por un lado, parte de la dimensión del consultante / cliente / paciente; por otro, parte de la dimensión del psicoterapeuta; para finalmente reflexio- nar sobre la contextualización del proceso psicoterapéutico.
6. la manera de tipificar las conductas suicidas como un problema de salud o no, como una conducta deseable o no, lleva implícito una teoría sobre la conducta suicida.
la contextualización implica reconocer el contexto diacrónico en cada participante del proceso psicoterapéutico; su evolución como individuo en una sociedad, comunidad, cultura y familia. el contexto diacrónico implica una dimensión social, histórica, cultural e indi- vidual (emocional y cognitiva). esta parte de la contextualización conlleva reconocer, en un momento dado, a cada participante como el resultado de una serie de circunstancias que lo llevan, voluntaria o involuntariamente, a un punto crítico en su desarrollo. es importante no naturalizar esta contextualización diacrónica, no verla como un proceso natural y lógico en el desarrollo de los participantes. la evo- lución no es un camino lineal sino sinuoso, con retrocesos, avances espectaculares y estancamientos.
la contextualización también es sincrónica; tiene lugar en el aquí y ahora, con la influencia de una serie de factores concomitantes a la pro- pia psicoterapia, tanto en lo personal como interactivo. en lo personal se pueden considerar con aquellos con que se tiene contacto, lo que sucede en el entorno social inmediato. lo interactivo hace referencia a lo que sucede en la psicoterapia, en el día a día; con el intercambio de información entre el psicoterapeuta y el consultante / cliente / paciente; de forma que ambos se influyen mutuamente y no vuelven a ser los mismos sujetos, en términos informativos, que fueron antes de la interacción.
para la contextualización sincrónica podemos retomar como modelo analítico las relaciones sociales en las cuales participan psicoterapeuta y consultante / cliente / paciente. las relaciones sociales se pueden clasificar de clase o estratos sociales, funcionales y primarias. en las primeras se considera la posición económica en la sociedad de cada uno de los integrantes. las segundas se relacionan con sus ocupaciones o empleos, con los vecinos, entre otras. las terceras son relaciones de carácter emocional: con la pareja, los hijos o padres, amigos cercanos, miembros importantes de la familia extensa, entre otros. las relacio- nes primarias son al mismo tiempo relaciones funcionales y de clase social; asimismo, las relaciones funcionales se dan en un contexto de
relaciones de clase social. sin embargo, no toda relación funcional es una relación primaria, ni toda relación de clase o estrato social es una relación funcional (Martín–Baró, 1988).
A partir de la posición en las relaciones sociales se recibe, de manera parcial, la influencia de la cultura, la cual, matizada por las relaciones sociales, se hace evidente también en la manera de relacionarnos con los demás y con los objetos sociales. por ejemplo, las condiciones so- ciales de existencia se materializan en las características del discurso generado (pêcheux, 1978) por los participantes en la psicoterapia. cada uno de los participantes en la psicoterapia se expresa de sí mismo y de los demás a partir de su propia posición en la estructura social.
esta posición de los participantes en la estructura social, en la psi- coterapia los acerca o aleja de distintos discursos a los cuales tienen acceso. en particular, para el psicoterapeuta es importante clarificar su propia posición en la estructura social; para entender que el co- nocimiento al cual tiene acceso sobre un determinado problema o motivo de consulta en la psicoterapia, está matizado por las relaciones sociales que ha establecido y establece en el momento del proceso psicoterapéutico. si la posición del psicoterapeuta en la estructura social hubiera sido otra, tendría acceso a otros discursos y conoci- mientos sobre la psicoterapia misma; estos influirían en su manera de hacer psicoterapia y, como consecuencia lógica, influirían en la manera en que se acerca y procesa los conocimientos del proceso psicoterapéutico.
en nuestro ejemplo se implica el reconocimiento explícito por parte del terapeuta de su posición en cuanto perteneciente a un determina- do estrato social (alto, medio o bajo), las relaciones funcionales más importantes, como ser empleado en una institución civil o pública, profesionista independiente, psicoterapeuta de tiempo completo o de medio tiempo, entre otros. las relaciones primarias implican por su parte el reconocimiento de las personas más significativas emocional- mente para el psicoterapeuta, y el estado y funcionalidad que guardan dichas relaciones. el mismo proceso de reconocimiento aplica para
el consultante / cliente /paciente: reconocer las relaciones de estrato social, funcionales y primarias en el momento del proceso de psicote- rapia (Martin–Baro, 1988).
el proceso de psicoterapia se da en un contexto, que puede ser insti- tucional, en el que el consultante / cliente / paciente es presionado por las autoridades educativas, laborales o familiares para asistir al proce- so; el psicoterapeuta trabaja la psicoterapia como parte fundamental de sus obligaciones laborales o bien es una labor altruista.
en ejemplo hipotético sobre las conductas suicidas, la asistencia de un consultante / cliente / paciente a un proceso psicoterapéutico puede ser el efecto de la presión ejercida por las autoridades educati- vas, que condicionaron la permanencia de un alumno en la institución a la presentación de constancias de asistencia a consultas psicote- rapéuticas. todo ello como consecuencia de que el alumno intentó suicidarse en el espacio educativo, con lo que un problema individual se convirtió en un problema institucional, por la incapacidad de las autoridades educativas para ayudar en la remisión de las conductas suicidas en el estudiante. el psicoterapeuta, igualmente, se puede ver obligado a atender al alumno con conducta suicida por su trabajo en una institución de salud; de negarse a prestar tratamiento incurre en una violación a los derechos humanos del alumno, le niega su derecho a la salud mental, por lo que se ve obligado a brindar el servicio aunque no se sienta capacitado. en este sentido, psicoterapeuta y consultante / cliente / paciente se ven obligados, por dos autoridades institucionales, a encontrarse en un proceso psicoterapéutico.