Se decía del gran maestro de zen, Rinzai, que lo último que hacía cada noche, antes de irse a la cama, era soltar una enorme carcajada que resonaba por todos los pasillos y podía oírse en todos los pabellones del monasterio.
Y lo primero que hacía al levantarse por las mañanas era ponerse a reír de tal manera que despertaba a todos los monjes, por muy profundamente que durmieran.
Sus discípulos solían preguntarle por qué reía de aquel modo, pero él no lo dijo nunca. Y, cuando murió, se llevó consigo a la tumba el secreto de sus carcajadas.
Actividad del Salmo 126
Alquila una película que te haga reír, una que «te llene de risas la boca, la lengua de júbilo». Siéntate a verla con unos amigos. No olvides hacer palomitas.
Salmo 126
Cuando cambió el Señor la suerte de Sión, creíamos soñar;
se nos llenaba de risas la boca, la lengua de júbilo.
Hasta los paganos comentaban: El Señor ha estado grande con ellos. –El Señor ha estado grande con nosotros, y celebramos fiesta.
Cambia, Señor, nuestra suerte, como los cauces del Negueb. Los que siembran con lágrimas cosechan con júbilo.
Al ir iba llorando
llevando la bolsa de semilla; al volver vuelve cantando llevando sus gavillas.
«Solo poseemos lo que no podamos perder
en un naufragio».
PROV ERBIOÁ RA BE
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ANTO14:
SENCILLEZ
«¿A quién tengo yo en el cielo? Contigo ¿qué me importa la tierra?...
Dios es la roca de mi mente, mi lote perpetuo».
(Salmo 73)
N
o es fácil escribir acerca de la sencillez en un mundo complejo. Aún es más difícil pensar en ella. El concepto parece suscitar una de estas dos reacciones: culpabilidad («Sé que poseo demasiadas cosas, pero soy incapaz de vivir de otra manera») o burla («Ya sé que no puedo tenerlo todo. ¿Dónde iba a meterlo?»). El caso es que la frugalidad es una sencillez de segunda clase. La sencillez nos exige mucho más que deshacernos de los chismes que no queremos o de lo que nos sobra. La sencillez exige que aprendamos a llevar una vida centrada, a hacer de Dios «nuestro lote», en un mundo que desgarra nuestros días, nuestras vidas, nuestras mentes, reduciéndolos a jirones enmarañados.¿No es la sencillez, en realidad, lo que los antiguos llamaban «pureza de corazón», ese buscar decididamente la esencia de la vida en vez de codiciar sus florituras?
La sencillez es estar abierto a la belleza de lo presente, sea cual sea su forma, sean cuales sean sus carencias. Es evidente que la sencillez conduce a la libertad del alma. Cuando cultivamos el sentido de lo «suficiente», cuando aprendemos a disfrutar de las cosas por lo que
son, cuando aprendemos a ser benignos incluso con nuestras carencias, descubrimos que somos libres de estar donde estamos y dejar de lamentarnos por no estar en otro sitio.
La sencillez de vida en un mundo complejo y complicado se caracteriza, creo yo, por cuatro rasgos: una vida es sencilla si es sincera, si está libre de estorbos, si está abierta a las ideas de otros, si conserva la serenidad en medio de un impulso ciego que raya en el caos. ¿Cuál de estas cosas se te da mejor? ¿Y cuál es la que menos practicas?
Ideas para el alma
• La simplicidad de vida es lo que la hermana Madeleva Wolff, CSC, poeta y rectora,
llamaba «asimiento habitualmente relajado». En otras palabras, lo que da la medida de la sencillez de nuestras vidas no es lo que hemos acumulado; es lo que estamos dispuestos a dejar cuando debemos hacerlo.
• Cuando pretendemos acomodar a nuestros designios cada elemento de la vida, perdemos todo sentido de la sencillez. «Dejarse ir con la corriente» es una disciplina espiritual muy liberadora y buena para las relaciones interpersonales, la vida social y la úlcera.
• Fingir que somos algo que no somos, que estamos un poco mejor situados, que somos una pizca más cultos de lo que somos en realidad, que tenemos una familia con más recursos de los que verdaderamente poseemos, nos pone en una tesitura de peligro continuo. A buen seguro, alguien descubrirá la verdad. ¿No sería menos estresante –y, sobre todo, una prueba de santa simplicidad– ser sinceros en relación con todo ello?
Un relato sapiencial de la tradición oral
Riokan, maestro zen, llevaba la más sencilla de las vidas en una pequeña choza al pie de la montaña. Una noche visitó la choza un ladrón para solo descubrir que allí no había nada que robar.
Riokan volvió y lo sorprendió in fraganti. «Has hecho un largo camino para visitarme –le dijo al intruso– y no deberías irte con las manos vacías. Por favor, toma mi ropa como regalo».
El ladrón quedó perplejo. Cogió la ropa y se escabulló.
Actividad del Salmo 73
Regala hoy tres cosas: una que no te sirva para nada, otra que aprecies y otra que acabes de comprar.
Salmo 73
¡Qué bueno es Dios para el honrado, Dios para los limpios de corazón! Pero yo, por poco tropiezan mis pies,
casi resbalaron mis pisadas, porque envidiaba a los perversos viendo prosperar a los malvados. Para ellos no hay sinsabores,
su vientre está sano y rollizo; no pasan las fatigas humanas ni sufren como los demás. Por eso su collar es el orgullo
y se visten un traje de violencia. Sus ojos asoman entre las carnes y les pasan fantasías por la mente. Insultan y hablan con malicia
y desde lo alto amenazan con la opresión. Su boca se atreve con el cielo
y su lengua se pasea por la tierra. Por eso los siguen sus secuaces
y se abrevan de ellos copiosamente. Ellos dicen: ¿Lo va a saber Dios, se va a enterar el Altísimo? Así son los malvados:
siempre seguros acumulan riquezas. Entonces, ¿para qué purifico mi conciencia
y me lavo las manos como inocente? ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera que voy a declarar como ellos, 80
renegaría de la estirpe de tus hijos. Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil,
hasta que entré en el misterio de Dios y comprendí el destino de ellos. Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causaron horror y acaban consumidos de espantos: como un sueño al despertar, Señor,
como imágenes que se desprecian al levantarse. Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaban los riñones, yo era un necio y un ignorante, era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo: agarras mi mano diestra, me guías según tus planes
y me llevas a un destino glorioso. ¿A quién tengo yo en el cielo?
Contigo ¿qué me importa la tierra?
Aunque se consuman mi carne y mi mente, Dios es la roca de mi mente, mi lote perpetuo. Sí, los que se alejan de ti se pierden,
destruyes a los que te son infieles. Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio y contar todas tus acciones.
«La vida está llena de piezas teatrales internas, instantáneas y sensacionales, representadas ante un solo espectador». ANTHONY POWELL
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ANTO15:
AUTOACEPTACIÓN
«Tú amas a los que buscan la verdad. Céntrame en la sabiduría, porque tú conoces mi fragilidad».
(Salmo 51)
L
a máxima «Conócete a ti mismo», que campeaba en el templo de Apolo en Delfos, en la Grecia del siglo VI a. C., es una de las normas más antiguas de la filosofía occidental. Es un buen consejo. A menudo proyectamos en otras personas las tendencias que no admitimos en nosotros mismos. En nuestro tiempo, no obstante, nos preocupa la autoestima tanto como el autoconocimiento. Ambas posturas son valiosas. Pero ambas son insuficientes, creo yo.El autoconocimiento nos da perspectiva y la autoestima nos infunde confianza en nosotros mismos, pero es la autoaceptación la que nos da la paz del corazón. Por supuesto, implica que yo me conozca y me valore. Pero, a menos que yo sea capaz de comenzar por, simplemente, aceptarme a mí misma, es posible que ninguna de las otras dos dimensiones cobre nunca vida en mí. Evidentemente, aunque sepa quién soy, aunque reconozca cómo soy en realidad, si no acepto lo que veo ahí no podré apreciarlo jamás. Y, lo que es peor, también viviré con miedo de que alguien vea lo más hondo de mi interior y me rechace.
Pero, como nos enseña el salmista, es ahí donde el Dios que nos trajo al mundo, nuestro amoroso Dios Madre, se convierte en el pilar –no la amenaza– de nuestras vidas. Dios sabe exactamente quiénes somos. Dios conoce nuestra fragilidad. Y Dios la acepta. Y la recoge. Dios nos ama no a pesar de ella, sino a causa de ella, a
causa del esfuerzo que implica y de la confianza que requiere. Hay gloria en el barro que somos. Hay belleza en el cambio. La noción de una vida estática, la idea de que podemos convertirnos en algo y quedarnos ahí, es falsa. Nos enfrentamos a la novedad durante toda nuestra vida. Buscamos la verdad todos los días. Y Dios nos ama por buscarla. Lo que necesitamos no es la perfección. Lo que necesitamos es un centro que nos estabilice en tiempos de cambio, tanto de cambio interior como de cambio a nuestro alrededor.
Ideas para el alma
• «Céntrame en la sabiduría», oramos con el salmista. Todos estamos centrados en algo. En cada uno de nosotros hay ese imán interno que orienta nuestras decisiones y ocupa nuestros pensamientos. Para algunos es el miedo; para otros es la ambición; para muchos es la aprobación social; para una parte de la humanidad es la independencia; para los desdichados de verdad, es la perfección en un sentido u otro. Sin embargo, cuando la piedra imán interior es la sabiduría, podemos tomar la vida tal cual es y alegrarnos de haber aprendido de ella en lugar de ser aplastados por ella.
• Todo aquel que diga que quiere volver a ser joven, o es tonto o miente. En primer lugar, aquel periodo no fue menos difícil que este. Con frecuencia es más duro, de hecho. En segundo lugar, el cometido de aquel periodo fue conducirnos a este. El ahora encierra algo para nosotros que hará que el futuro sea aún mejor con solo que seamos capaces de avanzar hacia él sin detenernos. No dejes de vivir porque la vida no sea perfecta.
• Escribo mi vida en mi propia sangre. Todo lo demás es falso. Cuando algo me duela, sabré en qué consiste el dolor. Cuando fracase, descubriré en qué consiste la supervivencia. Cuando ame, llegaré a saber en qué consiste el altruismo. Y cuando sepamos todo eso, seremos sabios y estaremos plenamente vivos.
Un relato sapiencial de Anthony de Mello,
SJDurante años fui un neurótico. Era un ser angustiado, deprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara. Y no dejaban de recordarme lo neurótico que yo era.
Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.
Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que cambiara.
Y también con él estaba de acuerdo, y no podía sentirme ofendido con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.
Pero un día me dijo: «No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte».
Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: «No cambies. No cambies. No cambies… Te quiero…».
Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡oh maravilla!, cambié.
El canto del pájaro8
Actividad del Salmo 51
Mírate hoy a un espejo y sonríe. Repite cinco veces los versículos del salmo: «Tú amas a los que buscan la verdad. Céntrame en la sabiduría, porque tú conoces mi fragilidad».
Salmo 51
Misericordia, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa, lava del todo mi delito y limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa
y tengo siempre presente mi pecado. Contra ti solo pequé,
cometí la maldad que repruebas. Que tus argumentos te hagan justicia
y resultes inocente en el juicio. Mira, culpable nací,
pecador me concibió mi madre. Tú quieres la sinceridad interior
y en lo íntimo me inculcas sabiduría. Límpiame con hisopo del pecado,
lávame hasta quedar más blanco que la nieve. Anúnciame gozo y alegría,
que se regocijen los huesos triturados. Tápate el rostro ante mi pecado y borra toda mi culpa.
Crea en mí, Dios, un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro
ni me quites tu santo espíritu; devuélveme el gozo de la salvación,
afiánzame con un espíritu generoso. Enseñaré a los malvados tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
De homicidio líbrame, oh Dios, Dios y Salvador mío,
y mi lengua aclamará tu justicia. Señor mío, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza. Un sacrificio no te satisface,
si te ofrezco un holocausto, no lo aceptas. Para Dios sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y triturado,
tú, Dios, no lo desprecias. Dígnate favorecer a Sión
y reconstruye la muralla de Jerusalén; entonces aceptarás sacrificios legítimos, ofrendas y holocaustos,
y sobre tu altar se inmolarán novillos.
«La ausencia de riesgo es signo seguro de mediocridad».
CHA RLESDE FOUCA ULD
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ANTO16:
TALENTO
«Soy como un verde olivo en la casa de Dios».
(Salmo 52)
L
a vida no tiene nada que ver con ir mecánicamente del nacimiento a la muerte. La vida es el desarrollo del ser hasta alcanzar la alegría desbordante. La vida es confiar en nuestros talentos y practicar nuestros dones. Pero ¿cómo? Los olivos nos dan una pista incluso hoy mismo.El olivo es en la literatura judía una imagen muy importante y cargada de sentido. Para la mentalidad judía, crecer «como un olivo» no es algo irrelevante. No es fácil cultivar árboles en Oriente Próximo. La arena no es precisamente un elemento propicio para la silvicultura. Sin embargo, hay una madera que parece crecerse en la dificultad del proceso. El olivo, en terreno árido y con poca agua, produce una madera dura dutante mucho tiempo.
«Crecer como un olivo» significa, pues, crecer sin mucha ayuda, crecer robusto, crecer durante mucho tiempo y crecer con poco sustento. El olivo no necesita mucho para desarrollarse; da una madera de calidad al cabo de un largo y pausado proceso de crecimiento, y no muere fácilmente –a veces vive miles de años–. El olivo tiene talento para vivir. De hecho, en el Huerto de los Olivos hay algunos que, según los cálculos de los expertos, estaban allí la noche de la Última Cena, cuando Cristo fue a orar al huerto. Asombroso, ¿verdad?
Por el contrario, en esta cultura, en estos tiempos, estamos tentados de pensar que todo –incluidas nuestras capacidades naturales– debería llegarnos con facilidad. Queremos un servicio rápido y resultados instantáneos. Queremos mucho a cambio de nada. Queremos el máximo
beneficio con el mínimo esfuerzo. Y queremos abandonar cuando algo no sale bien a la primera. No nos parecemos mucho al olivo centrado, robusto y tenaz. Tenemos muy poco talento para el talento.
Pero los talentos que yacen dormidos en nuestra alma nos destruyen de dentro afuera. Si no aprendemos a dejar que cobren vida en nosotros lenta, paciente y (si es necesario) dolorosamente, corremos el riesgo de convertirnos en robots.
Nos entregamos al dolor de una muerte en vida. El talento es un don que no se irá.
Ideas para el alma
• Tener talento para la jardinería y no desarrollarlo es privar de color al mundo. Imagina lo gris que sería el mundo si ningún jardinero se tomara en serio el cultivo de flores. La pregunta es esta: ¿de qué estamos privando al mundo? • El talento al que no acompaña la perseverancia necesaria para desarrollarlo no vale
gran cosa. Hay demasiada gente que se pasa la vida hablando de lo que podría haber hecho si hubiera perseverado en algo durante el tiempo suficiente para que diera fruto.
• Vladimir Nabokov escribió, con gran perspicacia: «El genio es un africano que inventa la nieve». En otras palabras, el genio siempre realiza lo irrealizable. No temas a las ideas nuevas que procedan de sitios extraños. Examina cuidadosamente cada una de ellas, pero examínalas todas con la esperanza que produce el buscar diamantes en la arena blanca.
Un relato sapiencial de la tradición oral
Al monasterio llegó un escritor para componer un libro sobre el Iluminado. «La gente dice que es usted un genio. ¿Lo es?», preguntó el escritor. «Podría decirse que sí», dijo el Iluminado.
El escritor prosiguió: «¿Y qué es lo que lo convierte a uno en un genio?». «La capacidad de reconocer», respondió el Iluminado.
«¿De reconocer qué?», preguntó el escritor.
«Es un genio –dijo el Iluminado– quien sabe reconocer la mariposa en una oruga; el águila en un huevo; el santo en un ser humano egoísta».
Actividad del Salmo 52
«Sigue a tu dicha –escribió Joseph Campbell– y no volverás a trabajar ni un solo día de tu vida». ¿Qué te hace sentir dichoso? Probablemente es ahí donde está tu talento. «Sigue a tu dicha» hoy.
Salmo 52
¿Por qué te glorías de la maldad, valeroso, y ultrajas a Dios todo el día?
Tramas crímenes,
tu lengua es navaja afilada, autor de fraudes.
Prefieres el mal al bien, la mentira a la honradez. Amas las palabras corrosivas, lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre, te sacará, te arrastrará de la tienda, arrancará tus raíces del suelo vital. Lo verán los honrados y se asustarán
y se reirán de él: Mirad al valiente que no apoyó en Dios su fortaleza, confió en sus inmensas riquezas, se hizo fuerte en el crimen.
Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, he confiado en la lealtad de Dios
por siempre jamás.
Te daré gracias siempre porque has actuado; espero en tu Nombre, que es bueno, delante de tus fieles.
«Con frecuencia es el más malvado el que conoce el camino más corto hasta el templo».
PROV ERBIOJA PONÉS
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ANTO17:
PERDÓN
«Se consumían mis huesos cuando callaba… Día y noche tu mano pesaba sobre mí».
(Salmo 32)
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ste salmo es una muestra de buena psicología en relación con las cargas que llevamos en nuestro interior: los pecados no perdonados.Cuando no nos enfrentamos a nuestras culpas, nuestros problemas, nuestra debilidad, nuestra cólera, nuestra sensación de insuficiencia –o, lo que es peor, cuando culpamos de ellos a otros o los negamos, o necesitamos ser perfectos, o nos ponemos a la defensiva–, nos estamos negando a aceptarnos a
nosotros mismos. Todos los médicos y los psicólogos del país ven a diario en sus consultas las consecuencias de eso.
En todos nosotros hay cosas que necesitamos encarar o perdonarnos. Hay en nosotros cosas por las que debemos pedir perdón a alguien y lo sabemos, pero nos lo impiden el orgullo y la obstinación.