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4.3 Structural-based Social Circle Detection Using SCAN

4.3.2 Evaluation & Observations

Esto no quiere decir que Benjamin rechace en bloque toda la tecnología moder- na, a la manera de los partidarios retrógrados de la Zivilisationskritik,. En una reseña de este mismo año (1925) consagrada a un libro de Carl Albrecht Bernoulli sobre Bachofen, se disocia expresamente de autores como Ludwig Klages, que predican una “condena sin retorno del estado ‘técnico’, mecánico del mundo tal

como está hecho”. Sin despreciar el interés del trabajo antropológico de Klages

sobre el ctonismo –culto patriarcal de la tierra y de los muertos–, llama con fuer- za la atención en Bachofen a una crítica radical de las profecías del declive de este autor –que en esa época todavía no se había adherido al nazismo... – y de sus pre- misas filosóficas y teológicas. En este breve texto, Benjamin sólo menciona de pasada el interés de Friedrich Engels por Bachofen, aunque este aspecto –la aco- gida por la izquierda del autor de Derecho maternal– lo abordará en el texto fran- cés que escribirá para la N.R.F. en 1935: bebiendo de “fuentes románticas”, la obra de Bachofen fascinó a Engels, Paul Lafargue y Eliseo Reclus, por su “evo-

cación de una sociedad comunista en el alba de la historia”, una sociedad de tipo

matriarcal tan democrática e igualitaria que constituiría una verdadera “altera-

ción del concepto de autoridad” y sería un ejemplo, por todos los siglos, para el “ideal libertario”. Parece que Bachofen, releído por Engels y Reclus, ocupa un

lugar importante en el dispositivo teológico-político de Benjamin: ¿la sociedad sin clases del pasado más arcaico sería el equivalente profano de ese “paraíso

perdido” al que se refiere en las Tesis sobre el Concepto de Historia?

La lucidez premonitoria de Benjamin resulta muchas veces sobrecogedora, pero no era un oráculo infalible y, como todo el mundo, podía equivocarse bur- damente. Un ejemplo bastante asombroso: en una recensión de tres libros, publicada en 1928, al tratar de “La trahison des clercs” de Julien Benda, com- paraba torpemente a los intelectuales independientes franceses y alemanes:

Si las mentes más representativas de Francia se han adherido a los nacionalis- tas extremos, y las de Alemania a la izquierda radical, no se debe sólo a las diferencias nacionales, sino también al hecho de que la pequeña burguesía francesa era un poco más capaz de resistir económicamente.

¡Curioso error!

En su crítica a la ideología del progreso, Benjamin se interesó sobre todo por Europa, pero se encuentra una fuerte crítica de la conquista de México por los españoles en un pequeño texto muy interesante y completamente olvidado por los críticos y especialistas de su obra: se trata de la reseña publicada en 1929 de la obra de Marcel Brion sobre Bartolomé de Las Casas, el célebre obispo espa- ñol que había defendido a los indios en Mexico. La recensión de Benjamin apa- reció en Die Literarische Welt, la famosa revista alemana de los años de Weimar, el 21 de junio de 1929. Marcel Brion era, como ya se sabe, una mente fascina- da por el romanticismo alemán, lo fantástico y lo maravilloso; es autor de diver-

sas obras biográficas, entre ellas la que llamó la atención de Benjamin: “Bartolomé de Las

Casas, Père des Indiens”, París: Plon, 1928.

Tomando a contrapelo la historia de la con- quista española de las Américas como obra de “civilización”, Benjamin la considera el primer capítulo de la historia colonial europea, un capí- tulo que “transformó el mundo recién conquista-

do en una cámara de torturas”. Las acciones de

la “soldadesca española” crearon una manera de enfocar las cosas “que no se puede represen-

tar sin horror”. Como cualquier colonización, la

del Nuevo Mundo tenía sus razones económicas –los inmensos tesoros en oro y plata de las Américas–, pero los teólogos oficiales intentaron justificarla con la ayuda de argumentos jurídico-religiosos: “América es un bien sin

propietario; la sumisión es la condición previa a la evangelización; intervenir con- tra los sacrificios humanos perpetrados por los mexicanos es un deber cristiano”. “Combatiente heroico en una de las posiciones más expuestas”, Bartolomé de las

Casas luchó por la causa de los pueblos indígenas enfrentándose, en la célebre con- troversia de Valladolid (1550), al cronista y cortesano Sepúlveda, “teórico de la

razón de Estado”, consiguiendo finalmente del rey de España la abolición de la

esclavitud y de la “encomienda” (sistema de servidumbre de los indios) –medidas que no fueron nunca efectivamente aplicadas en las Américas.

Estamos en presencia de una dialéctica histórica en el campo de la moral, subraya Benjamin: “en nombre del cristianismo, un sacerdote se opone a atro-

cidades cometidas en nombre del catolicismo” –de igual manera que otro

sacerdote, Bernardino de Sahagún, salvó, en su obra, la herencia cultural india destruida con la bendición del catolicismo.

Aunque sólo se trata de una pequeña reseña, el texto de Benjamin es una fasci- nante aplicación de su método –interpretar la historia desde el punto de vista de los vencidos utilizando el materialismo histórico– al pasado de América Latina. Merece destacarse también su comentario sobre la dialéctica moral del catolicis- mo, que constituye casi una intuición de la futura teología de la liberación... La adhesión de Benjamin al materialismo histórico no significa la desaparición de su interés por la teología, pero ésta toma desde entonces formas poco convencio- nales. Así, en una nota de 1930 titulada “Crítica teológica”, Benjamin observa, a propósito de un libro del crítico literario Willy Haas, que el interés del autor –que se refiere tanto al Talmud, a Kierkegaard y a Tomas de Aquino como a Pascal– se dirige menos hacia los escritos propiamente teológicos que “hacia las obras de

quienes, como Franz Kafka, dan asilo a los contenidos teológicos que se encuen-

“…el texto de

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