Durante Edad Media podemos afirmar que en diversos países de Europa y especialmente en la Corona de Aragón, se fundaron cofradías, hermandades, congregaciones, sociedades y agrupaciones de individuos de una misma o de diversas clases, de hombres y de mujeres, con el objeto de actuar, para el bien general, conformes a ciertos estatutos y ordenaciones que convenían. Es en el transcurso del siglo XIV cuando se produce una amplia renovación de cofradías extinguidas o abandonadas, modificación de sus estatutos y, sobre todo, nuevas creaciones generalmente adscritas a un solo oficio, arte ó profesión. Durante el siglo XV fue cuando adquirieron un mayor su protagonismo. Por cofradía, en sentido general, se entendía toda asociación de fieles, pertenecientes o no a un mismo gremio, que se unían con varios fines: profesionales, sociales, caritativos, piadosos, penitenciales. Solían estar regidas por un estatuto o reglamento, y muchas de ellas tenían, entre sus actividades prioritarias, la función benéfica y asistencial. En ocasiones, aparte de contribuir a la hospitalidad, también estaba estipulada la ayuda a los que requerían la prestación de su oficio. Por ejemplo, los días festivos, los zapateros de la cofradía de San Crispín de Astorga debían arreglar el calzado de los peregrinos que hacían el Camino de Santiago. Caracteriza a estas agrupaciones la piedad, esto es, celebrar misas y sufragios por los cofrades difuntos, obligar la asistencia a los funerales de los cofrades difuntos, organizar una gran fiesta religiosa el día del santo patrón y como parte de la misma, asistir a una comida con los cofrades y los frailes de la orden en cuya iglesia se celebrase la función.
Un análisis de las cofradías del Reino de Valencia, que se fueron instituyendo tras la conquista y bajo las premisas citadas, nos permite profundizar
en el ambiente religioso con el que se desarrollaban numerosas actividades de la vida y la sociedad valenciana. Su constitución contribuyó al desarrollo urbano, así como a la consolidación del mundo artesanal, y parte de su organización se apoyó en la práctica de la caridad y el cuidado de los enfermos cofrades. Entre los estudios llevados a cabo para conocer la organización, funciones, actividades y participación social, política y religiosa, son de destacar los realizados por Tramoyeres (1979) e Iradiel (1992) sobre las cofradías y gremios de Valencia.
En opinión de Llop Catalá (1982: 14), la aparición de las cofradías en el reino de Valencia estuvo relacionada con la predicación efectuada por las nuevas órdenes religiosas que surgieron en Europa a partir del siglo XII y que ampliaron el marco evangelizador de la estructura organizativa parroquial. Para Benítez Bolorinos (1998: 13) las cofradías se identificaron como asociaciones solidarias, formadas por gentes con intereses en una misma profesión, devoción o identidad familiar que se aglutinaban en torno a un ideal religioso de hermandad. En un principio sus fines fueron religiosos, pero a partir de 1283, el rey Pedro III les otorgó la posibilidad de elegir sus cargos y encargarse de su organización.
Otra de las actividades señaladas por Benítez (1998: 186), es la asistencia a los pobres y marginados de la ciudad, asistencia manifestada esencialmente por el reparto de limosnas y de comidas en días señalados en el calendario, coincidiendo con el día del patrón bajo la advocación de la cofradía. Tres eran los tipos de actuaciones con respecto a esta práctica, una consistía en la donación del sobrante de la caja de la cofradía, en otros los actos de caridad eran llevados a cabo por algunas “almoinas” (limosnas) en fechas concretas del año, como ejemplo:
“La Cofradía de “cechs” –ciegos- en 1329 coincidiendo con el día de San Martín. La Cofradía de San Nicolás de Alicante en 1402, debían dar limosna “lendemá de la festa del patró”. Convidar a algunos pobres al “menjar de la cofradía”, como era la de san Vicente en 1388, donde se convidaba a trece pobres en semejanza de cristo con los Apóstoles el día de Jueves Santo. Citado por Benitez Bolorinos (1998: 186)
Además de los hospitales y establecimientos benéficos, que dispuso la ciudad desde el siglo XIII, destaca para el objetivo que nos ocupa, la Cofradía de San Jaime, creada el 1 de Diciembre de 1246, por la asociación de canónigos y clérigos de la ciudad de Valencia. Según documento del 29 de abril de 1263, su creación parece algo posterior, coincidiendo con la estancia del rey Jaime I de Aragón en Lleida. De su documento fundacional extraemos el siguiente fragmento:
“atendiendo las caridades y limosnas que hacen los canónigos y clérigos de la iglesia de la ciudad de Valencia y su término con vuestros cofrades, en la cofradía que ahora hacéis, que se llama de Santiago”.
El privilegio permitía a los canónigos y clérigos de la Cofradía, el que pudiesen recibir y ampliar el número de cofrades, con cien seglares generosos, a condición de que contribuyeran con la construcción de una capilla en la nueva Iglesia Catedral dedicada a la advocación de San Jaime Apóstol. (A.C.A. Reg. 12 fol 23, citado por Roca Traver 1957). Ubicándose en la Catedral, y tras el altar mayor, con un lienzo representando la clásica imagen de Santiago luchando contra los sarracenos. A la derecha de esta capilla y altar, se encuentra la capilla de Nuestra Señora del Pilar, vinculo devocional con la ciudad de Zaragoza. Esta Cofradía jacobea como así también cita Roca Traver (1957: 63), denominación que utiliza el rey Juan I en 1393 al extender un ordenamiento para limitar el número de cofrades. (A.C.A. Reg. 1904, fol 183 v.)
De las 73 cofradías registradas en el reino de Valencia en 1329, 34 eran de oficio, 27 religiosas, 7 de labradores y el resto repartidas entre los cechs (ciegos), els Ballesters de la Ploma, Macips del pes reial, Mercaders de Girona. 54 de estas cofradías del reino tenían su sede en la ciudad de Valencia, el resto repartida en poblaciones como, Xátiva; Alpuente, Castelfabib; Villarreal; Ademúz; Onda; Alzira; Morella; Concentaina, Alicante. Nos llama la atención la presencia de cofradías ubicadas en poblaciones comunicadas por el camino alternativo a Aragón por Teruel desde Valencia, (Alpuente, Castelfabib, Ademúz) lugares que
además disponían de espacios para la acogida y refugio de transeúntes, pobres y peregrinos.
No obstante ante la evidencia de las 54 cofradías registradas en la ciudad de Valencia en torno a 1329, como así nos informan Bofarull y de Sartorio (1876), no hemos encontrado entre sus actuaciones, la asistencia, cuidado y acogimiento de pobres, enfermos y peregrinos. Sin embargo, las cofradías existentes sí se les reconoce, como ya hemos citado, el “cuidado de los/sus enfermos”, cuando la enfermedad recae sobre el cofrade, “el acompañamiento y cuidado del enfermo, será atendido de forma rotatoria entre los cofrades, hasta que sanara o en su caso muriese”. En este mismo sentido lo ratifica Benítez (1998: 182) al enumerar las obligaciones que debían cumplir los cofrades.
Las cofradías en el Reino de Aragón durante la Edad Media van anejas a los gremios y frecuentemente les preceden aprovechando la función supletoria de la religión para burlar la oposición de la nobleza que recela de la agregación de los artesanos y labradores. En la diócesis de Teruel perteneciente al reino de Aragón, igualmente desde los tiempos del rey Jaime I, se constituyeron gremios y cofradías con diferentes objetivos fundacionales. En la ciudad de Teruel, por ser mayor el número de habitantes y también el de cofradías encontramos una mayor diversidad: hubieron cofradías hospitalarias, funerarias, para promover la castidad, etc. Las cofradías asistenciales podían tener su sede en los propios hospitales o eran propietarias de los mismos, por ejemplo la de Nuestra Señora de Villaspesa y San Juan de Teruel, la de la Sangre de Rubielos o la del Santo Hospital de Sarrión. Estos gremios y cofradías fueron regulados en las Cortes de Daroca en 1311. (Pérez Pérez, 2008: 166).
En las poblaciones ubicadas y pertenecientes en la actualidad a la comarca del Jiloca, no hemos encontrado referencias acerca de la existencia de cofradías en el período de nuestro estudio, aunque creemos que sí las hubo. La actualización de
los archivos llevada a cabo por Loraque y Benedicto (2006) nos ha permitido comprobar que las 107 Cofradías repartidas entre las poblaciones comprendidas en este espacio territorial, tienen un carácter religioso y/o vinculado a alguna festividad patronal, sin relación con la asistencia hospitalaria. Además las instituciones documentadas sitúan su fundación a partir del siglo XVI.
Las cofradías en la ciudad de Zaragoza tienen también su origen no más allá del siglo XIII, sus objetivos fundacionales se limitan a acciones de protección de los cofrades, así como los actos relativos a la organización de los entierros a la muerte de un miembro de la cofradía o el cuidado de cofrades enfermos con necesidad, entre otras labores benéfico-asistenciales. Destacar la participación de las cofradías zaragozanas en el apoyo a la iniciativa vecinal de impulsar la construcción del Hospital de Nuestra Señora de Gracia en 1425. También es de destacar la participación de las cofradías en la asistencia a los enfermos del hospital, en cumplimiento de sus ordenaciones, como es el caso de la Cofradía de los Santos Cosme, Damián y Valentín, de los barberos y cirujanos de Zaragoza:
1455, marzo, 7. E dizen que attendido que la dita confrayría ha tenido en devoción e tiene el Spital de los enfermos de la dita ciudat clamado de Sancta María de Gracia […] han deliberado, placiendo a vuestra reyal maiestat […] querrán prestar, de fazer ciertas ordenaciones. A.C.A. Cancillera, Reg. 3297, fols 35-35’
Podemos concluir que el papel de las cofradías en cuanto a la asistencia a pobres, enfermos y peregrinos, no fue relevante en esta época, tan solo el beneficio de la limosna pudo repercutir en los peregrinos, al ser habitual que los peregrinos compartieran además la pobreza. En definitiva, las cofradías durante la baja edad media, con su organización, protegieron a sus miembros cofrades y participaron activamente en la consolidación del desarrollo urbano y del mundo artesanal.