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3.3 Empirical literature

3.3.1 Developing countries

como caricaturista vuelven a ser una referencia clave para explicar cómo se construyó la región donde la práctica del género se encontró con las prácticas de quienes participaban en los movimientos sociales de la época.

Antes de él, pocos caricaturistas sostuvieron algún tipo de participación en movimientos sociales o políticos. Entre las excepciones estaba Alberto Beltrán, miembro del Taller de Gráfica Popular, que apoyó con sus grabados y dibujos a publicaciones partidistas y sindicales.

Rius por su parte, tras su paso por el seminario salesiano adquirió una cultura humanística, hábitos de estudio y sensibilidad hacia el apostolado que mantuvo a pesar de su ruptura con la iglesia católica. Su rompimiento con la institución le servirían para afirmar en él una actitud subversiva. La postura crítica y la disciplina autodidacta explican cómo fue posible que Rius comenzara accidentalmente su carrera en 1954 como humorista gráfico, dos años después se convirtiera en cartonista editorial y doce años después fuera capaz de elaborar una historieta política de orden didáctico que se convirtió en un éxito de ventas. Todo esto, sin tener un especial talento como dibujante, sin estudios formales de arte o diseño y sin conocimientos previos del género.

Por otro lado, tras su viaje a Cuba, Checoslovaquia, Hungría, la República Democrática Alemana, Bulgaria y la URSS en 1961, Rius se definió como un caricaturista de izquierda, que terminó por afiliarse al Partido Comunista Mexicano. Ahí encontró un nuevo apostolado.

Ante la dificultad para mantenerse en las páginas de la prensa diaria de gran circulación, Rius encontró espacios para publicar en Siempre! y Política.

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Marcué Pardiñas, que recibía subvenciones de la embajada cubana, alentó a Rius para que criticara, desde una perspectiva de izquierda, al presidente Díaz Ordaz. Fue en las páginas de Política y Siempre! donde Rius

consolidó su estilo político de combate y fortaleció su presencia entre la izquierda mexicana.

El encuentro con Guillermo Mendizábal y la creación de Editorial Posada para publicar Los Agachados no fue producto de la casualidad. De acuerdo con

Rius, Mendizábal Lizalde ya tenía contactos con la izquierda mexicana:

La inclinación hacia la izquierda de Guillermo Mendizábal me imagino que llegó vía Víctor Rico Galán, que creo estuvo relacionado

maritalmente con una hermana de Guillermo o algo así. No tengo la certeza del parentesco que había. Y no conozco sus antecedentes de cuando era joven, en dónde estudió, etc. Cuando yo lo conocí era vendedor de Novaro. En su familia Lizalde, era primo hermano de los Lizalde, el actor y el poeta. Este último, Eduardo, fue muchos años militante en el PCM, y sospecho que también tuvo que ver con las inclinaciones izquierdosas de Guillermo, que siempre apoyó

abiertamente a Heberto Castillo (Comunicación personal, 6 de febrero de 2012)

La politización de Naranjo comenzaría formalmente durante sus estudios en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Como estudiante, a Naranjo le tocaría vivir el ambiente previo a los conflictos de 1963 y 1966. En 1961 el rector Elí de Gortari promulgó una Ley Orgánica que estipulaba la orientación socialista de la educación nicolaíta. En aquella época, Naranjo hacía varias colaboraciones como ilustrador, entre ellas, retratos para el

Suplemento Mensual de la Universidad Michoacana y la revista cultural El Centavo.

Posteriormente, Naranjo comenzaría a publicar en la prensa de circulación nacional en las páginas de El Día, periódico vinculado a ciertos

sectores de izquierda. Sus colaboraciones con Rius consolidarían sus convicciones de izquierda y su estilo de combate. Más adelante, Naranjo conocería a un personaje clave: “Heberto Castillo fue un ser humano que me enriqueció mucho, me dejó una gran herencia. Nos conocimos justamente en el 68, platicamos de mil cosas y siempre me aclaró, con mucha paciencia, todas mis dudas” (Poniatowska, 1998, p. 15).

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Durante las manifestaciones de 1968, Naranjo y Rius apoyaron al movimiento estudiantil elaborando carteles y volantes de manera anónima, como el cartel realizado por Naranjo donde retrató a Demetrio Vallejo para acompañar la demanda de liberación de los presos políticos (Arredondo y Del Río, 1998, p. 97).

Además, las caricaturas publicadas en la prensa de la época por los caricaturistas de combate fueron copiadas o adaptadas para elaborar mantas, carteles y hojas volantes (Arredondo y Del Río, 1998, p. 95).

El movimiento estudiantil terminó por decidir la carrera de Naranjo, que se debatía entre seguir la pintura o dedicarse de lleno a la caricatura política.

Además del Movimiento Estudiantil, ese año de 68 fue importante para mí, porque decidí que ya no iba a pintar. El razonamiento que me hice resultó muy sencillo. Todos los cuadros que pinté fueron a dar a las colecciones particulares o a casas de ricos donde ni yo mismo podía entrar. En cambio, la proyección y la aceptación de las caricaturas en los periódicos es inmediata. No sólo las ve mucho más gente sino que tengo acceso a mi trabajo, puedo recurrir a él cuando quiera. Y además, las caricaturas se recogen en antologías, se hacen libros, en fin, tengo coleccionistas. (Poniatowska, 1998, p. 13)

Por su parte, a Helioflores le tocó vivir las manifestaciones estudiantiles y la represión gubernamental en su natal Xalapa.

Para Helioflores, la relación con los movimientos sociales se produce de manera lógica, dado que la caricatura se ocupa de temas relacionados con la sociedad y la política. Inevitablemente, la justicia se convierte en un asunto central, porque es usual que el gobierno trate de la peor manera a las clases más desprotegidas, como los trabajadores y después intente aplastarlos a través de la maquinaria de los medios, donde incluso los caricaturistas llegan a prestarse a este juego. "Uno llega a sentir la obligación, la necesidad de hacer cartones que señalen aquello que está mal, ridiculizando a los opresores y, por efecto del contraste, indicar aquello que está bien" (Comunicación personal, 25 de noviembre de 2010). Para Helioflores, la caricatura no se usa para construirle monumentos a nadie.

Finalmente, La Garrapata aparecería después del 2 de octubre de 1968.

Helioflores recuerda que en las reuniones que preparaban la aparición de la revista se reconocía lo difícil de la situación, pero que “hacía falta también

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apoyar el movimiento y sentirse parte de él” (Comunicación personal, 12 de octubre de 2011).

Pocas caricaturas se publicaron en la gran prensa con críticas dirigidas al gobierno por su actuación ante el movimiento estudiantil. Apenas apareció una caricatura de Alberto Beltrán en El Día, narrando gráficamente los

acontecimientos empleando también la alegoría de una madre con un puñal clavado en el pecho. También La Prensa llegó a publicar algunas caricaturas

en apoyo a los estudiantes (Sánchez, 2004). Rius dice que él y Vadillo aprovecharon que en pleno octubre de 1968 José Pagés Llergo vacacionaba en Europa para publicar en la revista Siempre! algunos cartones “medio

malintencionados” (Arredondo y Del Río, 1998, p. 62).

Y destaca como una referencia ineludible, el célebre cartón de Abel Quezada que se publicó en Excélsior el 3 de octubre de 1968, bajo el título

"¿Por qué?". Esta caricatura consistía en una plasta negra que abarcaba absolutamente el espacio rectangular de la viñeta. En su ausencia de imágenes, era un grito de protesta mudo. Sin embargo, para Helioflores, aún esta caricatura era insuficiente, porque se presentaba de manera abstracta y sin decir algo más.

A diferencia de sus contactos con los movimientos sociales, durante la época no existieron regiones para el encuentro con los lectores. Los caricaturistas ignoraban qué efectos producían con su trabajo. Sin embargo, en alguna ocasión Helioflores conversó con un estudiante al que le dio un aventón. Sin saber que Helioflores formaba parte de la dirección de La Garrapata, el

joven le comentó que en su opinión los que hacían esa revista eran unos vendidos financiados por el gobierno para simular espacios de libertad de expresión y crítica (Ramírez, 2012).