E
n apenas ocho días, la Revolución de Febrero derrocó al za- rismo. El levantamiento, iniciado en Petrogrado como una re- vuelta contra el hambre, se convirtió rápidamente en huelga general y luego en insurrección, con la sublevación de los sol- dados de la guardia. El pasaje de los soldados (campesinos movilizados por la guerra) al campo de la revolución y el estallido de le- vantamientos en las principales ciudades sellaron la suerte de la dinas- tía Romanov.La rapidez de la victoria fue consecuencia de "una combinación única de factores mundiales de importancia histórica"1: la experiencia revolu- cionaria acumulada por la clase obrera y los explotados rusos en la revo- lución de 1905 y el descalabro político y económico producido por la gue- rra imperialista, que en febrero de 1917 entraba en su tercer año.
Pero la Revolución de Febrero no llevó al poder a un gobierno de los obre- ros y campesinos que habían combatido en las calles al zarismo, sino a un "gobierno provisional", enteramente dominado por la burguesía y los terra- tenientes que hasta el día anterior cogobernaban Rusia con el zar.
El levantamiento forzó a la burguesía y a los terratenientes a operar en dos frentes. Su temor a las masas (acrecentado por la experiencia de 1905) y a perder las posiciones políticas (gobiernos locales, comités de guerra, Duma), y la dominación económica que habían conquistado bajo el zarismo, la empujaban a complotar con la monarquía para aplastar a los explotados; al mismo tiempo, se valían de la amenaza de la insurrec- ción para arrancarle concesiones a la autocracia.
Cuando comprendieron que el zar Nicolás II estaba perdido, complo- taron para asumir la totalidad del poder. Los diplomáticos franceses y bri- tánicos alentaron el complot porque veían en la burguesía y los terrate- nientes un aliado más seguro que el zar para llevar la guerra mundial "hasta el fin".
Con todo, el respaldo de los imperialistas franco-británicos, la mejor organización de la burguesía y su manejo de importantes palancas del Estado, no alcanzan para explicar su ascenso al poder. La burguesía y los terratenientes no tenían ningún respaldo entre las masas de obreros y soldados; los explotados los odiaban porque habían cogobernado con el zarismo y se habían enriquecido con la guerra.
Esa desconfianza tomó inmediatamente una forma organizada. El 28
de febrero, cuando todavía se combatía en las calles y el "gobierno provi- sional" no había nacido, se formó en Petrogrado el Soviet de Diputados obreros, retomando la experiencia de 1905; inmediatamente los represen- tantes de los soldados se incorporaron al Soviet.
Desde el primer momento, el Soviet tuvo el poder político en sus ma- nos. Controlaba los bancos, los ferrocarriles, los teléfonos, las imprentas, los arsenales, las fábricas y la guarnición, porque los obreros y los solda- dos se negaban a obedecer otras órdenes que no fueran las del Soviet. No había en Petrogrado otra fuerza armada ni otra autoridad. En esas con- diciones, ¿cómo pudo producirse el ascenso al poder de la burguesía?
La revolución inglesa del siglo XVII y la francesa del siglo XVIII se carac- terizaron porque su desarrollo empujaba a la cima del poder a fracciones cada vez más a la izquierda, representantes de las clases y capas sociales más plebeyas. Febrero, en cambio, debuta con la victoria en las calles de los obreros armados, apoyados por los campesinos en uniforme. El prole- tariado aparece en la Revolución Rusa, desde el comienzo, como el caudi- llo. Si no toma el poder, la revolución debe evolucionar hacia la derecha.
Contrarrevolución en la revolución
"La contradicción entre el carácter de la revolución y el poder que sur- gió de ella se explica por las peculiaridades del nuevo sector pequeñobur- gués situado entre las masas revolucionarias y la burguesía capitalista".2 El Soviet que se forma el 28 de febrero no es una creación de las masas en lucha; surge "desde arriba" por iniciativa de dirigentes del movimien- to sindical y cooperativo e integra a dirigentes revolucionarios sacados de la cárcel por la revolución. No es una representación directa y democrá- tica de los obreros en lucha sino un frente de partidos y organizaciones pequeñoburguesas y obreras, una "multisectorial" integrada por las cú- pulas de las organizaciones sociales y políticas, que llama a los obreros y a los soldados (campesinos) a elegir delegados al Soviet.
Los mencheviques y los socialistas revolucionarios – que habían sido partidarios de la guerra– tenían en este Soviet una posición dominante; los bolcheviques eran una absoluta minoría. Las primeras elecciones (en particular entre los soldados) refuerzan todavía más la posición dominan- te de los mencheviques y socialistas revolucionarios. Este Soviet, domi- nado por el centroizquierda "socialista", transfiere el poder a la burgue- sía: el 4 de marzo vota una declaración llamando a apoyar al "gobierno provisional" burgués... que se había formado a instancias de los princi- pales dirigentes del Soviet en ese momento (Kerensky y Skobelev). La "de- mocracia revolucionaria" se revela así como el ala izquierda del orden bur- gués. Los bolcheviques no tienen ninguna claridad sobre la expropiación
política que está llevando adelante el centroizquierda en beneficio de la burguesía: aunque en la sesión del 4 de marzo hay 40 delegados bolche- viques, sólo 10 votan contra el "apoyo" al "gobierno provisional". En las primeras horas de la revolución, los bolcheviques se reducen al papel de extrema izquierda de la "democracia revolucionaria".
Mientras el Soviet de 1905 fue un fenomenal factor de impulso a la re- volución, el de febrero de 1917 debuta como un factor de contención re- volucionaria y de expropiación política de los trabajadores. Las formas de organización propias de las masas, incluso las más revolucionarias, co- mo el soviet, no alcanzan por sí mismas para determinar la independen- cia política de la clase obrera; para eso hay que tener en cuenta su estra- tegia y el programa, por medio de la lucha de partidos.