Chapter 2 Mathews stability method at Olympic Dam
2.8 Evolution of the stability graph
30
Éxodo 32.
31
Levítico 17:7. Traducción incorrecta en castellano por «demonios».
32
Hechos 7:43.
33
Aunque hay diferencias de opinión sobre este tema, parece, no obstante, que con toda probabilidad (como se muestra en el capítulo anterior) el ascenso de la nueva dinastía coincide con el período cuando «se levantó un rey que no conocía a José».34 Por razones ya explicadas, una de las primeras y más importantes medidas de su administración interior debía ser obligatoriamente debilitar el poder de los colonos
extranjeros, que se hallaban en tan abundante mayoría en la provincia fronteriza de Gosén. Temía que en caso de guerra con extranjeros, se unieran con el enemigo, «y los sacaran de la tierra». El segundo temor también muestra el hecho que él conocía las circunstancias bajo las cuales se habían asentado en la tierra. De nuevo, en los monumentos de Egipto, parece haber sido siempre la política de Faraón introducir un número inmenso de cautivos en Egipto, y retenerlos allí en esclavitud para trabajos forzados. Ahora se estaba aplicando un procedimiento parecido a Israel. Aunque se les permitía conservar sus ganados y campos, fueron puestos a hacer trabajos forzados para el rey. Se les designó «capataces» egipcios, quienes «los afligían con sus cargas». Se ve una notable ilustración de este hecho en un monumento egipcio. Los
trabajadores, que son claramente extranjeros, bajo la superintendencia de cuatro egipcios, dos de los cuales parecen ser oficiales superiores, mientras que los otros dos son supervisores armados con látigos pesados, gritan: «Trabajad sin desmayar».
El trabajo que habían recibido los israelitas consistía en hacer ladrillos, regadío artificial de la tierra, incluyendo, probablemente, cavar o restaurar canales, y la construcción, o restauración y ampliación de las dos «ciudades-almacén»35 de Pitón y Ramsés, cuya situación ha sido trazada en Gosén, y que sirvieron de depósito tanto para el comercio como para el ejército. Según algunos historiadores griegos era el orgullo de los egipcios que, en sus grandes obras, solo empleaban cautivos y esclavos, jamás su propio pueblo. Pero Aahmes I necesitaba muy especialmente la mano de obra israelita, puesto que sabemos por una inscripción, fechada en el año veintidós de su reinado, que estaba muy ocupado restaurando los templos y edificios que los «Pastores» habían destruido.
Pero esta medida inicial contra Israel produjo el resultado opuesto al esperado. En lugar de disminuir, su anterior crecimiento se aceleró, de modo que los egipcios «temían a36 estaban alarmados por causa de) los hijos de Israel».37 Por ello Faraón recurrió a una segunda medida, por medio de la cual todos los bebés varones, tenían que ser destruidos al nacer, probablemente sin llegar a ser conocidos por sus padres. Pero las dos mujeres hebreas, quienes, según suponemos, estaban al mando del «gremio» de las parteras, no parecen haber comunicado la orden del rey a sus subordinadas. Sea como fuere, la orden no se cumplió. La Escritura ha conservado los nombres de estas valientes mujeres, y nos dice que su motivo era que «temieron a Dios» (en hebreo con artículo, «el Dios», indicando el Dios vivo y verdadero). Y como que eran el medio para «hacer» o construir las casas de Israel, así Dios «les hizo casas». Es cierto que cuando se enfrentaron con el rey no presentaron su motivo real; ahora bien, como destaca San Agustín, «Dios perdonó el mal de ellas por su bien, y recompensó su piedad, pero no por su engaño».
La tercera medida adoptada por Faraón nos demuestra cuán poco podía impedir la ruina de Israel una medida solamente humana. Dejando a un lado cualquier tipo de freno, y olvidando, en su determinación, incluso sus intereses, el rey publicó una orden general de echar al Nilo todo bebé judío varón, al nacer. Esta orden, tal vez dada en un momento de ira, no fue cumplida por mucho tiempo; ya sea porque los egipcios no deseaban caer en semejante crueldad permanentemente, o porque los israelitas encontraron medios para
34
La palabra hebrea «se levantó» casi siempre se usa para describir un comienzo nuevo (como en Dt. 34:10); la palabra «nuevo» se da en relación con un cambio total (como en Dt. 32:17; Jueces 5:8), mientras que la expresión, «no conocía» (Dt. 28:36) no se aplica tanto a la falta absoluta de conocimiento, sino a la ausencia de relación amistosa. Si este rey empezó una nueva dinastía, tenía que ser el primero de los Hyksos o el que los echó fuera. Puesto que la primera suposición es casi imposible, debemos quedarnos con la segunda.
35
Ésta es la traducción literal y no «ciudades-tesoro».
36
La expresión aquí es la misma que en Números 12:3, e implica «ser presa del temor».
37
apartar a sus hijos de dicho peligro. Pero lo que es cierto es que, a pesar de que muchos debieron sufrir, y todos necesitaban ir con mucha precaución, este último intento despiadado de exterminar Israel resultó vano.
Así se cumplieron las dos profecías. Incluso bajo las circunstancias más adversas Israel había crecido tanto como para alarmar a los egipcios; y la «aflicción» de Israel había alcanzado su cúspide. Y ahora debía aparecer también la liberación prometida. Y, como en tantos otros casos, llegó bajo lo que los hombres llamarían las circunstancias más improbables.
Capítulo 3
(Éxodo 2)
Para el lector atento de la Escritura, el hecho de que precisamente la medida adoptada por Faraón para destruir Israel, al final les llevara la liberación, no le parecerá extraño (únicamente notable). Si no hubiese sido por la orden de echar los niños hebreos al río, Moisés no hubiera sido rescatado por la hija de Faraón, ni instruido en toda la sabiduría de Egipto a fin de ser apto para su llamamiento. Pero, a pesar de todo ello, esta historia maravillosa sigue un curso natural; es decir, natural por su acontecimiento, pero sobrenatural por sus finalidades y resultados.