3.3 Positivism and Interpretivism
3.3.1 Constructive Alternativism Thesis Assumptions
“Es como si estuviera en un templo grande, y aquí, es la entrada”. Conversación con mujer huichola, Real de Catorce, 2016
En este apartado, analizo cómo la memoria colectiva del grupo huichol se representa en el pueblo de Real de Catorce y cómo eso se refleja a través de sus costumbres y su reproducción cultural ancestral, misma que está introyectada en cada uno de sus miembros. Sea que conozcan el pueblo o no, todos saben que es parte de la tierra sagrada de Wirikuta, pues lo han aprendido a través de la tradición oral.
El retorno ancestral a Wirikuta que cada año realizan los huicholes, permea en su memoria colectiva, ésta es una remembranza que se transmite de generación en generación por medio de la tradición, las creencias y los ritos que explican los mitos huicholes.
El paso obligado por Real de Catorce para llegar a la montaña sagrada, -Reu’unari- donde termina su peregrinación anual en la búsqueda del venado/peyote, les permite a los residentes huicholes que ya no están de paso, sino que viven y conviven en el pueblo, sentirlo como algo propio, se reconoce una pertenencia no sólo física, sino también simbólica.
Pertenencia introyectada en ellos desde la infancia, como parte de su formación religiosa. No sólo es la visita al cerro del Quemado (Reu’unari) a recrear sus tradiciones, que les da identidad étnica; viven, además, en un territorio cargado de simbolismos ancestrales; se sienten parte de una región que canta y cuenta sus vidas pasadas y la de sus dioses.
¿Cómo la memoria colectiva de los huicholes se apropia del territorio físico del municipio?
En la conformación de la identidad, entran en juego las relaciones diversas con los otros, por medio de la comunicación, a través de la cual se adjudican roles sociales, al tiempo que se adjudican también “cualidades y defectos” (Giménez, 1999: 64, 65).
Para Villoro (1985) existen dos formas: 1) La singularidad como forma de preservación de los otros, y lo que otorga la seguridad de compartir una herencia: “…un pueblo debe ser lo que siempre ha sido”, los huicholes a través de sus mitos comparten esta herencia cultural, por lo que sus creencias de lo que son y tienen como comunidad endógena vive y revive estos mitos a través de la acción y las prácticas que justifican los hechos culturales que tienen como símbolo el ser huichol. Esto se puede mostrar con el mito de La Cacería mágica del bisabuelo Cola de Venado, inspira el eterno retorno de los huicholes a Wirikuta para la colecta del peyote, bendecir los muvieris de pluma de águila del cantador, la Vela Sagrada y las ofrendas (Benitez,2005:174) que cada año llevan en su peregrinar al cerro Quemado17 y, 2) La búsqueda relacionada con las necesidades y deseos, donde se abre un camino a la inseguridad, por lo que corresponde poder “dibujar el rostro” en que nos podamos reconocer, en el sentido de ser un pueblo que “debe llegar a ser lo que ha elegido.” (Giménez, 1999:78). De esta manera la peregrinación anual les confiere una identidad propia.
Estas relaciones permiten una memoria articulada entre los residentes huicholes y aquellos de sus familiares que sólo llegan de paso hacia El Quemado; pero ambos
17 Para la lectura en extenso del mito de La cacería del Bisabuelo Cola de Venado, véase Fernando Benítez (2005) p.164-165.
confieren al espacio territorial lo que Giménez define como “un cuerpo territorial” (2009:22) se trata de la superficie territorial marcada por los centros mnemónicos o de referencia para el recuerdo, las prácticas rituales llevadas a cabo en el territorio físico simbolizan y fijan las tradiciones, conservando las formas ancestrales en un punto localizado: Wirikuta. Como lo expresa un residente huichol:
Para nosotros es un lugar muy especial, donde sale el sol, de donde somos todos nosotros - ¿todo el lugar? Le preguntó refiriéndome a el pueblo y hasta donde mis ojos alcanzan a mirar – Si, todo, todo lo que ves es nuestro –me señala el pueblo, los cerros y el cielo con sus manos extendidas. (EH4III).
Exactamente este es el fenómeno que tiene lugar en Real de Catorce, parte de esta región sagrada para los huicholes, esto es lo que se reproduce una y otra vez, generación tras generación. Un informante huichol residente, al preguntarle si su mamá ya había venido a Real de Catorce o a las ceremonias que se practican en el Quemado, dice:
Si, dice que de niña ya había venido y mi abuelito tambien, ya desde siempre habían venido, que mi mama vino de niña pero que no se cansó, que camine y camine... pero que (-a ella- usan el género masculino por igual al referirse para lo femenino) ya lo regañó su papá y su mama, que así le dijeron – se ríe- (EH4111).
Real de Catorce entonces es parte de la memoria colectiva de los huicholes que Giménez define como:
El conjunto de las representaciones producidas por los miembros de un grupo a propósito de una memoria supuestamente compartida por todos los miembros de este grupo conjunto de representaciones producidas por los miembros de un grupo. (2008:2).
En ella, reproducen sus formas étnicas de vida, desde generaciones pasadas; es esta memoria la que explica el apego al lugar, como si los residentes huicholes actuales, fueran originarios del lugar. Un lugar que se conoce desde siempre a través de las pláticas, cánticos, e incluso la ingesta del cactus sagrado, hi’kuli, que les da sabiduría, una de las funciones del viaje al cerro Quemado, es dejar ofrendas chocolate, galletas, tejuino, jícaras (Benítez, 166); conseguir y llevar consigo, hasta sus lugares de origen, el hi’kuli para realizar sus ceremonias religiosas como las nombra Neurath, las fiestas grandes (294).
Así, una informante que reside en el pueblo, pero que nunca antes de esto, lo había visitado, recuerda haberlo escuchado en la niñez en boca de sus familiares; al preguntarle si lo había visitado antes de venirse a radicar en el municipio, responde:
No, nunca – ¿ya sabias de Real?- sí, ya sabía, pero pos no nunca sabía cómo era ni nada, pero también iba a querer venir pero no sé, pero siempre escuchaba: “no... que se fueron donde hace mucho frío” es que dicen: donde hace mucho frío o donde esta helado vamos para allá. Una vez mi primo se vino para acá y mi mamá le dijo: “¿para dónde vas? – y él le contestó- “donde hace mucho frío” y ella nomás se quedó así… “ahh donde lugar sagrado” dijo muy seria” (EHIII).
Esta vivencia le adjudica a la persona la sensación de un lugar conocido por su pueblo, por su gente. La consagración con el hi‟kuli les provoca una nostalgia de un lugar que sienten les pertenece por cuanto que han comido lo que el desierto produce. Así lo refiere un informante huichol cuando se le pregunta si tenía curiosidad por conocer Real de Catorce, enfatiza:
No pensaba en eso, pero sí, sí porque siempre me llevaba un peyotito pequeñito mi tío, nos llevaba a cada uno, y mi abuelita siempre me estaba cuidando y nos regañaba para que no lo tiráramos (EHIII).
Este rito que es consagración con los dioses, les da sabiduría18 y los acerca a la tierra sagrada.
La memoria colectiva va a impedir el olvido de estas prácticas y el cruce de caminos y tradiciones entre los mestizos y huicholes en el municipio formará parte de la representación colectiva, ya que como dice Giménez, para que se cumpla la normativa de la colectividad se requiere tener dos marcos sociales uno: la territorialidad (2009:21) lo que incluye el espacio, que en este caso puede ser no sólo el espacio físico como lo es el municipio para los catorceños o Wirikuta donde está el cerro Quemado, sagrado para los huicholes, sino que tambien el espacio simbólico donde se inscribe la historia de los antepasados; y dos: los procesos generacionales de socialización (2009:23) que se dan a través de las tradiciones, bien pueden ser el conocimiento sobre los huicholes a través de las pláticas de los ancianos o la costumbre de ayudarlos en su paso por el pueblo, de tal manera que el pasado histórico se reconstruye en el presente por medio de la tradición y se sigue manteniendo las formas de vida y sucesos que caracterizan a una población.
18
Lumholtz relata cómo se recolecta el peyote para las fiestas del hi’kuli junto a la de maíz que se celebra en enero “Hace mucho tiempo, cuando los antepasados de los huicholes llegaron por primera vez al lugar donde actualmente crece el hi’kuli, vieron un venado y le permitieron que diera cinco pasos, luego desapareció. Cuando se acercaron a las pisadas descubrieron que cada una era un hi’kuli”(p. 44-45).