Las identidades políticas se van construyendo o restructurando en algunas coyunturas conflictivas durante una acción colectiva o en un movimiento político. En el caso de “La toma del Yuribia” en 1994 inició con una confrontación con el Estado, mediante una acción colectiva alrededor de la presa, que duró aproximadamente una semana; posteriormente, durante tres años se desarrolló un proceso para obtener su municipalización mientras estuvieron presentes las negociaciones entre los tatahuicapeños con diversos agentes gubernamentales, en distintas dependencias de gobierno, también con alcaldes y agentes
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municipales de las comunidades de los municipios serranos para obtener el territorio que requerían.
El proceso de negociación que desarrollaron los tatahuicapeños para obtener su municipalización estuvo acompañado por agentes externos a su localidad pero vinculados a Santa Marta, éste generó que se fortalecieran los vínculos amistosos, a partir del tiempo que emplearon en la gestión del municipio. Los traslados continuos a la capital del estado propiciaron un encuentro de convergencias que favorecieron la creación y reactivación de redes políticas entre actores políticos que empezaron a trabajar de manera articulada otros temas que consideraban les afectaba como fue el cobro excesivo por el servicio de la luz, la demanda de que los daños ecológicos fueran resarcidos, sus planteamientos críticos a proyectos como el Plan Puebla Panamá en el cual demandaban el cuidado ambiental; y a principios de este siglo, cuando el problema del agua empezó a afectar la región —donde están los dos mantos acuíferos que en las dos décadas han surtido de agua al sur de Veracruz—, las demandas por el vital líquido cobraron el papel central.
Las transformaciones que sufren las redes en el movimiento, Donatella Della Porta (1998) las explica retomando a Berger y Luckman, quienes las definen como procesos de re-socialización o alteración de la socialización que tiene que volver atribuir acentos de realidad y consecuentemente debe reproducir en gran medida la identificación fuertemente afectiva con los elencos socializadores; sin embargo, la diferencia es que debe contender con un problema de desmantelamiento, al desintegrar la anterior estructura, nuevos valores han de ser mediados a través de otros significativos con quienes el individuo ha establecido fuertes identificaciones afectivas, ninguna transformación radical de la realidad subjetiva —incluyendo la identidad—, es posible, sin esa identificación que reproduce inevitablemente las experiencias de dependencia emocional de otros significantes, importancia de los lazos de amistad a lo largo de procesos de socialización política; desde la primera experiencia de activismo de protesta, pasando por su radicalización, hasta llegar a la participación.
En la toma de la presa del Yuribia en 1994 estuvieron presentes grupos y actores sociales dentro de la estructura del sistema político sujetos a las relaciones de poder; aun cuando en un primer momento fueron influidos por las propuestas de los zapatistas contemporáneos para contar con un municipio autónomo. El gobierno del estado buscó la
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manera de desarticular sus nexos con ese movimiento e hizo todo lo posible por establecer los canales de comunicación con los líderes indígenas y agentes externos vinculados a las acciones colectivas de los tatahuicapeños, debido a la coyuntura política de ese momento y las presiones de los inconformes se generó una apertura democrática pero se diluyó en un sistema político autoritario; no obstante, a partir de los grupos organizados se construyeron redes, algunas se incorporaron a los partidos políticos y al Estado; pero otras han seguido peleando por sus reivindicaciones políticas y culturales.63
Cristina Zurbriggen (2004) luego de hacer un recuento de diversos trabajos sobre redes políticas, cita a Héritier,64 quien las define como: “Un conjunto de actores públicos y privados y sus interacciones son más o menos estables a través de las cuales dirigen, coordinan y controlan los recursos materiales o inmateriales en un ámbito de política pública de interés común”, esta perspectiva y la teoría de la movilización de recursos dan una explicación de la comunidad política que se conformó en Tatahuicapan y en algunos otros espacios de la Sierra de Santa Marta y del Corredor Industrial.
Mario Diani (1998) plantea a las redes como un producto de la acción, resultado de una serie innumerable de actos a través de los cuales los protagonistas comprometidos en un movimiento seleccionan a sus propios interlocutores y/o aliados, si se trata de organizaciones; o bien sus pertenencias múltiples, si son activistas individuales, en el caso estudiado muchos de los actores políticos involucrados tenían capital político, pero carecían de una agrupación, aunque , algunos externos tenían agrupaciones, tal fue el caso de Genaro Domínguez, quien era el líder de un grupo que se denomina como “Los pueblos indios”.
El análisis de las redes políticas, es planteado en dos dimensiones por Mario Diani, por una parte a partir de la identidad colectiva, por la otra, la creación de vínculos afectivos de cooperación y de intercambio entre distintos actores. En la investigación desarrollada están presentes ambos planteamientos porque la mayoría de los participantes pertenecían a
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En diciembre del 2012, los campesinos de Tatahuicapan cerraron las válvulas del Yuribia, rompieron un ducto que arrojo el agua con mucha presión, esta acción contó con el aval del Consejo de Gobierno Indígena formado los alcaldes de Tatahuicapan, San Pedro Soteapan, Pajapan, Mecayapan, Chinameca, Texistepec, Sayula de Alemán, Oteapan y Zaragoza, información tomada de: Gerardo Enríquez “No teme el Consejo de Gobierno Indígena”, Diario del Istmo, viernes 21 de diciembre del 2012.
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Adrienne Héritier (1993), “Policy-Analyse: Kritik und Neuorietierung, Opladen, Westdeutscher Verlag” (Sonderheft, núm. 24).
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un grupo cultural que habita en una población, pero al mismo tiempo se integraban con otros actores incluso externos a partir de que tenían interés en ser municipio libre, el especialista sugiere dejar de lado los aspectos estructurales para centrar el análisis más en aspectos que tienen que ver con los sistemas de creencias y las identidades, las cuales son uno de los objetivos de este trabajo.
El incremento de interacciones dentro de las redes de activistas, la socialización ideológica y la construcción de una identidad política sirven para mantener el compromiso de un sujeto, por lo mismo, auto generador; en el caso de los tatahuicapeños más que una cuestión ideológica lo que prevalecía era su interés por obtener su municipalización porque eso básicamente les proporcionaba un mayor presupuesto, más proyectos y presupuestos gubernamentales.
Los actores que participaron en la movilización social que hizo posible la municipalización de Tatahuicapan en 1994, contaban (en algunos casos) con capitales económico, en otros tenían consenso comunitario y en algunos más liderazgo, sus posicionamientos políticos hicieron posible la interacción con los agentes gubernamentales a través de la negociación y de diversos procedimientos políticos pudieron obtener un resultado positivo a su petición que en un primer momento fue la de ser un municipio autónomo, ante eso el gobierno haciendo uso de sus estrategias política logró que los tatahuicapeños accedieran a continuar dentro de los límites establecidos por el sistema y que no se articulara a los planteamientos de la autonomía municipal de los zapatistas contemporáneos; posteriormente, todas sus demandas han sido en este tenor, nunca tuvieron la pretensión de cambiar los canales establecidos por el Estado, pero sí estuvo presente una ampliación democrática en la que a través de redes políticas pudieron establecer negociaciones con el gobierno, sobre aquellos temas que les afectaba.
87 CAPÍTULO 2
CONTEXTO HISTÓRICO Y GEOGRÁFICO:
EL PROCESO COLONIZADOR DEL ISTMO VERACRUZANO