CHAPTER 3: METHODOLOGY
3.4 Phase 2: Data Collection & Documentation
3.4.4 Data Collection Interviews
Hay dos amplias categorías de tipos. La primera es la de aquellas tipografías diseñadas para textos que van a ser leídos, tradicionalmente, los libros. En ellas, es importante que el ojo se guíe por el texto suavemente, moviéndose de línea a línea sin interrupciones, de modo que el lector tenga la mejor oportunidad de comprender el texto sin fatigarse debido al esfuerzo de leer. Éste era claramente el propósito de los primeros tipógrafos y a este respecto todavía se debaten las virtudes comparativas de determinadas familias tipográficas. En este grupo de fuentes clásicas llamadas Romanas Humanísticas" (Oíd Style) se incluyen Garamond, Bembo y Jenson, todas ellas fuentes con remates. Se dice que los remates (serifs) ayudan a unir las letras visualmente y, por tanto, ayudan en la lectura. Hoy día, hay mucha gente que descarta tales argumentos y señala las nuevas pruebas que sugieren que una vez que alguien se familiariza con las tipografías de palo seco (sans serif), hay poca diferencia con respecto a la capacidad lectora. El advenimiento de la composición en caliente llevó a la introducción, en los años 1930, de las nuevas tipografías romanas, de las cuales Times New Román es un ejemplo. Las "Romanas Modernas" y las "Romanas de Transición", como Bodoni y Baskerville, son más geométricas y están menos influidas por. la caligrafía, pero son adecuadas para libros.
Para la mayoría de las aplicaciones de packaging, sin embargo, no se necesitan grandes bloques de texto. Como mucho, puede haber un texto explicativo o de instrucciones y existen muchos criterios tipográficos que se aplican a los libros y que no son completamente válidos para el packaging. Es la segunda categoría de tipos, la categoría de tipografías para exposición, la que tiene mayor relevancia para los diseñadores de packaging. Introducidos por primera vez en el siglo xIx para la publicidad y los anuncios públicos, los tipos de exposición se caracterizan por sus letras de trazo grueso cuya función es ser un elemento de diseño más que un texto. Hoy en día, los diseñadores suelen usar tipos de palo seco como base para crear tipografías de exposición.
Las familias tipográficas de palo seco alcanzaron una popularidad generalizada en los años veinte, pues se consideraban limpias, minimalistas y modernas, en sintonía con la revolución del diseño tipificada en la escuela de diseño Bauhaus, para la cual, la funcionalidad era de suma importancia y la estilización se consideraba futurista. Gilí Sans, Helvética y Avant Garde son tipografías de palo seco que continúan siendo populares hoy día.
Al decidir el tipo se empleara en un diseño de packaging, debemos valorar varios aspectos:
• Su identificación con el producto.
• El tamaño de fuente requerido (debe tenerse en cuenta también con respecto al
espacio que ocuparán las traducciones).
• El soporte sobre el que se imprima.
• El proceso de impresión.
• Las características del diseño: tintas, impresión en negativo.
Lo más importante para la elección del tipo es la naturaleza del producto y su atractivo para el público objetivo, factores que deben ser trasladados adecuadamente al lenguaje tipográfico. Si intentamos aportar al diseño un sabor nacional típico resulta útil conocer que, por ejemplo, Baskerville es una tipografía inglesa clásica, mientras que Garamond es francesa y Goudy representa a Estados Unidos. Del mismo modo, el empleo de caracteres propios de alguna lengua, como el gaélico, griego o cirílico, proporciona pistas reconocibles sobre la identidad nacional que pueden ser significativas para el propósito del proyecto de diseño de packaging. Igualmente, el tipo se puede elegir con la intención de transmitir una sensación emocional, sea ésta de autoridad, diversión, prestigio, o cualquier otro atributo que refleje la pretendida naturaleza del producto y su público objetivo. No obstante, recuerda que el texto del packaging debe poder leerse con rapidez, así que evita utilizar tipografías complejas para asegurarte de que resalte, impacte y se mantenga su legibilidad.
Los demás aspectos de la lista anterior son consideraciones prácticas que tienen que ver con la calidad de impresión. Si el tamaño de la letra es pequeño, el soporte es poroso o el diseño requiere caracteres en negativo sobre un fondo de color, por ejemplo, un tipo sin remates puede ser el más apropiado para evitar la pérdida de detalles de las letras durante el proceso de impresión. Si hay dudas, merece la pena mostrar las propuestas de diseño al impresor o al personal técnico del cliente.
La medida o la longitud de la línea de texto no suele ser un problema en el packaging porque normalmente hay poca necesidad de bloques de texto sobre los cuales el ojo del lector circule una y otra vez. Cuando hay un texto extenso, tal vez un texto de instrucciones de varias líneas, el número óptimo de caracteres por línea está entre 60 y 72 aproximadamente. Un número menor a éste interrumpe el flujo de lectura y un número mayor dificulta pasar a la siguiente línea. No obstante, como muchas formas de envase son delgadas y verticales, o bien apaisadas, lo más probable es que el máximo alcanzable sea de entre 30 y 35 caracteres.