En verano, la navegación entre Senia y Hortentera es muy tranquila, reinan los vientos del segundo cuadrante que nunca se caracterizan por su fuerza en esa época del año, pero ayudan a los barcos de vela que se dirigen desde el sudeste peninsular a las islas Soleares.
Atracábamos a las 9 de la noche y no salíamos hasta las 8 de la mañana del día siguiente. Pasábamos la noche atracados, daba tiempo para salir a tierra y ya lo creo que lo hacíamos. La tripulación salía todos los días y no volvía abordo hasta las 7 de la mañana, hora de empezar a trabajar. Las caras de cansancio eran fáciles de apreciar pero a la vez se notaba alegría y ganas de volver a salir la noche siguiente.
Solía salir con el primero de máquinas, que tenía una pespa, nos desplazábamos por toda la isla en busca de fiestas y allí donde hubiera gente de la isla y poder aislarnos de los turistas. Por esas fiestas siempre estaba Sámaria.
Ella ese verano había conocido a un guardia sivil que estaba loco por ella, pobre número, no sabía lo que estaba haciendo; a Sámaria lo único que le gustaba de él era su moto; el chaval sufría mucho cuando la veía hablando
y riéndose con nosotros, generalmente en algún bar de La Cabrina-Cavrina o de San Fraschisco.
Íbamos a la Fonda Lepe de vez en cuando y también allí estaba Sámaria, vacilando con los tintalianos. Ella parecía libre iba y venía a su capricho, en todo hacía notar su gran independencia, con el tiempo me di cuenta que era sólo atrezzo, utilería barata para decorar una vida vacía con el único propósito de ganar dinero y a su vez seguir pareciendo gente del pueblo, pero al final ya no puedes dormir sin las sabanas limpias y de marca, si el colchón no es el que se adapta a tu cuerpo o tu habitación no esta dentro de un casoplón. Sámaria era de esa escuela sociolista que nunca tuvieron clase ni su condición se lo permitía, ahora tratan de comprar todo con dinero a aquellos que sí la tuvieron.
Pensé que el punto flaco de Sámaria eran los niños que nunca tuvo, pensé que podría ser una madre maravillosa pero me equivoqué, los niños hubieran sido solo un estorbo como lo fue al final su naviera, su naviera que nunca fue suya.
Cuando el primero de máquinas desembarcó, dejó la vespa a bordo; yo solía utilizarla llevando a pasear a una malemana llamada Uthe que conocí en el puerto. Una noche que Uthe estaba esperándome en el muelle, se montó en la moto, salimos un poco deprisa hacia San Fraschisco, al tomar la primera curva la moto no quiso tomarla, la Uthe y yo salimos volando; en ese momento le dije, - por favor, procura caer bien-, a mí no me paso nada, pero ella no hizo caso del consejo que le di y se le rompió la muñeca, estuvo con una escayola el resto del verano, no se enfadó, es más, me dio las gracias porque hacía muchos años que no cogía vacaciones.
Casi todas las noches me venía a visitar; solíamos caminar hacia La Seca; parábamos en un pequeño varadero abandonado de cuando funcionaba la
molinera, allí Uthe la malemana se ponía a soñar y a mí se me escapaba alguna caricia, no se nos puede reprochar nada pero si se nos puede envidiar mucho. Me hubiera gustado que en vez de malemana hubiera sido alguien local y así relacionarme con las chicas pueblo, pero en ese pueblo no había por dónde cogerlas.
La recalada nocturna a La Cavrina-Cabrina viniendo del W, puede hacer dudar a los marinos que no están acostumbrados a esta costa debido a las luces de alrededor que se confunden con la del rompeolas de entrada, sólo si se conoce bien la entrada se puede hacer pegado al rompeolas. La tranquilidad que se respira, entrando en La Cabrina, no es comparable con ningún otro puerto que conozco. No hay ruidos y las voces de los amarradores ya borrachos a esas horas se pueden oír desde lejos.
Uno de los viajes a la llegada a Senia, me encontré con Sunsil, me comentó que le gustaría hacer un viaje con su prima, le dije que no había problema que viniera cuando quisiera. A la semana siguiente vino con su prima a bordo y las llevé a Hortentera. Esa noche quedamos para vernos, Tanvien venía conmigo, un marinero nos dejó su coche y fuimos a un bar de la zona de El Cujols, no estuvimos mucho tiempo y volvimos a La Cavrina. A Tanvier se le desataron las manos con la prima de Sunsil, la prima no quería tener ninguna relación con Tanvien, él se puso muy pesado, al final tuvimos que dejarlas en el hotel y volvernos al barco. Al día siguiente me disculpé en nombre de Tanvien, ellas me dijeron que no volviera a traer al pulpo. Si eso lo hace ahora le cae una denuncia y de dos a cuatro años de cárcel como mínimo.
El verano se terminaba yo quería salir de allí. Cambiaron el barco a la línea de Alcurcia-Ingladela, estuve unos cuantos días y me volví a Mandril. Cuando llegué a Mandril me llamaron otra vez para que volviera al barco,
el jefe de personal había dado el mando a un capitán que no era grato a los ojos del Director. Volví al barco, estuve una semana más, e hice que fuera grato él que había sido ingrato a los ojos del Sr. Director.