En consonancia con lo expuesto en el apartado anterior, consideramos oportuno realizar una somera descripción de la situación laboral de la población extranjera en España, fijándonos en las principales dimensiones que resultan informativas y que son, más que lo salarios, la actividad, la ocupación, el desempleo y algunas características de sus puestos de trabajo.
Tabla 7.2. Evolución de la población activa extranjera no comunitaria en España y su peso sobre el total de activos (1996-2006)
Población Activa no comunitaria Proporción activos no comunitarios sobre total activos en España ambos
sexos Varones Mujeres
ambos
sexos varones mujeres
1996 115.500 71.100 44.400 0,7 0,7 0,7 1997 124.000 82.000 41.900 0,7 0,8 0,7 1998 157.600 104.100 53.600 0,9 1,0 0,8 1999 213.300 131.800 81.600 1,2 1,3 1,2 2000 315.800 172.800 143.000 1,8 1,6 2,0 2001 518.100 313.800 204.400 2,9 2,9 2,9 2002 772.000 428.700 343.500 4,2 3,8 4,7 2003 1.167.200 648.500 518.600 6,1 5,6 6,7 2004 1.530.600 899.300 631.400 7,7 7,6 7,8 2005 1.904.900 1.078.600 826.300 9,3 8,9 9,7 2006 2.321.800 1.281.300 1.040.500 10,9 10,3 11,7 Fuente: Ponencia Lorenzo Cachón, Foro Inmigración CEPC. INE, Encuesta de Población Activa, primeros trimestres.
El porcentaje que representa la población activa no comunitaria sobre el total de activos en España ha aumentado sin interrupción desde 1996, tal y como muestran las cifras recogidas en la tabla 7.2., que corresponden a las estimaciones basadas en las EPAs del primer trimestre de cada uno de los años considerados. Mientras que a mediados de los noventa esta proporción estaba en torno al 0,7 por ciento, diez años más tarde el porcentaje correspondiente se ha multiplicado por 16, hasta constituir los activos no comunitarios casi el 12 por ciento del total de activos en España. Ello es fiel reflejo no sólo del incremento de los flujos de inmigración hacia nuestro país en la última década, sino también del mayor crecimiento relativo que los flujos de extracomunitarios han tenido sobre el conjunto de las entradas de extranjeros y del rejuvenecimiento de tales flujos como consecuencia de la incorporación de nuevos países emisores. Por otra parte parece importante recordar que las estimaciones procedentes de la EPA no deberían verse en exceso afectadas por los diferentes procesos de regularización llevados a cabo en la última década ya que, en principio, la encuesta incluye en su universo de muestreo tanto a inmigrantes en situación regular como irregular.
El peso de este grupo poblacional sobre el conjunto de la población activa constituye razón suficiente para justificar un estudio pormenorizado de su inserción y trayectoria laboral en España; sin olvidar que cuanto mayor sea la proporción que los extranjeros representan dentro del conjunto de activos, mayor será la probabilidad de
que la mano de obra autóctona y el conjunto del mercado de trabajo y la economía del país receptor se vean afectados de un modo sustancial, difícil de anticipar, por el fenómeno inmigratorio.
La mayoría de los estudios sobre la incorporación en el mercado laboral de los extranjeros en España indican que ésta suele producirse en los segmentos inferiores de dicho mercado, con peores condiciones laborales y, con frecuencia, ligados de alguna manera a la economía sumergida (Colectivo Ioé, 1998, 1999, 2001, Carrasco, C., 1999, Cachón, L., 2003, Garrido y Toharia, 2003). Por tanto, no parece que la situación de los extranjeros en España difiera en lo sustancial de la observada en otros países de nuestro entorno, si bien podrían existir diferencias de grado importantes relacionadas con factores específicos del contexto migratorio español como la reciente llegada de la mayor parte de los extranjeros en edad laboral, las diferentes políticas inmigratorias y laborales desarrolladas por los sucesivos gobiernos habidos en la última década, o la propia composición sectorial de la economía española.
Ahora bien, lo realmente relevante a la hora de evaluar la integración laboral de los extranjeros no es tanto determinar por dónde se produce su incorporación inicial al mercado de trabajo sino en qué medida las características de dicha incorporación inicial condicionan su evolución posterior, dando lugar a una etno-estratificación del mercado laboral, y cómo ello repercute sobre la mano de obra autóctona y el conjunto de la economía receptora.
7.2.1. Características de la inserción laboral de la mano de obra extranjera en el mercado de trabajo español. La importancia del empleo irregular
En primer lugar, conviene destacar las elevadas tasas de actividad de la población no-comunitaria residente en España, más de veinte puntos porcentuales por encima de la tasa de actividad de los españoles desde el año 2000, como puede apreciarse en la tabla 7.3.
Tabla 7.3. Evolución de las tasas de actividad de los no comunitarios y de los españoles (1996-2005)
No comunitarios Españoles Diferencial No UE- Españoles ambos
sexos
varones mujeres ambos sexos
varones mujeres ambos sexos
varones mujeres
1996 65,3 81,4 49,6 51,0 65,0 37,8 14,2 16,4 11,7
1997 64,3 83,6 44,2 51,3 64,8 38,5 13,0 18,8 5,7
1999 70,5 89,2 52,6 51,9 65,2 39,2 18,6 24,0 13,4 2000 73,6 88,0 61,4 52,8 65,7 40,7 20,7 22,3 20,7 2001 75,4 90,7 60,0 52,0 65,1 39,7 23,4 25,5 20,4 2002 76,1 87,8 65,3 53,0 65,9 40,7 23,1 21,9 24,6 2003 78,7 90,3 67,8 53,8 66,2 42,1 24,9 24,0 25,8 2004 78,5 91,0 65,6 54,5 66,2 43,3 24,0 24,8 22,3 2005 78,9 89,0 68,6 55,2 66,8 44,1 23,7 22,2 24,5 2006 80,2 89,6 71,0 56,0 67,1 45,3 24,2 22,5 25,7
Fuente: Ponencia Lorenzo Cachón, Foro Inmigración CEPC. INE, Encuesta de Población Activa, primeros trimestres.
Además de esa sustancial diferencia global entre ambos grupos, parece también importante señalar que la misma se mantiene con independencia de que nos concentremos en la población masculina o femenina, aunque tal conclusión habría de matizarse un poco si distinguiésemos también por grandes grupos nacionales dentro de la población extra-comunitaria ya que, tradicionalmente, las mujeres africanas han revelado tasas de participación laboral inferiores a otras mujeres extranjeras e incluso a las españolas dependiendo de los grupos de edad seleccionados (Garrido y Toharia, 2003: 79-80).
El diferencial encontrado entre españoles y no comunitarios en el caso de las tasas de actividad se reproduce para las tasas de ocupación y de paro, que muestran valores superiores para los extranjeros no comunitarios en ambos casos, como puede observarse en la Tabla 7.4., lo que es posible precisamente como consecuencia de la mayor participación laboral de éstos (Pajares, 2007: 44)
Tabla 7.4. Tasas de Ocupación y Paro
INSERTAR TABLA
Más allá de esta descripción genérica que, por otra parte, encaja perfectamente con el carácter relativamente joven de nuestra inmigración y la ausencia de elevadas proporciones de refugiados, uno de los elementos claves al hablar de inmigración y trabajo en España es el del peso de la economía sumergida y su vinculación con la mano de obra inmigrante. Como muchos autores se han esforzado en explicar y hemos mencionado con anterioridad en esta obra, la economía sumergida no es fruto de la inmigración (irregular), pues existía con anterioridad a la intensificación de los flujos migratorios hacia nuestro país. Si bien, en muchos casos es evidente que, por un lado,
dicho sector “informal” de la economía funciona como efecto llamada -tan poderoso o más que el de las regularizaciones- y, a la vez, puede resultar fortalecido por la inmigración irregular (Colectivo IOE, 1998, 1999).
Estimar el volumen de trabajo inmigrante empleado de modo irregular es posible comparando las estimaciones de población extranjera ocupada proporcionadas por la EPA con las cifras de Altas de Extranjeros en la Seguridad Social en la fecha de referencia. Aunque evidentemente estas estimaciones, como todas, han de ser tomadas con cautela, nos servirán para detectar tendencias y evaluar los efectos sobre el mercado de trabajo de las regularizaciones. En la tabla 7.5. se observa claramente cómo el número de trabajadores extranjeros empleados de modo irregular creció de forma constante desde que disponemos de cifras para estimarlo - comienzos de 2001- hasta comienzos del año 2005. En tal fecha el número estimado de trabajadores extranjeros empleados de modo irregular se redujo de forma considerable como consecuencia del masivo proceso de normalización de trabajadores extranjeros llevado a cabo entre febrero y mayo de 2005 y que se saldó con más de 575.000 nuevas inscripciones de extranjeros en la Seguridad Social, tal y como reflejan los datos de la primera columna de la tabla. Por otra parte, es importante señalar también que a diferencia de este proceso de regularización, cuyo impacto sobre el mercado de trabajo y el empleo irregular fue evidente e inmediato como acaba de indicarse, el proceso de regularización por arraigo, cuyas solicitudes fueron objeto de resolución a partir de agosto de 2001 y acabó beneficiando a más de 230.000 extranjeros que consiguieron autorización para residir (y, no siempre, para trabajar), no logró impedir la tendencia al alza del empleo inmigrante irregular que afectaba a más de 120.000 extranjeros en 2002, y más de 200.000 a comienzos de 2003.
Tabla 7.5. Diferencia entre la estimación de población extranjera ocupada en la EPA y las altas de extranjeros en la Seguridad Social, a enero de cada año (2001-2007)
Altas Extranjeros SS (Enero) Extranjeros Ocupados (16 y más) EPA IV Tr. (Dic.)
Dif Extr. Ocupados EPA-Extr. Altas SS (Enero) % Empleo irregular sobre regular (Enero) 2000 531.800 2001 454.571 749.200 77.229 16,99 2002 627.795 1.069.900 121.405 19,34 2003 868.288 1.438.800 201.612 23,22 2004 982.365 1.809.700 456.435 46,46 2005 1.140.426 2.191.200 669.274 58,69 2006 1.757.081 2.601.800 434.119 24,71 2007 1.930.266 2.753.800 (2 julio) 671.534 34,79
Junio 2.034.750 719.050 35,34