Static Pseudo Seismic Modelling
7.5 Parametric Study
7.5.1 Effect of D/B Ratio
Moltmann es un teólogo alemán testigo de la catástrofe de la segunda guerra mundial. Participando como soldado alemán experimentó el dolor y la desesperanza. Allí se convirtió al cristianismo cuando un capellán norteamericano le obsequió un Nuevo Testamento y un libro de los salmos. Luego participó en el movimiento de estudiantes cristianos de Alemania. Estudió teología en Gotinga, fue profesor de teología sistemática en Bonn y en Tubinga.
El enfoque que tiene Moltmann en su ecumenismo es el de trabajar por la paz mundial. En
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su artículo “Ecumenismo en el servicio al mundo”100, deja entrever su afán por encontrar en la teología una salida a la tragedia de la guerra: La Iglesia debe despertar la esperanza de vivir allí donde uno ya se decide a morir, crear paz y comunidad allí donde estamos en el círculo infernal de la aniquilación mutua101. Es evidente que la situación mundial invita a dar respuestas de sentido y esperanza frente a las realidades de injusticia y explotación. Estas debieran conducir a la unidad en la tarea de hacer Reino de Dios, superando la tendencia reactiva para anticiparse a las circunstancias siendo más preventivos. ¿Por qué esperar a una guerra mundial para actuar a favor de la paz y la unidad (no uniformidad), cuando se puede ir un paso adelante favoreciendo la fraternidad desde la fe?
Ante el riesgo de una inminente destrucción del género humano ¿qué se puede hacer desde la teología para evitarlo? A nivel local, ¿qué se puede hacer en Colombia desde la teología para frenar la violencia? Sí se dieran pasos más insistentes para construir relaciones no sólo cordiales entre los cristianos, sino relaciones de acción cristiana en unión y fraternidad, se lograrían transformaciones en la sociedad colombiana que mitigarían el conflicto. La historia es maestra y sí no se aprende de ella se puede volver a repetirla: “la política exterior eclesiástica se ha de convertir en política interior ecuménica. Y en general la solidaridad ante los peligros comunes de hoy que la lealtad al propio grupo. Se llama traidor a quien piensa así y sin embargo es heredero de la libertad y del futuro. Todo interés particular y toda pretensión absoluta de un grupo particular es ya un peligro para la paz. He aquí un camino muy largo de conversión. Pero el tiempo es corto102.
Es un escándalo para el mundo la división de los cristianos. La Iglesia debiera ser el signo de la unidad en la fe en el mismo y único Salvador, debiera ser sacramento de la paz, pero la situación de la guerra mundial pone en manifiesto a varios países de confesión cristiana peleando a muerte contra otros: Una cristiandad dividida en pluralidad de iglesias no se puede presentar al mundo dividido de hoy con pretensión de verdad y de comunidad. Sólo una cristiandad unida ecuménicamente puede convertirse en signo de la verdad de Cristo.
100 Moltmann, Jurgen. Ecumenismo en el servicio al mundo. Selecciones de Teología. Vol. 12, n° 46. 1973. 101 Ibid, 174.
70 Sólo la paz ecuménica en la Iglesia puede dar al mundo el testimonio del evangelio de la paz103. Ello valida los intentos ecuménicos que no solamente se hacen de manera institucional u oficial, que no son muy grandes, mientras el ecumenismo de base pareciera un fenómeno marginal. Se puede considerar que es este ecumenismo el que podría dar un nuevo impulso al ecumenismo oficial institucional, ya que podría inyectarle más dinamismo en un proceso lento que pareciera a veces estancarse.
Moltmann propone en este documento además de la paz mundial unos focos de acción evangélica sobre los que directamente deben actuar los cristianos. En primer lugar la pobreza, considerándola como un circulo diabólico”. Se suma el de la opresión junto con el de la destrucción de la naturaleza. Esos tres problemas de la sociedad actual requieren atención especial por parte de la Iglesia, pero como ya se ha visto una Iglesia que sea capaz de ser testimonio de fraternidad y paz.
Otro trabajo de Moltmann es “Ecumenismo bajo la cruz”104
. Es toda una reflexión teológica que pone como ícono para el diálogo ecuménico a la cruz de Cristo como el acontecimiento salvífico que une a todos los cristianos: la cruz de Cristo es el lugar donde hemos sido reunidos y unificados y en el que estamos unidos de una manera más profunda de lo que podríamos pensar105. La cruz es el lugar de la salvación universal, es la salvación la que permite la unidad y no al contrario. Es el encuentro con el crucificado el que lleva al encuentro con el hermano, como necesitados de la redención, como prisioneros del mismo pecado, como invitados a pedir al Padre el que seamos uno como Él y el Hijo son uno. Cuanto más se acerque el cristiano a la cruz de Cristo más hermano se sentirá del otro, más comunión habrá. Para Moltmann existen tres significados de la comunión con la cruz de Cristo: 1) La Iglesia obtiene su vida y unidad de la pasión de Cristo. 2) La comunión de los cristianos se experimenta en las persecuciones, es decir bajo la cruz. 3) El Hijo del hombre nos mira en los pobres, los hambrientos, los prisioneros del mundo. Así, quien se asocia a la pasión de Cristo toma más en serio la cruz, empieza a sufrir por las divisiones de la
103 Ibid, 175.
104 Duquoc, Christian. Teología de la cruz. Sígueme, Salamanca. 1979. 105 Ibid, 165.
71 Iglesia. Quien afronta el martirio por la causa de la cruz, sin importar su confesionalidad se convierte en semilla de la Iglesia del mañana: Johannes Schneider, Dietrich Bonhoeffer, Maximiliano Kolbe, y muchos otros que dieron su vida no pertenecen a una confesión concreta, sino a toda la cristiandad de la tierra106. Estos mártires modernos cristianos, son motivo de esperanza para la Iglesia, pues testifican que el sacrificio de Cristo es vigente como entrega generosa de la vida que se ofrece por la de los demás. Ese es el testimonio hecho con la sangre que se convierte en semilla de una nueva humanidad que se entrega por la búsqueda de un amor que sirve a la unidad.
En 1977, Moltmann, elabora otro trabajo teológico sobre la unidad de los cristianos de oriente y de occidente. En dicho artículo, el autor pretende ofrecer un panorama del avance ecuménico hasta esa fecha. ¿Qué unidad buscamos?107Es alentador el avance alcanzado en los diálogos entre las Iglesias de oriente y occidente, pero aún queda por hacer mucho más. La reflexión teológica en conjunto ha buscado superar las diferencias doctrinales que separan a las Iglesias, le compete a las jerarquías dar las orientaciones ecuménicas derivadas de ello. Para el teólogo, es urgente el compromiso que supere el simple debate: Debe empezar el tiempo de las consecuencias que comprometen en el reconocimiento mutuo y en la comunidad creciente108. Las situaciones del contexto muestran la urgencia de alcanzar la unidad en la fe, pero para ello, se requieren cambios en la praxis eclesial. El que es unilateral se empobrece y empobrece a otros.
A la pregunta sobre la unidad que da título a su artículo y que tiene profundidad teológica, ya que de ella depende la comprensión que se tenga y los móviles que lleven a actuar, Moltmann afirma que es la unidad en la Verdad de Cristo promovida por la fuerza de la oración sacerdotal de Jesús (Jn 17, 21). Es la unidad en el amor de Dios y en Dios, que es en sí mismo amor: La unidad de los creyentes, La Iglesia, no es una reunión de personas piadosas. Tampoco es tan sólo una comunidad de concepciones religiosas y valores éticos. Es esencialmente una comunidad de amor en la que los creyentes viven juntos y los unos
106
Ibid, 171.
107 Moltmann, Jurgen. ¿Qué unidad buscamos? Selecciones de Teología. Vol. 20, N° 77. 1981. 108 Ibid, 3.
72 están a favor de los otros109. Se podría agregar: “en reciprocidad”. Ello es impulsado por la fuerza del Espíritu Santo, que conduce hacia la unidad cristiana como expresión de la unidad Trinitaria.
Las nuevas perspectivas planteadas por el teólogo, exhortan en primer lugar a la apertura hacia el ecumenismo. Luego, el potenciar las acciones ecuménicas de base, sin que sean impedidas, sino al contrario, apoyadas por las jerarquías de las Iglesias. Por último, impulsa la propuesta de un concilio ecuménico de todos los cristianos: la idea de un concilio ecuménico, en el que la cristiandad hablaría con una sola voz puede parecer un sueño. Pero tener este sueño significa tomar medidas concretas para realizarlo110.
Por último, se cita un texto más reciente: “Ecumenismo en la época de la globalización”111. Esta es una reflexión sobre la encíclica Ut unum sint, que ya se analizó en la perspectiva oficial católica. Inicia recordando que es Cristo el centro de la fe y que al acercarse más a Cristo permite el acercamiento entre hermanos. Recuerda los mártires que no pertenecen a una única confesión y que son tenidos en cuenta por Juan Pablo II en su encíclica. Ratifica en esta época de globalización, los campos de acción cristiana que ya se vieron en el documento Ecumenismo en el servicio al mundo: Los pobres, el medio ambiente y los explotados por el sistema económico. Haciendo referencia al teólogo católico latinoamericano, Raúl Vidales, el pobre se convierte en el motivo fundamental hacia el que se dirige todo esfuerzo evangélico hacia lo social, político, económico; sin lo que es imposible construir Reino de Dios. La experiencia del compromiso liberador por las clases explotadas se da más allá de las fronteras de las iglesias institucionales. Desde aquí y desde una nueva concepción de la eclesiología. Queda planteada una nueva apertura de la teología hacia los terrenos fronterizos como expresión de su misma eclesialidad. Las cuestiones insospechadas y los desafíos son cada vez más complejos, con todo, este es uno de los retos más lucidamente asumidos por la teología latinoamericana. Y si el método es el camino que en y hacia la verdad, en sí ya es una realidad, un caminar reflejamente
109 Ibid, 5. 110 Ibid, 9.
111 Moltmann, Jurgen. Ecumenismo en la época de la globalización. Selecciones de teología. Vol. 38, N° 150.
73 dentro de la verdad que se va haciendo. Y esta verdad se trabaja más allá de las fronteras confesionales112.
Como veíamos anteriormente en Gustavo Gutiérrez, un punto de confluencia para el cristiano es el pobre, aún por encima de las comprensiones eclesiales. Esta perspectiva está, entre otras cosas, desplazando el eje de las preocupaciones en lo concerniente al ecumenismo. Cristianos de diferentes confesiones asumen posiciones semejantes frente a la situación de miseria e injusticia que vive América Latina, y eso les une más fuertemente que consideraciones de orden intraeclesial113.
De los autores vistos, se descubre una apertura mayor en la perspectiva protestante. Obviamente determinada por la libertad de pensamiento y reflexión, además de la condición de minoría respecto al catolicismo que la hace más atenta a luchar por el derecho a la igualdad. Más centrada en la experiencia de Cristo, facilita la viabilidad en la búsqueda de la comunión entre cristianos. No es irrelevante el hecho histórico de haber tomado la iniciativa en el impulso del movimiento ecuménico.
Por su parte el catolicismo, aunque pueda tener muy buenas intenciones, es frenado muchas veces por su oficialismo. Ello ha hecho que el proceso que inició con dinamismo desde el Concilio Vaticano II, está actualmente estancado sin que se hayan hecho avances significativos en las últimas décadas. Cuando se observa la historia del movimiento ecuménico se constata que se ha desarrollado sobre todo en el círculo de las cúpulas eclesiásticas. Obispos presidentes, moderadores de Iglesias, secretarios ejecutivos de burocracias eclesiásticas, altos dignatarios, etc; abundan entre los que asisten a las grandes reuniones donde se practica el diálogo ecuménico. Por un lado es bien comprensible: son personas que ocupan cargos representativos, con altas responsabilidades, que tienen la capacidad para estar en estos encuentros y tomar decisiones. Sin embargo, eso ha significado que el movimiento ecuménico oficial ha tenido grandes dificultades para trascender a un pequeño número de mujeres y hombres que
112Rosino, Gibellini. La nueva frontera de la teología en América Latina. Sígueme. Salamanca. 1977, 52. 113 Gutiérrez, Gustavo. Teología de la liberación, perspectivas. Sígueme. Salamanca, 1975, 361.
74 componen esos círculos dirigentes de las iglesias114. Esto ha suscitado el origen de experiencias ecuménicas a la base, de las que Ratzinger no es partidario por no estar regidas por el oficialismo católico. Ello no implica que no sea necesaria una reflexión teológica. Ambos tipos de ecumenismo deben ser autocríticos y complementarios. Gustavo Gutiérrez y Raúl Vidales, colocan al pobre como causa de esfuerzo y motivo para evangelizar liberadoramente, con lo que no descartan la unidad como consecuencia de la restitución de la dignidad del explotado y excluido, coincidiendo con Moltmann. Es pues el pobre, el común denominador para encaminar el propósito ecuménico.