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tristeza/depresión

Ya hemos visto cómo la tristeza es una emoción negativa que puede ser estudiada en el laboratorio si la inducimos mediante diferentes procedimientos. En este apartado presentamos numerosos estudios que han investigado sobre ella y que nos ayudarán a obtener un conocimiento más rico y profundo sobre esta emoción básica.

Decíamos anteriormente la tristeza/depresión es una de las emociones peor estudiada, como consecuencia de lo cual,

encontramos en ocasiones un vacío en la literatura existente sobre el tema. Esto contrasta con la multitud de estudios y bibliografía que podemos encontrar sobre la depresión patológica, procedentes del ámbito clínico. Queremos volver a incidir en la importancia de promover este tipo de investigación para profundizar más en el conocimiento de un rama poco conocida de la depresión, no como una patología clínica, sino como una respuesta emocional normal del ser humano.

Pero no sólo existen pocos estudios sobre la tristeza/depresión como emoción, sino que además, son pocos los autores que han profundizado en el tema ofreciéndonos una pequeña revisión de las investigaciones y estudios realizados. Es decir, existen muy pocos estudios recopilatorios que sinteticen una visión general de la cuestión. En este punto queremos resaltar el trabajo de Stearns (1993), que ha elaborado, en un interesante y muy completo libro sobre emociones (Lewis y Haviland (eds.), 1993), un amplio capítulo titulado Tristeza. En este trabajo se realiza una revisión de numerosos estudios relacionados con la tristeza y se describen algunas de las controversias aún no resueltas que rodean a esta emoción. Pero aunque hace referencia a investigaciones psicológicas, revisa en mayor profundidad las aproximaciones hechas desde perspectivas históricas y antropológicas.

Uno de los primeros aspectos que nos llaman la atención tras leer el capítulo de Stearns (1993), es la enorme diversidad de opiniones y la gran divergencia que existe no sólo entre disciplinas distintas, como son la antropológica y la psicológica (como posteriormente veremos), sino incluso en el seno de cada una de ellas.

Desde el campo de la Psicología, la tristeza puede ser entendida, en términos Darwinianos, como una respuesta normal del ser humano para motivarnos a responder de forma adaptativa a determinada demanda del medio ambiente (Stearns, 1993). Por otro lado, fuertemente influenciados por los trabajos de Silvan Tomkins y Paul Ekman sobre las emociones básicas, entre los años 70 y 80, mucho estudios han intentado establecer las diferencias entre cada emoción, basándose para ello en el estudio de diferentes situaciones provocadoras de emociones, así como en las valoraciones o cogniciones que nos conducen a elegir (a sentir) una determinada emoción y no otra (Stearns, 1993). Desde esta perspectiva, Stearns resume los procedimientos que se utilizan en los estudios empíricos sobre la tristeza, en tres tipos: (a) se enumeran a los sujetos una serie de emociones básicas, y estos deben describir diferentes situaciones o sucesos que podrían provocarlas; (b) se presentan descripciones de una serie de situaciones o valoraciones cognitivas y se pregunta a los sujetos qué emociones sentirían ellos; (c) se pregunta a los sujetos qué hacen ellos cuando sienten determinada emoción.

En un apartado anterior hemos enumerado algunas de las principales dificultades con las que se encuentran los investigadores interesados en estudiar la tristeza. Junto a estas, presentamos algunas de las limitaciones que señala Stearns (1993):

1) Los estudios se realizan bajo la asunción de que las emociones básicas son discretas, cada una de las cuales tiene una función. Generalmente, se les pide a los sujetos que

describan situaciones en las que han experimentado una determinada emoción, a pesar de que normalmente, cuando los sujetos hablan de sus propios sentimientos tienden describir una mezcla de emociones. Este hecho plantea dudas a la hora de afirmar que existen emociones discretas con funciones determinadas.

2) Existe una asunción de universalidad de la respuesta emocional en la mayoría de las investigaciones, pero no existe un mecanismo para considerar la diferencias individuales en estos experimentos, a pesar de que los resultados muestren que los individuos varían mucho, tanto en la “elección ” de la tristeza como emoción a sentir, como en la conducta que sigue a dicha emoción. Anteriormente hemos visto cómo ante una misma situación, algunos individuos sienten tristeza y otros una emoción distinta, dependiendo de numerosos aspectos personales, ambientales, culturales, etc. 3) Estos estudios intentan averiguar qué función cumple cada

emoción, pero son incompletos, porque estudian a individuos que sienten una emoción y se les pregunta por ella. Es decir, no se estudian las emociones en situación natural.

4) Los estudios están basados en las descripciones que los sujetos hacen sobre sí mismos, pero pueden estar refiriéndose a la “e moción norma ” o a lo que es propio en nuestra cultura, más que a su propia experiencia interna. La mayoría de los estudios están basados en una muestra muy limitada, los estudiantes americanos, y no se suele considerar la idea de que la tristeza pueda ser diferente en otros contextos o culturas.

Aunque estas cuatro críticas hechas por Stearns (1993) tienen parte de razón, también es cierto que pueden hacérsele ciertas matizaciones: (1) La mezcla de emociones es un tema que ha sido tratado con anterioridad, y hemos visto cómo actualmente es una cuestión no resuelta. Sin embargo, consideramos que el hecho de que los individuos al hablar de sus emociones parezcan describir una mezcla de sentimientos no claros y mezclados, no implica que sea la prueba que demuestre que las emociones no son discretas. Las emociones básicas en general, comparten una alta proporción de respuestas, no olvidemos que la emoción debe considerarse como un patrón de respuestas y que los mecanismos que se activan cuando se produce un proceso emocional son los mismos para todas las emociones, lo que cambia generalmente, es la intensidad y la dirección que la respuesta toma. Por ejemplo, la tensión muscular, que es una respuesta que se ve afectada por muchas de las emociones, podríamos afirmar que, en general, es mayor en la ansiedad que en la de depresión, o que incluso en ocasiones, mientras que en la ansiedad se produce un considerable incremento de esta tensión, en la depresión la respuesta es contraria, es decir, se produce un decremento de la misma, en determinados grupos musculares. (2) Anteriormente hemos hablado de la dificultad para estudiar las emociones en contextos naturales, por lo que es cierto que la mayoría de las investigaciones están hechas en el laboratorio, pero no todos los estudios se basan en las descripciones que los sujetos hacen de sus sentimientos como Stearns afirma. No olvidemos la importancia que tienen actualmente los estudios en los que las emociones son inducidas y sentidas en

ese momento por los sujetos, donde no sólo se tienen en cuenta las descripciones propias de lo que han sentido, sino que puede haber una parte importante de evaluación de la emoción mediante observación, cuestionarios (como la interesante Escala de Valoración del Estado de Ánimo (EVEA) de Sanz (2001) para evaluar la eficacia de los procedimientos de inducción de emociones), realización de tareas, registros fisiológicos, etc. (3) Hay numerosos estudios que han demostrado que existe una tendencia a construir socialmente las emociones (Averill, 1982; Shaver, Schwartz, Kirson y O’Connor, 1987; Fehr, 1988; Paez y Vergara, 1991, 1992; Rusell, 1991, etc.) es decir, mediante prototipos de conocimiento social, el individuo va construyendo el significado de su experiencia. Desde esta perspectiva, las emociones son conceptualizadas como categorías naturales de conocimiento social, esto es, existen esquemas o prototipos de conocimiento social sobre las emociones. Así pues, las emociones son constructos de sentido común “ m ultirreferenciales” , de forma que “ una emoción es un significado aprendido que le permite al sujeto organizar una experiencia privada ” (Paez y Vergara, 1991, pág. 27). Cuando Stearns habla de la “emoción norma” que puede estar implícita en las descripciones que los sujetos hacen de sus emociones, puede que se esté refiriendo de alguna forma a estas cuestiones, es decir, la “emoción norma ” , es el prototipo mental que tenemos de cada emoción. Paez y Vergara (1992) han elaborado una investigación en la que analizaron el sentido común de cuatro emociones básicas (entre las que se encontraba la tristeza), desde esta perspectiva de las categorías naturales prototípicas y ha demostrado que estas emociones no sólo están culturalmente determinadas, sino que también existe una influencia de tipo social, como pueden ser el sexo del investigador que realiza la entrevista, la relación que existe entre los sujetos que hablan de sus emociones, etc. Sin embargo, esta corriente no está libre de críticas. La más importante de todas es que estas categorías naturales no son estables. Barsalou y Medin (1986) han encontrado inestabilidad entre poblaciones, entre individuos e, incluso, intraindividualmente. Se ha llegado a plantear que las categorías naturales no tendrían grupos de atributos definitorios, sino que estos cambiarían en función del contexto y de la experiencia individual. Así pues, no está clara la existencia de un conocimiento prototípico de las emociones que describa los sentimientos de los sujetos entrevistados en los experimentos. Además, muy pocos investigadores olvidan que las emociones, como otros muchos objetos de estudios de la psicología, están influenciadas por factores de carácter social y cultural, y no por ello van a dejar de estudiarlas y analizarlas en su propia cultura. Los estudios transculturales entrañan numerosas dificultades prácticas, por lo que no todos los investigadores tienen la posibilidad llevarlos a cabo y no son muy abundantes. Consideramos que una solución parcial a este hecho es que, por un lado, los investigadores no olviden estas cuestiones e intenten tener en cuenta los descubrimientos de los estudios que se hayan realizado en diferentes culturas, y por otro, que haya una mayor comunicación y trabajo común entre disciplinas que en estas cuestiones son complementarias, como la nuestra con la antropología, la etnología, etc.

Sin más detenimiento, vamos a pasar a presentar investigaciones en las que la tristeza ha ocupado un lugar importante o ha sido el objeto de estudio.

Smith y Lazarus (1993) elaboraron un modelo de emociones que se centra en la valoración cognitiva que realiza el sujeto. Anteriormente dijimos que optábamos por no entrar en el extenso tema de las teorías explicativas de la emoción debido a la gran magnitud de éste. Sin embargo, al citar en esta ocasión a Lazarus, no podemos pasar por alto mencionar que éste es uno de los autores que más ha trabajado en el campo de las emociones y que ha elaborado una de las teorías más relevantes dentro de la orientación cognitiva, que pone el énfasis en la evaluación que el sujeto hace de la situación y de sus recursos de afrontamiento (Lazarus y Folkman, 1984). Pues bien, posteriormente Smith y Lazarus, han seguido desarrollando esta teoría, creando un modelo de valoración específico de las emociones. Estos autores describen el significado subyacente relacionado con cada emoción en dos niveles diferentes de análisis. Un nivel molecular que describe los juicios específicos hechos por una persona para evaluar una relación particular de daños y beneficios. Y un segundo nivel molar, que combina los componentes de valoración individual dentro de sumarios o gestalts de significado relacionado, que denominan núcleo de tema relacionado, que sería el daño o beneficio central que subraya cada una de las emociones, mientras que el componente individual de valoración describe cuestiones específicas. El análisis molar es, por tanto, una síntesis de los significados relacionados en un único concepto complejo, mientras que el análisis molecular identifica componentes individuales de valoración, que en una combinación particular, producen ese significado.

Cada componente de valoración se refiere a uno de los dos tipos de valoración propuestos por Lazarus y sus colaboradores: valoración primaria referida a la situación y secundaria referida a los recursos de afrontamiento. En este modelo Smith y Lazarus proponen seis componentes de valoración, dos para la primaria y cuatro para la secundaria. Éstos serían los componentes para la valoración primaria:

3 Relevancia motivacional: hace referencia a si la situación o el encuentro es relevante personalmente.

3 Congruencia motivacional: se refiere a si el encuentro es consistente o inconsistente con los deseos y metas de la persona.

Y para la valoración secundaria:

3 Responsabilidad: indica qué o quién va a recibir el mérito (si es congruente motivacionalmente) o la culpa (si es incongruente motivacionalmente) sobre los resultados del encuentro.

3 Potencial de afrontamiento focalizado en el problema: se refiere a la evaluación de los recursos o medios que la persona tiene para actuar sobre la situación y transformarla de acuerdo con sus deseos.

3 Potencial de afrontamiento focalizado en la emoción: hace referencia a la evaluación de los recursos que la persona

tiene para ajustar psicológicamente la situación alterando su interpretación, deseos y creencias.

3 Expectativa futura: indica la posibilidad de cambiar la situación actual o psicológica para que el encuentro fuese más o menos congruente motivacionalmente.

Bien, con estos seis componentes, los autores designan un valor determinado a cada una de las emociones estudiadas: ira, culpa, miedo o ansiedad y tristeza. Las cuatro emociones están relacionadas con varios tipos de daño concreto, de forma que se obtienen los dos componentes de valoración primaria. La valoración secundaria, con sus cuatros componentes determinan el núcleo de temas relacionados que producen esas emociones y por tanto, determinan el tipo de emoción que es. El CUADRO 5 muestra las conclusiones a las que llegan con el estudio de estas cuatro emociones.

CUADRO 5

Componentes de valoración y núcleo de tema

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