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Developing Tailored Profilers in a DSL: DiSL

3.3 Choosing a Build Toolchain

4.1.3 Developing Tailored Profilers in a DSL: DiSL

─Ahí, quieta, de ahí no te mueves.

Me crucé de brazos cuando tumbé a mi amiga en la hamaca y la miré cual madre enfadada.

Era media tarde y no salimos de las instalaciones del hotel. Habíamos comido y bebido sin control y así estábamos ahora. ¡A la mierda el día de relax! La iba a matar…

─Déjame, que me estoy divirtiendo – se quejó, se quiso volver a levantar, pero la forcé hasta que cayó de nuevo en la hamaca–. Pesadita eres…

─ ¿Pesadita? ¡¿Yo, soy la pesadita?! ¡Pero si ese hombre está huyendo de ti! Keel, tumbado en la hamaca de al lado, se rio.

─No huye de mí, le encanto – refunfuñó mi amiga.

─Sí, quizás lo haga cuando no estés borracha y, ¡dejes de hablarle de hijos! ─ ¿Pero, has visto lo guapo que es? – insistía la petarda.

paz!

─ ¿Por qué? – preguntó enfadada– A ver si vas a ser tú la única que puede follar.

─Joder, ¡yo la mato! – Me pasé las manos por el pelo, frustrada– Deja de decir gilipolleces y céntrate.

─Pero es que es tan guapo…

─Y tú una borracha. ¡Que no se va a casar contigo! Que te está huyendo. ─Que no lo hace – terca era, eso seguro – ¡Jun! ¡Juun! – gritó a pleno pulmón.

─Mierda, Keel, consigue un bozal – le pedí desesperada, él solo sabía reír. Maldito holandés.

─ ¡Juuuuuuuuuuunnnnnnn! ─ ¡Cállate!

─ ¿Sí? – preguntó el pobre camarero cuando llegó a nuestro lado. Tenía la cara roja ya por la vergüenza, cosa completamente normal.

─Jun… ¿Te he dicho qué eres muy guapo? – habló la borracha. ─Una docena de veces, señorita – dijo él con educación.

─Bueno, pues te lo digo otra vez. ¡Eres el asiático más guaaaaaapo del mundo entero!

─Gracias…

─Joder, yo flipo… – dije mirando a Keel.

─Pues listo, nos vamos a casar – sentenció ella.

momento, no iba a protestar. ─Esto, verá, señorita, pero yo…

─Tú nada. Nos casaremos, te vendrás a España y tendremos hijos mulatitos y… ¡Oh, Dios! ¡Vamos a ser papás! – gritó.

La gente de alrededor que la entendió comenzó a aplaudir. ─ ¡Keel…! – le pedí desesperada.

─Tú, por un lado, y yo por otro – dijo mientras se mordía los labios para evitar una carcajada.

─Una, dos, y…

La cogimos a la de tres, la levantamos de la hamaca y la tiramos a la piscina. Sacó la cabeza escupiendo y soltando una retahíla de insultos impresionantes, se agarró al borde de la piscina y nos miró con ganas de asesinarnos.

─No hacía falta – dijo con odio.

─Pues controla la lengua, joder, qué vaya día nos estás dando – le reñí. ─ ¡Jun! – Estuve a punto de tirarme a la piscina y ahogarla– ¡Otra copa! – chilló.

─ ¡Y una mierda! – grité yo y me tiré al agua.

Esa no bebía más, de eso ya me encargaba yo. Jugamos en el agua hasta que las dos nos reímos a carcajadas. Al final merecía la pena el mal momento que me hizo pasar, pero si llego a saber que la borrachera se le pasa con el agua fría, la tiro a la piscina mucho antes.

Capítulo 12

Miraba mi alianza, me encantaba, me daba la sensación de estar casada de verdad, de estar en plena luna de miel.

─Vamos a desayunar, Noa nos debe estar esperando en el comedor… ─No quiero – me quejé resguardándome en él mientras seguía mirando la alianza.

─Te ha gustado, ¿verdad?

─Que me gustó y me la compré. ─ ¿Y te cree y ya?

─No, espera, le digo que vengo de casarme con otra ¿Se creerá eso mejor? ─No sé, pero si quieres le envío pruebas – dije bromeando.

─Venga, vamos, o esta – señaló a su miembro –, se pondrá de nuevo juguetona.

─Ah no, no, nos vamos ahora mismo. Ya está bien de tanto sexo a todas horas, que me voy a ir más chupada…

─Exagerada… – Negó con la cabeza mientras se incorporaba.

Llegamos a la piscina y allí estaba mi amiga comiéndole toda la cabeza al pobre Jun, Keel y yo nos miramos.

─Buenos días, Noa, hola, Jun, espero que no te haya dado mucho dolor de cabeza – dije poniendo cara de susto y señalando a mi amiga.

─Tranquila, cuando está sola ella es muy correcta, es cuando se junta con las amigas, se toma algo y ya quiere pasarlo bien, yo la entiendo – dijo el pobre Jun intentando llamar a la paz.

─Pues debes de ser el primer hombre que entienda a una mujer – bromeó Keel.

─Mira tú, jefecillo, por llamarte algo, no debes de entender a las mujeres muy mal, cuando tienes dos mujeres – Noa, escupió el café y Jun se quedó blanco, no sabía si era broma o no.

─Una cosa es entender y otra… poder – guiñó su ojo mientras lo decía – poder puedo con ellas, pero entenderlas, eso ya es otra licenciatura. ─Gracioso está el jefecillo – puse cara de importante.

─Jefe, marido, querido, amigo. ¡Tienes un multiusos, amiga! ─Noa…

─No me vayas a mandar a callar – me señaló con el cuchillo con el que estaba untando la tostada.

─Cualquiera te manda a callar a ti, te entra por un oído y te sale por otro – contesté.

─Bueno, chicas, hoy nos vamos de ruta, vamos a ver templos, volcanes y un sinfín de maravillas de aquí.

─ ¿A qué hora nos recogen? – pregunté

─Ya está fuera, pero tranquila que el esperarnos está incluido en el precio. ─Una cosa… – irrumpió Noa – Yo quiero un anillo como el que le has regalado a Valentina – dijo descaradamente.

─ ¿Ah sí? – pregunto Keel muerto de risa

─Este se lo traje de Holanda, pero no te preocupes que mi esposa – me señaló – y yo, nos encargaremos de que también lo tengas.

─ ¡Este es un amor! Todo un chollo.

─Noa, eres una descarada – reí – y tú Keel, a mi no me metas en el marrón si se lo quieres regalar se lo compras tú, lo que me faltaba una alianza para Noa – dije bromeando.

─ ¡Celosa! ¡Acaparadora! ¡Envidiosa! ¡Mala persona! ¡Diabla! ─ ¿Algo más?

─Sí, pero lo dejo para más tarde.

tomarla también con el pobre Jun.

─A mí asiático dejadlo, ese es mío y me regalará una alianza mejor que la de ustedes.

─Lo dudo – puse gesto irónico.

Pasamos los siguientes días de lujo, visitando toda la isla, haciendo snorkel, salimos de fiesta, conocimos los mejores templos y probamos muchas de las especialidades culinarias de la isla.

El día que ya nos íbamos, Noa había bebido y estábamos en la habitación preparando las cosas.

─No pienso marcharme sin verlo. Miré a Noa, ¿de qué estaba hablando?

─ ¿Qué dices? – Seguí preparando las maletas. Ella estaba sentada en la cama, con la suya sin preparar, enfadada y con los brazos cruzados. ─A Jun – dijo como si tal cosa.

La tenía que haber matado allí mismo. ─Tú estás fatal de la cabeza, Noa…

─Joder, ¿pero no lo viste? Es tan guapo…

─Sí, sí lo vi. Lo que no veo es los hervores que te faltan. Nos vamos y dejas al chico en paz, bastante vergüenza le has hecho pasar.

─Me quiere tanto como yo a él.

─Tú lo que quieres es follártelo, nada más. ─Eso también – sonrió─ ¿Y sabes qué? ─ ¿Qué? ─pregunté desesperada.

─Voy a ello.

Se levantó corriendo y salió de la habitación a toda leche.

─ ¡Oh, Dios mío…! ─ Dejé todo como estaba y salí tras ella, a saber, lo que iba a hacer la loca.

Corrí por los pasillos del hotel mientras la seguía. Salimos a la piscina y no nos caímos de milagro, correr sobre suelo mojado no era muy buena idea.

─ ¡Jun!

─Noa, ¡para! – Joder, no sabía la de veces que lo había repetido ya, y ella no dejaba de llamar al otro a voces. Pobre, a ese hombre lo dejaban sin empleo a ese paso.

─ ¡Jun! – gritó de nuevo cuando lo vio.

La cara de Jun era un poema. Había pasado por todos los colores antes de quedarse completamente blanco.

─ ¡Hola, Jun! – dijo con una enorme sonrisa cuando llegó a su lado. ─Señorita… ─ Después de saludarla, descompuesto, me miró a mí. ─Jun, tengo que hablar contigo antes de irme – dijo Noa, muy segura. ─Claro, dígame…

─Bueno, nos vamos a casar, así que no hace falta que me hables de usted, me puedes tutear.

─ ¿Qué? – Ese hombre cada vez estaba más blanco.

─Nada, es que bebió otra vez – la agarré del brazo, tenía que sacarla de allí.

─ ¡Quita, coño! – Jaló, quitando mi agarre de su brazo ─ Verás Jun, es que lo estuve pensando y me gustas mucho y ¡Joder! ¿Por qué no casarnos?

─Pues verá… ¿Porque no puedo? ─Ah, ¿y eso, por qué?

─Joder, Noa, deja de cagarla – supliqué. ─Porque estoy casado.

Se hizo el silencio. Nadie habló, es que ni respiramos. De repente, como en las películas, Noa empezó a reírse a carcajadas.

─ ¡Está casado dice, Valentina!

─Sí, ya lo oí – jalé de ella de nuevo, yo quería que acabara ese bochorno. ─Lo siento… ─ El pobre hombre no sabía cómo salir de esa.

Y Noa no dejaba de reír a carcajadas.

─Esta bebida, Jun, no pasa nada – la disculpé de nuevo.

─Te lo creíste, ¿a que sí? – preguntó Noa mirándolo y seguía riéndose. ─ ¡Estaba bromeando! Jajaja – Nos miró a ambos, Jun y yo nos miramos el uno al otro. Le hice un gesto que entendió y comenzamos a reír lo menos falsamente que pudimos.

─Anda, todo era una broma. ¡Jajaja! – dije sin humor, yo no servía para actriz.

─Sí. ¡Jajaja! – reía ella.

─ ¿Qué ocurre aquí? – Keel apareció y nos miró, inquisitivo. ─Nada, Keel, que me llevo a Noa que necesita la medicación.

Jalé de ella mientras reía sin parar, al menos se dejó. Llegamos a la habitación y la senté en la cama, aún seguía riendo.

─Se acabó el show – le dije.

Y empezó a llorar. Pues sí que le había dado fuerte…

─Para una vez que me enamoro… ─ dijo entre sollozos.

Sí, claro, hasta que llegara otro que sería el amor de su vida. Se le pasaría. La obligué a hacer las maletas, después de eso, estaba deseando de que esas vacaciones se acabaran ya.

La despedida en el aeropuerto con Keel fue de lo más rara, yo quería decirle que lo deseaba más que a nada en este mundo, que no se olvidara de mí, pero no podía flaquear de esa forma, tenía que asumir que la realidad es que estaba casado con otra y yo, solo era el deseo que él tenía en esos momentos.

Capítulo 13

Ya fuera en el avión, como estábamos en ese momento o en el lugar que fuera. Me reí, no era nada disimulada. Le di un codazo para que se moviera y dejara los ronquidos por un rato, más que nada porque estaba molestando a medio avión, pero ella seguía.

─Noa, Noa, ¡coño, despierta! ─Mmm… ¿Ya llegamos?

─No, no llevamos ni media hora en el aire.

─ Entonces, ¿qué quieres? – preguntó de mal humor. ─Que dejes de roncar – susurré.

─Yo no ronco – me miró con ganas de querer asesinarme, se acomodó otra vez y volvió a dormirse. A ver si aguantaba un rato sin tener que emitir esos sonidos desagradables.

Miré por la ventanilla del avión y suspiré. Todo estaba oscuro, era de noche y no se veía absolutamente nada. Se había acabado todo y volvíamos a la

realidad.

Esos días no los iba a olvidar en la vida. Me llevaba recuerdos para atesorar hasta que me muriera. Momentos para suspirar con Keel, para reír con la loca de mi amiga. Un amago de carcajada salió de mi garganta cuando recordé la que me había hecho pasar la cabra loca de Noa, con Jun. ¡No iba a olvidar eso nunca!

La miré, tan tranquila que parecía ella durmiendo y tan terremoto que era en realidad. La quería muchísimo y sabía que sufría porque aún no le había llegado el amor. Detrás de esa coraza de mujer dura e independiente, había una chica que anhelaba tanto el recibir cariño como el darlo. Pero estaba segura de que le llegaría pronto y sería feliz. Se lo merecía, la vida tenía que

devolverle a la gente todo el bien que hacía. Así que, por eso solo, ella se merecía lo mejor.

Y Keel…

Pensar en él me hacía sonreír ampliamente. ¡Dios!, cómo me gustaba ese hombre. Para mí, lo que teníamos no era solo sexual. Había sentimientos, pero él… No sabía qué pensar. Noa decía que estaba enamorado de mí. Yo no lo tenía tan claro y, además, él nunca había dicho nada al respecto. ¿Qué me deseaba? Sí, tanto como yo a él, pero, ¿hablar de lo que sentía? No, no lo había hecho.

Sin embargo, por cómo estaba conmigo, por detalles, por muchas cosas, yo quería pensar que él, sí sentía algo más por mí.

Recordé alguno de los momentos que pasamos juntos, no sexuales, si no los detalles que había tenido conmigo. Una simple caricia, esas sonrisas o guiños de ojos que me hacían derretirme y la nostalgia volvió a apoderarse de mí. Porque él, no era el que estaba a mi lado en ese momento.

Y yo, lo único que no quería, era separarme de él. ─ ¿Estás bien?

Miré a mi amiga cuando la escuché hablar. ─ ¿No te dormiste?

─No, pero sigo intentándolo. ─Descansa, el vuelo es largo.

─Dormir aquí tampoco es que sea descansar mucho – se incorporó y estiró un poco su cuerpo─. ¿En qué pensabas?

─La verdad es que ha sido un viaje para recordar – sonrió. ─Sí, tenemos que repetirlo.

Me sacó la lengua.

─Eso dalo por hecho. Y ahora dime por qué esa tristeza. ─ ¿Tristeza yo? Para nada.

─Valentina…

─Es cansancio, nada más.

─Sí, claro y yo me chupo el dedo. Dime, es Keel, ¿verdad? ─Ya lo echo de menos, Noa…

─Ay, l’amour – dijo exagerando el acento francés─. Qué bonito y qué mierda es.

─Pues sí…

─Ese hombre te quiere, Valentina. ─No lo sé, Noa, nunca me dijo nada.

─Bueno, para ellos, todo eso es palabrería. Por eso es por lo que tenemos que fijarnos en los detalles.

─Aquí, lo único que está claro es que a mí se me nota – me reí, burlándome de mí misma.

─A ambos se os nota la química sexual y a ambos se os nota que no sois un simple juego. No te pongas triste, las cosas se aclararán, el tiempo pasará y te dará las respuestas que necesitas.

─Supones no, es así. Ahora lo único que tienes que hacer, es recordar todo aquello de este viaje que te haya hecho feliz. Nada negativo, piensa en todo lo bueno que vivimos juntas y, sobre todo, que viviste con él. Y sonríe por lo que te has llevado. No te adelantes a la vida.

─ ¿Desde cuándo eres tan filosófica? – reí.

─Creo que el rechazo de Jun me ha cambiado – dijo muy seria. Nos reímos las dos a carcajadas y nos callamos cuando la azafata se nos acercó para pedirnos silencio.

─Gracias por estar siempre, Noa – agarré su mano y le di un apretón. ─Es lo que hacen las amigas – me guiñó un ojo y me devolvió el apretón de vuelta─. Y ahora hazme el favor de dormirte o se nos va a hacer un vuelo muy pesado.

─ ¿Dormir en estos sillones?

─Ponte a contar ovejitas. O mejor, cierra los ojos y ponte a contar Keels. Pero intenta dormir o te vas a desquiciar.

─ ¡Jajaja! Está bien…

Apoyé mi cabeza en su hombro, seguíamos con las manos agarradas y cerré los ojos. Aunque a veces me sacara de mis casillas, cuando necesitaba hablar, Noa era la persona indicada, no sabía cómo lo hacía, pero siempre me

calmaba con sus palabras.

Iba a hacer exactamente lo que me había dicho. Pensar en todo lo bonito que habíamos vivido, en las risas que habíamos echado, en cada momento que estuve a solas con Keel, e iba a recordar ese viaje, toda mi vida.

Como ella decía, no tenía que adelantarme a la vida. Las cosas se colocarían como debían estar por sí solas, sin necesidad de forzar nada. Así que, lo único que tenía que hacer, era sonreír por los buenos momentos que la vida me había dado.

Capítulo 14

Amanecer en Vigo, desayunar con mi madre, contarle todo el viaje y quedarme aún veinte días de vacaciones…

No iba a ser fácil, lo iba a echar mucho de menos. Le había contado en el desayuno absolutamente todo a mi mamá, ella me aconsejaba que tuviera mucho cuidado y que no jugara con un hombre casado, que se alegraba que lo pasará tan bien, pero que debía pensar las cosas, me lo dijo con todo el cariño de una madre, una gran persona y amiga.

¿Y ahora qué? Miraba el café cavilando que no me podía quedar tanto tiempo comiéndome la cabeza pensando en él, y dejar que agosto se fuera, después de que había deseado tanto que llegasen mis ansiadas vacaciones.

Los primeros días fueron brutales, iba de compras, salía a pasear, a comer con mis abuelos y con mi madre, pero lo echaba mucho de menos y había momentos que me rompía y terminaba llorando en cualquier rincón, mirando mi alianza y recordando los momentos junto a él en aquella isla.

Estaba obsesionada, no me lo podía quitar de la cabeza.

El lunes por la mañana mi mamá me despertó.

─Hija, dúchate, arréglate, te espero en la cocina con el desayuno.

─ ¿Qué dices, mamá? Estoy de vacaciones, tengo sueño y no me pienso levantar, además podría desayunar con mi camisón, como siempre. ─Cariño, el abuelo está en la cocina y quiere hablar contigo… – me dio un beso en la frente y me quitó las sábanas de encima – la noté un poco nerviosa.

─Vale, me ducho y voy – resoplé.

Dos semanas eran las que me quedaban de vacaciones, pero estaba deseando volver al trabajo, quería que mi cabeza no pensara tanto y mi corazón dejase de sufrir con tantos recuerdos.

Salí de la ducha y me dirigí a la cocina.

─Buenos… ¿Qué haces tú aquí? – estaba flipando, mi madre sonriendo y Keel ahí sentado, tomando un café con ella.

─ ¿No me vas a dar dos besos? – dijo levantándose.

─Claro… ¿Ha pasado algo? – dije preocupada, no entendía que hacía ahí. ─He venido a hablar con tu madre y darle mi versión de los hechos – me guiñó un ojo.

─Sí, me la ha dado – sonrió mi madre poniendo el café.

─No entiendo nada, ¿qué versión? La única que debo explicarle algo a ella creo que soy yo, ¿no? – Negué con la cabeza sonriendo, no entendía nada.

─Bueno, cariño, no te precipites – irrumpió mi madre –, tómate el café y prepara la maleta que por lo visto te vas unos días.

─ ¿Me voy? – Miré a Keel, sonreía sin mediar palabra – ¡Habla!

─Ahora nos toca pasar unos días solos, ¿no? – Me guiñó su maldito ojo. ─Por mí perfecto, aún me quedan esta semana y la siguiente de

vacaciones… – Negué con la cabeza, eso era una estampa, Keel en mi casa, mi madre confidente de él, y yo ahí sin entender nada – Pero quiero saber – mire a mi madre –¿Tú sabias que él venia hoy?

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