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Item 37: Develop a Test Harness When Necessary A test harness can be a tool that performs automated testing of the core

He sabido que varios individuos que me honran con su amistad, y que interesan porque se mantengan puros mi reputación y mi carácter, se sorprendieron, en este y en otros estados de la Unión, al ver la Carta Circular que, son fecha 13 de enero último, dirigí a los señores jefes de los Estados Colombianos.

Sí fue, pues, cierto que se sorprendieron, natural y necesariamente que no habiendo mediado aclaración de parte mía, ellos desean que yo explique y ponga en claro mi conducta.

Voy, por tanto, a explicarme para satisfacerlos.

***

Esa Carta Circular se me echa hoy en cara, por algunos individuos del partido liberal, como “una de las causas que más influyeron para que la cuestión Antioquia terminara, no por medio de las armas, sino a virtud del famoso “Como pide” de 18 de abril último”.

Otros y entre ellos se encuentran algunos señores directores de periódicos, han encontrado muy digno de censura el que yo, que he sido el más obstinado enemigo del Clero ultramontano, me hubiera atrevido a defenderlo en la cuestión citada.

Finalmente, diz que la mayor parte de los liberales vio en esa Carta una prueba –tan patente como inesperada –de vacilación en mis ideas y de poca firmeza en mi caráter.

Como se ve, hay –casi sobra –razón para que yo me explique. A qué tiende esa explicación?

Me sucede como al Ciudadano provisorio, cuando le preguntan por qué a mi padre y otros ciudadanos encerrados e incomunicados durante siete semanas.

“Yo mismo no lo sé”.

Es probablemente que quiero guardar el lugar que ocupo en el corazón de mis amigos. Me defiendo, porque me atacan. Me hieren, y yo rechazo instintivamente la agresión.

Pero me aproximaré a mi objeto.

***

Qué había ese día? Qué hubo después? Qué hay hoy?

Al contestar estas preguntas pondré mi conducta en claro y sacaré mi reputación el limpio. Empezaré.

***

Antes del 13 de enero último, se habían cumplido dos grandes hechos, relacionados con mi asunto. La evolución que puso al partido liberal en el poder y la rebelión que lo echó a tierra.

En la primera de esas dos épocas me mantuve en mi posición privada, hasta que el sufragio popular me llamó a la Legislatura Constituyente del Estado.

Durante la segunda, me armé como defensor del Gobierno constitucional, porque, aunque no estaba de acuerdo con la política observada desde el principio de la primera época, ese gobierno era en mi concepto, preferible a un gobierno conservador y teocrático. Me armé y luché hasta el día 4 de enero en que cayó, casi en mis brazos, y al dirigirme la palabra, el Ciudadano Presidente Bravo.

Durante el corto espacio de tiempo que permanecí en la Constituyente, creí que debía oponerme a ciertas tendencias y a ciertos proyectos del señor general Mosquera, gobernador –por aquel tiempo –del Estado. Esto suscitó contra mí la mala voluntad de algunos honorables Diputados, que no reconocían en persona alguna el derecho de discutir lo que el Poder Ejecutivo proponía.

Estos caballeros siguieron una conducta tan irregular, que en varias ocasiones me vi obligado a acusarlos en la discusión como corruptores de la doctrina liberal. Tal vez ellos recuerdan que, desde entonces, los hice responsables de la derrota, a que –con su conducta –condenaban al partido liberal; derrota que sería inevitable en la primera lucha que se presentara.

Presentes están actualmente en el Congreso de la Unión varios de esos señores diputados (que se eligieron a sí mismos, en uso del más precioso de todos los derechos). Allí, si no han mudado de opinión o de pasiones, habrán repetido lo que dijeron aquí y lo que redujeron a precepto bajo la forma de leyes, a saber: I. No hay tales partidos políticos, no hay conservadores ni liberales, federalistas ni lo otro. No hay sino ricos y pobres. II. Todos los ricos –sin razón enemigos de todos los pobres, los cuales tienen por derecho de propia conservación, el derecho de exterminar a los ricos, o de arruinarlos siquiera. III. El que está en el poder debe preguntar dos cosas solamente: lo que piden sus amigos, para concederlo; lo que temen sus

adversarios, para ejecutarlo. IV. El vencido no tiene derechos: cuando llegue a triunfar, que niegue, siquiera, todo derecho a su adversario, etc. etc.

Estos y otros escándalos de mis honorables colegas, me indujeron a separarme de la Legislatura, a la cual no volví, ni aun después de cerradas las sesiones de Convención.

En febrero pasé a Rionegro y tomé asiento como miembro de la última.

Allí se tocó varias veces la cuestión Clérigos (que algunos llaman, sin justicia, cuestión religiosa), y entonces me presenté como siempre he sido, es decir:

Como defensor y abogado de los fueros del poder civil;

Como enemigo del Clero ultramontano, que es, ha sido y será enemigo de la República y de la libertad política y de todo lo que no sea la Autoridad, la Represión y la Fuerza;

Como hombre que no quería que a los Clérigos, ni a nadie, se hiciera sufrir un mal innecesario, sobre todo cuando ese mal podía –por contragolpe –obrar contra quien lo dirigía.

Entonces dije a la Convención estas o semejantes palabras: “La Roma espiritual se acabará porque la humanidad a quien el mismo Dios conduce, no se detiene en su camino. El mundo será forzosamente libre: no temáis, pues, que el Catolicismo ultramontano sea eterno; pero tampoco pretendáis que las revoluciones de ideas se preparen y maduren a balazos; ni queráis que las situaciones forzadas vistan el ropaje de evoluciones naturales, porque las víctimas que hagáis con tal violencia, se presentarán –dentro de poco – doblemente armadas”.

La Convención hizo lo contrario. No recogió, arrojó el guante al Clero. Este calló fingiendo resignarse; pero lo alzó luego temblando de furor; y antes de diez meses, azotó con él en el rostro al Presidente de la Unión y lo obligó a fingir que no veía los artículos de la ley que contenían el reto.

El “Como pide” de abril es la más absoluta victoria clerical –aunque no sé si los clérigos gozarán de ella.

***

Pero parece que me anticipo. Qué había en Antioquia el 13 de enero último? Había un partido inopinadamente vencido, sorprendido también por la victoria. En lo demás todo era sombras.

Qué pretendía el partido vencedor? Los vencidos no lo sabían.

Hasta dónde llevaría sus armas? Los mismos vencedores lo ignoraban.

Fuera de los gritos de “viva Jesús”, “vivan los Padres”, “abajo los herejes”, “abajo la desamortización”, en que todos estaban de acuerdo, las opiniones fluctuaban sobre si se debía invadir al Cauca, o al Tolima, o a Bolívar, o a todos o a ninguno. Sobre si se reconocía al gobierno de Colombia o se daría por nulo lo hecho desde el 20 de julio de 1860 y se resucitaba, todo era sombras, dudas, vacilaciones y medias palabras.

El gobierno provisorio resolvió aguardar. Publicó un manifiesto lleno de promesas, que debía olvidar a pocos días; se resignó a tolerar por una semana a los vencidos y se presentó ante la Nación como sincero amigo del partido Colombiano.

Entonces publiqué yo mi Circular.

Los conservadores contaban con que la revolución había estallado a esa fecha en todos los Estados de la Unión, pero el gobierno de hecho necesitaba de noticias más positivas, a fin de acomodar a ellas su conducta. Aquellos estaban a obscuras: todos aguardaban.

Cuando digo “los conservadores”, me refiero a los que dirigían la intriga y la explotaban porque la muchedumbre, esos semi-salvajes de los pueblos y de las montañas, ya no se afanaban por cosa alguna. Habían gritado “viva la Religión”, y habían vencido. Consagraban a sus labores la semana y el domingo se extasiaban en el templo oyendo a cualquier clericacho de misa y olla, anunciar al moderno Joerobam la muerte de los sacerdotes de DEM y de Bethel.

***

Los miembros del partido vencido teníamos que estudiar a tientas los diversos caminos cubiertos por la sombra.

Era la revolución un movimiento puramente interno? No.

Podía lograrse que apareciera con tal carácter? Sí.

En tal caso, cuál era la línea de conducta que las grandes intereses colombianos señalaban al partido liberal de Antioquia?

2º. Procurar que mientras los negocios tomaban una fisonomía definitiva, se ejecutara, por los conservadores, el menor número posible de violencias.

Cuál sería esa fisonomía definitiva?

El establecimiento de los centralistas en Antioquia si el gobierno general retrocedía ante ella.

O la sujeción de este Estado a la Constitución de Rionegro que había atacado, si ese gobierno quería cumplir con su obligación de cerrar la brecha abierta en Antioquia a las instituciones nacionales.

Ahora bien: “Para cualquiera de estos dos eventos era conveniente “procurar que mientras, se ejecutara, por los conservadores, el menor número de violencias”.

Para procurar esto y “que la rebelión no se extendiera a otros Estados”, escribí yo mi Carta Circular de enero.

Así lo dije a mi amigo el doctor Manuel Uribe Angel, que tuvo la bondad de pedirme una explicación a nombre de mi estimado compatriota, el doctor Emilio Restrepo E.

Mi carta circular tenía otro objeto que quedó indudablemente logrado: el de hacer que fuese conocido, fuera del Estado, el verdadero carácter, el carácter clerical, de la revolución.

Yo, por mi desgracia, aunque para mi honra, conozco un poco a los conservadores, y sé que cuando a su insensibilidad natural se une el juego de una pasión cualquiera, son más salvajes, y no menos, que los caníbales.

Bien sabía yo que no quedaría a los liberales un camino, bien fuera estrecho y peligroso, por donde pudiéramos ponernos en comunicación con Bogotá.

En tal extremo ocurrí a la imprenta y publiqué la Carta Circular.

Sin variar una letra, repetí lo que había dicho en la convención; arrojé el peso de la revolución sobre la “ley de policía nacional en materia de cultos” que tenía en mi concepto, toda la culpa. De este modo, y sin que tenga por qué arrepentirme de ninguna de mis palabras, hice conocer al país que lo que el Provisorio había resuelto presentar como una revolución “contra la tiranía del Presidente Bravo” era en realidad una rebelión de clérigos contra las leyes generales de la Unión.

Protesté yo contra esas leyes?

Sí, protesté en Rionegro, desde que la Convención las discutía, como he protestado, y protestaré siempre, contra ellas, en cuanto dejan de ser protectoras (Tuens) de la República, para ser perseguidoras del Clero.

Mostré acaso, hice aparecer ante la Nación este gobierno provisorio como no era? No.

Dije de él: “El gobierno recién establecido ha sido tolerante y humano. Ha olvidado su cuna después de la victoria.

Y eso era en verdad el día 13 de enero último.

Hasta ese día, el doctor Berrío cumplió fielmente cuanto prometió en su manifiesto del día 8.

Y de paso, advierto que ese fue otro de los puntos que quise resolver con la publicación de mi carta circular. “Tal vez, me dije, el hecho de proclamar en alta voz la justicia que han guardado, los estimulé a reprimirse”.

Me engañé, como me he engañado casi siempre que he creído a esos hombres capaces de algún sentimiento noble, cristiano y generoso. Me engañaron ellos a mí; pero yo no engañé a nadie. Lo que dije era verdad cuando lo dije.

Yo temí siempre, pero no podía entonces afirmar los atentados que después se ejecutaron.

No se había declarado, ni sabíamos que se meditase “el exterminio de los liberales”. No había por qué adivinar que habría de arrojarse las familias enteras a la calle, para convertir sus habitaciones en cuarteles, ni que se ordenara e hiciera cumplir el saqueo de las haciendas y almacenes: ni que por motivos que el mismo gobierno ignoraba, o mejor dicho, por el mero placer de hacer sufrir, fueran sepultados en una cárcel e incomunicados, con el mayor rigor, durante siete semanas, varios ciudadanos respetables del lugar; ni que las casas de los liberales fueran declaradas “propiedad del Estado” a virtud de un simple decreto del doctor Berrío; ni que... pero qué importa una palabra más en esta lista?

Oh! nada de eso se sabía. Se temía, sí; pero, por ver si se evitaba, escribí yo. No escribí por miedo, porque no lo conozco.

Ni por debilidad, porque yo no escribo sino verdades; y la verdad está en los hechos, cuyas relaciones no pueden ser alteradas por los nervios de hombre alguno.

Pero, mientras vienen las armas y pueden hablar alto, nuestros gobernantes van a ofrecernos un espectáculo digno de ser contemplado.

Vamos a ver el gobierno de Antioquia, al que llenó la bandera de palomas blancas y de textos el latín; al que levantó el Lábaro; “al instrumento de Dios”, al que devolvió la libertad al Clero y prometió a las religiosas su Convento; vamos a ver a los sostenedores del Concilio de Trento, poniendo sobre los santos Cánones el mismo velo con que cubrió las leyes el Poder Ejecutivo Nacional.

Curioso será, por cierto, ver a ese escuadrón de orates, disfrazados de hombres de Estado y cubiertos de escapularios y camándulas haciendo jurar a los clérigos rebeldes, redimiendo todos los censos,

redimiendo todas las capellanías, y arrancando a los Poseedores, para ser vendidos en pública subasta, los bienes espiritualizados y la casa de Carmelitas!

Magnífico espectáculo para el partido liberal! Triunfo brillante y gloriosísimo para los que, como yo han gritado al pueblo “os engañan” y a los godos “no mintáis”.

No sentirán esos hijos de la rebelión sacerdotal miedo ni vergüenza cuando se presenten ante el pueblo que engañaron y funcionen como Corredores del gobierno Colombiano, en la venta de los santos predios?

Pero es seguro que el gobierno de Antioquia cumple con las leyes generales que le imponen el deber de someter a los clérigos y de vender los bienes desamortizados?

Tal vez sí, si se exige que cumpla sin demora lo ofrecido. Probablemente no, s se aguarda para exigírselo a que hayan venido Ospina, Canal y todos los descontentos de la República y a que este gobierno haya recibido ocho o diez mil fusiles que anda buscando.

Y a propósito, por qué y para qué remitió este gobierno a Manizales, después de recibido el “Como pide” de 18 de abril más de cien cargas de municiones de guerra?

Iba yo a quejarme de que aquí no hacen caso, ni se acuerdan, según parece, de aquella oferta hecha por los representantes del Provisorio y aceptada por el Presidente de la Unión, de relegar a perpetuo olvido y cubrir con el manto del perdón nuestro delito como defensores del gobierno Constitucional. Pero este delito se prolonga demasiado y no quiero que los que se dignen comenzar a leerlo, dejen la tarea antes de llegar al fin.

Medellín, 21 de mayo de 1864.

***

OFICIO DEL JEFE DEL ESTADO MAYOR GENERAL DEL EJÉRCITO DE ANTIOQUIA

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