El movimiento de las distintas masas de aire sobre las grandes unidades morfológicas en la Argentina origina los diferentes dominios climáticos. El distanciamiento, altura y posición de estas masas de aire determinan matices regionales y locales, que se evidencian en la cubierta vegetal y la red hidrográfica. Nuestro país se inscribe, predominantemente, dentro de los climas de la zona templada (Atlas Total de la República Argentina, 1981).
Las masas de aire provenientes del Atlántico Sur actúan sobre el noreste y centro del país, intensificando las precipitaciones estivales. En tanto que la influencia de las del Pacífico Sur influyen sobre el sector cordillerano (Atlas Total de la República Argentina, 1981). Una extensa “diagonal árida” atraviesa en forma sesgada el continente, desde el norte del Perú hasta la costa patagónica sobre el Océano Atlántico, abarcando los dos tercios del país (Bruniard, 1982). Es una franja de escasas lluvias, verdadera divisoria climática pues señala el límite e influencia de los vientos húmedos del Atlántico y de las áreas sometidas al régimen de los vientos del Oeste (Capelli de Steffens y Campo de Ferreras, 1994; Campo de Ferreras et al., 2004a; Campo et al., 2009). La distribución y el régimen de las precipitaciones se encuentran limitados por la disposición del relieve que modifica la circulación atmosférica y gradúa la humedad. Surge así una Argentina árida y otra húmeda, ubicada entre las masas de aire del Pacífico y del Atlántico y separada por una línea que constituye el límite climático más importante de Sudamérica austral (Atlas Total de la República Argentina, 1981).
Estos dominios climáticos se asocian además a diferentes tipos de climas, que responden a elementos y factores geográficos de menor magnitud espacial. Las diferencias de temperaturas, precipitaciones y relieve se combinan ofreciendo diversidad de matices. La amplitud latitudinal de la Argentina ofrece variabilidad climática desde el Norte hasta el Sur que abarca desde los más cálidos hasta los templados, fríos y níveos. La orientación meridiana y altitud de los cordones montañosos permiten diferenciarla climáticamente desde el Este hacia el Oeste, incidiendo sobre la temperatura y la circulación de las masas de aire. Se generan así climas de distinto dominio:
Dominio atlántico: Su comportamiento obedece a la convergencia periódica de distintas masas de aire. Una tropical cálida y húmeda, proveniente del anticiclón permanente del Atlántico Sur que por su condición de aire marítimo es causante del incremento en las precipitaciones y otras masas de aire frío que son de origen continental, marítimo y polar.
Dominio pacífico: Las masas de aire oceánico procedentes del Suroeste se desecan y continentalizan al trasponer la cordillera y avanzan hacia el Noreste sobre regiones cada vez más cálidas. Aumentan su temperatura, lo cual disminuye la humedad relativa ambiental.
Dominio polar: Sus características se vinculan con la posición insular o continental, la latitud y la circulación atmosférica (Atlas Total de la República Argentina, 1981).
Faja árida: Se la denomina así a la franja que atraviesa sesgadamente América del Sur, desde el norte del Perú hasta las costas patagónicas. Esta franja desarrolla una serie de enclaves áridos sucesivos que interrumpen la continuidad de las zonas húmedas, según una combinación de factores que actúan sobre las distintas áreas. En el sur del continente, la aridez patagónica se proyecta hasta las mismas costas atlánticas. Plantea una condición climática limitante en cuanto a barrera interpuesta entre las zonas húmedas colindantes (Bruniard, 1982).
El área de estudio se encuentra emplazada dentro de la banda templada en el límite entre el clima de dominio Atlántico, denominado subhúmedo de llanura y el clima de la faja árida semiárido de las planicies. Cabe destacar estados de tiempo típicos del sur de la provincia de Buenos Aires que se suceden en la zona de estudio cuando la temperatura y humedad muestran condiciones específicas y los vientos presentan direcciones predominantes de un sector en particular. Ellas pueden ocurrir en distintas épocas del año y son: la Sudestada y el viento Pampero.
5.1.1. Estados de tiempo típicos: Sudestada y viento Pampero
La Sudestada: Es un fenómeno meteorológico común a una extensa región del suroeste bonaerense. Se caracteriza por vientos fríos o frescos e intensos del cuadrante Sureste con velocidades superiores a los 35 km/h, precipitaciones de diversa intensidad, temperaturas bajas en días sucesivos y humedad proveniente del océano (Gentile y González, 2001; Campo de Ferreras et al., 2004a).
Este estado del tiempo se genera por el efecto combinado de dos sistemas. Uno corresponde a: “un desprendimiento del Anticiclón del Pacífico Sur favorecido por las altas presiones continentales cuya trayectoria es Oeste
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Este y se localiza en el Océano Atlántico frente a las costas bonaerenses permitiendo el ingreso aire frío y de origen marítimo al continente” (Campo de Ferreras et al., 2004a: 36). Otro sistema es una baja presión localizada sobre la zona austral de la Mesopotamia argentina y la región occidental del Uruguay, que aporta aire húmedo y cálido proveniente del norte del país. Este encuentro de masas de aire de propiedades físicas diferentes, profundiza la depresión, intensificando la circulación del viento del sector Sureste.La Sudestada presenta en su primera fase, el avance de una masa de aire cálida desde el Norte y otra de aire frío desde la Patagonia. En la zona del Río de la Plata se produce una disminución de la presión con cielo nublado y temperatura superior a la normal. Desde Córdoba hasta el Sur de Mar del Plata se forma un frente de altura.
En la segunda fase, un frente estacionario se ubica frente a Entre Ríos y sobre el Uruguay. El viento vira al Sureste y se producen abundantes precipitaciones en el litoral. Una masa de aire frío avanza desde la Patagonia. En una tercera fase de la Sudestada, el aire frío invade el territorio de las provincias patagónicas en tanto que en el litoral continúa soplando aire del Sureste (Atlas Total de la República Argentina, 1981). En la figura 5.1 se observan las dos primeras fases de la Sudestada.
Campo de Ferreras et al. (2004b) analizaron la ocurrencia de Sudestadas en un lapso de tiempo para los meses de agosto, septiembre y octubre durante los años 1999 y 2000, en una amplia área que involucra la zona de estudio siendo el mes de setiembre el que manifestó mayor frecuencia de Sudestadas en el suroeste bonaerense. Las características de los sucesos analizados variaron según las diferencias espaciales y en
función de las condiciones del lugar. Pizarro et al. (2009) comprobaron que las que ocurren en invierno alcanzan en promedio, niveles máximos muy superiores al resto.
Figura 5.1. Fases de una Sudestada. A: sistema de alta presión. B: sistema de baja presión. Fuente: Servicio Meteorológico Nacional, 2006a.
Celemín (1984) analizó 20 años consecutivos y determinó que el 90 % de los días con Sudestadas ocurren entre abril y diciembre, siendo octubre el de mayor frecuencia. Las más fuertes ocurren entre marzo y octubre, con junio como mes con mayor número de Sudestadas fuertes. Julio fue el mes que llegó a tener mayor número de Sudestadas y febrero es el mes en el cual se observaron menor cantidad de días con Sudestadas. Entre julio y octubre se registran el 48 % de los casos de las Sudestadas anuales, es decir, se produce la mayor concentración de ocurrencias de este fenómeno a lo largo del año. Según la intensidad de los factores climáticos, las clasifica en “leves” cuando presenta vientos de 20 a 40 km/h y cielos parcialmente nublados, “moderada” con cielos nublados, algunas precipitaciones y vientos entre 30 a 60 km/h y Sudestadas “fuertes” con ráfagas superiores a 60 km/h y lluvias en toda la región.
Gentile y González (2001) estudiaron sucesos de Sudestadas en la ciudad de Buenos Aires y determinaron que los vientos provenientes del cuadrante Sureste producen
Fase 2
Fase 1
un apilamiento de las aguas en la margen argentina del estuario del Río de La Plata, provocando un “tapón hidráulico” e impidiendo el normal drenaje de los cursos de agua afluentes que desembocan en el estuario. La Sudestada puede producir crecidas en función de su duración e intensidad, de las lluvias que caigan en la zona y de los aportes de los ríos afluentes.
Los efectos más importantes de este estado del tiempo, se manifiestan en las zonas costeras. Se producen oleajes de mayor magnitud que lo habitual que ponen en peligro las embarcaciones y que llevan a un aumento del nivel del mar. Es común este suceso en toda la costa bonaerense de la Argentina y llega a provocar en algunos casos, inundaciones en áreas costeras pobladas, pudiendo destruir escolleras y edificaciones levantadas sobre la playa. La Sudestada puede durar una semana, provocando tiempo frío y lluvioso.
Como se mencionó en el capítulo 1, muchos de los eventos de inundación en Ingeniero White tuvieron su causa en episodios de Sudestadas. Puntualmente uno de estos sucesos, fue explicado por el diario local como viento que se origina en un sistema de baja presión que cubría en ese momento el sistema serrano de Ventania y se dirigía en dirección este hacia el Océano Atlántico (La Nueva Provincia, 15 de junio de 1997).
El viento Pampero: Se lo denominó así al viento proveniente del interior de la región pampeana, del sector Sur o Suroeste. Es un estado de tiempo que se desarrolla en el transcurso de una semana y que se manifiesta como un viento fuerte frío, fresco o templado, según la estación del año, pero siempre seco. Su velocidad es superior a los 40 km/h. Siempre está asociado a un pasaje de frente frío (Campo de Ferreras et al., 2004a).
Su desarrollo completo presenta tres fases claramente identificables por su situación sinóptica que se pueden observar en la figura 5.2. La primera fase suele corresponder al Pampero húmedo por las precipitaciones que se producen acompañando al avance del frente. Si así no sucede se lo denomina Pampero seco, por las tormentas de polvo, de donde también surge el nombre de Pampero sucio, si estas tormentas se manifiestan en una región árida (Campo de Ferreras et al., 2004a). “El inicio del Pampero se caracteriza por la existencia de una corriente de aire cálida y húmeda sobre la llanura pampeana y la presencia de un frente frío ubicado al Norte de la Patagonia procedente del Océano Pacífico Sur. El aire frío pierde la mayor parte de humedad al cruzar la cordillera. En su segunda fase, el frente frío se ha desplazado hacia el Río de la Plata y se producen precipitaciones con vientos del sector sur en la ciudad de Buenos Aires. La finalización del Pampero que corresponde a su fase tres, se identifica con el aumento de la presión atmosférica y el descenso de la humedad relativa en el Sur de la provincia de Buenos Aires. El cielo se
presenta despejado, el aire calmo y la temperatura desciende” (Campo de Ferreras et al., 2004b: 35 y 36).
Figura 5.2. Fases del Pampero. A: sistema de alta presión. B: sistema de baja presión. Fuente: Servicio Meteorológico Nacional, 2006b.
La fase 1 es la más desfavorable, el viento puede producir destrozos por las fuertes ráfagas que lo caracterizan y suelen ocurrir tormentas severas o inundaciones de corta duración. La fase 3 es la más favorable y la fase 2 es la fase de transición entre ambas (SMN, 2006b).