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Part IV. Conclusions & Recommendations

Chapter 9 Conclusions

Las diatribas de Perón contra la “oligarquía” y las exaltaciones a los “descamisados" crearon la falsa imagen que el justicialismo surgió como reacción contra una sociedad capitalista que se movía de acuerdo a los principios del mercado libre.

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Esta tesis quedó reforzada por el gran número de autores de prestigio quienes, en múltiples escritos y discursos ubicaron, en forma errónea, el inicio de la doctrina y práctica del corporativismo nazi-fascista, en la Argentina, recién a partir de 1943.

Para Juan José Sebreli45, Agustín P. Justo, presidente de la Nación entre 1932 y 1938, “fue el último conservador liberal”. El error de Sebreli, consistió en haber puesto más el acento en las diferencias, que en aquello en que coincidían con el General Uriburu. Ambos eran partidarios del dirigismo económico. Pero, mientras Uriburu quería derogar por decreto la Constitución Nacional de 1853, Justo se inclinaba por

mantenerla en sus aspectos formales, respetando los calendarios de los comicios. Más sugestivos son los conceptos de Alvaro C. Alsogaray, quien escribía que: “En la década de 1930 a 1940, bajo la influencia de la crisis mundial... comenzaron a aplicarse en la Argentina diversas medidas de control de cambios y de regulación de la

producción y exportación de carnes y granos. Pero esas medidas no configuraban un verdadero sistema de control generalizado de precios y salarios. Eran disposiciones “puntuales" referidas a determinados aspectos de una economía relativamente libre, que podía considerarse como “de mercado”46

.

Abundan ejemplos de que las prácticas y doctrinas en las que se basó Perón estaban ya en marcha mucho antes del fatídico año 1943.

Las teorías sobre el corporativismo argentino arrancan con los planes estatistas de Hipólito Yrigoyen durante su primera presidencia entre 1916 y 1922, y en el campo de la teoría, con el ensayo de José Ingenieros, en 1919, sobre “La Representación

Funcional”.

La reforma universitaria de 1918 se inspiró en el régimen bolchevique de los "soviets". De ahí el soviet de profesores, graduados y estudiantes.

Alfredo Palacios preconizaba, en coincidencia con los laboristas ingleses, desde principios del siglo XX, el socialismo medieval de las “guildas”. Más aún, Carlos Ibarguren, Leopoldo Lugones y el General José Félix Uriburu, hicieron escuela —a partir de la insurrección de 1930— del cuestionamiento de la democracia formal. Para Lucio Moreno Quintana la legislación corporativa argentina era un sub-tema dentro del

45 Juan José Sebreli, “Crítica de las ideas políticas argentinas”, Editorial Sudamericana, quinta edición, Buenos Aires,

2002).

46 “4000 años de Control de Precios y Salarios”, Editorial Atlántida, Apéndice E, El control de precios y salarios en la

66 contexto de la economía dirigida.

El “Plan de Acción Económica Nacional” de 1934, estuvo integrado por el conjunto de medidas destinadas a “proveer a la regulación, control o asesoramiento de los ramos fundamentales de la producción argentina”.

La Comisión Nacional del Azúcar ya estaba vigente de acuerdo al Decreto del 11 de mayo de 1928.

La Comisión de Fibras Textiles, por decreto del 14 de noviembre de 1931. La Comisión del Extracto de Quebracho, por decreto del 15 de julio de 1933. La Comisión de Harinas, por Resolución ministerial del 13 de abril de 1935.

La Comisión Nacional de Patatas, por Resolución ministerial del 13 de abril de 1935. la Junta Nacional de Carnes, por Ley N° 11.747 del 7 de octubre de 1933.

La Junta Reguladora de Granos, por decreto del 28 de noviembre de 1933.

La Ley N° 11.729 de 1933, modificatoria, en su origen del Código de Comercio, que estableció la indemnización por despido, etc., luego extendida a todas las relaciones laborales, constituyó el más duro golpe a la libertad laboral, en épocas previas a la llegada de Juan Domingo Perón.

Estas son algunas de las innumerables corporaciones que se crearon en esa época. La nómina completa ocupa cuatro páginas del libro “Política Económica” del Profesor Lucio M. Moreno Quintana.

La consigna de la campaña peronista, preconizando la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social que representaban la vocación por el caciquismo, el aislamiento y la justicia del tipo de las sociedades primitivas, tampoco fue una

originalidad de Juan Domingo Perón.

Las expresiones seudo-académicas, “Desarrollo hacia adentro” y de “Monedas autónomas” divulgadas desde la cátedra por el Doctor Raúl Prebisch, ratificadas luego en documentos oficiales, preanunciaron el lema peronista de la “Independencia

Económica”.

El proceso de estatización de los ferrocarriles de administración privada ya estaba iniciado.

En la sesión del Senado del 29 de diciembre de 1938, en oportunidad de tratarse la nacionalización del Ferrocarril Central Córdoba y los Tranvías a vapor de Rafaela, el

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Presidente Roberto M. Ortiz, de orientación conservadora, encontró en el senador socialista Alfredo L. Palacios, un ferviente aliado.

Según Palacios la nacionalización iba a consolidar “la Independencia Económica de la República al substraer a estas empresas de la influencia de los capitales extranjeros”.

Palacios, quien se jactara de haber sido el primer diputado socialista en América y que nunca había ocultado su vocación por el nacionalismo, fue más lejos. Terminó su solemne discurso con un pasaje que hoy suena a una broma que resultó trágica para el porvenir de los argentinos.

Entre otros disparates de grueso calibre afirmó que el Estado “no busca dividendos elevados; se preocupa por el mejoramiento del servicio público que atiende; paga sueldos y jornales que permiten una vida decorosa y enaltece la situación moral y económica del pueblo”.

En 1942, el líder de la Italia Libre, conde Sforza, ya anticipaba, en una entrevista para el diario “La Prensa” que, “en la República Argentina ha prendido la infección fascista y los democráticos tendrán que luchar muchos años para combatirla”. “Cuando nosotros —refiriéndose a los italianos— estemos libres de la infección, ustedes —los argentinos— seguirán sufriendo sus, consecuencias47

.

Para la opinión pública occidental, de acuerdo al testimonio del periodista Rodolfo Luque, Argentina, al cabo del primer quinquenio de la década del cuarenta, era una aparente república representativa federal, pero en realidad era un régimen corporativo fascista.

El armazón corporativo fascista de antes del golpe militar de 1943, lo conformaron el Control de los Cambios, la Dirección General Impositiva, el Régimen de Coparticipación Federal Impositiva, el Banco Central, las Juntas y demás entes reguladores de la

producción y las empresas y bancos del estado.

Este modelo constituyó la base del imperio peronista, que se impuso, desde 1943. Carente el peronismo de oposición ideológica consistente, domina, hasta la fecha, la escena política nacional.

Parafraseando a Friedrich von Hayek, se puede afirmar que no fue Perón el autor de la destrucción de la democracia argentina, sino que supo aprovecharse de las

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instituciones totalitarias ya existentes, nacidas de acuerdo a los conocidos y tortuosos mecanismos legales.

Al igual que en Alemania fue “la unión de las fuerzas anticapitalistas de la derecha y la izquierda y la fusión del socialismo radical con el conservador la que expulsó todo lo que era liberal” en la Argentina48

.

La simple lectura de los diarios de la época demuestra la mentira de los fundamentos esgrimidos para alterar de hecho el Régimen Impositivo Federal de Gobierno, e introducir en forma ilegítima el Impuesto a los Réditos y a las Ventas.

Estas medidas nada tenían que ver con el desequilibrio del presupuesto. Estuvieron pensadas para construir el estado corporativo fascista en la Argentina.

Más aún. En el debate parlamentario en que se trató la creación del Banco Central, a principios de 1935, no estuvieron ausentes los temores sobre las consecuencias políticas que iban a derivar de !a instauración de la dictadura financiera en el país.

En un pasaje del discurso del socialista Nicolás Repetto, en la sesión de Diputados, del 28 de febrero y 1o de marzo de 1935, este legislador anticipó los peligros que se avecinaban. Decía Repetto:

“El partido que se ha posesionado del gobierno después de los acontecimientos del 6 de septiembre de 1930, se encuentra actualmente bajo la seria preocupación de ser desalojado en una elección inmediata, por los que fueron desalojados del gobierno a raíz de aquella circunstancia. Es un hecho, es innegable que a mi juicio tiene un valor extraordinario para juzgar de la oportunidad de estos proyectos: en este momento los desalojados por la violencia se aprestan a volver; los usurpadores tiemblan y lo esperan todo en buena parte de la fuerza”.

“Yo me pregunto si el señor Ministro de Hacienda (Federico Pinedo) concede tan poca importancia a sus proyectos, le inspiran tan poco interés, que los expone a ser aplicados por los propios adversarios, que pueden volver al gobierno el día de mañana”.

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“¿Es acaso posible emprenderse una reforma de esta trascendencia en un momento como éste?”

“¿Las aprecia tanto, se interesa tanto por su suerte, se muestra tan solidario con las ulterioridades de estos proyectos cuando los lanza en un momento como éste?”

Cuando Repetto expresaba estos conceptos, no era por un simple ánimo de oposición. Muy por el contrario, invitaba, a su ex compañero de bancada, Federico Pinedo a imaginarse a un yrigoyenista, con el Control de los Cambios y el Banco Cen- tral en sus manos.

El dramático giro de la política nacional a partir de 1935, dio la razón al Doctor Nicolás Repetto.

En los comicios del 5 de septiembre de 1937, donde el fraude se hizo presente, la fórmula Ortiz-Castillo, que auspiciaba la Concordancia en el poder, se impuso a la de Alvear-Mosca, sostenida por el radicalismo.

Roberto M. Ortiz asume la presidencia el 20 de febrero de 1938, El 1 de septiembre de 1939 estalla la guerra europea. Argentina se declara neutral, pero esto no obstaba a que se reconociera en Ortiz un ferviente partidario del bloque aliado.

El 8 de marzo de 1940, Ortiz interviene la provincia de Buenos Aires. El gobernador Manuel Fresco, además de haber surgido en comicios fraudulentos no se cansaba de exaltar públicamente a las figuras y doctrinas nazi-fascistas. El Gobernador Fresco le envió a Hitler un facón de regalo. El dictador alemán lo rechazó; la marca del facón era "Solingen", firma de origen judío. Por supuesto que el Dr. Fresco desconocía ese detalle.

La diabetes, agravada por un desprendimiento de retina que lo dejó casi ciego, llevaron al presidente Ortiz a presentar la renuncia al cargo, el 27 de junio de 1942.

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