Chapter 5 Train Deep Learning Models in Low Resource Settings
5.4 Evaluations and Discussion
Baltasar Gracián y Morales
aforismo 78
Publicada en Huesca, en 1647, la obra a la que per- tenecen estos aforismos es hoy best sellery, al pare- cer, lectura predilecta entre brokers.
Francamente, y para entendernos desde el principio: apaga y vámo- nos, a no ser que por un golpe de suerte me tenga que encargar de
comentar un aforismo del que se pueda
decir algo más. Procedamos, pues, a la lectura y veamos qué dice el aforismo número setenta y nueve.
Carácter jovial. Mal empezamos. No es que vaya yo a confesar tan temprano mi propia carencia o indiferen- cia ante tan supuesta cualidad soltada en expresión lan- zada tan a bocajarro al principio del aforismo. No es eso sino que, al contrario que Gracián en este aforismo, pre- fiero dejar la jovialidad, si alguna hubiera, para el final. Por ahora la jovialidad será relativa y permanecerá vela- da, atenuada. Como día nublado. Si jovialidad es lo que se busca quizás mañana brille el sol y surja algún párra- fo más adecuado. Ya veremos. Empero, tampoco el pro- pio Gracián derrocha la tan prometida jovialidad al escri- bir este párrafo o aforismo, sino que, por el contrario, se mantiene nadando entre dos aguas. Su pluma se des- liza por los caminos de la ambigüedad para concluir con
aforismo 79
B U E N O E S Q U E S E A S G R A C I O S O ,
P E R O C O N I N T E L I G E N C I A
Y
si también tienes templanza, serás un virtuo-so. Un poco de buen humor, todo lo mejora. Los grandes hombres saben jugar con donaire, que mues- tra el don de la gracia, pero llevando siempre los aires de la cordura y rindiendo culto al decoro. Hay muchos que jugando a ser graciosos, quedan mal con los que hablan, quienes interpretan sus frases como una burla, y en ocasiones realmente lo es. Sin embargo, una gracia inteligente conquista corazones.
un aforismo en el que ni el mismo autor sabe bien lo que propone. Veamos en detalle. Es el aforismo número setenta y nueve arri-
ba escrito resumen de la más pura dialéc- tica retórica del tipo: tesis, antítesis, sínte- sis, todo ello resultante en juego de espejos ni bien resuelto ni tampoco, como digo, exen- to de contradicción. Por dos veces en tan cor- to párrafo va la pluma a buscar algo que no encuentra; algo que, por lo que apuntábamos arriba, puede encontrarse ausente hoy en best sellersy preocupar poco o nada a los brokers. Ya iremos viendo. Sirva, por ahora, señalar que el párrafo comienza con dos bloques consecutivos y casi idénticos. En el pri- mero, ante una primera propuesta en la que el autor no abunda (carácter jovial), pronto aparece otra bien dis- tinta (la templanza). Tenemos así una suma de térmi- nos casi opuestos que debería dar, no digo cero pero tam- poco algo tan elevado como, por un error aritmético, resulta en este caso: la virtud. Le fallan aquí, y mucho, las matemáticas a Gracián, porque la virtud no es suma de jovialidad y templanza. Faltaría añadir, como vere- mos, algún que otro sumando que vendría a hacer el aforismo más exacto, si bien seguramente menos al gus- to de los brokers.
No contento con este primer asalto, vuelve el segun- do bloque por los mismos fueros encontrándose el lector de nuevo ante una propuesta o tesis inicial (jugar con donaire, que muestra el don de la gracia) que parece no convencer del todo al autor, quien pron- to ofrece una contrapropuesta bien distinta (pero lle- vando siempre los aires de la cordura y rindiendo cul- to al decoro) buscando una síntesis que, aunque en
esta ocasión se proponga con anterioridad a tesis y antitesis (la síntesis aquí es “los grandes hombres”), de nuevo es errónea. Vuelven a fallar las matemáti- cas y, si es que algo son los tales “grandes hombres”, no son suma de donaire y cordura y todavía menos suma de ese “don de la gracia”, en el sentido de donaire, más “el culto al decoro”.
Queda claro que la síntesis buscada corresponde a lo que sea ese evanescente “ser un gran hombre” que para el autor es sinónimo de “ser virtuoso”. Más preciso es eso de “ser virtuoso” que lo primero de “ser un gran hom- bre”, y sólo le falta a Gracián llegar al final y decirnos en qué consiste la tal virtud. Pero no lo hace sino que, por el contrario, las dos frases que le quedan al aforismo se van por los cerros de Úbeda:
“Hay muchos que jugando a ser graciosos, quedan mal con los que hablan, quienes interpretan sus frases como una bur- la, y en ocasiones realmente lo es. Sin embargo, una gracia inteligente conquista corazones”.
El autor se va y nos deja solos y apenados. Huérfanos. Aquella virtud que nos preocupa y a la que se refería la síntesis del primer bloque queda sin definir. No la defi- ne aquello de “ser un gran hombre”, síntesis del segun- do bloque. El autor abandona su tarea a medio hacer y, en lugar de entregarse sincera o plenamente a su tex- to, decide por el contrario y llevado por una mal enten- dida jovialidad, hacer un tratado de buenos modales al gusto de brokers. Como si lo más importante fuese quedar uno bien con aquellos a los que se dirige o evi- tar que puedan tomarnos por burla. No. Ni importa que nos tomen a burla ni tampoco el fin ha de ser algo tan impreciso como conquistar corazones que con razón puede hasta sonar mal. Lo que podría haber termina- do en sólida construcción no pasa de ser otra cosa: inge- niería social para cortesanos.