra en este mundo y su deseo por encontrar la verdad para él. Además en otra de sus obras, El concepto de la angustia, se refleja la importancia que para él tiene la conjunción de alma y cuerpo. Y con ello resalta la búsqueda de la trascendencia. “El hombre era pues una síntesis de alma y cuerpo, pero al par es una síntesis de lo temporal y de lo eterno.” (Kierkegaard, Angustia 84)

¿Cómo representa al hombre?

Desde la perspectiva de Kierkegaard, el hombre y su personalidad se configuran con una renovada elección sobre alternativas o estadios de la existencia individual, como él los llama. Cada etapa es un conjunto de posibilidades de vida distinta de otra, lo cual define su forma de existencia. La manera de ser hombre dependerá del estadio al que haya decidido pertenecer. Es aquí donde juega un importante papel: la libertad, porque es ella misma la que puede hacer avanzar al hombre en estas etapas de la vida. Y es notable que para este pensador, la base de la salvación del hombre radica en el hecho de elegir con compromiso, no cualquier cosa sino esto o aquello, porque cada acto lo constituye a uno, cada acto que se realiza como puede propiciar el avance a otro estadio puede hacer que se quede uno donde mismo, en estadios inferiores. Ésta sería la finalidad que del diálogo propone este pensador: recorre los estadios hasta llegar al máximo desarrollo “...hasta estos estados de espíritu, oscuros e indefinidos, encierran en sí un poderoso encanto...” (Kierkegaard, Diario de un seductor 27)

La angustia es el sentimiento que aferra y domina al hombre cuya síntesis se ve amenazada por el hecho de que un aspecto, ya sea el cuerpo, lo temporal o lo necesario está tomando el control. Esta sensación es una voz de alarma para que reflexione sobre la decisión que va a tomar. Sin embargo puede ser también la tentación para un nuevo error o pecado.

“En el momento en que el espíritu se pone a sí mismo pone la síntesis. Mas para poner la síntesis, ha de penetrar primero a través de ella, cortándola y el extremo de lo sensible es precisamente lo sexual. El hombre no puede alcanzar este extremo hasta el momento en que el espíritu se hace real. Antes de este momento, el individuo no es animal, pero tampoco es

propiamente hombre; sólo en el momento en que se torna hombre porque a la vez se torna animal.”(Kierkegaard, El concepto de la angustia 49)

¿Cuáles son las características que el autor resalta o niega acerca del hombre?

A través de sus obras se pueden identificar los rasgos del hombre. A continuación se enlistan y en seguida se fundamentan con las citas referidas.

Aspectos positivos:

• Importancia del hombre concreto existencial

• Importancia del SER del hombre sobre el TENER o POSEER.

• Valor de la libertad: importancia de la opción personal y de la responsabilidad en el mundo

Aspectos negativos:

• Visión trágica y desesperada de la existencia, encerrada en un aquí y ahora sin más esperanza. “...es una aventura que todos tienen que correr, ésta de aprender a angustiarse; el que no lo aprende, sucumbe. […] La angustia es la posibilidad de libertad...” (Kierkergaard, El concepto de la angustia, 152) • Disolución de la verdad en la subjetividad. El mundo de los valores los crea el

hombre en el ejercicio de su libertad, al optar por esto o aquello. No existen valores objetivos y permanentes.

• Afirmación de la libertad como una fuerza sin límites y sin metas.

• Desconfianza hacia la apertura y el amor a los otros hombres: imposibilidad de comunicación interpersonal y de comunidad humana.

“No puedo imaginar nada más atormentador que el sufrimiento de un espíritu intrigante que pierde su senda, y al despertar de la conciencia, procurando salir

del laberinto, vuelve contra sí toda la agudeza de su cerebro […] quien se pierde en su interior se ve encerrado en un espacio limitadísimo y se halla de repente en el punto de partida; y así gira constantemente en un laberinto, del que comprende que nunca más saldrá”. (Kierkegaard, Diario de un seductor 12)

Como se puede ver, para Kierkergaard, el hombre aunque es importante en cuanto a su existencia; predominando en ella el ser sobre el tener o poseer y valorando la libertad para decidir y responsabilizarse ante el mundo que le rodea; también tiene que experimentar la angustia para elegir entre lo que se le va presentando en su vida, vivir en un contexto subjetivo en el que él mismo ha determinado los valores que a través del tiempo pueden ir cambiando, considerar que la libertad es poderosa y no tiene límites y aceptar que no puede haber comunicación con los demás y por lo tanto tampoco una comunidad humana.

¿Cuál es su relación con los otros?

Retomando el concepto de los estadios, los dos primeros, el estético y el ético se refieren a la relación con los otros, aquí el proceso del encuentro humano para este filósofo, que se distinguen por las siguientes características:

El primer estadioes el estético, se trata de una vida que se encuentra bajo el dominio de lo sensual que busca el placer inmediato y la comodidad en todos los sentidos, exenta de dolor y de compromiso, más que egoísta, el estético es ególatra lo que importa es aprovechar el máximo placer posible, aunque esto provoque hastío e insatisfacción o el extrañar placeres pasados. Se refiere a una carrera desenfrenada contra algo que supere a la sensación anterior y así sucesivamente cual instantes fugaces de vida. Cuando un estético se mira a sí mismo, no

encuentra nada, está vacío. Se vive en el mundo de los sentidos, esclavo de los deseos y estados anímicos.

El personaje prototipo de esta forma de ser es el don Juan, ya que es despreocupado, poco atento y sólo dispuesto a vivir sensaciones cada vez más placenteras. Este personaje que tarde o temprano sentirá el vacío existencial en el que está suspendido y buscará llevar una vida ordenada, moralmente impecable y que esto le sea reconocido por la sociedad. Según Kierkegaard, este tipo de vida conduce a la desesperación (paradójicamente), porque es como tener dos caras: por un lado soy amante de la vida y para eso tengo que ser creativo para experimentar la intensidad. La vida se convierte en un instante de búsqueda de placeres, no se vive ni en el futuro ni en el pasado. Por otro lado vivo en la desesperación porque lo que antes me satisfacía, ahora ya no.

Lo estético engloba el contenido del primer estadio de la existencia que se expresa por medio de la inmediatez, la comprensión finita, la ironía sin interioridad. Es aquello que es pura espontaneidad, vida de sensaciones, el placer sensual y el erotismo, la reflexión en torno a los valores de la finitud y la temporalidad. Es opuesto al estadio ético o el estadio religioso, que son aquellos en los que habría un verdadero hombre, individuo único, libertad y trascendencia. “Todas las cosas deben ser gozadas a plenos tragos. ¿Y tendré yo motivos para no estar tranquilo? Los dioses me aman, con seguridad, puesto que me cupo en suerte de la rara felicidad de enamorarme una vez más. Ni el arte, ni la ciencia podían haberme dado una cosa que es siempre un don bienaventurado, divino.” (Kierkegaard, Diario de un seductor 36)

El estadio ético es la segunda y para muchos última etapa, pues avanzar a la tercera significa hacer el movimiento de Abraham, ya mencionado antes, cosa que muy pocos pueden lograr. Para liberarse de la profunda desesperación que se vuelve enfermedad, en la que el hombre ya no vive, se puede elegir poner fin a esa

incesante búsqueda de los placeres. Se enfrenta la vida cara a cara recuperando la identidad perdida, es entonces en que se da el estallido ético el salto para entrar en la esfera ética de continuidad y estabilidad de vida. Al estadio ético se puede llegar por la ironía, pero ya no hacia los otros sino al burlarse de uno mismo de su actuar por su vacío interior. En esta etapa el hombre se guía por el deber, obedece las leyes, trata de ser justo, es educado y cortés. Se trata pues, de un hombre racional y socialmente aceptable y aceptado, un caballero. “...el despertar de la conciencia es para él demasiadamente ético. La conciencia se le aparece bajo la forma de un conocimiento más alto, que se exterioriza en inquietud, no se puede decir que ella lo acuse, pero lo conserva alerta y le roba todo reposo...” (Kierkegaard, Diario de un seductor 13)

En este estadio ya no es sólo un instante, lo ético es aquello por lo cual el hombre llega a ser lo que llega a ser. Reconoce la diferencia entre el bien y el mal (o lo uno o lo otro). En cambio para la existencia espontánea que se da en el estadio estético o lo uno o lo otro da lo mismo. El que vive en la etapa anterior, estéticamente, no elige ni tiene idea clara de su elección y el que elige, en este nuevo estadio de la ética lo que no son los valores, peca, comete los actos del mal, es decir, no cumple con su deber. Cuando uno es capaz de reconocerlo y acepta que es una persona que no cumple con las leyes morales, entonces busca la reconciliación. Cuando no se es capaz de reconocerlo entonces es reprobable desde el punto de vista moral. Uno reconoce la elección en el bautismo de la voluntad.

“Obtener lo bello es siempre difícil; es fácil alcanzar lo interesante. Pero siempre es bueno aproximarnos a las dos cosas cuanto nos sea posible. Ése es el verdadero placer, y hasta llego a no comprender cuál es el placer que otros van buscando. La posesión, sólo por sí, es algo vulgar, y los medios de

que los apasionados se suelen servir la mayor parte de las veces para eso son bastante bajos; no tienen escrúpulo en emplear para sus fines dinero, fuerza, influencias de otros, y hasta narcóticos. ¿Qué placer puede haber en un amor que no encierre en sí el abandono absoluto de una de las dos partes? Para esto es necesario mucho espíritu y esa clase de apasionados carecen generalmente de espíritu. (Kierkegaard, Diario de un seductor 37)

De acuerdo a las ideas de Kierkergaard, el estar en este estadio, requiere de convicción, es decir, estar convencido de que esas normas o reglas son las que permiten la realización humana. Si no se aceptan, si no se está convencido de ellas, y se decide actuar de acuerdo a ellas sólo por cumplir, entonces no se está haciendo lo que uno desea y no hay un verdadero y propio objetivo. No se es congruente entre el pensar y el actuar, sino que se hace lo que todos hacen y se actúa como los demás actúan. “Evidentemente, yo no pertenezco, ni quiero pertenecer, al número de esas criaturas que se aman por estimarse, se casan por lo mismo, y por estimación llenan el mundo de hijos. Pero sé también que el amor exige, en cuanto la pasión está adormecida, que la estética y la moral no entran en conflicto”. (Kierkegaard, Diario de un seductor 73)

¿Hay o no trascendencia para el autor y cuál es la forma en la que incide en nuestra existencia?

Continuando con lo referente a los estadios, el tercero se refiere a la relación con el Otro, que en este caso es Dios, bajo las siguientes características:

El tercer estadio es el teológico Se llega mediante una relación subjetiva muy personal y auténtica con Dios por medio de la fe. Representa el paso definitivo que tiene que dar el hombre. Sólo si renuncia a sí mismo, para superar las

limitaciones que la realidad le impone, accede a lo trascendente, a Dios y a la verdadera individualidad. Inicia con el caballero ético que no tiene fe, todo lo racionaliza, no conoce el telos, finalidad, ni de la vida ni de la muerte.

El último estadio inicia con un gran acto de contrición cuando ese caballero del segundo estadio deja de creerse autosuficiente, se da cuenta de sus limitaciones y se percata de que la razón pudo haber anulado sus sentimientos, aquí el hombre se prepara para creer y para tener fe, el último salto. En el tercer estadio es la fe quien mueve al hombre en todos los sentidos. Aun cuando ello signifique un imposible racional, el hombre lo tomará y aceptará porque confía y cree en Dios, su confianza lo llevará a descubrir que el salto al vacío no termina en eso, sino en una vida completa junto a Dios y actuando sólo para Él.

Kierkegaard señala que en el momento de la elección es comparable a tener la personalidad de Dios. Es Él quien se la da a uno, pero cuando no está reconocido esto no se tiene en cuenta ese don. Toma de manos de Dios su propia existencia lo que precede a ese momento de elección. Aunque no se encuentre nada en relación con esto debe uno arrepentirse por el simple hecho de que Dios lo quiso a uno antes de que uno lo quisiera a Él. Tiene uno que reconocer este don, aceptar mediante el arrepentimiento que hubo inmadurez al no haberlo tomado en cuenta.

La reflexión de Kierkegaard se traduce en una reflexión de carácter religioso que lo ve como un estado supremo, de culminación. El nivel estético no tiene ningún

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