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CURRENT CHALLENGES/PROBLEMS FACED BY HS

Hemos visto cómo se calcula la parte de la variación del PIB nominal que se debe a una variación de las cantidades físicas. A continuación analizamos la variación de los precios utilizando índices de precios. Un índice de precios es una medida del nivel medio de precios de un conjunto específico de bienes y servicios en relación con los precios de un año base específico. Por ejemplo, el deflactor del PIB es un ín- dice de precios que mide el nivel general de precios de los bienes y los servicios in- cluidos en el PIB y se define por medio de la fórmula

PIB real = PIB nominal/deflactor del PIB.

El deflactor del PIB es la cantidad por la que debe dividirse el PIB nominal o “deflactarse” para obtener el PIB real. En nuestro ejemplo, ya hemos calculado el PIB nominal y el PIB real, por lo que ahora podemos calcular el deflactor del PIB ex- presando de otra manera la fórmula anterior:

deflactor del PIB = PIB nominal/PIB real.

Cálculo de la producción real utilizando el año 1 como año base

Cantidades Precios

corrientes del año base

Año 1 Computadoras 5 X 1.200 € = 6.000 € Bicicletas 200 X 200 € = 40.000 € Total = 46.000 Año 2 Computadoras 10 X 1.200 € = 12.000 € Bicicletas 250 X 200 € = 50.000 € Total = 62.000

Crecimiento porcentual del PIB real = (62.000 € – 46.000 €)/46.000 € = 34,8%

Cálculo de la producción real utilizando el año 2 como año base

Cantidades Precios

corrientes del año base

Año 1 Computadoras 5 X 600 € = 3.000 € Bicicletas 200 X 240 € = 48.000 € Total = 51.000 Año 2 Computadoras 10 X 600 € = 6.000 € Bicicletas 250 X 240 € = 60.000 € Total = 66.000

Crecimiento porcentual del PIB real = (66.000 € – 51.000 €)/51.000 € = 29,4% Tabla 2.4

2.4. El PIB real, los índices de precios y la inflación 53

En el año 1 (año base en nuestro ejemplo), el PIB nominal y el PIB real son igua- les, por lo que el deflactor del PIB es 118. Este resultado es un ejemplo del principio

general según el cual el deflactor del PIB siempre es 1 en el año base. En el año 2, el PIB nominal es de 66.000 euros (véase la Tabla 2.3) y el PIB real es de 62.000 (véase la Tabla 2.4), por lo que el deflactor del PIB del año 2 es igual a 66.000 eu- ros/62.000 euros = 1,065, que es un 6,5 por ciento más alto que el valor del deflac- tor del PIB del año 1.

La medición del PIB real y el deflactor del PIB real depende de la elección del año base. El Recuadro 2.2 muestra que la elección del año base puede tener impor-

18. El deflactor del PIB a menudo se multiplica por 100, por lo que es igual a 100 en lugar de 1 en el año base.

El extendido uso de las computadoras ha revolucionado el mundo de la empresa, la educación y el ocio en una gran parte del mundo desarrollado. En Estados Unidos, la proporción del gasto real que se dedica a las compu- tadoras se quintuplicó entre mediados de los años 80 y mediados de los 90 *, mientras que los precios de las computadoras bajaron, en promedio, más de un 10 por ciento al año †. El enorme aumento de la cantidad real

de computadoras y el vertiginoso descenso de sus pre- cios ponen de relieve el problema de la elección de un año base para calcular el crecimiento del PIB real.

Para ilustrar el problema, utilicemos el ejemplo de las Tablas 2.3 y 2.4, que incluye un gran aumento de la can- tidad de computadoras unido a un vertiginoso descen- so de sus precios. Hemos mostrado que cuando utilizamos el año 1 como año base, la producción real aumenta un 34,8 por ciento entre el año 1 y el año 2. Sin embargo, como veremos en este recuadro utilizando la Tabla 2.4, obtenemos una cifra muy diferente del creci- miento de la producción real si utilizamos el año 2 como año base. Utilizar el año 2 como año base significa utili- zar los precios del año 2 para valorar la producción. Concretamente, cada computadora está valorada en 600 euros y cada bicicleta en 240. Por lo tanto, el valor real

de las 5 computadoras y las 200 bicicletas producidas en el año 1 es de 51.000 euros. Si continuamos utilizando el año 2 como año base, el valor real de la producción del año 2 es igual que su valor nominal, que ya hemos vis- to que es de 66.000 euros. Por lo tanto, utilizando el año 2 como año base, vemos que la producción real creció de 51.000 euros en el año 1 a 66.000 en el año 2, lo que re- presenta un aumento de un 29,4 por ciento.

Resumamos los cálculos realizados hasta ahora. Utilizando el año 1 como año base, el crecimiento calcu- lado de la producción es del 34,8 por ciento, pero utili- zando el 2, es del 29,4 por ciento solamente. ¿A qué se debe esta diferencia? En este ejemplo, la cantidad de computadoras crece entre el año 1 y el año 2 un 100 por ciento (de 5 a 10) y la de bicicletas un 25 por ciento (de 200 a 500). El crecimiento calculado de la producción total –34,8 por ciento utilizando el año 1 como año base o 29,4 por ciento utilizando el año 2– se encuentra entre las tasas de crecimiento de los dos bienes. La tasa total de crecimiento es una especie de media ponderada de la tasa de crecimiento de cada uno de los bienes. Cuando el año base es el año 1, utilizamos los precios del año 1

La revolución de las computadoras y el PIB real calculado mediante índices

encadenados

Recuadro 2.2

* Véase Joseph Haimowitz, “Has the Surge in Computer Spending Fundamentally Changed the Economy?”, Federal Reserve Bank of Kansas City Economic Review, 2.º trimestre, 1998, págs. 27-42.

Estos precios se refieren a las computadoras y los equipos periféricos de la Tabla 1 de Stephen D. Oliner y Daniel E. Sichel,

“Computers and Output Growth Revisited: How Big Is the Puzzle?”, Brookings Papers on Economic Activity, 2, 1994, págs. 273-317.

tantes consecuencias para el crecimiento calculado de la producción real, lo cual afecta, a su vez, a la variación calculada del nivel de precios.

El índice de precios de consumo. El deflactor del PIB mide el nivel medio de precios de los bienes y los servicios incluidos en el PIB. El índice de precios de con-

sumoo IPC mide los precios de los bienes de consumo. En la mayoría de los paí- ses, el IPC se calcula mensualmente, a diferencia del deflactor del PIB, que se calcula trimestralmente. Los institutos nacionales de estadística lo elaboran en-

para valorar la producción, y en el año 1 las computa- doras son mucho más caras que las bicicletas. Por lo tanto, el crecimiento de la producción total es más cer- cano a la elevadísima tasa de crecimiento de las compu- tadoras que cuando la tasa de crecimiento se calcula utilizando el año 2 como año base.

¿Cuál es el año base “correcto” que debemos utilizar? No existe una clara razón para preferir uno u otro. Para resolver este problema, en 1995 el Bureau of Economic Analysis introdujo índices encadenados para medir el PIB real. El PIB real calculado mediante índices encade- nados es una solución matemática intermedia entre la utilización del año 1 como año base y la utilización del año 2. La tasa de crecimiento del PIB real calculada uti- lizando el PIB real basado en índices encadenados es una especie de media de la tasa de crecimiento calcula- da utilizando el año 1 como año base y la tasa de creci- miento calculada utilizando el año 2 como año base (en este ejemplo, la tasa de crecimiento del PIB real calcula- da utilizando índices encadenados es del 32,1 por cien- to, pero no entraremos aquí en los detalles de ese cálculo) ‡.

Antes de que el Bureau of Economic Analysis adop- tara los índices encadenados, utilizaba el año 1987 como año base para calcular el PIB real. Era necesario actuali- zar el año base a medida que iba pasando el tiempo para que los precios utilizados para calcular el PIB real reflejaran los verdaderos valores de los bienes que se producían. Cada vez que se cambiaba el año base, el

Bureau of Economic Analysis tenía que calcular nuevos datos históricos del PIB real. Los índices encadenados actualizan automáticamente el año base. La tasa anual de crecimiento de un año dado se calcula utilizando ese año y el anterior como años base. A medida que pasa el tiempo, no es necesario calcular de nuevo las tasas his- tóricas de crecimiento del PIB real utilizando nuevos años base. No obstante, el PIB real calculado mediante índices encadenados tiene una peculiar característica. Aunque la identidad de la renta y el gasto, Y = C + I + G + NX, siempre se cumple exactamente en términos no- minales, por razones técnicas, esta relación no tiene por qué cumplirse exactamente cuando el PIB y sus compo- nentes se miden en términos reales utilizando índices encadenados. Como la discrepancia normalmente es pe- queña, suponemos en este libro que la identidad de la renta y el gasto se cumple tanto en términos reales como en términos nominales.

Los índices encadenados se introdujeron para resol- ver el problema de elegir un año dado como año base para calcular el PIB real. ¿Qué importancia tiene la uti- lización de índices encadenados, dado el rápido au- mento de la producción de computadoras y la caída de sus precios? Utilizando el año 1987 como año base, el PIB real de Estados Unidos del cuarto trimestre de 1994 creció a una tasa anual del 5,1 por ciento. Utilizando un índice encadenado, el crecimiento del PIB real durante este trimestre fue menos impresionante: 4 por ciento. El Bureau of Economic Analysis estima que las computa- doras representan alrededor de tres quintos de la dife- rencia entre estas dos tasas de crecimiento **.

Para algunos análisis de los índices encadenados, véanse Charles Steindel, “Chain-Weighting: The New Approach to Measuring

GDP”, Current Issues in Economics and Finance, Nueva York, Federal Reserve Bank of New York, diciembre, 1995, y Eugene P. Seskin y Robert P. Parker, “A Guide to the NIPA’s”, Survey of Current Business, marzo, 1998, págs. 26-48, especialmente la pág. 38. ** Estas cifras proceden de la pág. 36 de J. Steven Landefeld y Robert P. Parker, “Preview of the Comprehensive Revision of the National Income and Product Accounts: BEA’s New Featured Measures of Output and Prices”, Survey of Current Business, julio, 1995, págs. 31-38.

2.4. El PIB real, los índices de precios y la inflación 55

viando todos los meses entrevistadores a averiguar los precios de una lista fija o “cesta” de bienes y servicios de consumo, incluidos muchos artículos específicos de alimentación, ropa, alojamiento y combustible. A continuación calculan el IPC de ese mes dividiendo el coste de la cesta de artículos de consumo por el coste que te- nía esa misma cesta en el año base19.

El cálculo del índice de precios de consumo obliga a utilizar un año base. Si se eligiera un año base –por ejemplo, 1992– y no se cambiara nunca, la cesta de bienes y servicios establecida para ese año base acabaría quedándose anticuada en com- paración con los bienes y los servicios que se consumen realmente hoy (los consu- midores no sólo cambian sus pautas de compra, sustituyendo, por ejemplo, la carne de vacuno por pollo sino que, además, algunos de los bienes que existen hoy en el mercado no existían ni siquiera en 1992). Este problema sugiere que el año base debe actualizarse de vez en cuando para que la cesta de bienes y servicios del año base se parezca más a la que eligen hoy los consumidores. En el Recuadro 2.3 analizamos otra cuestión relacionada con la utilización del IPC para medir los pre- cios.

19. Al igual que ocurre con el deflactor del PIB, el IPC a menudo se multiplica por 100, por lo que los precios de año base son iguales a 100 en lugar de 1.

En 1995-1996, una comisión oficial (presidida por Michael Boskin, profesor de la Universidad de Stanford, antiguo asesor económico jefe del Presidente Bush) rea- lizó un informe sobre la precisión de los indicadores ofi- ciales de la inflación. Llegó a la conclusión de que la inflación medida mediante el IPC puede sobreestimar los verdaderos aumentos del coste de la vida nada me- nos que 1 o 2 puntos porcentuales al año. En otras pala- bras, si la tasa oficial de inflación es del 3 por ciento al año, la “verdadera” tasa de inflación puede muy bien ser de 1 o 2 por ciento al año solamente.

¿Cuáles son las razones por las que los aumentos del IPC sobreestiman la tasa efectiva a la que sube el coste de la vida? Una de ellas es la dificultad de los estadísti- cos oficiales para medir los cambios de la calidad de los bienes. Por ejemplo, si se mejora el diseño de un apara- to de aire acondicionado, de tal forma que puede enfriar un 10 por ciento más el aire sin aumentar el consumo de electricidad, una subida del precio del aparato de un 10 por ciento no debería considerarse inflación; aunque el consumidor pague un 10 por ciento más, también recibe un 10 por ciento más de capacidad de refrigeración. Sin

embargo, si los estadísticos oficiales no tienen en cuen- ta la mejora de la calidad del aparato y señalan simple- mente la subida de su precio de un 10 por ciento, la variación del precio se interpretará incorrectamente como inflación.

Aunque no es difícil medir la producción de un apa- rato de aire acondicionado, en el caso de algunos pro- ductos (especialmente los servicios) es difícil medir los cambios de la calidad. Por ejemplo, ¿en qué porcentaje mejora la calidad de los servicios bancarios debido a la existencia de cajeros automáticos las 24 horas del día? La inflación se sobreestimará si el IPC no tiene en cuen- ta las mejoras de la calidad de los bienes y los servicios que utilizan los consumidores. Esta sobreestimación se denomina sesgo relacionado con la calidad.

El ejemplo siguiente muestra otro problema de la in- flación basada en el IPC como medida de los aumentos del coste de la vida. Supongamos que a los consumido- res les gusta el pollo y el pavo por igual y que en el año base consumen la misma cantidad de cada uno. Pero

¿Sobreestima la inflación basada en el IPC los aumentos del coste de la vida?

Recuadro 2.3

La inflación. Una importante variable que se mide con índices de precios es la tasa de inflación. Ésta es igual a la tasa porcentual de subida del índice de precios por período. Así, por ejemplo, si el IPC es 100 en un año y sube a 105 en el siguiente, la tasa de inflación registrada entre los dos años es igual a (105 – 100)/100 = 5/100 = 0,05 = 5 por ciento al año. Si en el tercer año el IPC es 112, la tasa de inflación registrada entre el segundo año y el tercero es igual a (112 – 105)/105 = 7/105 = 0,0667 = 6,67 por ciento al año. En términos más genera- les, si Ptes el nivel de precios del período t y Pt+1es el del período t + 1, la tasa de inflación registrada entre t y t + 1, o sea πt+1, es

donde ΔPt+1, o sea Pt+1– Pt, representa la variación de Pt.

La Figura 2.2 muestra la tasa de inflación de Estados Unidos correspondiente al período 1960-1998, basada en el deflactor del PIB, como medida del nivel de pre- cios. La inflación aumentó durante las décadas de 1960 y 1970, disminuyó vertigi- nosamente a principios de los 80 y aún más en los 90.

πt+ =

(

t+ − t

)

= Δ + t t t P P P P P 1 1 1,

por alguna razón el precio del pollo sube vertiginosa- mente, por lo que los consumidores optan por comer pavo casi exclusivamente. Como están igual de satisfe- chos con el pollo que con el pavo, este cambio no em- peora significativamente su bienestar; la subida del precio del pollo no influye en su verdadero coste de la vida. Sin embargo, el IPC oficial, que mide el coste de comprar la cesta de bienes y servicios del año base, re- gistrará una subida significativa cuando se dispare el precio del pollo. Por lo tanto, la subida del IPC exagera- rá el verdadero aumento del coste de la vida. El proble- ma estriba en que el IPC se basa en el supuesto de que los consumidores compran una cesta de bienes y servi- cios que se mantiene fija con el paso del tiempo y no tie- ne en cuenta el hecho de que los consumidores pueden sustituir (y sustituyen) los bienes o los servicios más ca- ros por otros más baratos. Esta fuente de sobreestima- ción del verdadero incremento del coste de la vida se denomina sesgo de sustitución.

Si las medidas oficiales de la inflación sobreestiman realmente la verdadera inflación, tienen importantes consecuencias. En primer lugar, si se sobreestima el cos- te de la vida, se subestiman en la misma cuantía los au- mentos de cantidades importantes como la renta real de la familia (el poder adquisitivo de la renta de una fa- milia representativa). El sesgo del IPC puede dar, pues, una visión demasiado pesimista de la marcha de la eco- nomía. En segundo lugar, muchas prestaciones e im- puestos están vinculados o indiciados con respecto al IPC. Por ejemplo, las pensiones aumentan automática- mente todos los años en el mismo porcentaje que el IPC. Si la inflación basada en el IPC sobreestima la verdade- ra inflación, los pensionistas habrán recibido unas pen- siones más altas de lo necesario para compensarlos por los incrementos del coste de la vida. Los economistas han estimado que en Estados Unidos si las pensiones y otros programas de transferencias aumentaran a la tasa de la “verdadera” inflación, no a la tasa de inflación ba- sada en el IPC, la administración federal ahorraría miles de millones de dólares al año.

Nota: Para un análisis detallado de los sesgos del IPC, véase Matthew Shapiro y David Wilcox, “Mismeasurement in the Consumer Price Index: An Evaluation”, en Ben Bernanke y Julio Rotemberg (comps.), Macroeconomics Annual, Cambridge, MA, National Bureau of Economic Research, 1996.

2.5. Los tipos de interés 57

2.5. Los tipos de interés

Los tipos de interés son otra importante –y conocida– variable económica. Un tipo

de interéses una tasa de rendimiento prometida por un prestatario a un presta- mista. Por ejemplo, si el tipo de interés de un préstamo de 100 euros a un año es de un 8 por ciento, el prestatario ha prometido devolver al prestamista 108 euros den- tro de un año, o sea, unos intereses de 8 euros más los 100 prestados.

Como veremos más detalladamente en el Capítulo 4, existen muchos tipos de interés en la economía. Varían en función de quién pida el préstamo, de su dura- ción y de otros factores (véase el recuadro “En contacto con la realidad macroeco- nómica: los tipos de interés”, pág. 136). También existen muchos activos en la economía, como las acciones de una sociedad anónima, que no tienen un tipo de in- terés específico pero sí pagan un rendimiento a los accionistas; en el caso de las ac- ciones, el rendimiento consiste en dividendos y ganancias de capital (subidas del precio de mercado de las acciones). La existencia de tantos activos distintos, cada uno con su propia tasa de rendimiento, puede complicar extraordinariamente el es- tudio de la macroeconomía. Sin embargo, afortunadamente la mayoría de los tipos de interés y otras tasas de rendimiento tiende a subir o bajar al unísono. Para rea- lizar análisis macroeconómicos normalmente hablamos “del” tipo de interés, como si sólo hubiera uno. Por ejemplo, si decimos que una determinada política econó- mica provoca una subida “del” tipo de interés, queremos decir que es probable que

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