7. CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS
7.1. Conclusions
Después del 19 y 20 de diciembre, se sucedieron varias marchas con “cace- rolazos”. La primera fue a la semana de asumir Rodríguez Saa y el desenca- denante fue la presencia en el gabinete de un ex intendente de Buenos Aires y sus reiteradas apariciones en público haciendo alarde de su pasado como dirigente corrupto y cuestionado. Los porteños volvieron a salir a la calle, indignados con el nuevo Gobierno. Esa misma noche se conoció la dimisión del personaje cuestionado. A los dos días, renunciaba el propio Rodríguez Saa.
Estos dos momentos de la movilización popular –la que logró la renuncia de De la Rúa y la que empuja al ex intendente y luego al nuevo presidente a renunciar– consolidaron la idea de que la gente en las calles, movilizada y reclamando, recuperaba el poder que antes había entregado a sus repre- sentantes y podía generar cambios en el ámbito del Estado. Los porteños descubrieron su poder destituyente y se plantearon su capacidad instituyen- te.
Desde los primeros días de enero, paralelamente al estreno del tercer go- bierno, comenzaron a discutirse estas cuestiones y a generarse tres nuevas formas de acción derivadas del 19 y 20 de diciembre:
a. las asambleas vecinales,
b. el reclamo semanal para que renunciara la Corte Suprema de Justicia, y c. una marcha –“cacerolazo”– semanal bajo la consiga “Que se vayan todos,
que no quede ni uno solo”.
Tanto el “cacerolazo” semanal como el reclamo frente a los Tribunales de la Nación para que renunciara la Corte Suprema se volvieron rutinarios como formas de manifestación y se agotaron al terminar el verano. Constituye- ron performances basadas en repertorios tradicionales de los argentinos: la marcha y la gran concentración. No obstante, se le sumaban nuevas esté- ticas aportadas por jóvenes artistas, desde las murgas (expresiones de rit- mos populares usadas en los carnavales) hasta verdaderas representaciones teatrales.25Los primeros actos contra la Corte Suprema fueron convocados
por la Asociación de Abogados Laboralistas y concentraron una importante cantidad de gente. Las manifestaciones tenían la clara demanda de que re- nunciaran los nueve miembros de la Corte que habían sido nombrados por los distintos gobiernos democráticos y que actuaron de modo dependiente y al servicio de las necesidades del gobierno de turno, sumando, además, hechos de corrupción. Este proceso derivó en un pedido de “juicio político” por parte del Poder Legislativo, y la destitución de varios ministros de la corte.
De estas tres acciones derivadas de las jornadas de diciembre, la formación de las “asambleas vecinales” es la que trajo consecuencias más interesantes. En efecto, desde las primeras semanas de enero, los vecinos se constituyeron en asambleas por barrios en casi toda la ciudad de Buenos Aires y en algunas zonas del Gran Buenos Aires. Estas se generaron en forma espontánea y, po- co después, comenzó a funcionar una gran asamblea interbarrial (asamblea
25 En una de las concentraciones y marchas contra la Corte Suprema, nueve jóvenes artistas disfrazados de presidiarios, portando carteles con los nombres de los ministros de la Corte, parodiaron un juicio en las escalinatas del edificio.
de asambleas) en el Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires. Has- ta allí llegaban representantes rotativos de cada barrio, con las propuestas consensuadas. Al final de cada domingo, se votaban las propuestas del día y aquellas que lograban ser aprobadas se constituían en mandatos para el conjunto de las unidades participantes.
Estos grupos deliberativos eran tan variados como lo son los barrios de la ciudad de Buenos Aires. Desde enero de 2002, se trataron y discutieron temas muy diversos y generales que con el correr de los meses se abandonaron o se dejaron como consignas constantes y se abordaron otro tipo de cuestiones, relacionadas con problemas que emanaban de la crisis de las instituciones del Estado. En efecto, en las primeras semanas fue habitual que se votaran propuestas tales como “No pagar la deuda externa” o “Que se vaya Duhalde”. Con el tiempo, cada asamblea o conjunto de asambleas generó discusiones acerca de estos temas, pero se orientaban cada vez más a resolver problemas referidos a la salud, el consumo, el pago de los servicios, etcétera.
El aspecto más interesante de las asambleas, a nuestro juicio, es la imple- mentación de otro modo de pensar la política: ya no sólo como la delegación de poder que se efectúa en cada sufragio para que un gobierno tome decisio- nes en nombre de “una mayoría” sino como una participación permanente en el espacio público, convirtiendo a éste en el lugar de la deliberación, el en- cuentro, la toma de decisiones, el rechazo de acciones gubernamentales. Las asambleas se organizaron de modo horizontal en tanto existía un rechazo a las formas tradicionales de representación. Con el tiempo y la participación de los partidos de izquierda, esa horizontalidad se diluyó y comenzaron las prácticas tradicionales.
En los comienzos –los primeros cuatro meses, más o menos–, la palabra circulaba por rigurosos turnos y la participación se establecía por la mera presencia, clausurando identidades que pudieran establecer cualquier forma de jerarquía. En muchas asambleas se discutieron los criterios de reunión y ni siquiera se establecieron claras marcas territoriales (por barrio). Una persona o familia podía encontrarse en un barrio que no fuera el suyo y par- ticipar en otra asamblea. Las representaciones fueron transitorias (para las interbarriales) y la idea de la vieja organización con dirigentes fue suprimida. La presencia de los partidos de izquierda generó fuertes tensiones dentro de las asambleas y, sobre todo, dentro de la “interbarrial” de Parque Cente- nario. Con algunas excepciones, todos los partidos de izquierda tomaron a las asambleas y a las organizaciones de desocupados como espacios de mili- tancia política, tratando de darles una “dirección” (que ellos evaluaban que les faltaba). Muchas asambleas rechazaron abiertamente estas actuaciones y otras fueron más tolerantes.
Las asambleas fueron las nuevas expresiones políticas de la ciudad de Bue- nos Aires y del conurbano bonaerense. En el interior del país, como vimos
en “la trama” fue un fenómeno menos difundido. No obstante, en el mes de setiembre de 2002, hubo dos grandes marchas en las provincias del norte ba- jo la consigna “Que se vayan todos”; una de ellas, en la provincia de Jujuy, reprimida con una intensidad que nuevamente superaba los límites del sis- tema democrático. A nuestro juicio, esta experiencia política que comienza el 19 de diciembre con el telón de fondo de la década, cubre la experiencia asamblearia, las multisectoriales provinciales, etc. y se clausura con la muer- te de los dos jóvenes piqueteros (Maximiliano Kostecky y Darío Santillán) en junio de 2002 y el desesperado llamado a elecciones de Duahalde.