El centralismo es un tema al que más de un autor hace mención: en la literatura regional, igualmente es abordado. Sin embargo, todo se queda en una simple “mención”, pues ningún texto aborda el tema desde una perspectiva profunda, a pesar de que se trata de un gran problema en nuestro país que afecta no sólo al rock, sino a la difusión de música y la cultura en general.
Hay dos autores que él dedican un párrafo al problema del centralismo. Salas (1998), indica que en los noventa hubo propuestas musicales que rondaban
mayoritariamente en ámbitos universitarios. Agrega que en provincias surgieron varias bandas, teniendo en cuenta que muchas de ellas terminaron migrando a la capital para profesionalizarse, y considera al centralismo desde una perspectiva esperanzadora en esos años:
El centralismo capitalino atrajo sucesivamente otras propuestas provinciales (Los 3, Santos Dumont, Machuca de la Octava Región; Susaeta Fli, La Floripondio de la Quinta, entre los más recurrentes) que escalonadamente vinieron a posarse sobre el reflujo musical santiaguino y su ceniciento panorama laboral (p. 236).
El otro autor que aborda el tema es Planet (2006). Analizando al centralismo que aquejaba a Chile a fines de los sesenta asegura que:
Para los grupos de provincia la situación no era fácil. Salvo por las bondades que el puerto de Valparaíso ofrecía para acceder a información, discos e instrumentos, la ciudad de Santiago concentraba a esta naciente escena rockera dado el enorme centralismo de la capital, que agrupaba a las compañías disqueras de gran alcance, medios de prensa y estudios de grabación. Con excepciones, era casi imperativo funcionar en la capital para producir un disco de repercusión. Así lo hizo nano Vicencio al dejar la sureña ciudad de Temuco e instalarse en Santiago (p. 65).
Aunque, por su parte González y otros (2009) no abordan el centralismo en el rock, sí recogen anécdotas de otras ciudades del país, como la facilidad de comprar cosas extranjeras en los puertos libres de Punta Arenas, Chiloé y Arica, destacando que “El puerto libre de Arica favorecerá el desarrollo de grupos juveniles electrónicos en el norte del país…” (González et al., 2009, p. 610). También menciona el concurso de fines de 1965 organizado por la revista Rincón Juvenil para encontrar al mejor conjunto juvenil a nivel nacional, iniciativa que en abril de 1966 recibió miles de cupones de votación, con más de 200 agrupaciones participantes de Arica a Punta Arenas (González et al., 2009).
En el mismo libro, se exponen algunos acontecimientos de provincias como que en Valdivia las bandas rockanrolleras dejaron obsoletas a las orquestas de baile, además de haber varios grupos adscritos a la nueva ola. Destacan a Los Rebeldes, banda de
Punta Arenas, quienes a fines de 1969 superaran el record mundial de Los Jokers:
tocaron por más de 74 horas (p. 663) y a Los Fénix, formados en Chuquicamata en 1966, muy activos en el norte del país, quienes grabaron singles con RCA Victor, editándolos en otros países como Perú y Bolivia, y alcanzaron grandes ventas y popularidad.
Además destacan el “Primer Festival Electrónico” que reunió a gran parte de los grupos activos en el norte Chile, realizado por la Asociación de Comentaristas de Discos de Iquique en noviembre de 1968, con el apoyo del sello Solas (p. 710).
Sin embargo, como vimos en este recorrido sólo se registran anécdotas, sin abordar lo que pasaba efectivamente en esas ciudades. Esto es un reflejo de cómo el centralismo nos afecta a todos de formas diferentes; en su mayor parte los estudios se centran en Santiago o sus cercanías debido a que el mayor volumen de información disponible se vincula a este territorio. De hecho, para realizar estudios de otras ciudades, los autores se basan principalmente en experiencias personales de sus entrevistados; como es el caso de Rivas (2012) y Zapata (2009).
Los autores restantes suelen destacar a artistas regionales que desarrollaron la mayor parte de su carrera en Santiago, entre ellas muchas de las bandas de la región de Valparaíso de las primeras etapas. Éstas, en su afán por profesionalizarse, se desplazaban a la capital, situación que no ha variado mucho con el correr de los años. Por lo demás, los estudiosos sólo indagan en la escena musical de aquella región hasta el año 1973, posterior a lo cual las investigaciones se centran en Santiago y únicamente mencionan a bandas de otras ciudades.
El lenguaje usado tampoco ayuda a “descentralizar” la mirada sobre el rock en Chile. Por ejemplo, Ponce (2008) habla de las bandas de la periferia por el toque de queda en dictadura, dando la impresión de tratarse de un fenómeno ocurrido únicamente en la capital y en consecuencia no ahonda en lo ocurrido con las bandas en regiones. Esto lleva a preguntarse: ¿Pasaron por lo mismo? ¿Fue algo diferente? ¿Dependía de la ciudad? Es algo que se podrá descubrir si se hacen más investigaciones en provincias, aunque si la mayoría de las investigaciones se basan en testimonios, debemos apresurarnos. Como dice Rivas (2012), el rock en el ámbito académico es algo
novedoso, por lo cual no hay muchos estudios teóricos sobre el rock en general, y menos aún a nivel regional.
Reiteramos que puede ser un “asunto de lenguaje”, pero al hablar de rock chileno y hablar mayoritariamente de Santiago, se deben cambiar sus títulos o por lo menos problematizar la centralización. Esta continúa siendo un problema latente, pese al avance tecnológico, a la inmediatez de las comunicaciones, a las oportunidades de adquirir instrumentos y/o equipos de grabación, así como la facilidad para distribuir música, videos e información. En consecuencia, he optado por realizar esta investigación en Antofagasta, ciudad que casi no tiene estudios previos sobre el rock. Este esfuerzo, constituirá un aporte a la recuperación de ese importante patrimonio musical que es el rock en las olvidadas provincias.