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texto de los M SS (que decía “habiéndosele dado muerte, se le arrojará al B arathron”). Las consecuencias que derivan de ello son evidentes. La lectura de los MSS parece mostrar que el Barathron no servía para matar a los condenados precipitándolos, sino que sólo servía para

Tal como se desprende con claridad del texto de Jenofonte que reco­ ge el decreto, la pena establecida po r in icia tiv a de C anonos era espe­ cialm ente grave. No sólo por la crueldad de la ejecución, sino tam bién por la previsión de una infam ia a la que se veían expuestos aquellos a quienes se acusaba de haber engañado al pueblo: el encadenam iento durante la fase deliberativa del proceso, delante del tribunal popular. En el derecho griego, según cuyas reglas se encadenaba sólo a los prisione­ ros de guerra, a los esclavos y a los condenados21, la gravedad de seme­ jante norm a es evidente. ¿Se trata de una noticia creíble? Las confirm a­

ciones no faltan.

En las Asambleístas de Aristófanes un joven, objeto de las apetencias sexuales de dos viejas, ninguna de las cuales está dispuesta a abandonar su presa, concluye que el lance sólo podrá resolverse recurriendo al decreto de Canonos. Binenin dei me dialelemmenon, declara resignado a su suer­ te 22. “Será necesario que las contente a ambas, dialelemmenon.” El juego de palabras es evidente: dialelemmenon significa “encadenado” (y por lo tanto es, en este sentido, sinónimo de dedemenon, el participio usado en el decreto). Pero también significa “dividido en dos” (en este caso entre las dos viejas)23. En el año 393 (el que se representó la comedia), los atenien­ ses se encontraban de forma clara en situación de captar el doble sentido, confirmando, con esto, que el decreto de Canonos prescribía efectivamente que se juzgase al acusado encadenado24.

Pero vayamos al problema principal, presentado por la necesidad de individualizar los delitos castigados con la precipitación. Según el decre­ to de Canonos se castigaría de este modo a los condenados por delitos polí­ ticos y-esta noticia aparece confirmada por otras fuentes.

En los Caballeros de Aristófanes, Aristocrates discute con Agoracri- to, el Salchichero que, en la comedia, consigue persuadir a los atenienses de que se libren de Paflagón (bajo cuya apariencia Aristófanes representa a Cleón, objetivo de su sátira). U n picaro, este Paflagón, al quien el Sal­ chichero consigue derrotar sólo porque es peor que él: los atenienses en adelante, quiere decir con ello A ristófanes, no m erecen otro gobernante que un Salchichero.

“¿Que haríais -pregunta así pues el Salchichero al pueblo- si cualquier bufón dijese que no habrá más harina para los jueces hasta que ellos no

acoger sus cadáveres (privados de sepultura) después de que la ejecución hubiera tenido lugar con otras formas, por lo demás indeterminadas. Numerosos argumentos a favor de la lectura de Dobree se encuentran en J. Whitehorne, P u n ish m en t u nder the D ecree o f Cannonos, en

Symposion 1985, Colonia-Viena 1989, págs. 89 y sigs.

21 Véase la voz Pede en P W R E 19, 1, Stuttgart 1937, 30 y E. Berneker, F elssturz, cit., pág. 89.

22 Aristófanes, A sam bleístas, 1089 y sigs.

23 Y no “detenido por las dos partes” como traduce J. H. Lipsius, D as attische R echt und

Rechtsverfahren, Leipzig 1 9 8 0 ,1, págs. 43 y 132. La lectura dialelem enon es la de Rose (y

en efecto, en este sentido, véase Hesiquio j.v. dialelem m enon).

juzguen una causa como él quiere?” Y el pueblo: “Lo levanto por el aire y lo arrojo al barathron con Hipérbolo colgado del cuello25.”

La alusión a Hipérbolo es muy significativa. ¿Quién era? En el verso 1302 leemos que Hipérbolo, “mal ciudadano”, había pedido cien trirremes para una expedición contra Cartago. La proposición de atar a H ipérbolo ju n to al corruptor de los jueces, antes de precipitar a ambos al baratro, muestra con claridad que la referencia a este tipo de ejecución no es casual. Al igual que el corruptor, también Hipérbolo se manchó con una culpa con­ tra el pueblo. Además, algunos años más tarde, una nueva confirm ación del hecho de que la precipitación era la suerte reservada a los traidores del pueblo aparece en un pasaje de Platón que, en el Gorgias, imagina una dis­ cusión entre Sócrates y Calices sobre los políticos atenienses que, según Sócrates, lejos de hacer m ejores a sus conciudadanos, los habían vuelto peores. ¿Acaso no habían m antenido -d ic e S ócrates- una serie de com ­ portam ientos que dem ostraban su bajeza moral? Entre estos com porta­ mientos uno es particularmente interesante a nuestros ojos: los atenienses habían condenado a Milcíades, el hombre de Maratón, a ser precipitado en el baratro (aunque, afortunadamente, el pritano le salvó de su destino)26.

De nuevo, la precipitación es la suerte reservada (en el caso de M ilcí­ ades injustamente) a quien se ha acusado de delitos políticos27. Pero junto a los comportamientos que han dañado al pueblo, también otros com por­ tamientos se castigan con la precipitación.

En el Pluto, Aristófanes habla de la proposición de Zeus consistente en arrojar a Carión en el barathron, junto con el patrón y su fa m ilia 28. Carión quiere saber el porqué y Hermes, encargado por Zeus de com uni­ carle la noticia, le proporciona una explicación más que exhaustiva. L a pre­ cipitación es el castigo por una culpa gravísima, la de no haber sacrifica­ do a los dioses29.

El testimonio de Aristófanes nos lleva, en este punto, a la prehistoria más o menos legendaria de la precipitación y a la utilización de este tipo de ejecución fuera del territorio ateniense.

25 Aristófanes, Caballeros, 1362.

26 Platón, Gorgias 516 d. Milcíades sufrió dos procesos, en ios años 493 y 489, de los que

habla Heródoto (6, 104, 2 y 6, 136, 1-3). Sobre ellos véase E. M. Carawan, E isangelia and

E uthyna: The Trials o f M iltiades, Themistocles, a n d Cimon, en G RBS 28 (1987) 167 y sigs.

En particular véanse pág. 192 y sigs.

27 La precipitación más antigua de la que tenemos noticia es del año 491 a. de C., cuando los atenienses arrojaron al Barathron al heraldo de Darío (Heródoto, 7,133). Si bien está al mar­ gen de cualquier regla jurídica, este caso es interesante puesto que está relacionado con un hecho político. Por último, sobre la relación entre el barathron y la traición véase recientemente R. W. Wallace, The Areopagus Council, to 307 b .c ., Baltimore y Londres 19892, pág. 119.

21 Aristófanes, Pluto, 1107-1109. En los versos 1112-1116, la respuesta de Hermes que

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