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Chapter 5: Implementation Issues and Evaluation

5.3.6 Creating a Secure File (DCS file) by the Data Owner

Lorenzetti y esa extraña sombra sobre la causa Nisman. Cómo aprovechar y convertir la debilidad del gobierno en virtud de juez supremo. El expediente de la muerte del fiscal, otro botín de guerra. Juez, arte y parte. El Lex 100 y el sorteo trucho de la causa. Que casi todo cambie para que nada cambie. ¿Gatopardismo?

La imagen de los fiscales que marcharon bajo la lluvia aquel 18 de febrero de 2015 (18F) quedará en la retina de los argentinos. Las miradas, los gestos, el respeto en un marco de reclamo de justicia se transformaron en un silencio ensordecedor. No importaba el clima, ni las gotas de aguas sobre las caras: miles de personas y funcionarios judiciales marcharon entre el Congreso de la Nación y la Plaza de Mayo, dos símbolos de la historia del país. Ese día se escribiría otro capítulo. Quizás de esperanza. Seguro de tristeza, de infinita tristeza.

Se cumplía un mes de la muerte del fiscal federal, Natalio Alberto Nisman, a cargo de la unidad especial para investigar el atentado a AMIA ocurrido el 18 de julio de 1994. Unos días antes de que apareciera muerto en su departamento, Nisman había denunciado a la ex presidenta Cristina Fernández por supuesto encubrimiento a los iraníes acusados por el ataque terrorista. “Solo Dios sabrá si fue un accidente, homicidio o suicidio”, se escuchaba en la marcha. El descreimiento había tomado las calles.

Ese mismo 18F, bien temprano, Lorenzetti hizo su aporte. Previo a la manifestación se reunió en su despacho con la ex esposa de Nisman, la jueza federal Sandra Arroyo Salgado. Intercambiaron impresiones. Ella le planteó las dudas sobre la investigación judicial,448 por entonces a cargo de la jueza criminal del fuero ordinario Fabiana Palmaghini y la fiscal Viviana Fein. Lorenzetti, como titular del cuerpo, le dijo que “la Corte estaba a disposición para ayudar a que se esclarezca un hecho que ha trascendido a todos los argentinos”. Demostraba estar decidido a colaborar para reforzar ciertos equipos de trabajo vinculados al caso caratulado como “muerte dudosa”.

Arroyo Salgado buscaba demostrar el presunto asesinato del padre de sus hijas. Lorenzetti y ella habían intercambiado opiniones sobre dónde debería tramitarse la causa. El presidente de la Corte, según allegados a la magistrada, se habría

manifestado a favor del fuero federal. María Bourdin, “la vocera experta en desmentidos” —como se la conoce entre periodistas de judiciales—, recurrió a Twitter para negar la conversación que, menos en su oficina, confirmaban en todas partes.

Esa reunión no se vio con buenos ojos en el gobierno ni entre magistrados, al considerar que Lorenzetti anticipaba posición cuando todo hacía pensar que, en algún momento, debería intervenir el máximo tribunal. Para ellos, en ese caso, el presidente de la Corte debería excusarse de intervenir en las resoluciones del caso Nisman.

Lorenzetti hizo caso omiso tanto a las advertencias como a las críticas y respaldó a Arroyo Salgado desde el primer momento. La reunión negada por Bourdin no había sido la primera. El martes 27 de enero se habrían encontrado en la Corte, donde la jueza le transmitió el pedido de la familia para poder despedir al fiscal en el cementerio judío de La Tablada. Hasta entonces, Arroyo Salgado no había definido si solicitaría o no repetir la autopsia y estaba en desacuerdo con la decisión de la fiscal Fein de no esperar la designación de los peritos de parte, como ella había pedido — con el tiempo en contra— para realizar el procedimiento. En ese preciso momento Lorenzetti intervino ante el Cuerpo Médico Forense, bajo dependencia de la Corte, para que entregara el cuerpo de Nisman a la familia. Allí, su amigo Hugo Borgert,449 director general pericial de la Corte Suprema de la Nación, intercedió de inmediato, como lo confirmaron profesionales del cuerpo.

Lorenzetti estuvo interesado en colaborar desde que se descubrió el cuerpo de Nisman con la cabeza perforada de un balazo. El máximo responsable del Poder Judicial tomó conciencia de la dimensión del caso que había conmocionado a la Argentina y al mundo. Recibió a la jueza Palmaghini, y le brindó colaboración.450

El Ministerio Público, alineado al kirchnerismo, también prestó soporte. De inmediato, Arroyo Salgado, contó con la defensa técnica conformada por un equipo de defensores públicos liderados por Germán Carlevaro. Ese sería el abogado de la Defensoría Pública que llevaría adelante la representación de la querella o damnificados. Se habían traspasado algunos límites legales. Este tipo de defensorías está previsto en la Constitución Nacional solo para personas de escasos recursos. Y este no era el caso. Ya fuera como una especie de privilegio o colaboración desinteresada le habían prestado a Arroyo Salgado todas las herramientas que había a su alcance y las que no, también. “Solo encuentro garantías en el Programa de Asistencia y Patrocinio jurídico de ese Ministerio Público de la Defensa al que tuve el honor de pertenecer”, dijo la ex mujer de Nisman en una conferencia de prensa, ante el descontento con el curso de la investigación.451

Los soportes legales empezaron a tambalear. Existían diferencias entre la postura de Arroyo Salgado (querella) y los 12 peritos oficiales del Cuerpo Médico Forense de la Corte. Estos situaron la data de la muerte el domingo 18 de enero, en una franja horaria que va del mediodía a la primera tarde. Por otro lado, concluyeron que los golpes que tenía Nisman en el cuerpo no habían sido en el fragor de un acto de defensa

propia sino producto de la caída tras el disparo. Eso demostraría —a su juicio— que Nisman sufrió una caída a plomo o con el peso de su propio cuerpo, sin nada que lo amortiguara. Se golpeó la cabeza y una pierna, y quedo agonizando. Todas esas conclusiones correspondían a los peritos oficiales de la Corte.452 Trabajaron bajo la dirección del decano del Cuerpo Forense, Roberto Godoy, aunque quien realizó la autopsia de Nisman fue el perito ad hoc Héctor Di Salvo y el médico legista Fernando Trezza. Los profesionales fueron reconocidos por sus pares como competentes, aunque en el caso de Godoy las opiniones no fueron unánimes por su calidad de médico psiquiatra con pocas autopsias en su haber. “Otro colega destacó los vínculos con el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, y afirmó que fue quien pidió su intervención en el caso. El ataque de Arroyo Salgado contra Godoy y su equipo abrió una grieta entre la jueza y el presidente de la Corte, que hasta ahora habían mostrado coincidencias de criterio”.453

Así, dos equipos de profesionales se enfrentaban: el del alto tribunal versus el equipo de Arroyo Salgado. La jueza tenía un batallón de técnicos. La secundaban el forense Osvaldo Raffo, el médico legista Julio Ravioli y el criminalista Daniel Salcedo. Por su parte Diego Lagomarsino, el técnico informático, único imputado en la causa por prestarle la pistola calibre 22 a Nisman con la que terminó o terminaron con su vida, presentó al perito de parte Mariano Castex. En la Junta Médica realizada el 20 de mayo de 2015, Castex coincidió con los diez especialistas del Cuerpo Médico Forense y los dos de la Policía Federal en que “no se encontraron indicios que permitan sostener con rigor médico que la muerte de Alberto Nisman fue un homicidio”.454 Los trece forenses firmaron el informe final de la Junta Médica. En cambio, los peritos designados por la familia de Nisman abandonaron la junta antes de la redacción final del informe y presentaron por separado —en sobre cerrado— sus propias conclusiones. Había solo un punto en común entre todos ellos: la escena del crimen “estaba contaminada, lo que impediría saber a ciencia cierta lo que realmente había sucedido”. Algunos lo decían a viva voz y otros por lo bajo.

Había otras discrepancias. Mientras para Fein y los forenses de la Corte, no “hubo una tercera persona” en la escena del crimen, la querella disentía. Para la jueza Arroyo Salgado y sus peritos el cuerpo fue “arrastrado y Nisman agonizó durante varios minutos”.

El Cuerpo Pericial de la Corte ha estado bajo la mira desde hace tiempo tanto por las designaciones “con criterios políticos” como por la asignación irregular de causas a determinados profesionales en detrimento de otros, que debería ser investigado en detalle por la Justicia, explicó la legisladora porteña Paula Oliveto Lago.455 “Hay irregularidades que se encuentran bajo estudio”, concluyó.

Pero desde el órgano procuraron rebatir estos argumentos, al destacar que las “designaciones son por concurso y en base a criterios profesionales”. Sin embargo, muchos se preguntan cómo hubiera sido el resultado de la autopsia oficial si no hubiera estado la viuda de Kirchner en la presidencia. ¿Podría haber sido otra?

¿Puede direccionarse un tema de tamaña gravedad? Silencio de los peritos oficiales. La jueza Sandra Arroyo Salgado seguía firme en su postura. Para ella se había tratado de un “magnicidio”. De hecho, ese argumento la mantuvo enfrentada a la fiscal Fein durante toda la pesquisa hasta que se esta se jubiló456 cuando la causa aún se tironeaba entre el fuero federal y el ordinario.

Un tropezón no es caída

Pero hubo más avatares políticos en la causa por la muerte de Nisman. En la apertura del año judicial de marzo de 2015, Arroyo Salgado presenció por primera vez el discurso de Lorenzetti. Un mensaje —o no— al gobierno estuvo allí. La imagen del presidente de la Corte con la ex mujer del fiscal resultó fuerte. Tal vez, porque la escena se daba en medio de las duras críticas que la administración kirchnerista había realizado a la Corte al acusarla de liderar un “Partido Judicial”. El presidente del cuerpo redobló la apuesta en la inauguración del año judicial y en su discurso criticó a la mandataria.457

En el arranque de su disertación, el titular de la Corte Suprema habló de las víctimas de distintas tragedias que sucedieron en el país: “Tenemos que verlas con rostro humano, no son expedientes, ni objeto de disputas políticas”, exclamó. Defendió la atribución de los jueces de declarar inconstitucionales las leyes: “El Poder Judicial debe poner límites. Eso no significa ni puede significar que sustituyan la acción de gobierno. Simplemente significa que no hay poderes ilimitados”,458 expresó. El mensaje tenía un emisor y destinatario: se refería a las declaraciones que el domingo anterior había hecho la entonces presidenta Cristina Fernández al criticar al Poder Judicial. Habló nuevamente sobre la existencia de un “Partido Judicial” y señaló a la Corte Suprema como responsable de que no haya avances en la causa por el atentado a la Embajada de Israel en Argentina, sucedido en 1992 y cuya instrucción quedó en manos del máximo tribunal”. Lorenzetti redoblaba la apuesta y le contestaba: “No hagamos disputas de poderes. Las víctimas no esperan que nos echemos la culpa los unos a los otros. Esperan una actitud más madura (…) Cuando hay personas clamando justicia, ¿qué tipo de diferencias son las que nos separan? Pidió “ser más adultos, dejar las cuestiones menores y ponernos a trabajar”. “Es tiempo de terminar con la impunidad, con investigaciones oscuras que se traban y no se sabe dónde terminan”,459 exaltó.

“De nada sirve que digamos esto es un problema de uno o de otro”, manifestó el juez. “La Corte no tolerará ninguna acción extrema que ponga en riesgo el estado de derecho”,460 continuó.Y sumó: “No está mal que hablen los poderes. Debe ser uno de los pocos países del mundo donde se censura el diálogo entre poderes”.461 Luego habló de la independencia judicial y afirmó que “los jueces no deben ceder a las presiones. Debemos respetar tanto al ámbito judicial como al Congreso y a la institución presidencial como ocurre en todos los países estables, que es lo que pretendemos ser”, insistió. “Preservar la democracia es algo demasiado importante

como para dejarla en manos del odio, de la división, del egoísmo, y del miedo”, señaló el ministro.

No era una apertura más. El ritual comenzó con un video elaborado por el CIJ en la que se mostraban los rostros de víctimas y tragedias con el himno nacional de fondo y un análisis sobre la impunidad. Se entrecruzaron imágenes de víctimas de casos resonantes como Ángeles Rawson, Marita Verón, Mariano Ferreyra, Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, con las de centros clandestinos, la voladura de la AMIA y el cierre con un primerísimo plano de Nisman. Tan impactante como inesperado fue el video que ninguno de los jueces federales, fiscales, autoridades del gobierno nacional, abogados, invitados, familiares de víctimas del atentado a la mutual judía AMIA y periodistas aplaudió. El silencio colmó la sala de audiencias, Lorenzetti tironeaba entre el rol de “héroe y juez”,462 decían por lo bajo algunos de los asistentes. “Había sido tan audaz como desafortunado. Tal vez, una provocación”, coincidieron varios de los jueces asistentes en off the record. Lo cierto era que muchas de esas causas aún se encontraban bajo investigación judicial y sin sentencia firme. La justicia había dejado de ser “imparcial”. ¿Se había politizado?

Pero el reto continuaba. Aunque la memoria le jugaría una mala pasada: Lorenzetti se equivocó al empezar la alocución y al rebatir un cuestionamiento de la ex presidenta, expresó que el atentado a la Embajada de Israel era “cosa juzgada”. El titubeo fue definido por los presentes como “un error mayúsculo” tratándose de una de las principales causas para la historia de Argentina. Evidenció que no estaba al tanto del expediente.

La reacción del supremo fue inmediata. Le solicitó a Esteban Canevari, secretario penal a cargo de la investigación, que le armara un informe sobre el estado de la causa. La cara de Lorenzetti se transformaba mientras leía que la investigación aún se encontraba en trámite. Es decir, en pleno proceso. Luego el CIJ publicó ese texto en su página web,463 para retractar las palabras del ministro que habían levantado polvareda.

Más tarde, en marzo de 2015, mientras Cristina Fernández seguía al frente del Ejecutivo, la causa Nisman arribó a la Corte entre recusaciones y planteos. Los ministros debían resolver sobre la continuidad o no de la fiscal Fein y decidieron desestimar el recurso de queja que había planteado Arroyo Salgado. Fein continuó a cargo de la causa.464