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Discrimination does not significantly differ between students and non students.

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Result 4: Discrimination does not significantly differ between students and non students.

El libro (de pequeño formato, 15,5 x 10 cm, 210 páginas y sin ilustraciones), consta de veinte capítulos concebidos como artículos separados dedicados a

diversos temas (Consideraciones generales; Plano de la ciudad; Calles; Alineaciones; Sumideros; Engravado; Empedrados y aceras; Caserío; Fuentes y alumbrado; Plazas; Mercados; Paseos y caminos; Edificios sagrados; Edificios públicos; Casas Consistoriales; establecimientos industriales; Casas de vecindad; Necesidad de mayor ensanche; Necesidad de un nuevo reglamento de policía urbana; Necesidad de un plan general de reformas; y Conclusión). En cada uno de ellos identifica y valora las necesidades de la población y propone mejoras realizables de forma inmediata. En los últimos capítulos describe las medidas más generales: necesidad del Ensanche, de un nuevo Reglamento de Policía urbana y de un Plan General de Reformas donde agrupar el conjunto de propuestas parciales planteadas. La mejora de la ciudad es para Antonino Sancho un objetivo colectivo, que se basa en la generalización del tipo de reformas ya iniciadas, cuya implantación requiere un arduo esfuerzo: “combatiremos con energía aquellos abusos y vicios que notoriamente lastimen derechos e intereses legítimamente creados o estén en abierta oposición con las ideas regeneradoras que nos hacen abrigar los progresos de la civilización”3.

3.- SANCHO, A. Op. cit. pág. 8

Antonino Sancho, 1855:

Mejoras materiales de Valencia. Colección de artículos. Portada interior

Plano y Reglamento.

La definición de un campo de actuación claramente determinado y estable en el tiempo aparece como una condición básica para sus reformas. Por ello, y desde el punto de vista de los instrumentos, reclama la existencia de dos documentos básicos: el Plano de reformas de alineaciones, dibujado sobre un plano topográfico levantado previamente, y un buen Reglamento de Policía urbana, como marco legal de referencia. A su observación y acatamiento le exige “la más firme entereza para que todos se sujeten a su observancia”4. Critica abiertamente el Plano Geométrico y Topográfico de la ciudad

de Valencia del Cid (Vicente Montero de Espinosa, 1853), por su escala inadecuada (1:1.250), la imprecisión en el dibujo de edificaciones y espacios interiores de manzana y la ausencia de reflejo de los trazados de los servicios urbanos5. Con este plano “poco

o nada se ha conseguido, si no es el poder engalanar con un dibujo más las paredes de la Casa Consistorial”6. Sobre el nuevo que se realice deben trazarse las nacientes calles,

cuyas alineaciones seguirán criterios técnicos, como la regularidad de trazado, con cruces perpendiculares, y unas condiciones precisas de escala urbana, determinando la anchura y altura de los nuevos edificios en función de la climatología, proponiendo calles de una anchura mínima de 20 pies y otras más anchas, de un mínimo de 40 pies de anchura, con edificios de un máximo de tres pisos altos. Los nuevos trazados “han de establecerse de una sola vez y para siempre, y no ha de haber contemplación que eluda los efectos y los altere, pero hay que tener en cuenta que el obligar a sujetarse a ellas siempre trae consigo un ataque a la propiedad”7. En esta disyuntiva, entre el respeto a la propiedad privada y a

la libertad de actuación de los agentes particulares, y la necesidad de llevar adelante las reformas, Sancho intenta un difícil compromiso: por una parte extender al ensanche y a las reformas urbanas la posibilidad de expropiación forzosa, ya establecida por la Ley para las causas de utilidad pública, y por otro considerar que la definición de las nuevas alineaciones debe hacerse “equilibrando las ventajas o perjuicios que se originen a los propietarios”8, proponiendo el procedimiento del Juicio Contradictorio (los propietarios

pueden alegar o proponer otras soluciones a los planos de alineaciones) como forma de resolver los conflictos de intereses.

El Reglamento de Policía urbana, además de recoger los criterios particulares establecidos para cada uno de los aspectos que se tratan en el libro y de regular la intervención en los diversos conflictos relacionados con la actividad constructora y las relaciones entre los particulares y la administración, debe proponer, según Sancho, una nueva estructura organizativa para los arquitectos municipales, más reducida pero más profesionalizada, con retribuciones adecuadas a las tareas que desempeñen.

4.- SANCHO, A. Op. cit. pág. 10

5.- LLOPIS ALONSO, Amando/VTiM arqtes. y PERDIGÓN FERNÁNDEZ, Luis (2016). Cartografía

histórica de la ciudad de Valencia (1608-1944), plano P09, pp. 86 y 87. 4ª ed. Valencia: Editorial

Universitat Politècnica de València

6.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 15 7.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 28 8.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 29

Proyectos técnicos y servicios urbanos

Sancho insiste en la necesidad de contribuir al embellecimiento de la población y a mejorar por todos los conceptos su caserío, “pues, el mal, de donde proviene, es de la indiferencia y descuido con que se mira el ornato público y del desconcierto en que se encuentra uno de los ramos más importantes de la administración”9. Para ello

propone, entre otras cosas, regular el contenido de los proyectos con los que se solicita la licencia de obras: fachadas bien delineadas, con una descripción vinculante de colores y materiales, y “con secciones para conocer sus gruesos y los vuelos de los aleros y de los balcones, y las proyecciones de las cornisas, repisas y arquitrabes; (…)”10. Además de

disposiciones sobre cuestiones volumétricas y constructivas de los edificios, en función de su situación, aboga por la prohibición de elevar torres mira-mares, pues “establecen un dominio sobre los demás y tapan el horizonte”11. En otros pasajes, de modo coherente

con su formación, señala la importancia de recabar informes preceptivos de la Academia de San Carlos para garantizar la bondad, artística y técnica, de los proyectos.

Como complemento a la definición de las nuevas alineaciones, plantea el estudio previo de las redes de infraestructura y la fijación de sus trazados y características técnicas de acuerdo con las nuevas tecnologías. Aunque no las considera un requisito obligatorio de la urbanización, señala la conveniencia de iniciar la construcción de las redes urbanas para el suministro de agua y gas.

Mercados.

Entre los equipamientos públicos, Sancho destaca el papel relevante de los mercados en la estructura funcional de la ciudad y en su relación con los principales espacios públicos. En este sentido, considera insuficiente el recientemente construido Mercado Nuevo y propone la edificación de cuatro nuevos mercados de menor tamaño, uno por cuartel (Serranos, Mercado, Mar y San Vicente), situados en plazas regulares abiertas en los encuentros de calles comerciales y próximos a las puertas de la ciudad.

Nuevos barrios residenciales.

Para redefinir la especialización de las diferentes partes de la ciudad, Sancho utiliza el conocimiento de las transformaciones iniciadas en los entornos de las principales plazas y espacios públicos de Valencia. En uno de ellos (Glorieta, plaza de la Aduana y Puerta de la Mar) identifica un espacio social distinguido y para residencia de la clase acomodada. Propone su ampliación extramuros en el Llano del Remedio (con el derribo del tramo amurallado, conservando la puerta como un elemento aislado) y la construcción de un Boulevard hasta el puente del Mar, con “aceras de casas de buena decoración”12.

Se completa el conjunto formado por los paseos de la Alameda y del Plantío, al otro lado del río, con un nuevo y privilegiado barrio residencial que contribuya “a formar un

9.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 63 10.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 60 11.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 62 12.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 91

ingreso sorprendente y digno de una gran capital”13.

La ubicación de los nuevos barrios residenciales surge del estudio de las mejoras de las comunicaciones de la ciudad con el puerto y los núcleos urbanos vecinos, y de la aplicación de criterios técnicos y artísticos adecuados a las posibilidades reales de la gestión municipal. La viabilidad de utilizar la zona situada entre la muralla y el río, tras la prevista demolición del muro y del foso, le lleva a diseñar un paseo perimetral y un nuevo espacio residencial, eliminando al mismo tiempo un foco de insalubridad sin tener que expropiar muchos terrenos. Asimismo propone otras mejoras viarias: línea de circunvalación por el oeste de la ciudad (uniendo los extremos de los arrabales de Ruzafa y San Vicente, y las dos carreteras generales de Madrid), mejora de los caminos de la Vuelta del Ruiseñor y del Cabañal, o el ensanche del puente del Mar.

Nuevo Ayuntamiento.

Probablemente la propuesta más innovadora que hace Sancho en su libro es el desplazamiento de la centralidad social e institucional hacia la plaza de San Francisco: “siendo para nosotros indudable que de día en día ha de ir adquiriendo mayor importancia, vista la tendencia que se observa y la animación que la da su proximidad a la estación del ferrocarril. En esta plaza es donde, si acaso, debiera la ciudad ostentar su casa municipal, elevada en el mismo sitio del convento, con una fachada de noble aspecto”14. Partiendo de la base de que “las Casas

Consistoriales deben ser el primer edificio civil de una población, el que la simbolice, digámoslo así, y el que revele al presente y transmita a la posteridad las ideas, el grado de civilización, los adelantos, el buen gusto, el espíritu, en fin, del pueblo y de la época en que se realiza”15, el traslado a la amplia y céntrica plaza resultante de la demolición

del convento franciscano ofrecía a Valencia una oportunidad única. Este novedoso

13.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 92 14.- SANCHO. A. Op. cit. págs. 75 y 76 15.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 126

Antonino Sancho, 1855: Mejoras materiales de Valencia.

planteamiento demandaba, al mismo tiempo, respuestas al debate planteado sobre el uso futuro del antiguo Ayuntamiento, situado en la plaza de la Constitución frente a la fachada gótica de la Catedral, y que había sido declarado parcialmente en ruina. Sancho propone su demolición, excepción hecha del salón del consistorio, que podía ser desmontado cuidadosamente y trasladado a la nueva construcción, de modo que pudiera entonces ampliarse y regularizarse la vecina Plaza de la Constitución. El edificio del nuevo Ayuntamiento, dada su importancia para la ciudad, debía ser el resultado de un concurso entre todos los arquitectos españoles: “De este modo es como Valencia podrá tener un monumento que dignamente la simbolice, y como podrán darse por bien empleadas las sumas que se inviertan (…)”16.

Edificaciones religiosas o públicas.

Sancho reflexiona de modo global sobre las transformaciones experimentadas por la ciudad como consecuencia de la reutilización de las propiedades públicas o religiosas, y constata que, en gran medida, las posibilidades ofrecidas habían sido muy desaprovechadas: “El cuadro que antecede, si bien se estudia, viene a ser altamente desconsolador, porque por sí solo nos revela cuán escasos frutos hemos recogido y cuán graves son las dificultades con que hemos de luchar para que mejoren las condiciones de nuestra población. Por un lado el celo religioso elevado a un punto que raya en fanatismo, por otro la fuerza material subyugando siempre a la del raciocinio”17.

Para cambiar la situación propone dos importantes acciones: la reestructuración de la propiedad religiosa, desplazando o reagrupando órdenes religiosas y parroquias, y el desplazamiento de los cuarteles y cárceles al exterior, de modo que se cedieran al municipio los edificios y terrenos desafectados. La reivindicación civil del ex-convento de san Francisco, destinado en aquel momento a cuartel de Artillería, la considera como absolutamente prioritaria: “El vetusto convento de San Francisco se derribará tarde o temprano, del mismo modo que se derribarán otros, si así lo exige la pública utilidad, porque Valencia ha de regenerarse y se regenerará”18.

La óptica urbana de Sancho es claramente municipalista, y a ella se supedita la consideración de las necesidades de las nuevas instituciones del Estado burgués. Para él, las antiguas propiedades religiosas o civiles constituyen un material básico cuya reutilización debe permitir la transformación radical del espacio urbano. Además, lejos de toda formulación utópica, sitúa sus propuestas en un umbral razonable, comprensible y asumible por los grupos dirigentes de la ciudad, sin renunciar a unos objetivos reformadores ambiciosos a corto y largo plazo: “(…) necesitamos, en una palabra, no atender a lo que es Valencia en 1854, sino a lo que será en el orden probable de cosas en 1870, a su aumento de población, a la necesidad de su ensanche, y a su tendencia a extenderse en busca del puerto y del ferrocarril, que son los dos elementos que han de darle vida”19.

16.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 132 17.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 100 18.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 110 19.- SANCHO. A. Op. cit. pág. 127

Ciudad industrial y vivienda obrera.

Otro tema que preocupa a Sancho es la regulación de la implantación de las industrias en la ciudad. Para ello, y con la finalidad de reducir sus malas condiciones de salubridad e higiene, propone situarlas en zonas más o menos alejadas del núcleo urbano, y agruparlas atendiendo a su peligrosidad desde el punto de vista sanitario. Con anterioridad a la publicación de este libro había fracasado una iniciativa suya consideraba muy positiva, la de construir un barrio industrial en al Llano de la Zaidía, entre los arrabales de Marchalenes y de la actual calle de Sagunto. Quizás por esta razón ahora propone la creación de una zona industrial en la margen derecha del río, próxima a la ciudad pero convenientemente aislada de ella.

La otra cuestión central en las ciudades industriales se refiere a la vivienda obrera, cuyas malas condiciones en Valencia se habían hecho evidentes durante las diversas epidemias sufridas los años anteriores. La sobrepoblación, la especulación abusiva sobre los alquileres y las malas condiciones higiénicas producían unas condiciones de vida realmente desoladoras. Sancho, para solucionar este problema de acuerdo con la ideología e intereses del grupo social dominante, propone (además de una vigilancia de Policía urbana de gran firmeza sobre los comportamientos considerados indeseables), la construcción de nuevas viviendas adaptadas a las necesidades de cada clase social, que en la residencia obrera corresponde al tipo denominado casas de vecindad: “(…) edificios de ligera construcción, elevados en solares extensos y ventilados, provistos de aguas potables, altos de dos pisos, y con una distribución ordenada de manera que permitiese en lo interior el desahogo de grandes patios, con corredores de comunicación a los pequeños departamentos proporcionados al número de familias, y de capacidad graduada a las escasas fortunas, conciliándose el que todos participasen cómodamente de las servidumbres generales (…)”20. El barrio en construcción sobre el Huerto d’en

Sendra proporcionaba un ejemplo de cómo podrían ser las casas para las familias de artesanos y de clase media, experiencia que debía extenderse, según Sancho, a los huertos vecinos que habían quedado vacantes; confirmándose el barrio del Carmen como el lugar de oportunidad para el asentamiento de la vivienda popular, frente al papel asignado a otras zonas urbanas, en las que se plantea la construcción de numerosas y buenas casas se alquiler para grupos sociales más acomodados.

Ensanche exterior y Plan general de Reformas.

La necesidad de mayor ensanche de la ciudad se justifica en los límites al desarrollo impuestos por un perímetro mantenido durante 500 años pese al gran incremento de población, que había llevado a la colmatación y sobreelevación de las alturas de la edificación y al crecimiento de los arrabales y construcciones situadas extramuros: “(…), forzoso es convencerse de que Valencia, reducida a un pequeño espacio, no cabe ya en sí misma, y que la conveniencia y la necesidad exigen se desparrame por esa hermosa llanura que la circuye, salpicada ya de un sin número de edificios sueltos y de otros muchos que agrupados forman grandes arrabales que reclaman enlazarse entre sí y con la población. Conózcase que únicamente así puede ser posible el realizar la mayor parte

de las importantes mejoras que tenemos propuestas (…)”21. Sancho cita el precedente de

Barcelona, que pese a tener una importancia militar y estratégica mucho mayor, ya había conseguido la autorización para el derribo de las murallas. Sin embargo no lleva hasta sus últimas consecuencias las posibilidades que ofrece la desaparición de los muros, sino que, como medida de control y de seguridad frente a los comportamientos hostiles de los habitantes de la huerta y de los barrios populares, propone la construcción de una nueva cerca, en este caso “una ligera tapia de poco espesor y reducida altura, con multiplicadas puertas de entrada”22. Su propuesta de ensanche refleja, frente a la visión

igualitaria y funcional de la propuesta de Cerdá para Barcelona, una concepción parcial de la ampliación exterior como paso intermedio para la consecución de la reforma de la ciudad histórica, y no como un modelo autónomo de desarrollo urbano.

Como conclusión del libro, Sancho propone la elaboración de un “Plan general de Reformas” o “Plan de mejoras” que suponga una decisión estable sobre las medidas a tomar y una programación en el tiempo de las actuaciones y las medidas de financiación necesarias, de modo que se asegure su permanencia ante los cambios políticos y asegure la conclusión de los trabajos a largo plazo. Su redacción la llevaría a cabo una Comisión de Reformas, integrada por representantes de los estamentos políticos, ciudadanos y técnicos, lo que significaba una clara innovación en los mecanismos de participación de los sectores sociales a los que se otorgaba el protagonismo en la propuesta y la decisión sobre la transformación de la ciudad.