• No results found

en el lugar más

hondo de sus

almas. Ante ella

no existe esa

artificial distinción

entre filósofos y

cristianos, todos

somos seres

abocados a la

muerte.

El Salmo 19:1-4 y Romanos 1:19-21 son dos textos fundamenta- les a este respecto y es de lo que se va a tratar en este capítulo, estamos en un mundo que nos habla y revela a su Creador.

Esta posición del autor se opone a esa otra que hace al ser humano al- guien devorado por el pecado, inca- paz de identificar por sí mismo es- tas marcas divinas. El pecado ha distorsionado esta capacidad racio- nal pero no la ha anulado. Sí que existe una revelación general o teo- logía natural.

De esta forma estamos en un te- rreno común para cristianos y no cristianos desde el cual poder partir para un diálogo fructífero.

Ante el hecho de que la objetividad no existe (todo es interpretado des- de nosotros), se puede caer en el es-

cepticismo pensando que cada cual tiene su verdad y tiene derecho a defenderla. Pero la historia ha de- mostrado cómo la búsqueda de la verdad se reinicia vez tras vez. De hecho, es el amor por algo lo que hace infatigable cualquier empresa. El que ama desea encontrar la ver- dad objetiva, no descansa, y es por eso que Jesús resumió en un solo precepto toda la ley anterior: amar al prójimo y a Dios.

Para el Dr. Ropero es la concep- ción de la perspectiva el método correcto para abordar la realidad in- tegral. No se trata de relativismo sino de ser conscientes de que hay que integrar las diferentes perspec- tivas para intentar llegar al todo. Esto también tiene su aplicación en el terreno teológico, perspectivismo teológico. Citando a Ortega y Gas- set: “En rigor, lo que ella ve no lo puede ver otra. Cada individuo - persona, pueblo, época- es un ór- gano insustituible para la conquista de la verdad".

Nadie posee el conocimiento total de algo, únicamente podemos acce- der desde nosotros a algo parcial y, en muchos casos, provisional, por ello es que necesitamos las pers- pectivas de otros. “La verdad es de- masiado basta para ser abarcada por una mente particular", p. 302.

El capítulo 8 se llama “La dialécti- ca de la personalidad".

Para que pueda producirse un punto de contacto, de diálogo, entre cre- yentes y no creyentes, cristianos y seguidores de otras religiones, ha de haber un terreno común. Los pensadores de la tradición reforma- da negaron que existiera este te- rreno común. Lo que para ellos ha- bía era una separación total entre Dios y el ser humano. El pecador estaba ciego, incapaz de reconocer nada sobre Dios. Pero el autor no está de acuerdo con esta visión tan absoluta.

La realidad del mundo, y de noso- tros que lo sobrepasamos, hace que muchos acepten que tiene que ha- ber algo más, que no todo debe aca- bar aquí y terminar en medio del dolor y de la frustración. Este es el terreno común. Existe un anhelo en el ser humano, un deseo de trascen- der.

El autor nos sigue diciendo que la fe es un acto integral, de toda la persona. Pretender que uno puede aislar la razón del resto es un impo- sible, una ilusión. Por tanto, la cuestión a dirimir no es escoger en- tre fe y razón, sino entre un yo abierto u otro yo cerrado a Dios. Es esta la alternativa vital, existencial de cada ser humano.

El último de los capítulos, el 9, se llama “Fronteras de la filosofía y la teología".

El autor abre este capítulo de la si- guiente forma: “La salvación que el cristiano proclama y en cuya esencia consiste, no es una salva- ción del 'poder de la razón', como si ésta fuese un enemigo a vencer, sino del 'poder del pecado' que anula el ejercicio libre y pleno de la razón. La relación fe/razón, filo- sofía/cristianismo no debe ser de enfrentamiento sino de diálogo abierto y crítico no interrumpido", p. 353.

Ropero sigue explicando los postu- lados esenciales de la fe, que pue- den y deben pensarse, ajustarse a una realidad integral.

También se aborda la teoría o pro- blema de la helenización del pensa- miento cristiano en los primeros si- glos. Pero el autor le da la vuelta a este enunciado y habla de la “cris- tianización" del helenismo.

Una cuestión importante es si exis- te algo así como una filosofía cris- tiana. La respuesta es negativa, hay cristianos que hacen filosofía y es- tos, sin duda, han marcado la histo- ria de la misma. Por otra parte el cristianismo puede considerarse como una "suprafilosofía".

En su momento el cristianismo usó de la tradición helénica para pre- sentarse a su entorno, ser creíble y entendible. Esto mismo puede y debe hacer en otras culturas a las que quiera llega ya que la historia de las misiones está llena de in- comprensión y de rechazo por no percatarse de esta realidad.

Tras 24 años desde que se publicó por primera vez, y sin haber recibi- do ninguna revisión en todo este tiempo, lo primero que uno se pre- gunta es si un libro con este tipo de temática ha perdido vigencia o, al menos, si determinadas partes ya están obsoletas. Debo decir que en

absoluto le ha ocurrido algo pareci- do, por el contrario se trata de un li- bro fresco, lleno de frases bien aca- badas, con un pensamiento que se esfuerza en integrar e integrarse en el mundo en el que vivimos y todo ello desde una óptica cristiana. Que logra el propósito central para el cual el autor lo concibió, por mi parte no tengo dudas. A través de él va demostrando cómo filosofía y fe tienen mucho en común y cómo ambas poseen un gran descrédito en esta nuestra sociedad líquida. Esto último se debe a que al indivi- duo medio le cuesta pensar más allá de sus narices. Para él los filó- sofos son especímenes para ser ob- servados o estudiados, pertenecien- tes a un pasado que no volverá. Así pasan a la siguiente vitrina en don- de han colocado a los teólogos. El tipo de cristianismo que rechaza la filosofía como algo ajeno, con- trario e incompatible con la fe de- bería percatarse que esa fe goza del mismo descrédito que la filosofía. Si la teología o el pensamiento cris- tiano solo se interesa por lo suyo, con el fin de explicárselo a la parro- quia, es evidente que se ha aislado del resto del mundo y ya no tiene nada que decirle. No hay que olvi- dar que un buen teólogo solamente puede serlo si también conoce la fi- losofía.

Otro punto muy favorable es la ex- plicación que Alfonso Ropero nos presenta sobre la concepción de la vida que tenía Ortega y Gasset y cómo la misma tenía un tendón de Aquiles que únicamente puede ser solventado desde el Evangelio. Igualmente destacable es la con- cepción de la perspectiva y el amor como motor para no abandonar nuestra búsqueda… aunque lleguen etapas difíciles.

Nuestro autor, hace ya casi dos dé- cadas y media, escribió un magnífi- co libro con un estilo clarificador, que pretendía en todo momento de- rribar barreras y estrechar lazos ya

que, se diga lo que se diga, el ser humano es alguien que ha sido em- pujado a la existencia y es el único "animal" que se pregunta por la ra- zón, por el significado de ella. Desde que el hombre es hombre, y la mujer, mujer, esta es la cuestión esencial que deben responder y que tienen clavada en el lugar más hon- do de sus almas. Ante ella no existe esa artificial distinción entre filóso- fos y cristianos, todos somos seres abocados a la muerte.

La filosofía propone muchos cami- nos, pero es finalmente el Evangelio el único que provee una respuesta plena. R

La realidad del

mundo, y de

nosotros que lo

sobrepasamos, hace

que muchos acepten

que tiene que haber

algo más, que no

todo debe acabar

aquí y terminar en

medio del dolor y

de la frustración.

Este es el terreno

común. Existe un

anhelo en el ser

humano, un deseo

de trascender.

Desde que el

hombre es

hombre, y la

mujer, mujer, esta

es la cuestión

esencial que

deben responder y

que tienen clavada

en el lugar más

hondo de sus

almas. Ante ella

no existe esa

artificial distinción

entre filósofos y

cristianos, todos

somos seres

abocados a la

muerte.

Julián Mellado

Related documents