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7.5.1 TWI CONFIG

"Mire usted Manuel, no se si ya se enteré de la 'desgracia' que ha caido sobre mi hijo, -¿cuál desgracia don Chucho?- contesté. Pues de lo que le ha pasado a mi hijo. Fíjese nada más que el i Sr. Gobernador manéo a llamar a mi hijo para proponerle la presi­ dencia municipal. El gobernador le dijo que qué pensaba sobre el asunto, le contesté que francamente no esperaba eso, pero que se lo agradecía encarecidamente, pues él no tenía interés ni jamás se lo había planteado. La verdad es que... andaba buscando un puesto mejor. Pero imagínese usted, el gobernador y las autorida­ des del PRI le dijeron que si en verdad quería un puesto mejor, primero tenía que disciplinarse y aceptar por ahora el ofreci­ miento. Pues no había de otra, o aceptaba o perdía la oportuni­ dad de seguir adelante. Además, le manifestaron que Chilchota no podía ser dejada así como estaba, que era imposible apoyar otro grupo local sin evitar que hubiera un zafarrancho; y que por lo tanto, el era la tínica persona ideal para hacerce cargo de la presidencia municipal. Ni modo Manuelito, ... ha tenido que acep­ tar, qué se le va hacer. Eso apenas lo vine a saber ayer, cuando ... me vino a decir lo que le había pasado..."109

Don Pablo estaba preocupadísimo por la designacién e imposicién de Julián como presidente municipal, aunque sabía que éste contaría con todo el apoyo del gobernador, de los altos jerarcas del PRI estatal y del grupo político recién formado por los maestro, profesionistas y estudiantes de La Cañada; sin embargo, don Pablo temía que su hijo fue ra objeto de represalias y hasta peores cosas por parte de los grupos de interés de la cabecera. Además , don Pablo sabía que él no era bien visto por los políticos chilchotenses, ya que había entrado en desave­ nencias con algunas de las autoridades locales (de Chilchota) pasadas y presentes, así como con algunos líderes de esa localidad; situacio­ nes originadas en algunas asambleas y pláticas en la cabecera munici­ pal. Entre esas autoridades se contaba Guadalupe Alvarez, el Dr. Paque don Adalberto Prado, el profesor Agapito Constantino y la presidenta municipal vigente. Desde años atrás había tenido fuertes "agarrones" con don Timoteo Hernández; por otro lado, sabía perfectamente que en Chilchota el desasosiego político aunado al interés econémico reina­ ban en todo su esplendor, marcando los principales motivos de la

lucha que en varias ocasiones dió origen a rumores, chismes, amenazas y hasta asesinatos. A pesar de esto, don Pablo manifestó lo siguiente:

"Además, la presidencia de Chilchota no es 'buena pa' nada'. Fue­ ra todavía un lugar donde se puede 'sacar algo'; pero ni eso. Esa tesorería (la municipal) no maneja el suficiente dinero como para arriesgarse a lo peor. Por eso Julián pensaba en buscarse algo mejor y no poquiterías y miserias, com o las que ofrece ese mentado Chilchota..."

Entre otras preocupaciones del padre del candidato a presidente mu­ nicipal, era que la designación e imposición de Julián ocurría cuando venía un cambio en la presidencia de la República, y el recien entro­ nizado gobernador de Michoacán, Torres Manzo, aún no definía muy bien su línea política. Al respecto don Pablo manifestó: "una cosa eran sus programas, proyectos y promesas de candidato, y otra la verdadera línea e idéas que realmente iba a poner en marcha el nuevo gobernador.

La cosa fue que Julián como una semana después que le ofrecieron la presidencia de Chilchota, es anunciado por el gobierno del estado y el PRI como futuro y oficial candidato a la presidencia municipal de La Cañada. Para ello son mandados a llamar a Morelia los grupos de opo sición que se han formado a lo largo del municipio, menos los de la ca becera municipal. Allá en Morelia, se les pone al tanto de la designa­ ción de Julián, y se les pide que colaboren en la empresa. Además se les promete que el nuevo ayuntamiento incorporaría dentro de estructu­ ra de autoridad, a los líderes opositores incorporaría dentro de la estructura de autoridad, a los líderes opositores comunales, y que de la cabecera nadie iba a ser tomado en cuenta, es más, se les dice que el joven profesor Ariel _______________ , de la comunidad de Tacuro, sería el secretario municipal, y que el resto de los miembros, sería cosa de ponerse de acuerdo ahí entre ellos y Julián.

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nombramiento de Julián el descontento no tiene limites. Comisiones van y vienen de Chilchota a Morelia y viceversa pero ni quien los tome en cuenta. El sistema político chilchotense es cimbrado a tal grado que, llega un momento en que dos de los grupos faccionales más fuertes de la localidad, el paquista y el adalbertista acceden a unirse y hablar sobre el asunto. No saben qué acordar ni cómo planear un frente a la problemática que tienen encima. El caso es que, cuando Julián apare­ ce por Carapan en plan de gira y propaganda a su candidatura acompaña­ do de nutrida comitiva, ésta es recibida con vivas, aplausos, reunio­ nes, comidas y música. Mientras tanto en Chilchota aparece una comio- neta con altavoces propalando a los cuatro vientos que el nuevo "Frente Unificador" (ya habían existido varios "frentes" de ese tipo, años atrás), llamaba e invitaba a la cordura a todo chilchotense preocupa­ do por el bienestar, la democracia e independencia de la cabecera mu­ nicipal. El altavoz de la camioneta del "Frente Unificador" emitía la siguiente niticia: ;

"No es posible que permitamos una imposición intransigente de tal magnitud. No debemos permitir que la democracia sea piso­ teada aquí, en nuestra propia casa. Por eso, hermanos de san­ gre y de ideas, es el momento de unirnos y presentar un solo frente común a la imposición de que somos objeto. Dejémonos de divisiones y pleitos. Reconozcamos que en ésto, todos no­ sotros tenemos la cuida, por permitir la división, la discor­ dia y el egoismo mal entendido. ¡Unámosnos compañeros! ¡jun­ temos nuestros esfuerzos! y presentemos un solo frente al ene­ migo" .

Este fue uno de los tantos anuncios emitidos por la camioneta con altavoces, que por tres días consecutivos recorrió calles y calle­ jones del agitado Chilchota. La camioneta no sólo habló y dijo sobre la imposición de que eran objeto, sino que invitó a reunión en la sala de festejos de la presidencia municipal. El altavoz de la camio­ neta tuvo eco, cientos de chilchotenses acudieron a la cita. Se ha-

bló , se dijo, se llamó a la cordura y se incitó a la reorganización, Y como por arte de magia el faccionalismo local (el de la cabecera) quedó apaciguado, pero no aniquilado. Angustiada y presurosamente se formó una planilla bajo el lema de "Frente Unificador" con pretensio­ nes de organizar un grupo de oposición a la imposición oficial; pero no cuajó, nadie les hizo caso ni los apoyó. De todos modos el "Frente Unificador" quedó integrado por pura gente detectada en Chilchota co­ mo del grupo o "barrio de arriba", los cuales presentan en su plani­

lla a un solo candidato por parte de la cabecera. Además, se realiza toda una apresuráda campaña de pinta y pegue de carteles por todos

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los rincones de la cabecera ; algunos miles de pesos se gastaron en la impresión de carteles; posiblemente pagados por don Adalberto Pra­ do. Entre otros, los anunciados en los carteles son:

- Prof. Agapito Constantino (presidente) - Dr. Abel Moreno (secretario)

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- Ernesto Prado Casillas (tesorero) - Adolfo Huirache Ortís

- Ignacio Alvarez Ixta - Luis Iscabaleta,

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- y otros...

Sin embargo, la imposición no produjo las mismas reacciones en el resto de La Cañada, y si la hubo, quedó silenciada por el odio y co­ raje que profesaban por los de Chilchota. Los de Urén, aunque no entraron de lleno al juego político fraguado en contra de Chilchota, dieron su apoyo a Julián , ló mismo hicieron los de Carapan. Julián fue jubilosamente recibido y aplaudido en todas las tenencias, espe­ cialmente en Huáncito, Tacuro e Ichán. En Huáncito, hasta el grupo faccional contrario al de su padre hizo a un lado las desavenencias

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y se unió al recibimiento, apoyándolo considerablemente. Por su lado, Julián olvidó todo conflicto en la comunidad y habló, charló y brindó con todos, prometiendo sin pretención inalcanzable tratar de mejorar en lo posible lo que se pudiera arreglar en la comunidad. En cambio, los de Chilchota no lo bajaban de "indio ollero", "indio pata rajada ", "indio muerto de hambre" y otros epítetos de diferenciación étnica; cosa que poco le molestó a Julián ya que el es tan mestizo como los de la cabecera, y además educado y refinado en la cultura occidental- universitaria, bien vestido y elegante, mucho mejor que algunos de los más adinerados de Chilchota.

La entrada de Julián a Chilchota como candidato oficial, lo hace precedido de miles de gentes de La Cañada, por el candidato a diputa­ do local. Lie. Santiago Zúñiga y su séquito; quienes además, venían re­ forzados por varios agentes policiacos vestidos de civil. Quizás fue coinci­ dencia, pero mientras Julián hacia su entrada triunfal a la plaza cí­ vica de la cabecera, en la comunidad de Urén estaban estacionados tres camiones de redilas del Ejército Nacional repletos de soldados arma-

t dos. A pesar de que la "indiada" (hombres y mujeres) se apersonaron de la plaza cívica y gran parte del palacio municipal, los chilchotenses ayudaron a engrosar la muchedumbre. El arribo de Julián al edificio de la presidencia municipal fue acompañado de un estruendoso aplauso y rematado con una diana, de una banda de música indígena. Los chil­ chotenses permanecieron en silencio. Ni siquiera los líderes de la cabecera aplaudieron o saludaron, ya por cortesía o actitud política al nuevo candidato o al futuro diputado local. Con esto los grupos facciónales de Chilchota confirmaban en silencio su derrota política. Ahora sólo esperaban oir el discurso oficial y posteriormente arre­ glar el apunto de la concesiones políticas, Porque eso si, no acepta-