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Development Issues

In document Planning and Development Committee (Page 33-36)

Estas fases de la transición ambiental se acompasan, necesariamente, con profundos cambios culturales y relacionales asociados a los determinantes del modelo de acumulación extractivista. Como lo han señalado los feminismos, “el extractivismo conforma en los territorios un nuevo orden patriarcal que confluye y se enraiza en relaciones machistas previas y profundiza y reactualiza su existencia” (Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2018).

Los esquemas patriarcales de roles, prácticas e identidades en la región donde está la mina de carbón son enormemente marcados y desiguales. Allí, la violen- cia de género es intensa y los mandatos culturales de género producen una gran segregación a las diversidades y a las mujeres. Es importante tener en cuen- ta que la Guajira es el territorio del pueblo indígena más numeroso de nuestro país, el pueblo wayuu, y, a diferencia de lo que se ha difundido equivocadamen- te en medios y telenovelas acerca del papel autoritario de las mujeres, el sistema patriarcal también se desdobla culturalmente, se instala en una y otra cultura, y las inequidades de género atraviesan también la vida de las mujeres indígenas. En repetidas ocasiones, ellas han sido víctimas de violencia sexual, tráfico de sus cuerpos y violencia política. Eso no tiene que ver con que sea un pueblo indígena con una filiación matrilineal, lo que significa que el linaje o la pertenencia a un clan se transfieren por el lado de la madre o lo que se conoce como eirriku.6 Esas violencias suceden, pese al papel central de las mujeres en las formas de afiliación a los grupos familiares y la identificación étnica (Jaramillo, 2014).

En general, las mujeres y las expresiones sexuales y de género diversas han sido fuertemente estigmatizadas y perseguidas en los contextos guajiros. Tanto en los escenarios de organización política, como en el mundo sindical, los mandatos de género patriarcales siguen operando, aunque las mujeres wayuu han desempeña- 6 Literalmente, significa carne, pero se refiere al clan.

do un rol importante en la organización de las luchas contra el avance del extrac- tivismo y la militarización y paramilitarización del territorio. Para el caso de la organización sindical, el número de trabajadoras mujeres en la organización es menor al de los hombres, claramente por la tendencia de masculinización laboral de la actividad minera; su participación y visibilidad organizativa es débil, siempre en puestos asociados a labores de cuidado y raramente en espacios de participa- ción política. De hecho, hasta hace muy poco, se eligió una mujer para ser parte de la junta directiva nacional del sindicato y algunas de las demandas asociadas a derechos sexuales y reproductivos por parte de las mujeres han empezado a ser incluidas en los pliegos reivindicativos sindicales.

Activistas y académicas de la región han insistido en que el sistema patriar- cal opera de manera efectiva en las formas de organización social y territorial en la Guajira y también produce las desigualdades que alimentan la conflictividad social y ambiental.7 Pensar en la reorganización de los modos de producción y reproducción de la sociedad en el marco de una transición justa, popular y partici- pativa requiere transformar los roles y los mandatos de género que han perpetua- do estas formas de producción. El extractivismo como un sistema de producción que amenaza la vida ha impactado directamente las dimensiones del cuidado del territorio y de los cuerpos en donde las mujeres han tenido un rol muy importan- te, aunque no el único. También ha “re-patriarcalizado los territorios”, al fijar la división sexual del trabajo mediante una hipermasculinización del mismo y también de los escenarios de participación y deliberación política. En este senti- do, la transición justa, no podría ser justa si no se garantiza también la justicia de género en todas las dimensiones de la vida y transformaciones culturales que la hagan posible.

En los espacios de discusión con los trabajadores del carbón, es evidente que los mandatos de género patriarcales asociados al hombre proveedor, fuerte, protector, poligámico, dominante, desafiante y hasta agresivo, son validados y esencializados por los estereotipos asignados al trabajador minero. El trabajador minero también se posiciona social, corporal y económicamente desde esta masculinidad hege- 7 Esto se constata en estudios de organizaciones integrantes de Fuerza de Mujeres Wayuu que

mónica y desde allí también se relaciona en sus distintas esferas. Las relaciones hombre–hombre sin distingo del lugar político de cada parte se desenvuelven en la Guajira con un halo de legitimidad mayor que el que experimentamos, por ejem- plo, las mujeres acompañantes de las organizaciones. La tendencia a la sexualiza- ción de estos intercambios o a la infantilización/sobreprotección de las mujeres marca también formas estandarizadas de relacionamiento hombre-mujer en la región. Esto es fundamental, porque el cierre de las minas, las pérdidas de los pues- tos de trabajo, los cambios en las actividades económicas, también van a significar nuevas formas de pensar el género, sus roles y relacionamientos, por lo que esta reflexión no es menor; por el contrario, es un devenir inevitable de la transición.

Finalmente, al resaltar lo que han sido los roles, los mandatos y las relaciones de género en la Guajira, quiero destacar la enorme tarea que la transición ambien- tal pone a los movimientos socioterritoriales, étnicos y sindicales en la región. El extractivismo y el patriarcado son dos sistemas de dominación que se alimentan y se coproducen para el despojo de los cuerpos y vidas las mujeres, de los territorios y, en general, de lo que existe; por lo tanto, si la transición va en la vía de crear economías transformadoras, desmonetizar y desmercantilizar la vida, la transi- ción también es la oportunidad de la equidad.

Las transiciones populares deben confrontarse, también, con los espejismos, con los engaños del capital, a los encadenamientos de esos espejismos Eso no es solamente un movimiento económico, como el caso de las energías “renovables” o los minerales de transición corporativa, los espejismos también son culturales y transversalizan las formas de relacionamiento con la naturaleza, la construcción de identidades de género y territoriales, por lo que la transición, no solo es una encrucijada energética, sino una encrucijada civilizatoria. 4

Referencias bibliográficas

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