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A continuación presentamos el cuadro correspondiente a esta categoría.

En relación con lacategoría bisabuelo,-a, mientras DST presenta los mismos términos que ofreció para abuelo, añadiendo machu (vocablo que los cuzqueños ofrecen para ‘abuelo’), DTR, DGH y el Anónimo ofrecen recursos analíticos o perifrásticos como machu-y-pa yaya-n o paya-y-pa mama-n ‘su padre/su madre de mi abuelo’, e JPB

96 En este caso es factible afirmar que el vocablo paya es privativo del quechua sureño y que es en esa

medida que debe interpretarse su presencia entre los datos de DST, pues el vocablo correspondiente a ‘anciana’ en el quechua central es <chacuas>, registrado por Figueredo, que en un estado de lengua anterior debió ser *chakwa-ş. En ese sentido, la voz correspondiente para ‘abuela’ en el quechua chinchaysuyo debió ser *chakwaş (aunque el mismo autor señala una alternancia entre los vocablos

chakwas y chacha en su significado de ‘vieja’). Ahora bien, con respecto a la voz chacha, la hemos encontrado en ninguno de los documentos coloniales para la lengua; sin embargo, sí la hemos hallado en el Vocabulario de Bertonio con el significado de ‘varonil’. Al igual que en muchas de las entradas de JPB, es posible que este sea un término que remita –sin intenciones ni proyectos particulares de por medio– a algún antepasado femenino con esta característica. El origen aimara del término, por su parte, se explicaría tomando en consideración que en la región centro-andina peruana también se habló esta lengua (incluso, hoy en día sobrevive en la sierra sur de Lima una lengua de esta familia: el aimara central).

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Según JPB, todos estos términos equivalen a “abuelo, bisabuelo, o persona muy anciana” (fol. Rr).

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Agradecemos al profesor Cerrón-Palomino por aclararnos la normalización y darnos claras pistas sobre la etimología de esta frase.

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En este caso, encontramos una errata en el texto de DST (que hemos corregido en la forma normalizada), pues la forma consignada debería ser <payanc>, con la grafía <nc> final.

Cat. JPB DGH Anónimo DTR DST bisa bu elo <catequen apusquin> |qati-q-i-n apuşki-n|, <apuchi astucha> |apuchi aştucha|, <astucha> |astucha|97 <machuypa yayan> |machu-y-pa yaya-n| <yayaypa machun> |yaya-y-pa machu-n|, <mamaypa machun> |mama-y-pa machu-n| <machaypa [sic] yayan> |machu-y-pa yaya-n| <aoquilla> |awkilla|, <auquilla> |awkilla|, <apusquinc> |apuşki-n|, <machoy> |machu-y| bisa bu ela <mama huaco> |mama waqu| 98 <payaypa maman> |paya-y-pa mama-n| <yayaypa payan> |yaya-y-pa paya-n|, <mamaypa payan> |mama-y-pa paya-n| <payaypa maman> |paya-y-pa mama-n| <payac> |paya-n|,99 <chacullay> |chakulla-y|

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presenta los mismos que para la categoría ‘abuelo’ (entre los que cabe destacar <catequen apusquin> (qati-q-i-n apuşqui-n ‘el abuelo/antepasado que le sigue’). Estos recursos acusan una cierta influencia del molde castellano, y, en buena cuenta, pueden considerarse como un acomodamiento del quechua a las estructuras conceptuales del léxico de parentesco delcastellano.100 Además, como se explicó al iniciar el capítulo, tales fórmulas perifrásticas, presentan un alto contenido descriptivo antes que referencial (o puntual); es decir, no son términos primitivos, lo cual vuelve dudosa su pertenencia al sistema léxico-conceptual del parentesco, pues pueden haber sido fórmulas que el hablante nativo haya propuesto al lexicógrafo ante el pedido que este le hacía por ofrecer un término equivalente a las nociones castellanas.101 Sin embargo, ello no implica necesariamente una ausencia absoluta de estas formas analíticas como usos del quechua, pues estas pudieron ser empleadas en casos en los que se necesitara hacer una referencia más explícita al tipo de relación respectivo. De igual modo, ello tampoco implica que no hayan existido bisabuelos en la “cosmovisión andina”, solo indicaría que esta categoría del mundo extralingüístico no habría sido lexicalizada o, si lo fue, esta lexicalización se habría perdido en algún momento de la historia de la lengua.

Una mención aparte requieren el vocablo chakulla ofrecido por DST y el término <mama huaco> que JPB presenta como equivalente a bisabuela. En el caso del primero, podemos apreciar la presencia del sufijo –lla, de valor afectivo, soldado a la raíz chaku, que, con seguridad, debe ser una variante chinchaysuya de la forma chakwa

‘anciana’ (del quechua central). En el segundo caso, estamos claramente frente a una referencia mítica a un antepasado femenino común, por lo que fácilmente podríamos

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En este caso –y lo mismo es aplicable a la categoría anterior– es altamente probable que estemos frente a una elaboración lingüística del propio JPB, pues, al no encontrar un término que refiera directa y biunívocamente a ‘bisabuelo’, este habría deconstruido esta noción castellana en una fórmula perifrástica que describiera su contenido: el que le sigue al abuelo.

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No perdamos de vista que el castellano presenta términos primitivos (“bisabuelo”, “tatarabuelo”) para estas nociones y no se vale para ello de formas perifrásticas de carácter descriptivo.

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descartarlo como miembro del sistema léxico-conceptual de parentesco.102 Así, Zuidema, en referencia a uno de los mitos de origen de los incas, se refiere a este personaje de la siguiente manera:

He situado a los hermanos de Manco Capac no sólo como ancestros -para llenar el orden genealógico entre él y Apu Tampu como P.P.P.P- sino también teniendo en cuenta su orden de desaparición después de haber salido de la cueva [Tamputoco] y porque en algunos datos se refieren a ellos como ancestros de Manco Capac. Las hermanas, llamadas todas

mama, se identifican matrilinealmente con las esposas de los cuatro ancestros masculinos de Manco Capac. Mama Huaco, entonces, tenía que pertenecer a la línea matrilineal de Pacha Mama Achi [madre de Manco Capac]. Sin embargo, por sus nombres nos damos cuenta de que hay otro rol de parentesco en cada una de las cuatro hermanas. Muchas veces las crónicas se refieren a Mama Huaco como Mama Ipa Huaco o simplemente como Ipa Huaco (1989a: 103-104).

Tres datos de esta cita son de vital importancia para una mejor comprensión de la fijación que más adelante ofreceremos para el sistema terminológico de parentesco quechua. En primer lugar, tal como el mismo Zuidema lo señala en un párrafo anterior (1989a: 103), achi es el término que JPB ofrece para tatarabuela. En segundo lugar, aparece el vocablo ipa, que dentro del sistema de términos de parentesco remite a ‘tía, hermana del padre’, íntimamente vinculado con el término <mama huaco>. En los tres casos, términos presentes en la mitología de origen de los incas son incorporados como expresiones propias del sistema léxico-conceptual de parentesco del quechua cuzqueño. Ello, como veremos en el siguiente acápite, forma parte del proyecto evangelizador

particular de JPB, y no refleja en realidad la presencia de estos ítems (salvo ipa) dentro del sistema léxico de parentesco quechua de la época.

Adicionalmente, tanto para <mama huaco> (mama waqu) como para ipa

(términos que JPB nos ofrece como términos de parentesco del quechua cuzqueño) su

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Sin embargo, es necesario señalar que este autor sí considera este término dentro del sistema terminológico del parentesco quechua.

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procedencia aimara es innegable. Prueba de ello nos la ofrece Bertonio en su

Vocabulario:

Huaccu, vel chachanco. Muger varonil la que no haze caso del frio, ni del trabajo y es libre en hablar; sin genero de encogimiento (546).

Ipa. Tia de parte de padre. Y si son muchas, a la mayor dizen hila ipa, a la menor sullca ipa (574).

En la definición de la primera de las entradas seleccionadas (<Huaccu>) podemos apreciar el carácter marcadamente varonil del término, que coincide con aquel que los mitos de origen le atribuyen al personaje de Mama Huaco. Con respecto al segundo caso (ipa), podemos afirmar que su origen es aimara no solo a partir de su presencia en esta misma lengua, sino sobre todo por su total ausencia en el resto de dialectos quechuas modernos (a excepción del cuzqueño, obviamente) y, además, por el hecho de estar íntimamente vinculado a la figura mítica de Mama Huaco. Por otra parte, si a ello le añadimos la evidencia que Cerrón-Palomino (2004) ofrece para postular al aimara altiplánico como lengua oficial de los incas al menos hasta el siglo XIV de nuestra era, la figura parece completarse: estos no son términos propios del sistema de parentesco del quechua protoquechua,103 lo que explica su absoluta ausencia entre los materiales de los dialectos chinchasuyos, más cercanos al emplazamiento primigenio de la protolengua.104