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CHAPTER FIVE

5.4 Quantitative Content Analysis

5.4.2 Content analysis – TP intervention

Acreditamos, después de varios años de experiencia, que la finalidad de de- sarrollar cursos en la web es generar, en las brechas de la Internet, espacios para la educación. Como podemos percibir, se trata de un trabajo en el cual intervienen la heterogeneidad de ideas en relación, la multiplicidad y la di- versidad de participantes, la creación permanente de nuevas actividades, la ausencia de linearidad, las rupturas y retornos permanentes. Hay pocas premisas sobre la organización pedagógica del trabajo en la red. La única certeza que orienta la práctica es la experiencia que se deja fluir en la co- munidad.

Se constata que el suceso de este tipo de actividad depende de princi- pios muy antiguos, o sea, de la necesidad de que el equipo de producción trabaje a partir de la ética profesional, de la solidaridad y de los conocimien- tos específicos. Por ser un trabajo bastante arduo, requiere nuevos apren- dizajes, diálogo e interacción constante entre los miembros del equipo de producción. Asimismo, para el teletrabajo por e-mail, por teléfono, por fax, lo mismo que en los encuentros cara a cara, se necesita reconocer y aceptar las diferencias entre el equipo.

El proceso de creación, ciertamente, da otra vuelta en la transforma- ción después de los datos obtenidos durante y después de realizar los cursos. Los pareceres y las informaciones de dominio público, obtenidas en sitios

revistas y diarios o entrevistas, o ambos, permiten acompañar y tener una mejor comprensión del proceso de producción y de las mejoras posibles. Toda expre- sión es importante para evaluar una producción de educación en red, pues esa información es la que permitirá organizar la producción y revisar el dearrollo del curso íntegramente.

Una de las primeras dimensiones que se constata en el fortalecimiento del proceso es el trueque de conocimientos entre los integrantes del equipo, sus compromisos e intereses en combinar actividades que les permitan asumir res- ponsabilidades, también en lo virtual, y otorgar un ritmo regular al trabajo.

Una adecuada comunicación interinstitucional ayuda a generar y promo- ver informaciones que enriquecen el proyecto. Así, las reuniones periódicas pre- senciales-virtuales del equipo de producción son fundamentales para facilitar la comunicación entre los miembros y agilizar los trabajos.

Una estrategia bastante utilizada se refiere al nivel de complejidad del tra- bajo a ser realizado. Existe consenso entre algunos profesionales con relación a que los cursos muy extensos pueden ser desarrollados en pequeños módulos o cursos independientes, pero interrelacionados. En ese caso, no sólo continúan los participantes como también el estilo del design del curso decidido por el equipo de producción y también los softwares a ser utilizados para la produc- ción gráfica.

Por ser un trabajo múltiple y heterogéneo, el uso de un software para ges- tionar proyectos on line ayuda a seguir el cronograma detallado de la situación de todas las etapas del proyecto, de modo que el especialista del área específica, el designer educacional y el webdesigner puedan intervenir en el flujo del tra- bajo según sus atribuciones.

Comprobamos que es muy oportuno mantenerse en la red de producción en la posición de eterno aprendiz, como quien sabe que haciendo está apren- diendo. Es una actitud adecuada también para los alumnos participantes.

En este sentido, el registro de los productos de la interactividad de las per- sonas en el ambiente virtual, sea texto escrito, multimedia, conversación o de- bate on line, es importante para nuevas ediciones de los propios cursos.

El educador-mediador va más allá de dar la bienvenida a los participan- tes, él tendrá una posición político-pedagógica, dialogará, responderá mensajes y participará en chats y debates. Acompañará el ritmo de participación de los

alumnos y alentará la reflexión y la acción, promoviendo una comunidad de aprendizaje.

En el desarrollo del curso pueden suceder encuentros, desencuentros y reclamaciones. Pueden aparecer quejas, fundadas en informaciones no obte- nidas, no entendidas o hasta entonces comprendidas de manera controvertida que llevan a una convivencia virtual difícil. Por eso la interlocución con el me- diador y la consideración de sugerencias hechas deben ser incorporadas en la dinámica, buscando cierta armonía. Ahí está la importancia de considerar los conocimientos previos de los participantes y animar la participación, evitando la vertiginosidad de la información en el acto del simple hojear de todo el curso, tipo turismo académico.

En el proceso pedagógico también hay que tener especial cuidado con los dispositivos informáticos. Se debe verificar si las computadoras disponibles es- tán en red y si fueron instalados los plugins para animaciones y archivos con extensión pDF.

Lo importante es que poco a poco el mediador y los participantes entiendan los mensajes y la presencia de ellos mismos en el curso, asumiendo las dificulta- des y proponiendo acciones, pues se trata de una cultura que se está haciendo y rehaciendo. La política será desarrollar un trabajo colaborativo con mediación pedagógica que atienda al alumno y al profesor en cuestiones técnicas y también responda a los alumnos en cuanto a sus dificultades para entrar en el curso, en- tendimiento del software, de la navegación, etcétera, interligando los alumnos a la marcha del curso, al preguntarles, en los chats y foros, sobre su progreso en las actividades.

En ese sentido, la participación e interactividad de los participantes en el curso no pueden ser comprometidas por la falta de control en el software de gestión del curso. El software ayuda, aun por medio de las estadísticas, a acom- pañar al participante en lo que dice respecto al acceso al ambiente virtual, a la consulta de los contenidos de los mensajes y la manifestación de ellos. El pro- ceso dependerá en parte de la cultura de los usuarios, de los dispositivos y del empeño de cada uno con ellos.

Los momentos de estímulo y curiosidad son acompañados de desafíos para la comunicación con los compañeros y para la relación del tutor con los alum- nos. Lidiar con el otro en el espacio virtual es fundamental para permitir los in-

tercambios de experiencia y de producción. Por eso cada participación debería ser posicionada para atraer y provocar la intervención de los otros.

Además de esa postura, existe una preocupación de que ese espacio se torne instruccional, robotizado, en detrimento de encuentros educativos sus- tanciosos. Pero el mediador humano y la interactividad con los participantes permiten la producción y el debate en la web. Entonces, los dispositivos y es- trategias, tipo bloc de anotaciones, chats, foros, insertos en la estructura del texto principal de la pantalla, deben ser aprovechadas conforme al desempeño de cada grupo.

Por eso las llamadas para debates y salas de encuentros serán marcadas entre los participantes, con día y hora por anticipado y anunciadas en el cua- dro de avisos. La interacción-articulación grupal puede partir del mediador o del alumno y es fundamental para el aprendizaje. Una cuestión que merece destacarse es que, aunque no todos participen del debate, el profesor puede socializar el mismo publicándolo en el foro, para lectura y reflexión.

El orientador, con base en estadísticas, en datos del sistema, en intercam- bios y participación en chats y foros, etcétera, puede evaluar en qué región del Brasil o del mundo fue constituida una comunidad de aprendizaje. En el transcurso de las actividades, son los abandonos, resistencias y reivindicacio- nes que generan el movimiento. A pesar de que un indicador internacional afirma que la media de abandono en los cursos libres on line es de más de cincuenta por ciento, no está indicada la metodología utilizada para generar esos encuentros.

A escala internacional, existen estudios que confirman que los cursos web son más aprovechados en regiones apartadas de los grandes centros urbanos, hasta en la zona rural. Ese dato es relevante en el momento de creación de cursos en la esfera virtual. Ese abandono lleva a manifestar cierto nivel de pre- sencialidad en algunos proyectos. El trabajo virtual puede ser acompañado de interacciones, por material impreso entregado a cada alumno, y por medio de un kit con cd roM para facilitar la lectura del participante que, por casualidad,

no pueda establecer la conexión regularmente, más allá de utilizar el teléfono y el fax.

La complejidad de la producción de un trabajo en la esfera virtual puede tornar el proceso poco confiable, por eso un proceso de evaluación permanente

acompañará las actividades, reconociéndose también la necesidad de esta con los alumnos.

Una de las grandes contribuciones de la Internet para ese trabajo es la di- mensión colaborativa. Por eso es importante atender los intereses y diversidad cultural de las condiciones locales existentes y que esté asegurada la estructura de acceso a la red. Hasta el momento, el ambiente de trabajo preferido por los profesores continúa siendo la escuela, pues en sus residencias, grandes cuen- tas de teléfono o el costo de la banda ancha pueden generar problemas finan- cieros. Las escuelas y las empresas aún no están preparadas para ese tipo de situación, ni tampoco los docentes de las instituciones públicas. Es una cultura que está siendo generada, no exenta de conflictos.

Incluso las horas, condiciones, remuneración y cuidados en el trabajo frente a la pantalla de la computadora son cuestiones aún sin resolver. Algu- nos especialistas recomiendan parar 15 minutos cada dos horas, otros sugieren beber bastante agua, pues las moléculas quedan secas con baja notable de su potencial, etcétera. Otros llaman la atención por la posición correcta delante de la máquina, por la altura ideal de los accesorios o por la distancia del mo- nitor para no perjudicar la visión. Y aunque no se disponga de una estadística previendo horas de producción y de exposición frente a la computadora, están estimadas 80 horas del equipo para la producción de una pantalla multimedia, pero no existen previsiones para el tutor ni el alumno.

Hasta el momento no se tienen parámetros para saber el tiempo, en ho- ras, que lleva acompañar un curso on line, pero parece existir una plusvalía de trabajo que necesita ser estudiada por los usuarios, sindicatos y sociedad. Por eso debe haber una política pública reguladora para la educación a distancia por la web.

La política pública para la educación en red debe considerar el contexto local y global, las relaciones humanas, los nexos con otras áreas de conoci- miento, como la filosofía o epistemología, pues estas ayudarían a una mejor comprensión de la construcción del conocimiento en redes de aprendizaje.

Esa política para la educación a distancia propiciaría trabajar los conte- nidos de manera interdisciplinar con estrategias específicas de aprendizaje, en los proyectos educativos, pero es evidente que coexisten modos tradicionales y constructivistas-dialógicos en el proceso educativo, sobre todo considerando

que las realidades brasileña y latinoamericana están muy expuestas a las di- versificadas oportunidades de formación de los educadores y a las innovaciones educativas decretadas por agencias internacionales.

Una política pública será posible cuando su sistematización, con orienta- ciones basadas en principios éticos de la ciudadanía, parta de las situaciones de lo cotidiano para el contexto global, de las metas y estrategias específicas y de los participantes.

La certeza que tenemos es que el espacio digital, en la generación de rela- ciones y elementos interactivos propios para lo virtual, produce nuevos espacios de poder en los cuales la mediación es fundamental para permitir la educación crítica. La cultura de trabajo en red es adquirida por los educadores en el pro- ceso de sensibilización con la tecnología y con la infraestructura invertida en su formación. Se deben considerar las implicaciones socioeconómicas de ese hecho para una política pública de educación a distancia.

Como vimos, algunos dispositivos específicos de la esfera digital pueden ser re- convertidos en pedagógicos por el uso. Esos dispositivos pueden diferir o influir en el proceso de formación y evaluación, como veremos a continuación. De las evidencias obtenidas en la experiencia, y con la finalidad de continuar anali- zando la educación en red, son presentadas algunas consideraciones especiales sobre tales dispositivos y sobre la evaluación en la red.

El análisis será realizado en el contexto de la educación como posibilidad, de aquella entendida como devenir humano, que encuentra las condiciones para ser hecha de manera crítica. La educación a distancia por medio de la web es posible. Lo que resta hacer implica la práctica de los profesores de la red de educación de gestión pública y de todo ciudadano interesado, si entendemos que la educación implica una transformación de sí mismo y del otro y en educar para la libertad.

En el acto de educar, por ser intención, propósito, designio y proyecto, se busca desarrollar actividades que tienen como objetivo el porvenir esperanzado. Un curso implica sujetos inacabados, incompletos, en permanente procuración de la mejora en sus prácticas, a través de los medios comunicacionales, de las interfaces, de las mediaciones y de las estrategias de aprendizaje que exigen una nueva comprensión del acto de educar. Se entiende que, en el decir de Freire (1995b: 75): “…nos tornamos capaces de sabernos inacabados. Ahí se abre para nosotros la posibilidad de inserción en una búsqueda permanente. [...] Mi espe- ranza parte de mi naturaleza en cuanto proyecto. Por eso estoy esperanzado, y no por pura obstinación”.

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