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los asilados se encontraban miembros de la Unión Nacional Opositora, mé- dicos, abogados, militares, quienes recibieron visa para trasladarse a Méxi- co, "en razón de que en nuestro país cuentan con relaciones y amigos que pueden ayudarlos a sobrevivir".14

Hacia fines de la década de los setenta, las confrontaciones entre si mpatizantes de fuerzas izquierdistas y derechistas se hicieron cada vez más frecuentes, hasta que en 1979 el país entró en un caos total, cuando unajun- ta militar derrocó al presidente Carlos Humberto Romero. La junta intentó llevar a cabo una reforma agraria y nacionalizó los bancos, pero no logró uni- ficar al país ni vencer a las guerrillas que controlaban parte del territorio.

La violencia continuó. Los asesinatos y otros actos de represión resul- taron numerosos. En total se calcula que unas 22,000 personas fueron asesi- nadas en 1980. El homicidio de monseñor Oscar Arnulfo Romero fue uno de los que tuvo mayores repercusiones. Así recuerda este periodo Jorge Vi- llacorta, democristiano que llegó a encabezar el Ministerio de Agricultura:

La cosa se agudizó más cuando asesinan a monseñor Romero un 24 de marzo, eh... mi relación con monseñor Romero había sido muy estrecha, una gran amistad desde hacía varios años y para mí aque- llo ya era el acabóse, no tenía sentido, habíamos logrado lo que nos habíamos propuesto [...] dentro de la Democracia Cristiana, que era asestar el golpe de la nacionalización de la banca, del comercio ex- terior y la reforma agraria, y no podía continuar eso, decidimos en- tonces retirarnos del gobierno, no se podía renunciar aquí porque uno podía ser sujeto evidentemente de asesinato; mi cabeza tenía precio, aparecieron algunos afiches en la zona de la colonia San Be- nito, la zona de los ricos, donde aparecían algunos afiches y volan- tes poniéndole precio a mi cabeza.15

En 1980, Duarte regresó del exilio, se unió a la junta y asumió la pre- sidencia en diciembre. Contaba con el apoyo de los democristianos, algu- nos sectores de las fuerzas armadas y Estados Unidos. Sin embargo, la situa- ción interna se recrudeció cada vez más. Los "escuadrones de la muerte", organizaciones paramilitares de extrema derecha, perpetraron cientos de asesinatos.

Entre varios testimonios, la doctora Aronette Díaz relata las circuns- tancias en que su esposo Mario Zamora Rivas, militante del Partido Demo- crata Cristiano y procurador general de la República, murió asesinado en su propia casa en febrero de 1980:

[...] él había recibido múltiples amenazas, habíamos discutido la posibilidad de dejar el país y, y estábamos precisamente, eh, a nivel familiar discutiendo la conveniencia o no de alejarnos un tiempo, teníamos los dos hijos pequeños, en ese entonces de cinco y ocho años, y, eh, políticamente había, continuaba la efervescencia, había convocado mi esposo a una convención del Partido Demócrata Cristiano, eh, porque él era secretario general en funciones del Par- tido Demócrata Cristiano y horas antes de que se celebrara la con- vención él fue asesinado al interior de nuestra casa de habitación, eh, había una reunión, había una fiesta en la casa y se introdujeron violentamente por el techo y..., su misión era asesinarlo a él, nadie más fue asesinado, y, eh, y esto motivó que, eh, comenzara yo a pro- fundizar la discusión que habíamos tenido con él sobre la conve- niencia de dejar el país, sobre todo teniendo hijos muy pequeños.'' Muchos otros miembros del Partido Demócrata Cristiano fueron perseguidos y aniquilados. Ante esto "mucha gente salvadoreña salió dispa- rada en la década de los ochenta [...] sucedieron situaciones que, bueno, que me vi, que no era posible vivir en la ciudad donde yo estaba viviendo".17

Duarte convocó a elecciones en 1982; su partido fue vencido y una coalición de extrema derecha llegó al poder. En las elecciones presidencia- les de mayo de 1984, Duarte fue restablecido en el cargo; en marzo de 1985 su grupo político, el Partido Demócrata Cristiano, ganó la mayoría en las elecciones legislativas. Los continuos abusos contra los derechos humanos y las actividades de los escuadrones de la muerte hicieron que el congreso estadunidense denegara la ayuda a El Salvador.

En octubre de 1986 un terremoto causó severos daños y muertes en San Salvador. Las conversaciones de paz con las guerrillas del Frente Fara- bundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) comenzaron en 1987 pero no se llegó a ningún acuerdo. En las elecciones de 1989 la Alianza Republi- cana Nacionalista (ARENA), de extrema derecha, obtuvo mayoría en la Asam- blea Nacional y su dirigente, Alfredo Cristiani, sucedió a Duarte en la presi- dencia. Siguieron largas negociaciones entre el gobierno y las guerrillas. Finalmente, en septiembre de 1991, por mediación de la ONU, Cristiani y los dirigentes del FMLN llegaron a un acuerdo de paz, que si bien no marcó el fin de la prolongada guerra civil, fue un importante paso hacia tal objetivo. Aunque en menor número que los guatemaltecos, a partir de 1981 hubo un notorio desplazamiento de salvadoreños hacia México. Este refugio masivo otorgado a ciudadanos centroamericanos planteó serios retos para

nuestro país, entre otras cosas porque mostró las limitaciones de la legisla-

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