Tú y yo jamás seremos una fuerza tan dominante en el deporte como lo es Michael Jordan, pero podemos hacer lo que él hace, usar el miedo como una herramienta motivacional que nos sirva para perseguir nuestros sueños y lograr la vida que queremos. Laura Gregory era una amiga de la escuela. Era muy inteligente y yo siempre podía contar con ella porque era muy franca. No se andaba con rodeos. Un día en nuestro primer año, Laura me preguntó: “Así que tienes un asistente escolar para ayudarte. Pero, ¿y quién te cuida en casa?”
“Lo hacen mis padres”, le dije, a pesar de que no estaba seguro a dónde se dirigía. “¿Y eso está bien para ti?”
“¿Que me ayuden mis padres? Seguro, ¿qué más podría hacer?”
“O sea, me refiero a situaciones como vestirte, bañarte e ir al baño”, me dijo. “¿Qué pasa con tu dignidad?, ¿no crees que es un poco raro que no puedas hacer todo eso por ti mismo?”
Laura no quería herir mis sentimientos, en realidad era una buscadora de la verdad y genuinamente quería saber cómo me sentía en todos los aspectos de mi vida. Pero ahí tocó un punto delicado. Uno de mis mayores temores al crecer era que sería una carga para la gente que amaba. La noción de que dependía demasiado de mis padres y mis hermanos, siempre rondaba mi cabeza. A veces me despertaba por la noche sudando, aterrorizado al pensar que, si mis padres se iban, dependería de Aarón o Michelle por completo.
Ése era un temor muy real. A veces me abrumaban esas visiones en las que dependía de otros. Las rudas preguntas de Laura sobre mi dignidad sirvieron para que yo dejara de sentirme atormentado por mi miedo y comenzara a sentirme motivado.
En los bordes de mi conciencia, siempre rondaban esos cuestionamientos sobre mi dependencia, pero después de aquel día, los situé al frente de mi mente y decidí afrontarlos con agresividad.
Si realmente me enfocara en esa situación, ¿qué tan independiente podría llegar a ser? Motivado por el temor de convertirme en una carga para mis seres amados, me hice una promesa de misión —a pesar de que en ese tiempo no sabía muy bien lo que era una promesa de misión. Mi temor se convirtió en la pasión y fortaleza que me motivaron a seguir adelante. Necesito hacer más por mí mismo. ¿Pero cómo?
Mis padres siempre me aseguraron que estaban ahí para ayudarme y que no les molestaba cargarme, levantarme, vestirme o hacer lo que fuera necesario por mí. Pero a mí me molestaba no poder servirme un vaso de agua o que alguien siempre tuviera que sentarme en el inodoro. Por supuesto que al ir creciendo deseé tener más independencia y cuidar más de mí mismo. Mi temor me brindó la determinación para actuar y cumplir esos deseos.
Uno de los pensamientos que de verdad me impulsaron a actuar fue el de ser una carga para mi hermano Aarón cuando mis padres ya no estuvieran ahí. Esto me preocupaba mucho porque si acaso hay alguien que merece una vida normal, es mi pobre hermano menor, Aarón. Yo sentía que Dios debía darle eso porque Aarón había pasado la mayor parte de su vida atorado ayudándome, viviendo conmigo y viendo toda la atención que yo recibía. Aarón tenía brazos y piernas, pero, de alguna forma, le tocó una parte fuerte del paquete porque siempre sintió que tenía que cuidarme.
Al igual que cualquier otra de mis preocupaciones, decidir volverme más autosuficiente era una cuestión de supervivencia. Laura me recordó que yo todavía dependía de la amabilidad y la paciencia de otros, pero yo sabía que no siempre podría contar con eso. Además, también estaba involucrado mi orgullo.
Yo estoy en posibilidad de tener familia algún día, y no me gustaría que mi esposa tuviera que andarme cargando a todos lados. Quiero tener hijos, ser un buen padre y un buen proveedor también. Así que pensé, necesito salir de esta silla de ruedas.
El temor puede ser tu enemigo, pero, en este caso, yo logré hacerlo mi aliado.
Les anuncié a mis padres que quería encontrar la manera de cuidarme a mí mismo. Al principio se sintieron muy preocupados, por supuesto.
“No tienes que hacer eso. Nosotros nos aseguraremos que siempre haya alguien que cuide de ti”, me dijeron.
“Mamá, papá, debo hacer esto por ustedes y por mí, así que, mejor, pensemos juntos la forma de solucionar este asunto”, les dije.
Y eso fue lo que hicimos. A veces, nuestros esfuerzos creativos me recordaban la película de la familia Robinson. Atrapados en una isla, los Robinson se unen y comienzan a inventar asombrosos artilugios para bañarse, cocinar y sobrevivir. Yo sé que ningún hombre es una isla, en especial, ningún hombre sin brazos ni piernas. Tal vez yo era un poco más como una península o un istmo.
Mamá, la enfermera, y papá, el hombre habilidoso, fueron los primeros en pensar en un sistema para que me pudiera bañar y darle shampoo a mi cabello. Papá reemplazó las llaves redondas de la ducha con palancas para que yo pudiera accionarlas con mis hombros. Luego, mamá trajo a casa un dispensador de jabón líquido que se podía activar con un pedal, era un dispensador como el que utilizan los médicos cuando se preparan para una cirugía. Lo adaptamos para que yo pudiera usarlo para sacar jabón y shampoo con mi pie.
Luego, papá y yo diseñamos un artefacto de plástico que se podía montar en la pared y sostener un cepillo de dientes eléctrico. Yo sólo tenía que presionar un switch y luego moverme hacia atrás y adelante para lavarme los dientes.
Les dije a mis padres que también quería vestirme solo, así que mi mamá confeccionó unos shorts con bandas de velcro. Así, sólo tenía que deslizarme dentro y fuera de ellos. Los botones de las camisas siempre han sido un gran desafío para mí, por lo que encontramos camisas en las que también me podía deslizar. Bastaba recogerlas con la
Mi mayor temor nos había metido en una tarea que era desafiante y divertida, la tarea consistía en encontrar maneras de ayudarme a ser más independiente. Los controles remotos, teclados de computadora y mecanismos eléctricos para abrir puertas, se han convertido en una bendición para mí porque los puedo operar con mi pie.
Claro que algunas de las soluciones que ideamos, no eran precisamente ejemplos de tecnología de punta. Aprendí a desactivar la alarma de mi casa con mi nariz y usaba un palo de golf entre la barbilla y el cuello para encender las luces y para abrir algunas de las ventanas de la casa.
Por razones obvias, no voy a entrar en detalles, pero también diseñamos algunos ingeniosos métodos que me permitieron usar el sanitario por mí mismo. Hay uno de nuestros videos en YouTube. La dirección es www.youtube.com/watch? v=oDxlJWJ_WfA. Ahí podrás ver algunos de los métodos y artefactos que ideamos. Pero no te preocupes, ¡no hay escenas del sanitario!
Me siento agradecido por haber podido hablar con Laura sobre mi persona y mi dignidad, también me siento agradecido por mi temor juvenil a ser dependiente o ser una carga para mi familia. Todo eso me motivó a conseguir más autosuficiencia. Mi autoestima se benefició muchísimo cuando pude dominar las tareas rutinarias que las demás personas hacen en automático. Pero lo más probable es que, de no haber experimentado emociones tan negativas, no me habría visto obligado a transformarlas en energía positiva.
Tú puedes hacer lo mismo. Encuentra la energía que generan tu miedo, fracaso, rechazo o sentimientos similares y utilízala para darle impulso a todas esas acciones positivas que te acercan a tu sueño.