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Conclusions about the research question

5 Conclusions and implications

5.3 Conclusions about the research question

Aunque se reconoce a Raiffeisen como el ideólogo de las cajas de ahorro y crédito en Europa, no fue el único, sino que estuvo influenciado por las ideas sociales de algunos economistas europeos del siglo XVII con respecto a la ayuda a las clases medias y pobres como una vía de solución al problema del pauperismo, y de las primeras experiencias de microcrédito que Gutiérrez (2005) señala. Desde el punto de vista social, fue una reacción popular a la industrialización, en el que los pequeños agricultores y trabajadores de zonas urbanas reunían sus ahorros y se prestaban entre sí (Couturier, 1998).

En muchas regiones del mundo, las Cooperativas de Ahorro y Crédito figuran entre las pocas instituciones que dependen totalmente de los ahorros y se dedican a prestar servicios financieros a los grupos de medianos y bajos ingresos (Rhyne, 1994, citado por Almeyda, s/f.) y en sus prácticas de organización y formas de intermediación financiera influyen factores de índole cultural, histórica, de cercanía y confianza mutua (Pomar, et. al. 2003). Se dice que tanto las cajas como las cooperativas de ahorro y crédito son de vínculo cerrado debido a la afinidad de sus miembros, pero éste aislamiento es relativo y es más notorio en las cajas urbanas, pues en el medio rural suelen tener un vínculo abierto en función del espacio que comparten, como dice Almeyda (s/f.).

Por lo anterior la diferencia de las cooperativas urbanas con las CAPC, es en la atención exclusiva de sus miembros y la no dependencia de recursos externos para algún proyecto colectivo, o algún acompañamiento del exterior. Actualmente la tendencia en las Cajas de ahorro o Cooperativas de Ahorro y Crédito del medio rural en Latinoamérica y México

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predominan mujeres, que difiere de las características del modelo inicial de Raiffeisen y sus primeras replicas en otras partes del mundo.

La relación recíproca dentro de los principios del cooperativismo universal, subyace un enfoque local con el carácter mutuo y su filosofía sustentada en valores como la solidaridad, la cooperación, la autoayuda y la honestidad. El principio de ayuda mutua desde la visión antropológica es producto de las relaciones entre familias campesinas emparentadas en las sociedades tribales según Sahlins (1972) citado por Calva (1988), se expresaba en todas las actividades de producción que eran comunes y el producto era sujeto a normas sociales y económicas. Pero se debilitaban al hacerse lejanas las relaciones de parentesco. La sociedad tribal era homogénea, no dividida en clases, por ejemplo la tierra era de propiedad común. Pero la noción de común tiene que entenderse en otras variables como las sociales, religiosas, espaciales, o bien las propias necesidades e intereses que rebasan dichas variables. Ello en cierta forma permite el aglutinamiento de los seres humanos y también demuestra la gran diversidad e interacción de redes sociales.

Aunque los principios y valores del cooperativismo son los mismos para el campesinado y capital social, es en éste donde se han realizado análisis más exhaustivos, como es la misma organización social, la confianza, las redes sociales y las normas de autocontrol. El enfoque campesinista los utiliza para explicar el modo de vida campesina y las relaciones internas como un factor histórico cultural. Donde la cuestión familiar es uno de los elementos importantes, Domínguez, (1993) sustenta el atributo familiar o familismo con Fei (1946) y Shanin (1988), Fei, dice que la familia campesina constituye la unidad básica de propiedad, producción, consumo, reproducción social, identidad, prestigio y sociabilidad entre los campesinos; cumple varias funciones interrelacionadas, que promueven fuertes lazos de solidaridad: la provisión de la cooperación mínima social necesaria para la supervivencia económica, la reproducción y la mitigación del riesgo.

En cuanto a la cohesión social; el simple hecho de que las familias campesinas vivan en comunidades con un fuerte sentido de solidaridad de grupo (Redfield, 1947), permite desarrollar el concepto de cohesión social, pero no por extensión del familismo, sino como

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superación del mismo. Aunque Foster (1967, citado por Domínguez, 1993) dice que no hay capacidad para trabajar de manera conjunta para un bienestar común, la evidencia histórica y antropológica indica que, por el contrario, la vía de la cooperación, de la cohesión colectiva, es predominante, al menos entre los campesinos tradicionales, a los que se les otorga un nivel mucho mayor de colectividad, formal o informal (y, sobre todo localizada), que a la vez tiende a suprimir la diferenciación social permanente del campesinado y facilitar (Hobsbawm, 1976:8-9, idem), o hasta imponer, la acción comunal. Por lo que, otro de los rasgos distintivos de las sociedades campesinas es la organización social para las múltiples actividades en una dimensión comunitaria, que complementa la reproducción de las familias. Ello se nota en las organizaciones informales en las comunidades campesinas que Baltasar (2002) analiza y menciona que son espontáneas y para fines específicos.

Por los atributos sociales discutidos, las características de las CAPC son una expresión combinada de las lógicas de funcionamiento campesino y rural, los principios del cooperativismo cuyos elementos son retomados conceptualmente en el capital social, en un ámbito local y/o comunitario, que es la unidad territorial en donde dichos valores y principios son más visibles y se pueden reforzar. Pero también había que destacar que las cajas al manejar recursos monetarios tienen necesariamente regirse por una economía monetarizada, pero no necesariamente desde la lógica empresarial y al ser un medio que ayuda al bienestar social se analizan desde la perspectiva campesina y de cooperación dentro de la economía solidaria.

Uno de los enfoques teóricos que trata de hacer compatibles los objetivos sociales y económicos de las instituciones que se basan en la cooperación en las clases bajas y medias, es la corriente denominada economía social o solidaria. Esta corriente integra a todas las acciones encaminadas a la democratización de la economía a partir de compromisos ciudadanos tanto a escala local como global. La cual se rige por principios básicos como la solidaridad, cooperación, autonomía, democracia, equidad y sostenibilidad sistémica; dichos principios buscan generar mejores condiciones para un desarrollo más humano y permitan construir una relación más duradera entre sociedad y economía. Su objetivo no es imponer un

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modelo único para todas las culturas y sociedades sino marcar la pauta ética y solidaria en que estas relaciones deben darse de acuerdo a las características específicas de cada comunidad. En resumen la economía social, es el conjunto de las actividades de producción, distribución y consumo que contribuyen a la democratización de la economía a partir de compromisos ciudadanos tanto a escala local como global (Léopold 2001, citado por Ayuda en Acción, 2005).

Algunas vertientes de las microfinanzas se han enfocado en esta economía denominándolas microfinanzas solidarias como una herramienta que se rige por los principio éticos de la economía social. Algunas características comunes de este tipo de finanzas son la identidad del grupo y los objetivos; la identidad del grupo que se define de acuerdo a las características socioculturales de las personas y familias que lo integran, y el objetivo es aumentar la autonomía y disminuir la vulnerabilidad económica a través de las microfinanzas solidarias que no se rigen por las “microfinanzas prebancarias”, las cuales están más integradas a la lógica del sistema neoliberal dominante (Ayuda en Acción, 2005). A pesar de que muchas IMF tratan de practicar este enfoque están limitadas por las presiones externas de los entes financieros para logar su autosostenibilidad e institucionalización (Walter 2002). Esto indica la dificultad de practicar una verdadera solidaridad al depender de patrocinadores internacionales.