2.2 Technical aspects of the web application
2.2.2 Deployment and portability
El espectro de antecedentes teóricos relevados acerca del erotismo, han vinculado este tópi- co mayoritariamente a la sexualidad, y en menor medida al amor, los placeres y los cuerpos. Entre los autores que en el siglo XX abordaron este tópico, en primer lugar no podemos sos- layar a Sigmund Freud, quien en El malestar en la cultura, de 1931, definió al erotismo como la pulsión de vida o Eros que la civilización o cultura1 se ha encargado históricamente de
reprimir a través de leyes morales que establecen qué es lo permitido y qué es lo prohibido. En una línea freudiana, realizando una conjunción del psicoanálisis con los aportes teóricos del marxismo, en el marco de la llamada izquierda freudiana2, Herbert Marcuse hipotetizó en
Eros y Civilización (1953) sobre la represión excedente del Eros en las sociedades capitalis- tas, esperanzado con la utopía de una liberación sexual congruente con el fin de la sociedad de clases.
Será Michel Foucault, en sus obras de Historia de la sexualidad I, II y III (1976, 1984a, 1984b), quien confronte fuertemente con las concepciones del erotismo como energía libidinal libre que una ley cultural vendría a reprimir o prohibir.
Rastreando textos de filósofos y médicos que abordaban la problematización del comporta- miento sexual en la cultura griega clásica del siglo IV a.C., Foucault demuestra que la moral no siempre estuvo atada a un sistema de obligaciones y prohibiciones –o interdicciones-, como en el cristianismo.
Abandonando la noción psicoanalítica de placer compuesta de sensualidades libidinales y de aparatos psíquicos asociadas a lo sexual, el autor nos muestra un erotismo entendido por los antiguos griegos como ars erotica, es decir: como arte y como práctica que involucra al cuerpo y al goce, en la cual el placer, no sólo sexual, es un fin en sí mismo.
La sexualidad, nos dice el autor, será inventada 15 o 16 siglos después, a través de discursos que la multiplicaron, como los de la medicina y la psiquiatría. Lejos de ser una naturaleza invariable, acallada, censurada y reprimida, su invención, y aquí invención se entiende en tér-
1. Estos términos para el autor son indistintos.
2. El pensamiento de Marcuse puede ubicarse dentro de la llamada “Izquierda Freudiana”. Surgida en los años vein- te del siglo pasado, ésta constituyó un intento de relacionar el pensamiento de Marx y Freud. Wilhem Reich, Max Horkheimer, Erich Fromm y Herbert Marcuse, entre otros, compusieron el espectro de autores que estudiaron el pro- blema de la dominación política relacionándolo con la teoría del inconsciente y la represión sexual. (Robinson, 1987)
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minos nietzscheanos3, supuso una producción discursiva y de saberes –quizás también de
placeres-, enmarañada con mecanismos de poder sobre los cuerpos y los propios placeres. Convertida en un objeto de preocupación, de análisis, de vigilancia y de control, la sexualidad engendraba al mismo tiempo la intensificación de los deseos de cada uno por, en y sobre su propio cuerpo. Como objeto de una ciencia, se enfrentó a la moral religiosa cristiana, disputando su posición de saber y poder en torno al sexo. No obstante estos discursos de pretensión científica iban a compartir con las posiciones religiosas no sólo códigos morales sino también ciertos métodos como el de la confesión, trastocado para la ciencia en técni- cas de examen y registro. Ambas posiciones confluyeron en una superproducción de discur- sos sobre la sexualidad basados en procedimientos de exclusión: para la posición religiosa, entre lo moral y lo inmoral, lo permitido y lo prohibido; para la posición científica: lo normal y lo anormal, lo correcto y lo incorrecto, lo sano y lo patológico.
Foucault sentó las bases para una amplia gama de investigaciones acerca de la producción discursiva de la sexualidad. Después de él, numerosas investigadoras han seguido esta línea4. Es preciso citar aquí los trabajos de Judith Butler (1990, 2002) que retoman la hipóte-
sis foucaultiana acerca de la potencialidad productiva de los discursos modernos sobre la sexualidad, capaces de restringir el espectro de las prácticas eróticas a una sola sexualidad normal. Butler además incorpora una perspectiva de género a la problemática, retomando críticamente los planteos de Simone de Beauvoir (1949), de Julia Kristeva (1983), de Joan Scott (1986), de Gayle Rubin (1989), y postula la dimensión performativa de la normatividad sexual, propia de un ordenamiento discursivo que imagina figuras y fantasmas de género coherente, que interpela a los sujetos y performa sus comportamientos.
Así, tanto Foucault como Butler incitan a abordar la dimensión discursiva de la sexualidad, en su potencialidad productiva y performativa, respectivamente. Lo que haremos en esta investigación es abordar el erotismo, entendiéndolo como práctica y como experiencia que hace foco en el placer como un fin en sí mismo (Foucault, 2011a; 2006; 2011b). Ello supone intrínsecamente que se aleja de la mera actividad reproductiva, o más bien, la “transgrede”, para retomar lo dicho por Georges Bataille en la obra que lleva por nombre justamente El erotismo (2010). En este sentido, proponemos el concepto de erotismo como clave para
3. Foucault retoma a Nietzsche para plantear que el conocimiento es producto de una invención y no supone un origen. “A la solemnidad de origen es necesario oponer siguiendo un buen método histórico, la pequeñez meticu- losa e inconfesable de esas fabricaciones e invenciones. El conocimiento fue, por lo tanto, inventado. Decir que fue inventado es decir que no tuvo origen, o lo que es lo mismo y de manera más precisa aunque parezca paradójico, que el conocimiento no está en absoluto inscrito en la naturaleza humana. El conocimiento no constituye el instinto más antiguo del hombre, o a la inversa, no hay en el comportamiento humano, en apetitos, en el instinto humano, algo que se parezca a un germen del conocimiento” (Foucault, 1996: 22).
4. Por nombrar sólo algunas: Judith Butler (1990, 2002); Beatriz Preciado (2010); Paula Sibilia (2008); Leticia Sabsay (2011).
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indagar desde este punto de vista la producción semiótica y discursiva de las revistas feme- ninas de la década del ’60.