La experiencia común por una parte, y la ciencia por otra, nos permiten entender que la esencia y el fundamento para la generación de vida humana están inscritos en la estructura sexuada propia de cada persona; en cada una de sus células.
Es preciso orientar y acompañar a los novios, para que descubran el valor, la riqueza y el sentido del matrimonio en toda su dimensión; para que perciban el atractivo de una unión plena que eleva y perfecciona la dimensión social de la existencia. En ese sentido, consideramos que los novios, adecuadamente informados, comprenderán la magnitud y el auténtico significado del amor conyugal; comprenderán la diferencia entre la objetividad y la subjetividad de la sexualidad.
En el apartado 1.2.1., bases teóricas del presente estudio, hemos reflexionado sobre las recomendaciones de san Juan Pablo II; quien nos recuerda que es necesario profundizar en los problemas de la sexualidad205 conyugal y de la paternidad responsable206. En las siguientes líneas, acogiendo la invitación de Juan Pablo II, desarrollamos algunos conceptos sobre el amor conyugal; en los que se destaca con claridad la visión antropológica integral, todo está referido a la persona considerando su complejidad.
Así mismo, en El don del amor, una de las obras de su portentosa trilogía, Karol Wojtyla nos dice: “La familia es el suelo fértil en el que crecen los valores, uno de estos valores es el amor conyugal y familiar y el otro es el valor de la persona es decir su dignidad, que se manifiestan en los más estrechos e íntimos
205 “La sexualidad es mucho más que el funcionamiento de los órganos genitales. Basta considerar que las diferencias sexuales no son solo diferencias de los órganos sexuales masculino y femenino; afectan a lo más hondo de la personalidad. Ser varón o ser mujer son dos modos distintos de ser hombre”. Cfr. LORDA, Op. Cit., p. 167.
206 “El acto conyugal, mientras une profundamente a los esposos, les hace aptos para la generación de nuevas vidas, según leyes inscritas en el ser mismo del hombre y de la mujer. Al salvaguardar estos dos aspectos esenciales, unitivo y procreativo, el acto conyugal conserva íntegramente el sentido del amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad”. Humanae Vitae, n.12 en WOJTYLA, El don del amor, Op. Cit., p. 315.
contactos humanos”207. Así, Wojtyla nos introduce en el terreno del amor conyugal.
Cabría preguntarse, que es el amor conyugal. Como dice Wojtyla en sus reflexiones sobre la Encíclica Humanae Vitae, “se trata de un amor plenamente humano, a la vez sensible y espiritual”208. A partir de ello podemos entender que los cónyuges, no solo se dejan llevar por el instinto y el sentimiento sino que también es un acto de donación voluntario y libre, cuya finalidad es crecer y mantenerse en las alegrías y dolores de la vida cotidiana. Este concepto, debe presentarse a los novios con reverencia y delicadeza, para que puedan asumir la nueva etapa de sus vidas, la de marido y mujer, con amor y responsabilidad. En ese sentido, con sutileza y cortesía, los formadores transmitirán el entramado existente entre la objetividad y la subjetividad del acto conyugal.
Wojtyla al relacionar la Gaudium et Spes n. 51 con la Humanae Vitae n. 12, nos introduce en el concepto de la objetividad y la subjetividad del acto conyugal y de sus dos significados, unitivo y procreativo; vividos en la intimidad de la vida matrimonial. “Tanto la Gaudium et Spes en el número 51, como la
Humanae Vitae en el número 12, al contraponer rigurosamente lo que es
objetivo a lo que es subjetivo, considera la realidad objetiva de la persona humana desde el punto de vista de la subjetividad de la persona. Animando a concentramos en los actos y dándole un significado esencial al sentido de los actos”209. La importancia y el sentido profundo de estos actos es que se trata de la donación entre los cónyuges y de la procreación humana.
La acción no se puede separar de la persona como sujeto, sujeto que a la vez es consciente del sentido de su acción. En consecuencia, la objetividad, fundamento del orden ético, esta esencialmente unida a la dimensión de la subjetividad personal, en tal medida que el hombre se percibe como autor del acto y de su sentido, es decir de su significado.
207 Ibid, p. 193. 208 Ibid, p.313.
La cooperación de los cónyuges, ósea, el acto conyugal, enfatiza aún más la subjetividad de las personas que cooperan. Gaudium et Spes n. 51 refiere “por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia”. Cabe mencionar que los actos de la vida conyugal, la acción – cooperación de los cónyuges, están anclados sobre una visión de tipo antropológico personalista.
Es la dimensión objetiva la que nos permite entender que el acto conyugal une hondamente a los esposos y los hace aptos para la generación de nuevas vidas. A esta dimensión objetiva de la acción –cooperación de los cónyuges responde el significado unitivo y el significado procreativo del acto conyugal. Wojtyla nos dice “ya que es un acto efectuado y a la vez vivido, son los mismos sujetos que actúan y cooperan”210. El mismo acto es un acto subjetivo, realizado por personas concretas, hombre y mujer.
El valor moral del acto conyugal se afirma en la concordancia entre el significado objetivo del acto conyugal y el significado que los esposos, las personas que actúan y cooperan, le atribuyen en la dimensión subjetiva de su acción cooperación211. La preparación de novios debe transmitir con claridad la relevancia de esta concordancia para la vida matrimonial.
En el mismo orden de ideas, decimos que la subjetividad personal del hombre se plasma en la recta conciencia; es esta, la que decide sobre la madurez y la plenitud de la subjetividad humana. Una objetividad ecuánime, ordenada por una jerarquía de valores, subordinada al orden moral; es auténtica expresión de la conciencia recta; ella, la objetividad, es al mismo tiempo, condición y expresión, de una subjetividad también recta y madura.
Tanto el hombre como la mujer deben vivir su acto matrimonial en verdad, “La objetividad de la conciencia recta permite a los esposos establecer una concordancia auténtica entre lo que el acto conyugal significa objetivamente y el 210 WOJTYLA, El don del amor, Op. Cit., p. 318.
significado que ellos mismos le atribuyen con su actitud, con su acción subjetiva, y en su experiencia íntima”212. De esta manera, los cónyuges viven su relación de una manera más auténtica y ordenada a lo esencial.
El que los cónyuges vivan el acto matrimonial rectamente otorga a la sexualidad su mayor sentido213, a la vez que promueve el bien de los hijos en cuanto su educación sexual y les ofrece el mejor contexto para su maduración y educación. Es propio mencionar que, tal como refiere Burgos214, la familia es la primera comunidad intersexual para los hijos.
Acerca de lo discutido en líneas anteriores, a continuación citamos textualmente a la Gaudium et Spes y a Lorda para iluminar el análisis.
“….la índole sexual del hombre y la facultad generativa humana superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de vida; por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia. Cuando se trata, pues, de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida, la índole moral de la conducta no depende solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino que debe determinarse con criterios objetivos tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal”. (GS 51)
“Para entender la moral sexual, hay que saber lo que es una familia; hay que tener la experiencia de este bien tan inmensamente importante para la vida personal y social. Solo cuando se descubre la grandeza de ese bien, se entiende que le estén subordinados tantos otros, y, en particular, el placer sexual”215
212 Ibíd, p. 319
213 “El individuo humano no existe simplemente en función de la especie, es decir, para permitir a la especie reproducirse; sino que es también un fin en sí mismo. Por ello, no podría ser justa una regla que, para servir al interés objetivo de la especia, sistemáticamente se humillase y destruyese la experiencia y los fines subjetivos de la persona…los fines ónticos, objetivos de la sexualidad, están ciertamente inscritos en los fines subjetivos que el hombre se propone cuando actúa en el campo sexual”. Cfr. BUTTIGLIONE, Op. Cit., p. 67.
214 Cfr. BURGOS, Juan Manuel. Diagnóstico sobre la familia, Madrid, Ediciones Palabra S.A., 2004, p. 115.
La sexualidad entre varón y mujer se corona en una rica y compleja relación entre personas, de este modo, la función biológica de la fecundidad se inserta en la institución natural216, denominada matrimonio.