Chapter 3 Numerical Methods
3.6 Divergence Free
Los contactos de los incas con las zonas selváticas son certeras, considerada dentro de la región del Antisuyo y ya conocían la vía de Paucartambo para llegar al Amarumayu; 36 para el nacimiento del gran
imperio inca, se valieron a las posiciones avanzadas que tenían ya las culturas antecesoras y fueron avanzando territorialmente manteniendo algunos pactos y tratados políticos que los antecesores mantuvieron, sin embargo queda aún pendiente si los incas llegaron a Madre de Dios y sometieron a su pueblos como lo hicieron con el resto de culturas del país.
Es así que dos estudiosos franceses F. M. Renard-Casevits y Thierry Saignez 37 han tratado el tema a fondo de las relaciones entre las sociedades
andinas y amazónicas en la época de los incas, hacen notar que la mayoría de cronistas dan cuenta de las penurias y reveses que sufrieron los ejércitos incaicos cada vez que incursionaron en la ceja de selva y la selva, indican que si bien en las crónicas se menciona a los grupos amazónicos supuestamente conquistados por los incas, nunca se dan datos más o menos precisos sobre los territorios que ocupaban estos grupos y sobre el número de personas por los que estaban conformados, tampoco se tiene información de las modalidades políticas y económicas que adquirió el dominio incaico en los territorios de selva.
Por estas razones, sugieren, con justificada razón, que allí donde en las crónicas dice "conquista" debiéramos leer simplemente "expedición militar" o "incursión", tomando en cuenta tres criterios:
A. Primero, si hay informaciones sobre los tributos que pagaban a los Incas los grupos selváticos supuestamente sometidos, tributos que por lo general tornaban la forma del envío de personas para trabajar en las tierras del Inca o en la elaboración de determinados productos para éste.
36 Madre de Dios un Paraíso Perdido / Pérez Alencart Carlo Domingo - Recopilación del Inicio de la Historia
“Diagnóstico y Propuesta para el desarrollo Turístico de la Región Madre De Dios”
Lic. Paola Revilla Zevallos 50 B. Segundo, si han quedado huellas de la infraestructura que por lo general construían los Incas para asegurar el control administrativo de la población local, como almacenes, caminos, centros urbanos, etc. Tal sería el caso, por ejemplo, para los territorios de ceja de selva que se extendían al norte y al noreste del Cusco, de la red de caminos de altura empedrados que unieron los valles de Vilcabamba, Amaybannba, Ocobamba, Yanatile, Paucartambo hasta la cabecera del rio Manu y sube por el valle de Inambari y las cabeceras del Alto Madre de Dios, por ende se puede decir que los incas llegaron a selva y no lograron conquistar todos sus territorios pero si tuvieron buenas alianzas con algunas de sus tribus formando parte del ANTISUYO. C. Tercero, Si se enviaron colonos o mitimaes a los territorios supuestamente anexados al imperio. Así, para el caso de los cocales que los incas tuvieron en las cabeceras del Alto Madre de Dios, existen numerosas informaciones que corroboran que allí trabajaban por temporadas mitimaes procedentes del valle de Yucay, población que se encuentra en el río Urubamba, en el sector conocido como Valle Sagrado de los Incas. La hoja de Coca, tiene un valor trascendental valor para los Incas y solo se produce mejor en tierras cálidas y alcanza dos metros sus arbustos.
Así, para el caso de los cocales que los incas tuvieron en las cabeceras del Alto Madre de Dios, existen numerosas informaciones que corroboran que allí trabajaban por temporadas mitimaes procedentes del valle de Yucay, población que se encuentra en el río Urubamba, en el sector conocido como Valle Sagrado de los Incas. Utilizando los tres criterios antes mencionados, podemos sostener, sin temor a estar muy lejos de la verdad, que para el caso de la zona del Manu el dominio incaico se limitó a los cocales cultivados a orillas de los ríos Pillcopata, Kosñipata, Tono y Piñi Piñi, entre otros. Estos cocales, por lo demás, corno también sostienen Renard-Casevitz y Saignez, debieron ser al mismo tiempo un lugar donde residían representantes de diversos grupos étnicos de la sierra, la ceja de selva y la selva y donde además se realizaban los intercambios de productos entre serranos y selváticos. En cuanto a los territorios que se extienden entre los ríos Alto Madre de Dios y Manu, donde estaban asentados grupos como los Opatari,
“Diagnóstico y Propuesta para el desarrollo Turístico de la Región Madre De Dios”
Lic. Paola Revilla Zevallos 51 los Manosuyo y los Chiponahua, no existe prácticamente ninguna clase de evidencia para suponer que se encontraban bajo dominio incaico.
Algunos cronistas como Fray Martín de Murúa, da a conocer que el Inca Mayta Cápac, el cuarto de los gobernantes, es el primero de los incas que llegaron a territorios de ceja de selva y selva que se extendían al noreste de la ciudad, más allá del pueblo de Paucartambo, donde adquirió poderes de gran cazador y de gran guerrero y cuenta que Mayta Cápac se refugió en los "Andes" huyendo de las guerras civiles que se habían desencadenado en el Cusco y que a su regreso a esta ciudad implantó de nuevo el orden. El cronista Anello Oliva, por su parte, da a entender que el inca adquirió sus poderes de gran guerrero tras combatir con un Amaru que tenía la figura de dragón alado.
En los relatos de Guamán Poma no queda claro si los Incas conquistaron los territorios de selva o se aliaron con sus pobladores pues el cronista escribe que el gobernante Inca Roca "más de un año residía allá. Y otros dicen que no los conquistó, sino que hizo amistad y compañía y que se casó con una princesa Chuncho (hacia el noreste del Cusco en dirección a Paucartambo) El siguiente gran intento de conquista de los territorios del Madre de Dios y del Manu fue emprendido al parecer ya por el décimo Inca, Túpac Yupanqui, como lo narran las crónicas de Pedro Cieza de León que atribuye a Pachacútec, el padre de Túpac Yupanqui, como el conquistador de la selva, pues anexo al Tahuantinsuyo los territorios del Manu y zonas vecinas mediante tratos pacíficos. Dice esta crónica: "Y lo que no podía Pachacútec por armas y por guerra, los trajo a sí con halagos y dádivas, que fueron las provincias de los Chunchos y Mojos y Andes, hasta tener sus fortalezas junto al río Paitite y gente de guarnición en ellas." Para poder llegar a esta zona, lo realizaban por un rio grande llamado Amarumayu, ya su hijo el Inca Yupanqui mando construir gran cantidad de balsas con una madera liviana de la selva, tarea en la que se habría invertido casi dos años. El relato que
“Diagnóstico y Propuesta para el desarrollo Turístico de la Región Madre De Dios”
Lic. Paola Revilla Zevallos 52 hace a continuación el cronista sobre la flotilla del Inca y sobre sus enfrentamientos con la etnia de los Chunchos alcanza tonos épicos:
"Hiciéronse tantas (balsas) que cupieron en ellas diez mil hombres de guerra y el bastimento que llevaban. Lo cual todo proveído y aprestada la gente y comida, se embarcaron en las balsas, que eran capaces de treinta, cuarenta, cincuenta indios cada una, y más y menos. Comunidad llevaban en medio de las balsas, en unos tablados y tarimas de media vara de alto por que no se les mojase. Con este aparato se echaron los Incas río abajo, donde tuvieron grandes encuentros y batallas con los naturales llamados Chunchu, que vivían en las riberas, a una mano y otra del río. Los cuales salieron en gran número por agua y por tierra, así a defenderles que no saltasen en tierra como a pelear con ellos por el río abajo; sacaron por armas ofensivas arcos y flechas, que son las que más en común usan todas las naciones de los Antis. Salieron almagrados (pintados de rojo) los rostros, brazos y piernas, y todo el cuerpo de diversos colores, que, por seria región de aquella tierra muy caliente, andaban desnudos, no más que con pafietes; sacaron sobre sus cabezas grandes plumajes, compuestos de muchas plumas de papagayos y guacamayos." Garcilaso sostiene a continuación que el gobernante cusqueño sometió a "todas las naciones de una ribera y otra de aquel gran río" y que además pobló con indios chunchus un pueblo cerca de Tono, a veintiséis leguas del Cusco.
Los incas se imaginaban que la selva era poblado por seres monstruosos, como la serpiente con la que se enfrentó Mayta Cápac era, según Oliva, "fiera y terrible, tan grande como el mayor animal de la tierra, con unas alas a la manera de murciélago, brazos cortos y muy gruesos con grandes uñas, inficionados de sangre y fuego los ojos, el cuerpo cubierto de durísimas escamas."El inca, tras intentar infructuosamente refugiarse en la espesura del monte, le da la cara al dragón y logra asestarle una herida mortal en el pecho y reventarle un ojo, tras lo cual la fiera "cayó muerta echando fuego por ojos, narices y boca." Tan singular hazaña le ganó al guerrero el apelativo
“Diagnóstico y Propuesta para el desarrollo Turístico de la Región Madre De Dios”
Lic. Paola Revilla Zevallos 53 de Amaru, que es, como ya se dijo, el nombre que los incas daban a las gigantescas anacondas de la selva.