A partir del trabajo de Minsky, el concepto se populariza y su utilización a mediados de los 70 es masiva y en disciplinas muy diversas como atestiguan los trabajos de Schank en inteligencia artificial, los estudios de Rumelhart o Neisser en psicología cognitiva, los trabajos de Filímore en lingilística, las investigaciones de Schmidt en rendimiento motor o los estudios de Schank y Abelson o de Bobrow y Norman en campos interdisciplinares entre la psicología cognitiva y la inteligencia artificial. En ese proceso de expansión de la utilización de los esquemas, el trabajo de Neisser (1976, traducción de 1981) parece haber contribuido de manera decisiva, sirviendo como base “18 del conocimiento
a la aplicación del concepto de esquemas al estudio del yo y
social (e.g., Markus y Smith, 1981; Taylor y Crocker, 1981), un primer paso para su posterior aplicación a los trastornos emocionales, aunque la percepción fuera el tema central de la obra de Neisser. Neisser estudia otros fenómenos como la atención, la imaginación, el lenguaje y la predicción y el control del comportamiento, pero todos ellos en relación a la percepción. Neisser define el esquema como:
“Aquella porción del ciclo perceptivo que es interna al perceptor, modificable por la experiencia y de algún modo específica con respecto a lo que se percibe. El esquema acepta la información en la medida en que ésta incide sobre las superficies sensoriales y es transformado por esta información; dirige los movimientos y las actividades exploratorias que permiten tener acceso a ulterior información, por la cual resulta nuevamente modificado”
18 El que la teoría de Neisser haya sido uno de los elementos básicos para la aplicación de los esquemas al estudio del “yo” no es de extrañar, ya que la teoría no sólo trata los aspectos más activos de los esquemas, sino que hace de ello su más importante características, dándole un canicter propositivo a los esquemas. Este énfasis hace que los esquemas, según son entendidos por Neisser. constituyan un formato representacional ideal para el “yo” puesto que se ajusta muy bien, como se verá más adelante, a la doble consideración del “yo” como objeto y sujeto.
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(pp. 67-68, Neisser, 1981).
Neisser esclarece las funciones de los esquemas mediante algunas analogías. En primer lugar, actúan como las instrucciones de formato o “format” en los lenguajes de programación de ordenadores, especificando de qué tipo debe ser la información para que sea interpretada de un modo coherente. La información que no aparece con el formato adecuado es ignorada o malinterpretada. Los esquemas también funcionan como los planes descritos por Miller, Galanter y Pribram en su clásico libro, buscando detalles sobre objetos y sucesos para obtener más información que complete el formato. Es más, “el esquema no es únicamente el plan; es también el ejecutor del plan. Es una pauta de acción como una pauta para la acción” (p. 69, Neisser, 1981).
3. SUPUESTOS BÁSICOS DE LAS TEORÍAS DE LOS ESGUEMAS
A pesar de la popularidad de la concepción de esquemas de Neisser, el término esquema no tiene una definición fija. De hecho, existe una gran diversidad de términos para aludir a constructos parecidos al de esquemas: “guiones”. “definiciones”, “metas”, “planes”, “marcos”, “estructuras beta”, “unidades de conocimiento MOPS”, etc, y cada término refleja una posición teórica distinta. Sin embargo, puesto que las semejanzas entre los diversos enfoques son mayores que las diferencias, se pueden describir ciertos supuestos básicos que parecen compartir todos los teóricos de los esquemas así como las características básicas que, independientemente de la temática y de la denominación, definen a los esquemas en las teorías actuales.
Según Brewer y Nakamura (1984) sólo parece haber un supuesto que todas las teorías de esquemas suscriben y que les distingue de otras teorías del procesamiento de información: la molaridad de la representación del conocimiento. En contra de posiciones atomistas, los teóricos de los esquemas asumen que algunos fenómenos no pueden explicarse en función de una concatenación de constructos teóricos más pequeños y, por lo tanto, es necesario desarrollar entidades teóricas más grandes para comprender esos fenómenos, y tales entidades operan como unidades en las teorías.
Otros supuestos, aunque no compartidos por todos, parecen caracterizar a buena parte de los teóricos de los esquemas (cf. Brewer y Nakamura, 1984): el carácter emergentista de los esquemas (las entidades teóricas molares son cualitativamente diferentes de entidades atómicas más pequeñas, es decir, no son simplemente conjunto de elementos más pequeños operando como unidades), la naturaleza genérica o abstracta del conocimiento representado en los esquemas y la naturaleza activa del funcionamiento de los esquemas. Finalmente, en relación a otros supuestos, existen claras divergencias. Por ejemplo, la cuestión del estatus ontológico de los esquemas divide a los teóricos de los esquemas. Algunos autores como Neisser, Brewer y Nakamura adoptan una posición realista considerando que los esquemas son entidades fisiológicas, mientras que otros, como Minsky o Anderson, sostienen una posición
instrumentalista argumentando que los esquemas son simplemente una notación o
formalismo postulado por los científicos, que es conveniente para resumir los datos. En relación al carácter modular de los esquemas Brewer y Nakamura (1984) señalan que existen discrepancias entre los teóricos de los esquemas, puesto que autores como Minsky o Abelson parecen ajustarse a un principio de parsimonia y tratan de emplear los “frames” o los guiones para explicar el mayor número de fenómenos posible, mientras que ellos mismos consideran que la mente es modular y que es necesario desarrollar distintos constructos teóricos para explicar procesos cognitivos diferentes, de manera, que los diferentes dominios cognitivos tendrían esquemas con diferentes características estructurales. Sin embargo, los mismos Brewer y Nakamura (1984) reconocen que actualmente tal discrepancia parece no existir y que hay cierta opinión consensuada entre los teóricos de los constructos en aceptar la modularidad de los esquemas, en tanto en cuanto la práctica actual es construir teorías de esquemas específicas y, además, aunque existen fuertes semejanzas entre las teorías específicas dentro de un dominio o módulo cognitivo, existen sin embargo diferencias cualitativas entre las teorías de diferentes dominios (cf. Brewer y Nakamura, 1984). Por último, aunque Brewer y Nakamura consideraban en su revisión de 1984 que todos los teóricos de los esquemas no comulgaban con ningún postulado asociacionista, hay que señalar que en los últimos años algunos autores como Rumelhart o McClelland se han decantado por posturas “neo-asociacionistas” al formular el concepto de esquema en términos de
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los modelos de redes de procesamiento paralelo distribuido (Rumelhart, Smolensky, McClelland y Hinton, 1986).
4. DEFINICIÓN, CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE ESQUEMAS
A la vista de las semejanzas en supuestos que se han señalado en la sección anterior, una definición general y poco comprometida de esquema concebiría a éste como estructuras mentales inconscientes de los aspectos molares del conocimiento que influirían en el modo en que se procesa la información y se organiza la conducta. En esta definición aparecen los dos elementos que suelen relacionarse con la naturaleza de los esquemas: los contenidos empíricos del conocimiento esquematizado y su carácter estructural, el último de los cuales remite a su función en los distintos procesos cognitivos y que también queda recogida en la definición.
Observando la anterior definición, podría parecer que las teorías actuales de los esquemas no van más allá de las definiciones dadas por Piaget o Bartlett; sin embargo ésto no es cierto. Las teorías actuales han ganado en precisión y operatividad, de manera que se pueden señalar unas características como necesarias, o al menos útiles, para desarrollar un sistema de representación que se compone como un esquema. Las características que se presentan más adelante no reflejan un acuerdo unánime entre los teóricos (un acuerdo que probablemente existiría en relación con la definición anteriormente citada), pero sí un consenso más o menos amplio (cf Brewer y Nakamura, 1984; Mandíer, 1985; Marty, 1988; Morton y Bekerian, 1986; Rumelhart, 1984; Rumelhart y Ortony, 1982; Williams et al., 1988).
En relación al contenido, los esquemas se caracterizarían por los siguientes rasgos:
1) Contenido generico: El conocimiento que condenen los esquemas es de naturaleza genérica, constituyendo representaciones abstractas prototípicas de regularidades ambientales. Este conocimiento puede ser tanto semántico como episódico.
2)Representan el conocimiento a todos los niveles de abstracción: Hay esquemas