“El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”.
Ernesto Sábato (2002)
En el contexto colombiano, rodeado de situaciones de adversidad, es de suma importancia destacar la capacidad que tiene la población para resignificar sus experiencias de sufrimiento y extrema calamidad, desarrollando sus potencialidades en formas creativas y positivas para exigir el cumplimiento de los derechos humanos. Pensar en la situación que han vivido los niños en el desplazamiento forzado, cuestiona sobre las diferencias profundas a nivel personal y cultural que subyacen al afrontamiento y resurgimiento a partir de esta dolorosa situación.
Sin dejar de lado el enfoque de déficit, que hasta los años 90 era el predominante en la psicología, también es importante plantear, cómo personas que se ven envueltas en una situación traumática (en este caso el desplazamiento forzado), a pesar de experimentar el dolor que ello conlleva, son capaces de forjarse una vida con sentido, rodeados de personas que les han apoyado y han confiado en sus posibilidades y las han promovido. Esto hace referencia a un modelo basado en la resiliencia, un modelo que no sólo focaliza en los déficits de las personas sino en sus potencialidades. Este enfoque es el desarrollo de un cambio de mirada del ser humano. En este sentido Bello (2002), plantea que:
Los niños y las niñas tienen una enorme capacidad para transformar realidades sociales, cuando se les permite ejercer como personas y sujetos. La impronta que ellos dejan en la sociedad se evidencia, sobre todo, en los espacios, la música, el arte y el lenguaje. Si bien el panorama de violencia compleja, intensa y degradada que vive el país no ofrece muchas esperanzas para el desarrollo adecuado de los menores es necesario que la familia, lo comunitario y lo institucional desplieguen todos los recursos que estén a su alcance para romper el curso de estos hechos. (p. 62)
La construcción del sentido de la vida, la búsqueda de la felicidad, la aceptación de ciertas situaciones adversas y la exigencia del cumplimiento de los derechos, se convierten en el punto de partida para impulsar el desarrollo personal y grupal de los niños víctimas del desplazamiento forzado en Colombia.
Se parte de la base de reconocer que la promoción de la resiliencia desde la niñez colombiana, permite la reconstrucción del tejido social con proyecciones hacia la construcción social de la paz. En el presente capítulo se presenta lo que implica el enfoque basado en la resiliencia y de su promoción. Para ello se ha centrado la atención en destacar los modelos de Grotberg (1995), Vanistendael (2005) y Wolin y Wolin (2010). Finalmente, en función de las aportaciones de los modelos citados, se propone un modelo integrador, basado en un enfoque de derechos humanos para la promoción de la resiliencia en contextos de violencia.
5.1- El concepto de la resiliencia y características
A lo largo de los años, e incluso en la actualidad, se encuentra con una gran confusión conceptual a la hora de hablar de la capacidad de afrontamiento positivo que tienen las personas frente a una adversidad (enfermedad, maltrato infantil, muerte, violencia familiar, etc.). Esta tesis, se centra en el concepto de la resiliencia, diferenciándolo de términos como personalidad resistente “hardiness”, crecimiento postraumático y recuperación.
La palabra resiliencia viene del latín “resilio” que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. En el ámbito de la ingeniería se llama resiliencia a la cantidad de energía que puede devolver (rebotar) sin absorber, un material elástico. En ecología se conoce como resiliencia a la capacidad adaptativa de las comunidades para tolerar perturbaciones.
El término fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos.
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El concepto de resiliencia aplicado al de las ciencias sociales nace en 1982, con la publicación de Werner y Smith (1982), “Vulnerables pero invencibles: un
estudio longitudinal de niños y jóvenes resilientes”.
En este estudio, las autoras, siguieron regularmente a más de 800 niños y adolescentes de Hawaii desde el período prenatal hasta la edad de 32 años. Werner y Smith se interesaron en el estudio de los riesgos de trastornos del desarrollo y de psicopatología.
Los resultados confirmaron la gravedad de los efectos para muchos de los niños expuestos a situaciones de riesgo. A pesar de ello, estas investigadoras observaron algo importante. Se dieron cuenta de que, aquellos niños que, habiendo estado sometidos a condiciones muy desfavorables en su infancia, evolucionaron de forma positiva y llegaron a ser adultos equilibrados y competentes en el plano familiar y profesional.
Se define entonces la resiliencia como la/s capacidad/es y/o habilidad/es que pueden llegar a desarrollar o potenciar las personas que se han visto expuestas a situaciones traumáticas constantes. La resiliencia es una capacidad que se puede desarrollar en cualquier etapa de la vida, con la participación de factores protectores: biológicos, psicológicos, sociales, culturales y ecológicos, con la participación activa de tutores de resiliencia (personas que confían en los niños, les proporcionan seguridad, amor y afecto), ambientes resilientes y vínculos asertivos.
Es importante reconocer que las personas “no son resilientes”, las personas
“están resilientes”. No es una condición de la persona, sino que es una situación
o bien transitoria, continua, pero nunca permanente. La resiliencia es entonces, una metáfora generativa que construye futuros posibles sobre la esperanza humana y la consecución de la felicidad ante los sufrimientos, los traumas y el dolor padecido. Después de la revisión conceptual exhaustiva realizada por Matéu, Flores, García-Renedo y Gil (2013), a efectos de esta tesis se entiende la resiliencia como:
Los procesos que generan y desarrollan las personas, familias y/o comunidades ante la vivencia de traumas cuyo origen puede ser o adversidades crónicas (situaciones de pobreza, enfermedad, disfunción familiar) o puntuales (accidente, muerte, atentado terrorista, desastre natural). El resultado de éstos es una metamorfosis. Por un lado, una cicatriz psíquica pero por el otro, un aprendizaje, un crecimiento y un aumento de alguna de sus competencias a raíz de los mecanismos que se generan de la interacción entre los factores de protección y de riesgo tanto individuales como ambientales. (p. 40)
Así entonces, la resiliencia no puede ser entendida como un atributo con el que los seres humanos nacen o lo adquieren durante su desarrollo, sino que se trata de un proceso adquirido que caracteriza un complejo sistema social, en un momento y un tiempo determinado.
La resiliencia entendida como proceso, permite entonces, el desarrollo de propuestas de intervención con víctimas de problemáticas sociales como el desplazamiento forzado en Colombia, de una manera particular con niños que no conocen otro mundo diferente a la guerra, que han nacido en un contexto de guerra y sus proyectos de vida los están construyendo en un entramado de relaciones signadas por la violencia. De esta manera, la resiliencia debe generar la conjugación de mecanismos de intervención que permitan a los niños percibir un mundo diferente y posible.
En este sentido, Tim Guénard, hijo de alcohólico, niño abandonado, abusado y maltratado, definió la resiliencia como un “un canto a la libertad, un no rotundo a
todo tipo de determinismo”. (Guénard y Mesplé, 2010).
A pesar de las adversidades, hay otros mundos posibles que se construyen en la escena de la vida, donde el actor principal es el sujeto que decide irrumpir con los determinismos que ocultan la esperanza y se alista para caminar con los otros en la construcción de nuevas alternativas.
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De forma generalizada, diversos autores han planteado su definición particular del concepto de la resiliencia. Unos motivados por sus propias experiencias como es el caso de Cryrulnik (2006), otros por las experiencias de otros sujetos como es el caso de Forés y Grané (2008), Werner y Smith (1982). A pesar de los diferentes postulados frente al concepto, todos los autores coinciden en destacar que la resiliencia es la capacidad de las personas, de los grupos o de las
comunidades para desarrollarse de manera óptima, a pesar de las múltiples adversidades que interrumpen las cotidianidades de las personas generando daños significativos.
Es decir, a pesar del reconocimiento de la existencia de situaciones dolorosas y problemáticas, las personas deciden enfrentar las situaciones de una manera constructiva a partir de sus recursos personales y la interrelación con los otros y con el contexto que les rodea.
Un ejemplo claro de cómo las personas y comunidades pueden sobreponerse a las adversidades es el caso de Sofía desarrollado en el capítulo III. Sofía, una mujer desplazada colombiana, víctima de todas las vejaciones posibles, después de la alteración significativa de su proyecto de vida, sigue luchando por sus ideales y hoy en día es una mujer defensora de los derechos humanos de las mujeres víctimas del desplazamiento forzado en Colombia.
Aunque existan diversos enfoques y modelos de la resiliencia que se desarrollan más adelante, es importante destacar doce características principales que definen la resiliencia (Forés y Grané, 2008):
Es un proceso
Hace referencia a la interacción dinámica entre factores
Puede ser promovida a lo largo del ciclo de la vida
No se trata de un atributo estrictamente personal
Está vinculada al desarrollo y crecimiento humano
Nunca es absoluta ni total
Tiene que ver con los proceso de reconstrucción
Tiene como componente básico la dimensión comunitaria
Considera la persona como única
Reconoce el valor de la imperfección
Está relacionada con ver el vaso medio lleno
Estas características permiten concluir, que la resiliencia es un proceso que puede ser fomentado a partir de una constante interactiva entre la persona y su entorno. También permite asegurar que, la resiliencia no es una capacidad absoluta, ni estable, ni tiene límites, sino que es un proceso que se puede desarrollar a lo largo del ciclo de vida, por tanto, la resiliencia es una capacidad universal.
Así entonces, se reconocen dos componentes fundamentales en la comprensión de la resiliencia. Por un lado, la resiliencia es la capacidad de resistir a la destrucción en circunstancias difíciles, es decir, es la capacidad de proteger la propia integridad física, biológica, psicológica. Por otro lado, la resiliencia es la capacidad de construir una vida positiva a pesar de circunstancias difíciles.
Estas características de la resiliencia son parte fundamental del ser resiliente, que en un primer momento se resiste a la acción que le genera riesgo y luego gracias a la acción ejecutada donde pone en escena sus factores internos y externos, gana la capacidad de rehacerse. Al plantear la resiliencia como un proceso interactivo entre el sujeto y su entorno, es imperativo referirse a los factores de riesgo y factores de protección que se presentan en el proceso.
5.2- Factores de riesgo y de protección de la resiliencia
La resiliencia comprendida como un proceso que revive las capacidades que tienen los seres humanos para intuir y crear a pesar de sus dificultades, plantea
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que existen situaciones que pueden poner en riesgo el funcionamiento de los sujetos, a estas situaciones que amenazan la estabilidad de las personas se les denomina factores de riesgo.
En la Tabla 4, se recogen los principales factores de riesgo que diferentes autores han encontrado en sus investigaciones.
Tabla 4. Factores de riesgo
AUTORES FACTORES DE RIESGO
Werner y Smith (1982) Pobreza crónica y psicopatología
Garmezy (1991) Disfunción familiar
Rutter (1987) Género masculino
Garmezy (1991) Pobreza
Loesel (1994) Pobreza y fracaso escolar
Masten y Coasworth
(1998)
Violencia familiar, la muerte y la guerra
Theis (2005) Trastornos psicológicos, conductas adictivas de
los padres, muerte de uno de los padres, apegos inseguros, factores sociales o ambientales adversos (paro padres, pobreza), problemas crónicos de salud, guerras, catástrofes naturales.
Barudy y Marquebreucq (2006)
Violencia contextual organizada y maltrato
intrafamiliar
Fuente: Mateu, R. (2013).
Los factores de riesgo de la resiliencia son aquellas características, contextos o
cualidades de las personas, grupos o comunidades que contienen en sí un alto grado de probabilidad de causar daños. En el caso particular de los niños que crecen en contextos de violencia generalizada, como lo son la población infantil desplazada colombiana, es importante destacar cómo el reclutamiento forzado se convierte en una de las opciones generadoras de daño de mayor importancia.
En un estudio desarrollado por Romero y Chávez (2008), sobre la vinculación de niños y adolescentes a grupos armados en Colombia, se identificaron tres aspectos relacionados con la vinculación:
-Vinculación voluntaria: cuando los niños, deciden ingresar de manera
“voluntaria”. Es importante tener en cuenta que, el concepto de «voluntariedad» en el reclutamiento debe entenderse siempre y en todos los casos como la conjugación de factores externos que fuerzan a los niños a tomar decisiones que por principio están viciadas.
-Vinculación forzosa: para los autores, hay niños que participan en las
hostilidades del conflicto porque han sido obligados y forzados física y psicológicamente. Algunos han sido entregados por sus madres o padres en contra de su voluntad, al sentirse presionados y amenazados por parte de uno u otro grupo armado. Otros ingresan porque en algunas regiones del país es obligación aportar un miembro por familia al grupo armado del área de influencia.
-Vinculación de nacimiento: según destacan los autores, hay niños que
literalmente nacieron en los grupos armados en condición de hijos de combatientes. Son menores de edad que no conocen otra forma de vida y son considerados propiedad de ésta. Según la Defensoría del Pueblo, tales menores son dejados al nacer para su crianza en zonas rurales y al cabo de varios años son reclutados en la organización a la cual pertenecieron sus padres, así ellos hayan muerto.
En el estudio que realizaron los autores Romero y Chávez (2008), se identificaron en primer lugar, que los niños y adolescentes que se vincularon de manera voluntaria a los grupos armados, lo hicieron porque pensaron que así obtendrían reconocimiento social y poder con las armas, porque querían salir de la pobreza modificando su situación social, por vengar la muerte de un pariente, porque estaban buscando protección de algún grupo armado, o en algunas ocasiones por decepciones amorosas. Es importante recalcar que independientemente de la voluntad de los niños y adolescentes en formar parte de los grupos armados,
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siempre se habla de reclutamiento forzado, ya que la responsabilidad recae sobre el grupo armado que acepta su vinculación.
Este estudio fue realizado con niños y adolescentes desvinculados de la guerra, con los cuales se desarrollaron una serie de entrevistas que pretendían entre muchas otras cuestiones de investigación, indagar qué llevó a esta población a ingresar en las filas de los grupos armados. A partir de diferentes testimonios recogidos por los investigadores, se llegó a la conclusión que esta población decidía de manera “voluntaria” vincularse a los grupos armados, porque veían en las armas un símbolo de poder que les permitía tomar decisiones. De la misma manera, sentían una fascinación por los potentes vehículos, los uniformes y la indumentaria militar. Otro punto que fue crucial para la vinculación de esta población a los grupos armados, tuvo que ver con la “aventura”. Según testimonios de niños desvinculados, la vida en los campamentos, es asociada con la aventura.
Además, la investigación resalta que, el maltrato infantil y la violencia intrafamiliar han sido una de las principales causas por las que muchos menores habían huido de sus hogares buscando un mejor futuro en alguno de los grupos armados, incluso, muchas niñas habían huido buscando escapar del abuso sexual recibido en sus hogares, muchos menores buscan en los grupos armados el afecto del que carecen en sus hogares.
Para Romero y Chávez (2008), la cotidianidad de la guerra en algunas regiones del país, hace que la población infantil asuma formas de relación social, basadas en los valores y los símbolos propios de la guerra. Así entonces, formar parte de un grupo armado se convierte en una expectativa de vida.
La guerra deja profundas huellas que determinan la identidad y los modos de comprensión de la vida de los menores de edad. Los niños desvinculados no siempre logran romper los vínculos interiores que los unen con las prácticas de la muerte. El efecto más devastador del conflicto armado sobre la población infantil, que vive en las zonas de alta confrontación, es que asumen valores y costumbres favorables a la violencia. Los niños aprenden con facilidad que las armas dan la
«razón», que la fuerza convertida en violencia ofrece espacios de reconocimiento y que, en actos de atrocidad en los que el cuerpo de los enemigos se mutila, queda establecido que la violencia se ejerce sin límites ni control.
En la Figura 11, se destacan los factores de riesgo que intervienen en el fenómeno del reclutamiento forzado, como se ha visto, un fenómeno que afecta de manera directa a los niños víctimas del desplazamiento forzado.
Figura 11. Factores de riesgo de la infancia desplazada
Es importante destacar que la identificación de los factores de riesgo, ha permitido también a los investigadores, el reconocimiento de factores protectores de los niños y del ambiente que hacen que éstos no desarrollen ninguna patología e incluso puedan resultar fortalecidos.
Los factores protectores de la resiliencia, son las habilidades (que se pueden
adquirir) que tiene la persona para enfrentarse de una manera efectiva a las situaciones vulnerables. Éstos, son dados por las capacidades internas del ser y
Opción generadora de daño Vinculación a grupos armados Riesgos Maltrato familiar Violencia Intrafamiliar Abuso sexual Militarización de la vida civil Ausencia de afecto, de reconocimiento social Pobreza Marginalidad Exclusión Discriminación
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los recursos que le brinda el ambiente en donde se desenvuelve (familia, colegio, comunidad, entre otros).
En este orden de ideas, resaltamos el marco conceptual llevado a cabo por Torres (2002), utilizado en un proyecto desarrollado en Brasil, Perú, Chile y Argentina. Este marco destaca los factores protectores de la resiliencia en niños.
En la Figura 12, se desarrollan los factores protectores identificados por Torres (2002).
Figura 12. Factores protectores de la resiliencia
Como se destaca en la Figura 12, existen factores internos y externos, pero con una puntualización en algunos ámbitos que son de sumo interés para esta tesis como lo son en particular el juego y los deportes en un medio de interacción educativa.
Diversos autores como Cyrulnik (1999), destacan que un factor protector importante en particular para los niños, son los guías o tutores de resiliencia.
Éstos hacen referencia a las personas que ante situaciones adversas como es el caso del desplazamiento forzado, proporcionan a los niños ambientes de seguridad, convirtiéndose así en apoyos que ayudan a superar la adversidad y enseñan estrategias para el fomento de fortalezas y habilidades que permitan afrontar la adversidad.
Los tutores o guía de resiliencia, pueden ser cualquier persona que rodea al niño. Por tanto pueden ser, maestros, padres de familia, familiares, entre muchos otros. Debe tenerse en cuenta que, los tutores o guías de resiliencia son aquellas personas capaces de proporcionar una relación afectiva y solidaria que pueda conducir a la toma de conciencia de la propia realidad.
Según Martínez y Vásquez (2006), el tutor o guía de resiliencia es una persona que sin ejercer una influencia en el contexto familiar o escolar, genera en el niño un entusiasmo, una nueva confianza en sí mismo, una impresión de sentirse aceptado y valorado.
Para Barudy y Marquebreucq (2006) el tutor o guía de resiliencia debe ser capaz de dar su apoyo en todos o en alguno de los siguientes aspectos: