T HE H ISTORICAL D EVELOPMENT OF P RISONS AND PUNISHMENT
THE EVOLUTION OF PRISONS A VIEW FROM THE BIBLICAL ERA
«La acción es carácter.»
—F.SCOTT FITZGERALD, DE NOTES TO AN UNFINISHED NOVEL,El último magnate
STOY de pie cerca del mostrador de charcutería en un supermercado. Alrededor de mí hay otras cinco o seis personas, y todos estamos mirando las mismas presas: pollos asándose que giran en un horno enorme situado en la pared del fondo. E l temporizador del horno anuncia que faltan unos tres minutos para terminar de asarse. L lega más gente. Me aproximo más al mostrador. L os demás hacen lo mismo. P uedo sentir una tensión creciente en la atmósfera; comienzo a sentirme nervioso y mi corazón se acelera. Me detengo un momento y me pregunto por qué me siento así. Todos los que estamos presentes frente al mostrador podemos ver que hay suficientes pollos para todos. Aun cuando no los hubiese, estamos en un supermercado lleno de alimentos. Nadie se va a morir de hambre en estas circunstancias. Además, todos somos adultos capaces de dividirnos cívicamente los pollos entre todos cuando llegue el momento. Nadie tendrá que luchar por su alimento o arriesgar su vida frente a otros predadores para asegurarse el sustento familiar. Y sin embargo persiste la tensión
De lo que estoy seguro es de que no puedo sustraerme a la tendencia de mi cerebro de incrementar mi nivel de energía y de alerta para asegurarse de que consigo el alimento que vine a buscar, tendencia que ha sido grabada neuronalmente, por buenas razones, y que se ha mostrado valiosa bajo ciertas condiciones. L o que puedo hacer es reconocer lo que está sucediendo, identificar por qué la reacción está fuera de lugar dadas las circunstancias y relajarme.
E ste sencillo ejemplo ilustra las dos cosas que deben suceder para que podamos enfrentar las tendencias problemáticas de un cerebro feliz: aumentar la atención y actuar. L a conciencia de por qué hacemos lo que estamos haciendo es un paso crucial hacia la acción, porque inicia un cambio de pensamiento; es preciso hacer una pausa para examinar lo que está sucediendo. Y esta es la razón por la que la ayuda de la ciencia es más útil que la típica ayuda de uno mismo. L as claves resplandecientes basadas en la ciencia cognitiva proporcionan herramientas para reforzar la conciencia y preparar la acción. No estoy diciendo que proporcionen un camino a toda prueba para la acción, pero confío en que tras haber leído un libro como este, usted dispondrá de un conocimiento más utilizable con el que trabajar que antes. L o que es vital recordar es que la brecha entre el conocimiento y la acción está siempre presente hasta que nos avoquemos a la acción.
E n el resto de este capítulo pretendo ofrecer una selección de claves de conocimiento derivadas de investigaciones analizadas a lo largo del libro. Muchas de ellas surgidas de las discusiones presentadas en capítulos anteriores; el resto son presentadas por primera vez en este capítulo.
1. Aminore la marcha
Hay muchos problemas que pueden reducirse aminorando la velocidad para, de este modo, considerar cómo proceder en una situación dada. E s cierto que en diversas ocasiones no hay tiempo para reducir la marcha y tendremos que actuar de inmediato. P ero, en general disponemos de más tiempo del que nos permitimos para tomar decisiones y sacar conclusiones. Aplicando los frenos mentales podremos abstenernos, por ejemplo, de reaccionar con ira ante alguien en la carretera, una situación que puede descontrolarse rápidamente. Reducir la marcha proporciona tiempo para considerar las implicaciones de algún hecho y si hemos contemplado todos los factores relevantes. S i nos detenemos un momento tendremos la posibilidad de reflexionar sobre alguna acción que estamos a punto de iniciar que podría tener consecuencias terribles, como puede ser responder un correo electrónico en el teléfono móvil mientras estamos conduciendo, en lugar de esperar hasta poder enfocar la atención en el mensaje que deseamos enviar, y no estar compartiendo la atención entre el mensaje y la conducción. Resumiendo, aminorar la marcha es fundamental para casi todos los temas tratados en este libro. S i muchos de nosotros nos tomáramos un par de minutos más en pensar a fondo las implicaciones de una acción, nos iría mucho mejor.
2. Ponga atención a la influencia que sus creencias previas ejercen sobre su pensamiento actual
Todos somos pensadores parciales. Nadie es una «tabla rasa», por lo que nuestra percepción no está libre de la influencia de las creencias preexistentes. L a pregunta es: ¿estamos conscientes de que esto es así? L os racistas suelen justificar sus comentarios diciendo: «Así es como me educaron». Y es posible que sea así. L as impresiones adquiridas en la niñez constituyen una fuente importante de creencias preexistentes, y la mayoría se vuelve resistente a la erradicación. P ero si nos forzamos a estar conscientes de esta influencia, caso por caso, con el tiempo podremos cuestionar toda la estructura de nuestras creencias más controvertidas. L a investigación en psicología cognitiva suele reforzar este mensaje mostrando que el cambio progresivo es más efectivo para sobrellevar que intentar un cambio total. E l cuestionamiento de patrones de pensamiento profundamente interiorizados requiere trabajo, tiempo y persistencia.
3. Controle su propensión a aceptar lo que está
más disponible
Como se menciona en páginas anteriores de este libro, un cerebro feliz tiende a juzgar usando la información más accesible que esté disponible. P or ejemplo, las personas suelen juzgar la incidencia del crimen como más elevada de lo que realmente es. L a razón que alegan los investigadores en psicología es que los medios informativos se centran en el crimen, y de ese modo incrementan su disponibilidad y accesibilidad para la audiencia. L o mismo sucede cuando usted se expone a una determinada perspectiva e ignora las demás; la disponibilidad de esa perspectiva (sobre política, por ejemplo) conduce a una predisposición a que el punto de vista elegido sea el correcto. S i todos los comentarios en la radio apoyan generalmente una perspectiva, podemos predecir con seguridad cómo responderá usted ante posiciones diferentes. S olo con saber esto puede ser suficiente para cuestionar el pensamiento pero, con frecuencia, tal propensión está conectada con tendencias relacionadas con la propensión a la confirmación y al enmarcado (discutido en el capítulo 1), y se necesita un esfuerzo sustancial y bastante dosis de humildad para moverse en otra dirección.
4. Comprenda lo que significa el enmarcado
Con anterioridad habíamos hablado sobre la tendencia del cerebro a hacer sonar la alarma cuando la atención se sale de los parámetros del «marco» de percepción. Quizá cuando usted estaba creciendo, sus padres y hermanos le decían a usted y a todos los demás que era el «listo» de la familia, y que su hermano era el «deportista». Usted no se daba cuenta de que al cabo de años de digerir esas etiquetas se estaba creando un marco alrededor de su autopercepción. Al no haber cuestionado nunca este punto, aceptó ser menos deportista que su hermano y esto le influyó para no participar en deportes y dedicar más tiempo a ser el muchacho listo que obtenía las mejores notas. E n otras palabras, usted fue cómplice de mantener vivo el marco de «no deportista» que creó su familia. Cambiar de pensar respecto a sí mismo equivale a no sentirse bien; hace que uno se sienta ansioso e incómodo. Romper con un marco profundamente arraigado como este resulta extremadamente difícil; incluso darse cuenta de que existe constituye un paso importante. Desde un punto de vista del día a día, continuamente podemos encontrar marcos dudosos; por ejemplo, en el modo en que se presenta una estadística o la manera en que se estructura un razonamiento. S i logramos desarrollar la capacidad de deshacer el marco nos permitirá ver explicaciones alternativas, y nos alejará de caer en engaños de personas inescrupulosas.
5. Haga que otros le ayuden a sentirse responsable de sus compromisos
E s importante no confundir esta propuesta con la de pedir a otros que le ayuden a mantener sus compromisos. De lo que se trata aquí es de que cuando «publique» sus compromisos entre unos cuantos amigos o familiares, y les pida que verifiquen los progresos que va haciendo reciba todavía más incentivos para alcanzar sus metas, asumiendo las opiniones de las personas que son importantes para usted. E sta sugerencia nace de la aceptación de que somos una especie interdependiente; que no somos totalmente independientes. P ara la mayoría de nosotros, pedir a personas a las que respetamos que nos ayuden a sentir más responsabilidad ante nuestros compromisos puede ayudarnos a tener mejores resultados.
6. Actúe sobre los logros a corto plazo que puedan rendir beneficios a largo plazo
Como lo hemos venido repitiendo, el cerebro feliz tiende a centrarse en el corto plazo. S iendo este el caso, sería una buena idea considerar cuáles son esas metas cercanas que podemos lograr, y que son las que al final nos llevarán a lograr las de largo plazo. P or ejemplo, si uno desea reducir quince kilos en seis meses (para llegar a tiempo de lucir en traje de baño en el verano), ¿cuáles deberían ser las metas próximas que podrían asociarse con perder pequeñas cantidades de peso para terminar haciendo que logremos la meta final? P uede que sea algo tan simple como darse una recompensa cada semana que logre reducir un kilo. L o mismo se aplica a un sin fin de metas, como dejar de fumar o mejorar en el desempeño del trabajo. Descomponiendo la meta general en partes más pequeñas y de corto plazo podremos centrarnos en logros acumulativos en lugar de sentirnos abrumados por la enormidad de la meta.
7. Propóngase metas tangibles y mensurables
Continuando con la deliberación sobre las metas, es útil hacer que sean tangibles (recordemos que el cerebro feliz está orientado a la valoración y la recompensa). E s obvio que la pérdida de peso tiene un resultado tangible y mensurable. L os beneficios de dejar de fumar pueden no ser tan obvios a primera instancia, pero haciendo un seguimiento de cómo se sentía uno antes y cómo se siente unos meses después hace que la meta sea tangible. E ste simple truco le llamamos análisis de reacción. E s tan simple como tomar unas cuantas notas sobre su estado (sobre su bienestar físico y mental, por ejemplo, por no mencionar
sobre cuánto dinero se ha ahorrado), y repasarlas posteriormente unas cuantas semanas o meses después, con el fin de obtener una evidencia tangible del valor de la meta. S on innumerables los modos en que este procedimiento puede aplicarse, con tal de que sus evaluaciones iniciales y posteriores sean honestas y lo menos parciales que sea posible.
8. La caza es más apasionante que la captura
Uno de los hábitos más frustrantes de nuestro cerebro es dedicarse a conseguir una recompensa, para después sentir una sensación de pérdida tras haberla logrado. E sto puede llevarnos a entrar en un círculo de desear, obtener y lamentarse. E s sumamente importante tener conciencia de que podemos estar atrapados en ese círculo. Si usted está pujando por comprar un objeto por Internet y se ve forzado a seguir pujando más allá de lo que vale el objeto o más allá de lo que estaba dispuesto a gastar, haga un esfuerzo por caer en la cuenta de que lo que está haciendo ha dejado de ser de su propio interés. Decidirse a actuar es difícil porque tendrá que alejarse de la meta. S i no lo hace, no puede esperar que simplemente pensando racionalmente se vaya a corregir el problema, porque muy raramente ocurre así. S omos maestros en la justificación, y casi cualquier motivo racional que asumamos (ya venga de nuestra parte o de la de otros) para detener una acción podemos desmantelarlo en cuestión de minutos o en menos tiempo. L a acción a tomar en estos casos tiene que ser absoluta: detenerse y alejarse. Y si las circunstancias lo requieren, correr.
9. Imagine situaciones competitivas futuras, pero controle
su sesgo autoinducido
Hemos constatado que nuestro cerebro tiene dificultad para colocarnos en el futuro, y esto complica la toma de decisiones que vayan a tener efecto a largo plazo. También hemos planteado que la memoria posee tanto una dimensión que «mira al pasado» como una que «mira al futuro». Tendemos a simular el futuro reconstruyendo el pasado, y esta reconstrucción rara vez es exacta. ¿Qué podemos hacer? Imaginemos situaciones posibles en el futuro, buenas y malas. Al mismo tiempo, intentemos no colorear estas situaciones con lo que en psicología se conoce como sesgo autoinducido, que nos lleve a pensar que nuestro éxito se deba a nuestras acciones, y que cualquier fracaso se deba a otros factores 1. P or ejemplo, un estudiante se prepara para un examen y está convencido de que si obtiene una alta calificación, ello se deberá a su inteligencia y dedicación. S i no la obtiene, eso se deberá a que el examen estaba mal planteado o que el instructor no lo calificó con ecuanimidad. L a situación futura del alumno tiene una sola dimensión: la dedicación y la inteligencia ha de resultar en una alta calificación. Aunque parezca extraño, sugerir que nos imaginemos que el fracaso también está en nuestras manos, no es un mal ejercicio para
evitar esa clase de pensamiento unidimensional. E l fracaso es una posibilidad y debe reconocerse como tal, aun cuando es obvio que diseñemos nuestras acciones para el éxito.
10. Trabaje con un fin
E n círculos mercantiles, el término pensamiento estratégico se utiliza bastante alegremente. E s un término muy general que solo adquiere significado cuando se aplica a una situación específica. E l pensamiento estratégico en un contexto de marketing no es igual que si el término se utiliza en un contexto financiero. Como propuesta general, el término resulta, como mucho, vago. P ara una aplicación específica, puede ser indispensable. L o mismo se aplica a la práctica. P racticar para ser más rápidos tiene sus ventajas, sin duda, pero esos beneficios puede que no sean aplicables a todas las situaciones. S er rápidos en rugby no tiene las mismas implicaciones que ser rápidos en una carrera. E n rugby, el significado de «rápido» es probable que incluya saber cómo hacer cambios bruscos de dirección sin dejar de correr, seguir distintas rutas o evitar ser derribados. P ara un corredor, esas destrezas son inútiles. P racticar con un propósito extrae el mejor provecho de las destrezas de aplicación general y lo combina con aplicaciones específicas. E n ausencia de una aplicación, su preparación será bastante deficiente. E l punto importante a tener en mente es que también es posible exagerar en la especialización y, en ese caso, su cerebro sufrirá presiones si tiene que aplicar su aprendizaje a nuevas situaciones.
11. Termine lo que empiece
Con esta sugerencia se aprovecha una tendencia del cerebro feliz que juega a nuestro favor. P ara nuestro cerebro, lo incompleto representa inestabilidad. Una ilustración básica de esto lo constituye el experimento del círculo abierto. Trace una circunferencia sobre un papel, dejando una pequeña abertura para que no quede totalmente cerrada. S eguidamente fije su mirada en la figura durante un par de minutos y observe lo que sucede: su cerebro intenta cerrar el círculo. P ara algunas personas el impulso de cerrarlo será tan fuerte que terminarán tomando el lápiz para terminar de cerrarlo. La misma dinámica se puede aplicar para detener la indecisión que le corroe. E l truco se reduce a comenzar cualquier proyecto que tenga delante; comenzarlo por cualquier sitio. L os psicólogos lo llaman el efecto Zeigarnik, porque fue este psicólogo ruso quien primero documentó el hallazgo de que cuando alguien está frente a una meta abrumadora y por ello aplaza su enfrentamiento, comenzar por cualquier sitio desencadenará la motivación de terminar lo que se ha comenzado 2. Cuando se inicia un proyecto, aun cuando se comience con la parte más pequeña y más simple, se comienza a trazar el círculo. Después se continúa con otra parte (se traza otro poco más del círculo), y otra más (más círculo), etc. E l único requisito previo para que funcione el efecto Zeigarnik es que en primer lugar, usted esté motivado para completar el proyecto.
12. Pregúntese; no se lo diga a sí mismo
L a automotivación no es fácil, pero unos cuantos trucos pueden hacer que sea más sencilla y productiva. Cierta investigación en psicología sugiere que preguntarse a sí mismo si se puede alcanzar una meta es más efectivo que decirse a sí mismo que le va a alcanzar. No es lo mismo decirse: ¡Creo que puedo! ¡Creo que puedo!, a decirse: ¿P uedo arreglarlo? ¡S í que puedo! E sto último resulta más productivo desde el punto de vista motivacional.
13. Cree hábitos útiles
L as investigaciones en el campo de la psicología nos muestran que la cantidad de tiempo necesario para lograr el máximo de automaticidad (jerga que significa hábito) es de sesenta y seis días. P ero cuando se trata de desarrollar un hábito saludable, es probable que lleve por lo menos ochenta días para convertirse en automático. Cuanto más complejo sea el hábito, más tiempo tardará en formarse. Adoptar un régimen de ejercicio, por ejemplo, le llevará a la mayoría al menos una vez y media más tiempo que esfuerzos más básicos tales como cambiar los hábitos alimenticios o de bebida (a pesar de que estos requieren un largo tiempo). Usted se podrá permitir saltarse uno que otro día, pero cuantos más días se salte, más se interrumpirá la formación del hábito. E l punto crucial a recordar es que crear hábitos útiles es tan importante como desechar los malos, y que merece la pena el esfuerzo.
14. Su primera impresión dependerá de cómo quiera que le vean los demás
otra parte, estamos inclinados a juzgar la primera impresión que alguien nos da por los patrones que tenemos para nosotros mismos. De modo que si queremos pasar por sociables y divertidos, evaluaremos a los demás con esa misma medida. S i se quedan cortos, puede ser debido a que no logran llegar al nivel de un patrón artificialmente elevado. P ero ¿Qué pasa si no tenemos una impresión determinada en la mente cuando conocemos a alguien por primera vez? L a investigación sugiere que seguimos haciendo una valoración y, en parte, esta estimación se centra en la confianza. Desde el comienzo, nuestro cerebro está calculando sobre si la persona que tenemos delante puede estar a la altura como para merecer nuestra confianza o si hay algo que nos dice que no.
15. Trate de recordar que su memoria puede estar equivocada
L a memoria no es una grabación, es una reconstrucción. E stamos inclinados a «mezclar» fragmentos de memoria verdadera con otra información, y un cerebro feliz reúne las partes formando algo que fácilmente puede confundirse con un recuerdo fiel. L a mayoría de nosotros no se da cuenta de que el recuerdo de un acontecimiento carece de la información que ha sido suplida por nuestro cerebro desde otras fuentes. E sto tiene enormes implicaciones en las declaraciones de testigos presenciales, y también para usted cuando discute con su cónyuge sobre algo que usted asegura recordar perfectamente. Ahora es mejor aceptar el hecho de que la «memoria perfecta» comparte la misma desventaja que todo lo que es «perfecto», y no es así.
16. Habituarse es algo que sucede
Un hecho cruel de la existencia humana es que transcurrido el tiempo suficiente, podemos aburrirnos de cualquier cosa. Ya sea un coche nuevo o un perro nuevo, un plato indio excelente o una magnífica canción; finalmente, se desvanece el placer inicial y se convierte en algo rutinario, lo que no significa que la cosa nos llegue a disgustar, sino que nos habituamos a lo que antes nos había mantenido embelesados y ahora lo disfrutamos menos. Incluso el sexo (¡ejem!) no es inmune a esto. E l reto al que nos enfrentamos