de las partes. Las propiedades del todo, afirman, pueden no
tener nada que ver con las de sus componentes individuales.
Daremos tres ejemplos: el sodio es un metal altamente corrosi-
vo y el cloro un gas sumamente venenoso; sin embargo, el
cloruro de sodio, resultante de la combinación de ambos, tiene
propiedades completamente distintas, pues no es ni corrosivo
ni tóxico, y sólo tiene gusto a salado. Análogamente, una melo-
día tiene formas, y una sociedad tiene patrones de conducta,
que no podríamos prever analizando las notas una a una, o a
las personas de manera aislada. Por último, si nos muestran
una cantidad de fotos ligeramente diferentes, en las que una
82 CÓMO SE CREA Y SE INVESTIGA misma persona aparece con la pierna un tanto desplazada respecto a las fotos anteriores, con la boca un poco más abierta, o con un mechón de cabellos levemente caído sobre la frente; si en algunas de ellas se vuelven a repetir ciertas configuraciones (en muchas de las fotos las piernas están en una posición seme- jante, en varias el mechón de cabellos aparece correctamente peinado); más aún, si en otras fotos aparece una segunda o una tercera persona, a la que también le advertimos ligeros cam- bios de foto a foto y si, finalmente, se ordenan las imágenes en cierta secuencia, siguiendo cierto patrón, proyectándolas sobre una pantalla, veríamos una película de amor, una de misterio, o una de aventuras. Justamente, Gestalt, en alemán, significa "forma", "configuración", "patrón", y se refiere a las propieda- des que advertimos en el todo (el cloruro de sodio, la melodía, la sociedad, la película cinematográfica), pero que no hubiéra- mos podido predecir mediante el análisis de las partes aisladas. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la creación científica? Puede ser que nada, pero no obstante conviene revisar algunos aspectos de la psicología de la Gestalt. Por ejemplo, la Gestalt postula un principio, el de Pragnanz, en virtud del cual, cuando los estímulos son ambiguos, la percepción los mejora (los sim- plifica, los regulariza, los hace simétricos). Esto produce efectos tan obvios como imaginar el cuerpo entero de una persona metida en una cama, pero de la que sólo vemos la cabeza y los hombros; o bien de ver el fragmento de un objeto tirado en el piso, tapado parcialmente con una alfombra, y completarlo mentalmente imaginando que es un círculo o un cuadrado. También nos hace ver triángulos o esferas en objetos irregular- mente triangulares o esferoides; igualmente, entender que si un amigo nos envía un telegrama cuyo texto dice "feiz cum- leañ", nos desea un feliz cumpleaños, porque nuestro aparato psíquico sabe cómo usar la redundancia del mensaje para co- rregirlo. Es probable que el principio de Pragnanz opere en la cabeza de un científico que, a partir de cuatro o cinco observa- ciones desperdigadas, detecta un mecanismo completo o un patrón de la naturaleza. Muchas veces, los especialistas de un tema sienten que tres o cuatro datos ya conocidos tienen que estar relacionados, pero no saben cómo. De pronto, alguien ha- ce una observación, introduce un dato más y, ahora sí, los indi- cios encajan de golpe en un patrón, forma, configuración o mo-
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delo que explica todo; modelo ante el cual cada miembro de la comunidad reconoce, "¡Pero claro... cómo no se me ocurrió!", y automáticamente entiende relaciones obvias, que hasta ahora se le habían escapado.
El lector habrá observado que, para compensar falencias descriptivas, en este texto hemos recurrido muchas veces a ejemplos y a meras analogías. En algunos círculos científicos, el uso de la analogía es mirado con cierto desprecio, como chaba- canería de la peor especie (el aparato de Golgi parece una pila de bolsas de goma desinfladas; los leucocitos van por el organis- mo exigiendo a cada célula su documento de identidad; las raíces de las plantas odian la luz). En cambio los gestaltistas le atribuyen una importancia crucial, pues, según ellos, el hecho de que uno entienda el mecanismo que subyace en una analo- gía, aunque sea imperfectamente, hace que el aparato psíquico "simplifique" o "mejore" la explicación, elimine detalles super- fluos y genere un modelo que rige tanto para la analogía como para el caso real; lo anterior le permite entender sistemas diversos, más complejos, pero a los que se aplica -aproximada- mente- el mismo principio que en la analogía.
Otra tendencia del aparato psíquico sobre la cual han tra- bajado los gestaltistas, es la actitud que tiene la gente de tratar de buscar causas comunes, principios más profundos y más abarcadores. Una vez que estudió la conservación del agua cor- poral en siete especies de aves, el investigador se sale de la vaina por predecir qué encontrará en un octavo; también, por comparar los mecanismos que halló en las aves con los de los peces, los saurios, los mamíferos, etcétera. A partir de enton- ces, reparará en la enorme semejanza que existe entre las di- versas formas de conservar hidratado el organismo. Acto segui- do podrá distinguir entre los mecanismos fundamentales, que son comunes, y los detalles que los diferencian. Con el tiempo, quizá llegue a proponer un principio de la fisiología renal.
Dicho sea de paso, en el siglo xiv, Durand de Saint-Pour- gain (filósofo) y Nicole d'Oresme (físico) comenzaron a recomen- dar que toda suposición superflua fuera excluida de los mode- los explicativos. Su estrategia consistía en ser parsimoniosos (en latín quiere decir "frugal") y económicos, en reducir las suposiciones a un mínimo y las descripciones a sus característi- cas fundamentales. Cuando un científico afirma algo sobre la
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