El mismo año en que tuvo lugar la I Reunión Internacional de Arquitectos de Moscú (1932), se celebró la reunión del CIRPAC (Comité international pour la Réalisation
des Pròblemes de l’Architecture Contemporaine) en Barcelona, preparatoria del
congreso que había de celebrarse en Moscú al año siguiente. La estancia de Le Corbusier en Barcelona con motivo de la reunión se amplió con su participación en
el Plan Macià, auspiciado por el Ayuntamiento y el Gobierno de la Generalitat
catalana, que buscaba a través del urbanismo reafirmar su identidad como nación, como también lo estaba poniendo en práctica con la elaboración del planeamiento regional de Cataluña por Nicolau Maria y Santiago Rubió i Tudurí. El IV CIAM tenía como objetivo, y así quedó de manifiesto en la revista AC65, establecer los principios
básicos de la ciudad funcional a partir del estudio de las ciudades europeas y soviéticas. El tema central planteado para el citado congreso fue Die Konstruktive
Stadt —es decir, La ciudad funcional— de la cual se extrajeron unos principios que
tomarían cuerpo en la llamada Carta de Atenas, redactada bajo el liderazgo de Le Corbusier. Estos se desarrollaban bajo la premisa de que las zonas de habitación, producción y reposo con la circulación como elemento de enlace, eran las determinantes de las formas de aglomeración urbana.
César Cort escribió irónicamente acerca del interés despertado por la experiencia soviética en los arquitectos occidentales en los siguientes términos: “los genios rabiosamente individuales de nuestra civilización burguesa han acudido en socorro del naciente comunismo proletario, para encauzar sus energías, organizar sus empresas y dirigir sus obras. ¡Hermosa lección de fraternidad humana de vivo
contraste con la tenaz intransigencia soviética!”.66 Sin embargo, ante la indignación
suscitada por el desenlace del concurso del Palacio de los Soviets en Moscú ȸdonde se dio paso, frente a las propuestas de modernidad presentadas, entre otros, por Le Corbusier, al monumentalismo arcaizante que predominaría durante veinte años en la arquitectura soviéticaȸ, el congreso se realizó finalmente en el verano de 1933 a bordo del vapor Patris II, entre Marsella y Atenas. Desde los años veinte la trayectoria de Le Corbusier representaba una corriente que, si bien retomaba los métodos del análisis del urbanismo científico, se diferenciaba en un tema sustancial del urbanismo más oficialista: la consideración de la historia de la ciudad y su cultura en la concepción de sus intervenciones y no sólo en su realidad construida. En este sentido, son elocuentes las palabras con las que el urbanista argentino Carlos María della Paolera esbozaría sus críticas: “En el urbanismo también hay renovadores que pretenden hacer tábula rasa con las enseñanzas del pasado”.
Además, retomaba las críticas expresadas por la revista L’Architecture d’Aujourd’hui sobre el plan de Moscú de Le Corbusier: “se trata de reconstruir Moscú y no de aniquilarla”.67
65 “La ciudad funcional”, AC, nº 5, 1932, p. 17.
66 CORT, César, “Urbanización en Rusia”, APAA,Revista de la Asociación Profesional de los Alumnos de
Arquitectura, nº 1, 1932, p. 13.
67 NOVICK, Alicia y PICCIONI, Raúl, “Carlos María della Paolera o la amnesia del urbanismo argentino”,
Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazo”, nº 30, Buenos
En la segunda mitad de los años veinte comenzó a perfilarse en España una nueva vía para reconducir la situación del urbanismo, gracias al papel de Fernando García Mercadal primero y Josep Lluís Sert después. Ambos tomaron parte muy activa en el Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC) y en su versión catalana (GATCPAC), los grupos español y catalán vinculados al CIRPAC y a los CIAM, especialmente atentos a las cuestiones urbanas. Gracias a los vínculos internacionales de Fernando García Mercadal ȸcuyo pensionado por la Academia de España en Roma en los primeros años veinte, lo aprovechó para establecer una amplia red de contactos en Europa que le convertirían en uno de los introductores del movimiento moderno en Españaȸ y, sobre todo, de Josep Lluís Sert ȸcolaborador de Le Corbusier en su estudio de Parísȸ, se difundió en España la doctrina de los CIAM durante los años treinta, hasta que la llegada de la guerra civil española truncó la situación.
Para Ignasi de Solà-Morales68, la importancia de la labor del GATEPAC es
indiscutible en la historia de la arquitectura y del urbanismo en España, a pesar de que en los años posteriores a la guerra civil se produjese hacia ella un absoluto rechazo oficial. Debe ser valorada como una notable contribución al pensamiento contemporáneo, sin la cual no se pueden explicar muchos aspectos de la reacción que seguiría a ese período. Sin embargo, las aportaciones reales del urbanismo español del momento fueron bastante restringidas, circunscritas al activo papel de Fernando García Mercadal en el urbanismo oficial madrileño y, sobre todo, a las relevantes aportaciones catalanas. Además, no lograron encontrar su sitio, quedando como propuestas singulares de un grupo reducido y minoritario que sólo alcanzaría su verdadera valoración tiempo después. Como exponente de esta situación en la que convivían las tendencias más oficialistas con las nuevas corrientes, el Boletín de la Sociedad Central de Arquitectos69 se hacía eco en 1929
tanto de las conferencias de César Cort sobre la ciudad-jardín y los problemas relativos a la reparcelación, como, y en la misma página, se daba cuenta de la celebración del concurso de vivienda mínima.70 Organizaba por Fernando García
Mercadal, en su calidad de delegado español del CIRPAC, su resultado final no fue, en sus propias palabras, del todo satisfactorio, ya que no era lo que se esperaba, tanto por el nivel de las propuestas presentadas, como por los propios participantes, donde se hacían palpables las dificultades que tenían las nuevas ideas para calar en el utillaje profesional de los arquitectos españoles.
En cualquier caso, durante la guerra civil española se produjo un corte en las conexiones culturales de la arquitectura y el urbanismo con el exterior. Entre otras causas, esta interrupción se debió a que la minoritaria tendencia antes señalada no logró imponer una sólida estructura entre los profesionales del ramo, que fuera capaz de mantenerse en el tiempo por un lado y superar por otro el exilio de Josep Lluís Sert o las desgraciadas muertes de José Manuel Aizpúrua y de Josep Torres Clavé. Durante años se produjo en España un rechazo a las ideas y a las aportaciones que pudiesen proceder del ámbito de los CIAM, pero también de otras novedosas experiencias foráneas, lo que sumió al urbanismo español —al menos
68 Véase SOLÀ-MORALES RUBIÓ, Ignasi de, “Urbanismo en España: 1900-1950”, en AA. VV., Vivienda
y urbanismo en España, Madrid, Banco Hipotecario de España, 1982, pp. 183-197.
69 “Sección de notas”, Boletín de la Sociedad Central de Arquitectos, nº 295-296, 1929, pp. 10-11. 70 “Concurso de la vivienda mínima”, Arquitectura, nº 123, 1929, p. 289.
durante la década de los años cuarenta— en un aislamiento que paralizó los avances y los tanteos realizados hasta los años treinta.