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En el mandato de Luis Eduardo Garzón, se incrementa decididamente el interés del

gobierno distrital por los procesos de descentralización hacia las localidades, no solo porque

Garzón desarrolla y destina mayores recursos hacia el fortalecimiento local en su plan de

desarrollo, sino porque además presentó ante el Concejo de la ciudad una reforma administrativa

que contemplaba, entre otras cosas, un capítulo destinado a dar mayor autonomía a las

localidades.

Este proyecto de reforma pretendía distribuir competencias y funciones administrativas

en asuntos de carácter local, para que las comunidades les pudieran exigir responsabilidades a

sus autoridades y en forma complementaria, el proyecto buscaba precisar funciones adicionales

de los alcaldes locales para acentuar su papel como coordinador y ejecutor de acciones de

desarrollo en su localidad, y de las JAL para ratificar su papel de control político.

En la exposición de motivos del proyecto de reforma se evidencia la intención de llevar a

cabo un proceso gradual de transferencia de competencias y ajuste institucional y fijaba como

objetivo específico el “consolidar una verdadera descentralización territorial en el Distrito,

mediante el desarrollo del sector de las localidades precisando su naturaleza jurídica y asignando

con claridad sus competencias y funciones administrativas”. (Alcaldía de Bogotá, 2006).

Este capítulo del proyecto de reforma administrativa no superó el primer debate en la

inconveniente desde la perspectiva política sino jurídicamente inviable por usurpar competencias

del Congreso de la Republica (Luna, 2017) (García, 2017) (Rojas, 2017). Este capítulo fue

finalmente eliminado en el trámite ante el Concejo de Bogotá, pero deja clara constancia del

interés de este alcalde en favor del proceso descentralizador intraterritorial.

En el plan de desarrollo de Garzón “Bogotá Sin Indiferencia. Un Compromiso Social

contra la Pobreza y la Exclusión”, se expone que el poder estaba excesivamente concentrado en

el Alcalde, y en la administración central por lo que se debía avanzar en la definición y puesta en

marcha de un proceso de descentralización. En concreto, el plan de Garzón planteaba tres ejes y

un objetivo, el cual articulaba al conjunto de las acciones. Dichos ejes eran el Social, el Urbano

Regional y el de Reconciliación y el objetivo era el de Gestión Pública Humana, Sostenible y

Eficaz.

La descentralización se encontraba en el Eje de Reconciliación y en el objetivo de

Gestión Pública Humana, Sostenible y Eficaz. En el eje de reconciliación se proponía adelantar

un proceso para fortalecer la capacidad institucional de las localidades y consolidar los

escenarios de gobernabilidad local, como condición para lograr una verdadera descentralización

que vaya aparejada con la participación, en un marco de corresponsabilidad entre la

administración y las comunidades organizadas; específicamente la descentralización

correspondía a la quinta política del Eje Reconciliación, definida como la consolidación de un

proceso gradual de desarrollo autónomo de las localidades en el cual se iban a fortalecer los

gobiernos locales y éstos, a su vez, promoverían la integración y coordinación de las instancias

estrategia para ello se planteó el diseño y puesta en marcha de un modelo propio de

descentralización para la ciudad, progresivo en su ejecución en consonancia con las condiciones

de cada localidad, basado en la corresponsabilidad de la administración central y la local, y

fundamentado en la consolidación de las capacidades locales (Concejo de Bogotá, 2004).

En el objetivo de Gestión Pública Humana, Sostenible y Eficaz, pretendió adecuar y

desarrollar la organización Distrital dentro del marco de la descentralización y desconcentración.

en concreto, la descentralización figuró en la primera de las políticas de este objetivo donde se

buscaba que la institucionalidad pública se transformara y desarrollara en concordancia con las

demandas de la ciudad para lograr la coordinación del gobierno y la autonomía progresiva de las

localidades. La estrategia de Garzón era el desarrollo progresivo y gradual de la autonomía de las

localidades, mediante un modelo propio de descentralización, con base en un criterio de

corresponsabilidad que comprometiera a las autoridades locales al logro de procesos de

organización, participación y control social, y a la Administración Distrital al fortalecimiento de

la capacidad técnica, jurídica, administrativa, financiera e informática de las localidades. De otro

lado, se planteó que a medida que el gobierno determinara la autonomía de las localidades, se

desmontaría paralelamente la competencia de las Unidades Ejecutivas Locales (Concejo de

Bogotá, 2004).

Estas dos políticas (la del eje de reconciliación y la del objetivo de gestión Pública) se

La política “Gobernabilidad y administración territorial de la ciudad” que tenía como

meta apoyar procesos de fortalecimiento de la gobernabilidad local y se ejecutaba a través del

proyecto de inversión: “Fortalecimiento del Gobierno Local” el cual tuvo una asignación

presupuestal de $12.087 millones de pesos y logró una ejecución del 96.2%.

De otra parte la política “Localidades modernas y eficaces”, que tenía como metas lograr

unas localidades autónomas y con capacidad, técnica, jurídica y administrativa para atender las

necesidades de la ciudadanía y se ejecutaba a través del proyecto de inversión: “Fortalecimiento

de las Localidades” este tuvo una asignación de $49.900 millones de pesos y logró una ejecución

68,7%. En este punto resulta de particular interés señalar que la Secretaría de Gobierno que lleva

gran parte de la asignación presupuestal del programa (28.545 millones de pesos) solo alcanzó

una ejecución de 56% y presentó alguna metas suspendidas como: (i) la de asesorar y acompañar

a las localidades en temas relacionados con respuesta directa al ciudadano, asesoría jurídica y de

obras, unidades de mediación y conciliación, inspecciones de policía, (ii) la de diseñar e

implementar un marco normativo para fortalecer la justicia local y (iii) la de apoyar un proceso

de descentralización, organización y participación social adelantar un proceso de fortalecimiento

de la capacidad institucional técnica y administrativa de las alcaldías locales.

Como balance final de la ejecución de su plan de desarrollo Luis Eduardo Garzón

presentó como logros las estrategias: “1421 al límite” (en referencia al decreto ley) y gestión de

reformas normativas; el apoyo político, administrativo y técnico al nivel local; la delegación en

los alcaldes locales la ordenación del gasto en algunos temas; y la expedición del sistema

En resumen, la administración de Garzón tuvo especial interés en promover el proceso

descentralizador. Sin embargo, puede decirse que su gran interés desde lo programático, no logró

materializarse del todo en su gobierno debido principalmente a las barreras jurídicas que se

presentaban para implementarlo. Se le reconoce que logró un agendamiento público e inició

procesos que hasta hoy se mantienen, como las delegación de ordenación del gasto en las

alcaldías locales, que fueron recogidos y profundizados en la administración de Moreno.

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