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Trascurrían los años en el país y la estructura del mismo en todos sus ámbitos daba muestras de los efectos de los cambios vividos. La energía eléctrica era considerada a finales de los 40 más que un servicio público fundamental, era calificada como el elemento modernizador de la vida de los Colombianos, indispensable para garantizar la continuación en la vida moderna.

La población del Departamento del Huila que se había caracterizado a nivel general por ser poco interesados por el consumo de la energía eléctrica, empezaban finalmente a mostrar nuevas actitudes, tal como lo presenta en el siguiente apartado de la revista Aire Libre, publicado con motivo a la instalación de la luz eléctrica de los municipios de Altamira, Guadalupe, Suaza y Acevedo.

“Sabido es que a donde va llegando su majestad la luz y su alteza la gasolina, van desapareciendo muchos prejuicios erróneos, los hombres se van haciendo más sociables, la civilización irrumpe afanosamente, el cine y la radio cumplen su función civilizadora, la mente del hombre se coloca en planos superiores, el mundo pierde su extensión egoísta y aisladora, desaparecen los misterios que crea la lejanía y podemos apreciar mejor a los hombres en todo cuanto son y cuanto valen en toda la grandeza de sus virtudes y toda la inmensa pequeñez de sus mentiras y de sus defectos.” (Sánchez, 1989: P70)

El objeto de la energía eléctrica era ahora mucho más amplio, la idea de ser utilizado para la mera iluminación de la noche urbana y para el funcionamiento de maquinas, eran confrontado con los nuevos anhelos, gustos e ideas de la

población quienes veían a la energía eléctrica no solo como un elemento de fuerza productiva sino como un elemento para la vida social y del entretenimiento.

Inicia la década de los cincuenta con un ambiente inmejorable a favor del desarrollo económico y social en el Departamento, los ánimos por avanzar se evidenciaban en el discurso de las personas, quienes enunciaban la necesidad de unir a Neiva con el resto del país a través de una carretera asfaltada, de crear una Universidad para la región, mejorar los servicios de salud y educación, y ubicar al Huila como un centro de Folclor y Cultura en el país. (Salas Vargas, 1997: P35)

Al tiempo que hechos como los anteriores se tornaban realidad, Centrales Eléctricas del Huila S.A., trabajaba, pese a los cortos recursos económicos con los que contaba, en llevar energía eléctrica a todos los pueblos y suplir las necesidades expuestas. Este trabajo y el realizado hasta el momento significó demostrarle a la sociedad, los efectos positivos que tendrían para el desarrollo del departamento el contar con energía eléctrica. Acciones que junto a la contratación de operarios por parte de centrales Eléctricas del Huila, quienes fueron entrenados para asumir los trabajos técnicos en estas acciones, indujeron en los Huilense una cultura por la electricidad en el departamento.

Los proyectos de microcentrales como la de Iquira, significaban grandes avances que habían permitido aumentar la capacidad de energía que se suministraba en el departamento, Iquira que tenía una capacidad de 3900 kilovatios, había sido interconectada con otras plantas pequeñas de energía, como la de Fortalecillas, la Pita y la Viciosa para ampliar aún más la cobertura. Sin embargo y debido al crecimiento de la población y a las nuevas prácticas sociales que se registraban, Centrales Eléctricas del Huila es llevada ante una difícil situación, pues la capacidad de producción de energía había sido sobrepasada por la demanda. Ante el déficit de energía, este fue por muchos años cubierto, de acuerdo a lo expuesto por Salas (1997, P36), con la producción de energía térmica, complejo de producción que se ubicaba en el barrio Calixto Leiva de Neiva.

La dinámica social de los dirigentes políticos y del sector empresarial junto a los medios de comunicación, forjaron acciones concretas en búsqueda de atender la necesidad de suministrar energía eléctrica al total de la población. Los estudios realizados previamente por Carlos Boshell vuelven a ocupar el centro de atención, en el departamento, la necesidad de Betania se hacía inesperable, no solo para dotar de un mejor servicio, sino además para llevar al departamento a un verdadero desarrollo industrial, como siempre se había esperado y beneficiar a la agricultura por medio de los proyectos de irrigación que serían desarrollados.

El gobernador Felio Andrade Manrique envía, en el año 1959, una carta al gerente del Banco de la República, con el fin de que el proyecto, de gran necesidad para el departamento y de excelentes oportunidades para el país, fuera presentado a la misión del Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento. De la misma manera las acciones se dirigen al departamento de planeación y servicios técnicos, comprometiéndose la institución a estudiar los informes de Carlos Boshell e iniciar los estudios definitivos de la central Hidroeléctrica. (Salas 1997, P36)

Con el ánimo de crear un ambiente en el que los ciudadanos pudieran influir y reclamar, la energía es incorporada como aspecto fundamental en el decálogo que definió la Operación Huila en 1962, el cual pretende “Buscar la manera conducente para que los planes de electrificación se realicen con un ambicioso sentido futurista.” (Periódico el Debate: 1962, P 1-6)

El periódico el Debate, de fuerte influencia en Neiva, permanentemente hacía referencia en sus páginas a la necesidad imperante para las pequeñas industrias de lograr finalmente el desarrollo del proyecto de la central hidroeléctrica de Betania. La comunidad empieza también a expresarse y califica como pésimo al servicio de alumbrado Público.

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