4.3 Qualitative Analysis of Deontic Modality
4.3.1 Deontic Modality as Value-based Stance
En El hablador, se emplea el término “diáspora”94 para describir el proceso permanente de traslado95 de los machiguengas por la selva amazónica; por un lado, los machiguengas “se echan a andar” para sobrevivir a través del mito y, por otro lado, para resistir la violencia física y cultural de otros grupos culturales. Por consiguiente, el examen de la “diáspora”, en tanto aspecto temático, puede arrojar nueva luz sobre la migración y la dispersión de los machiguengas en la selva amazónica, esto es, su persecución étnica. Para el objetivo del presente análisis, basta decir que diáspora es un movimiento migratorio de gente, voluntario o forzado, de su tierra natal a otra región. Esta migración y dispersión de gente fue un hecho histórico central de la colonización europea de territorios extraeuropeos (Ashcroft et.al. 2005: 68-70, traducción mía).
En El hablador, se describe a los machiguengas como “los hombres que andan”. Esta identidad de caminantes se explica en base a su cosmología que les obliga a “migrar” y llevar una vida de nómadas para sostener el mundo cosmológico en equilibrio. Según ellos, si dejan de andar, ocurrirían infortunios y el movimiento circular del sol cedería. Para los
indígena de la selva amazónica, dado que hoy se conoce el suceso por el término occidental y no por la nominación autóctona.
94
El narrador-escritor utiliza la palabra “diáspora” para describir a la migración de los machiguengas y para entender la obsesión de Saúl (medio judío) por esa tribu (ver EH: 230), ver también la cita (53). Aunque Saúl no utilice la palabra “diáspora”, menciona que su padre había identificado este nudo entre él y los machiguengas (ver EH: 30), ver cita (54).
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“Estaban [los machiguengas] en movimiento desde tiempos remotos y era probable que jamás hubieran vivido de manera gregaria, en colectividades. El hecho de haber sido desplazados, cada cierto tiempo, por tribus más aguerridas, y por los blancos – en los períodos de las ‘fiebres’: la del caucho, la del oro, la del palo de rosa, la de la colonización agrícola – hacia regiones cada vez más insalubres y estériles” (EH: 80-1). Ver también cita (53).
machiguengas, existe, entonces, una relación inseparable entre la migración continua y su cosmología. En efecto, pese al hecho de que la necesidad sentida por los machiguengas de “echarse a andar” sea causada por la presencia cada vez más cercana de los occidentales, su migración sirve asimismo para sostener y reactualizar su cosmología. En la siguiente cita se ilustra la manera en que los machiguengas perciben tanto el acercamiento de los blancos a su ámbito cultural como la necesidad que sienten de seguir andando como único modo de mantener el cosmos en equilibrio y como único modo de resistir y sobrevivir culturalmente:
(52) Ellos [los blancos] llegan siempre donde estamos. Ha sido así desde el principio. [...] Siempre nos hemos estado yendo porque alguien venía. [...] “Vamos a buscar un lugar tan difícil, tan enmarañado, al que nunca llegarán”, diciendo. “O, si llegan, en el que nunca querrán quedarse”. Y ellos siempre llegaban y siempre querían quedarse. Es cosa sabida. No hay engaño. Vendrán y me iré. ¿Es malo eso? Bueno, más bien. Será nuestro destino, Tasurinchi. ¿No somos los que andan? Habrá que agradecer a los mashcos y a los punarunas, entonces. También a los viracochas. ¿Invaden los sitios donde vivimos? Nos obligan a cumplir nuestra obligación. Sin ellos nos corromperíamos. El sol se caería, tal vez. El mundo sería oscuridad; la tierra, de Kashiri. No habría hombres y sí tanto frío (EH: 133-4).
Como se revela en este pasaje, la necesidad constante de migrar como modo de resistencia cultural no rompe con la cosmología machiguenga, al contrario, la migración ayuda a mantener el equilibrio del mundo. Aunque incitada por otra causa como el acercamiento de los blancos, la migración machiguenga sirve el mismo objetivo: “Será nuestro destino, Tasurinchi. ¿No somos los que andan? [...] ¿Invaden los sitios donde vivimos? Nos obligan a cumplir nuestra obligación” (cita 52). Como consecuencia de diversos contactos conflictivos socioculturales durante varios períodos históricos, los machiguengas han respondido con “echarse a andar” (ver la cita siguiente 53 y la nota 95). Por consiguiente, se puede afirmar que los machiguengas viven como una cultura en continua “diáspora” por causa de las diversas fuerzas que intentan invadir su territorio y destruir su cultura para obtener beneficios económicos:
(53) Esas aldeas [machiguengas], claro está, se habrán visto expuestas al irresistible mecanismo perturbador de esa civilización contradictoria, representada por los buenos salarios de la Shell y de Petro Perú, las arcas llenas de dólares del tráfico de la coca y los riesgos de verse atrapados en las carnicerías de la guerra de traficantes, guerrilleros, policías y soldados, sin entender una palabra de lo que está en juego. Como cuando los invadieron [a los machiguengas] los ejércitos incas, los exploradores, conquistadores y misioneros españoles, los caucheros y madereros republicanos, los buscadores de oro y los inmigrantes serranos del siglo XX. Para los machiguengas, la historia no avanza ni retrocede: gira, se repite. Pero, aunque los destrozos a la comunidad hayan sido muy grandes por efecto de todo esto, lo probable es que una buena parte de ellos, ante los trastornos de los últimos años, haya optado para sobrevivir por el reflejo tradicional: la diáspora. Echarse una vez más a andar, como en el más persistente de sus mitos (EH: 229-30, cursivas mías).
El “echarse a andar” – la migración, la resistencia, la diáspora – parece ser un mito frecuente en la historia humana y en la historia particular de los machiguengas como lo indica la referencia de “diáspora” en el relato (ver mi cursiva en la cita anterior). En el pasaje precedente (cita 53) la mudanza de los machiguengas se presenta en forma de resistencia cultural, como una migración diaspórica: “Para los machiguengas, la historia no avanza ni retrocede: gira, se repite” [...] [S]obrevivir por el reflejo tradicional: la diáspora” (cita 53, cursivas mías). Es precisamente la identidad diaspórica del grupo machiguenga que facilita tangencialmente el encuentro entre los indígenas amazónicos y la identidad judía de Saúl. En efecto, no es solamente la identidad marginal en relación a la sociedad occidental u occidentalizada lo que define y relaciona a los machiguengas y a Saúl, sino, más bien, es la experiencia de éxodo diaspórico como resistencia a las persecuciones y exterminaciones étnicas, lo que define más estrechamente la relación identitaria entre el hablador ex-judío y la tribu de caminantes:
(54) [M]e contó [Saúl] que Don Salomón Zuratas, más astuto que yo, le había sugerido una lectura judaica del asunto. – Que yo identifico a los indios de la Amazonía con el pueblo judío, siempre minoritario y siempre perseguido por su religión y sus usos distintos a los del resto de la sociedad. [...] – Bueno, un judío está mejor preparado que otros para defender el derecho de las culturas minoritarias a existir – me repuso –. Después de todo, como dice mi viejo, el problema de los boras, de los shapras, de los piros, es nuestro problema hace tres mil años (EH: 30; 97).
Se hace evidente en este comentario de El hablador la analogía entre la persecución étnica de los judíos (hecho histórico) y la persecución de los machiguengas (hecho ficcional). Por medio de esta analogía, el narrador-escritor une dos grupos culturales distintos que, pese a su diferencia, comparten la misma experiencia de diáspora como único modo de protección y supervivencia de sus respectivas culturas.
Como conclusión de esta sección, es posible afirmar que el empleo del tema de la “diáspora” para referirse al pueblo amazónico permitió contextualizar la amenaza cultural de los machiguengas; pues, se corrobora, a nivel del relato, que la cultura occidental y el acercamiento de las fuerzas occidentalizada constituyen un poder que devora y destruye todo obstáculo para el cumplimiento de sus fines económicos y culturales neocoloniales. Análogamente, situados en el plano de la realidad y dentro de una perspectiva poscolonial, es posible rastrear las raíces históricas de persecución de los pueblos autóctonos y sus territorios desde la época colonial a la época “poscolonial” contemporánea del Perú y América Latina. Por consiguiente, se puede decir que la concepción narrativa del término de diáspora como estado de amenaza cultural de los machiguengas, permite contextualizar histórica y
transhistóricamente tanto las acciones de la cultura occidental como las acciones de resistencia y supervivencia de la cultura autóctona que se realizan, en la novela y en la realidad, en la selva peruana del Amazonas.