3. Context recognition and utilisation
3.7 Context information for applications
3.7.3 Example of high-level context application
De las colecciones pelagianas examinadas hasta aquí, nos consta que tanto la miscelánea primitiva414 como la Compilación B presentaban ya las crónicas isidorianas,
413 En los otros tramos de coincidencia exclusiva esta vez del Liber Itacii y del Chronicon mundi (los
términos del concilio bracarense-lucense) existen también ligeras divergencias textuales, pero nunca de tanto alcance como la descrita.
aunque probablemente con alguna diferencia de distribución, ensamblamiento y quizá de interpolaciones, cuestión que se nos oculta al no contar con la recensión primitiva, dado que no fue copiada por Ambrosio de Morales en el ms. 1346 (quizá precisamente por poseer ya su texto a través del ms. Batres)415. En efecto, la crítica ya ha destacado la vinculación del testimonio que subyace en el Chronicon mundi con los manuscritos pelagianos conservados416, que, en cualquier caso, pueden reducirse al ejemplar batriense417; asimismo se ha llamado la atención sobre su relación con el testimonio de la versión najerense418.
Sin embargo, la cuestión no queda zanjada acudiendo únicamente a la
Compilación B de Pelayo Ovetense. En efecto, otros dos testimonios de las crónicas
isidorianas presentan una especial vinculación con la versión del Chronicon mundi: se trata de los mss. AM, respectivamente el 982 de la biblioteca parisina del Arsenal419 y el
134 de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla (Madrid), fechados
respectivamente en los s. XIV y XIII420. Ambos códices remontan al célebre Alcobaciense, códice visigótico perdido, al parecer datable en el s. IX421, que llegó a
415 No así en la Compilación A, donde no figuran estos textos, circunstancia, por lo demás, que viene a
apoyar lo establecido hasta aquí a propósito del sentido de esta colección.
416 Al menos por lo que respecta a las crónicas particulares así lo han señalado Mommsen 1894: 264-65,
Rodríguez Alonso 1975: 152 y Estévez 1995: xxviii..
417 Como ya he recordado, Rodríguez Alonso se sirve de tres testimonios pelagianos (GOT: BNM 1513,
1346 y 7089), pero los dos segundos remontan al primero, de modo que sus lecturas no son relevantes.
418 De forma inconsciente lo hace Valdés 1999: xlii al afirmar que «Este manuscrito H, o uno similar,
pudo haber sido el modelo del Tudense, que como vemos también contenía la Chronica de Isidoro». En efecto, el ms. H de las crónicas particulares isidorianas no es ni más ni menos que el RAH 9/4922 (olim
A-189), es decir el célebre ms. I de la Chronica naiarensis.
419 Véase, atrás, pág. 99 y n. 299.
420 Según señala Valdés 1999: xlii, «las afinidades con M son indiscutibles, pues sigue de cerca las
lecturas de este códice incluso más que las de H, además de ser el único testimonio que contiene la
Dedicatio, y entre ésta y el texto incluido en el Chronicon Mundi no hay diferencias realmente
significativas», lo que le lleva a conlcuir que «quizás en un principio Lucas copió el texto de H, luego lo revisó con M, que le pareció mejor, y donde encontró la Dedicatio que decidió incluir anteponiéndola a todas las Historias».
421 En su «préface» Tailhan (1885) ya creyó que A es una copia en letra francesa ejecutada hacia el final
del s. XIV, realizada sobre un manuscrito de letra visigótica por un amanuense poco hecho a los secretos de esta escritura antigua (por confundir el valor de XL).
conocer y manejar Vaseo (1552) a través de una copia que le sacó Resende. ¿Conoció don Lucas el viejo códice Alcobaciense? Un argumento de peso a favor de esta opción es la posibilidad de que en él hubiera hallado el apócrifo isidoriano conocido como
Dedicatio ad Sisenandum, que en alguna ocasión, incluso, le ha sido atribuido422. Contra la razón que ofrece Vázquez de Parga (1983: 285) para negar la posibilidad de que el Alcobaciense contuviera la Dedicatio423, existen motivos para pensar que el hoy
parisiense 982 hubiera podido prescindir del opúsculo: por un lado, este manuscrito presenta una compilación histórica con cierta ambición de secuencialidad bien armada424; siendo así, sería comprensible considerar impertinente una digresión que no aporta nuevos detalles y que entorpece la secuencia histórica. Por otro lado, algunos indicios podrían apuntar hacia un origen toledano de esta compilación (tales como la presencia del De rebus Hispaniae rodericiano y su continuatio a cargo del arcediano de Toledo Jofré de Loaysa); si así fuera, su formador bien podría haber detectado cierto aliento antitoledano o, en cualquier caso prohispalense (tanto monta), en el opúsculo en cuestión425. Se ha sugerido origen ovetense para la Dedicatio (Vázquez de Parga 1983:
286; Carlos Villamarín 1996); me pregunto, sin embargo, si este cierto antitoledanismo no apunta más bien hacia León como lugar donde hubiera podido ser concebida (tanto más cuanto se trata de un texto atribuido a san Isidoro)426.
422 Rodríguez Alonso 1975: 134 afirma, sin embargo, que Lucas tomó probablemente la Dedicatio del ms.
134. Por su parte, Díaz y Díaz 1976: 145, n. 12 considera que la colocación del texto como prólogo de las
historias sería original de Lucas, atendiendo a su tono prologal y a su contenido. Para un estudio detallado de la Dedicatio, cfr. Carlos Villamartín 1993: 227-263 (o 1996: 171-174).
423 Que el apócrifo isidoriano no figura en el ms. A.
424 En este sentido, cabe destacar la continuación de la Historia gothica de Ximénez de Rada, debida a
Jofré de Loaysa (y en última instancia traducida al latín por Armando de Cremona).
425 Existe, en efecto, una asociación explícita entre «Yspalim» e «Yspania» bien llamativa: «Primus rex
Yspanorum extitit nomine Yspanus, qui famosam urbem condidit, quam ex suo nomine Yspalim nominauit, et in ea solium regni sibi firmauit, a qua etiam Yspania nomen traxit». Frente a tan brillante origen para la ciudad del Guadalquivir, la fundación de Toledo a cargo de dos cónsules romanos, tardía y desabrida, queda en inferioridad. Da la sensación, además, de que en las penúltimas líneas del opúsculo su redactor quiso marcar una división entre la España Antigua (y genuina), representada por Sevilla, y la España romana, con sede en Toledo. De confirmarse esta impresión, la concepción del texto cobraría sentido sólo a partir de 1085 (y mejor ya en el s. XII), cuando la conquista de Toledo obligó a retocar todo el juego de servidumbres diocesanas en la Hispania del norte.
426 Si así pudiera creerse, el propio conocimiento del texto por parte (casi exclusiva) de un diácono de San
En torno a la posible actuación de Lucas sobre este texto (en el que no sería de extrañar que hubiera visto una buena ocasión de ensalzar el solar de su patrón) cabe pensar que bien pudo añadir al menos un par de detalles que conocía respectivamente por Coméstor y por Pelayo427: los relativos al cuarto hijo de Noé (Ionitus) y a Tolemón como compañero de Bruto en la fundación de Toledo428.
En cualquier caso, tanto las crónicas particulares como la universal de san Isidoro han de ser de nuevo, en el Chronicon mundi, el resultado de mezclar una vieja versión prepelagiana (quizá leonesa) con la más moderna y articulada compilación pelagiana del tipo B.
* * *
En atención, por tanto, a los datos hasta aquí expuestos, hemos de concluir que muy probablemente don Lucas se sirvió, para ensamblar la secuencia de crónicas que conforman la espina dorsal de su compilación, de dos colecciones históricas: un testimonio de la Compilación B pelagiana, en su rama Sandoval, no identificable con ninguno de los conocidos (al menos en el estado en que han llegado hasta nosotros); y un volumen de concepción más tradicional (y en cualquier caso prepelagiano) que le sirvió de base para incorporar a su corpus los textos más antiguos de la colección. Todo ello sin perjuicio de que pudiese haber contado con algún otro ejemplar adicional que transmitiera total o parcialmente la secuencia historial, como parece que hay razones para sospechar en el caso de uno de los testimonios de la Compilación A (quizá el ms.
F).
427 Y de los que se había hecho ya eco en otros lugares del Chronicon mundi (I.14
10-12, I.1716, y I.872-3). 428 Si así fuera, la presencia de Jonitus en la Dedicatio del Tudense no podría considerarse argumento para
rechazar la autoría isidoriana del opúsculo (aunque existen otras razones), como quiere Vázquez de Parga (1983: 286).
Por otro lado, ¿conoció don Lucas la Chronica naiarensis?429 Por un lado, en
vista del carácter desarticulado de la Chronica naiarensis (sin formato de texto redondo y unitario, de crónica al uso), hasta el punto de que nos permite «considerar algunas de sus partes como auténticos manuscritos de las obras parciales que la componen» (Estévez 1995: xxiii), cabe preguntarse cuál hubiera podido ser el valor que un historiador como el Tudense habría concedido a lo que quizá no le parecería (salvo en casos especiales, claro está, como los relatos juglarescos incluidos) un testimonio más (y sin duda no el mejor, ni el más antiguo o autorizado) de un corpus textual del que contaba con mejores ejemplares.
En cualquier caso, conforme a los datos traídos aquí, en función de razones textuales el Chronicon mundi no habría necesitado tener noticia de la compilación riojana: las coincidencias entre la información proporcionada por ambas obras se explican siempre recurriendo a los testimonios pelagianos. Lo que resulta más probable es que tanto el diácono leonés como el monje de Nájera alcanzaran a conocer (y a utilizar en algunos de sus tramos) testimonios muy parecidos de la secuencia historial430.
Por lo demás, cabría explorar (en el sentido en que lo ha hecho Bautista 2006 a propósito del episodio de la muerte de Almanzor), la relación entre el Chronicon mundi y la Chronica naiarensis conforme a criterios de índole no exclusivamente textual. Pendiente queda, pues, un examen sistemático del posible diálogo «ideológico» entre ambos textos.
Sea como fuere, las conclusiones extraíbles tanto en función de razones textuales como ideológicas habrán de tener en cuenta un dato nada desdeñable que en este debate aporta la codicología: el manuscrito más antiguo y autorizado de la Chronica naiarensis (I) procede de San Isidoro de León y se le ha asignado una fecha de copia muy próxima
429 Ya recordamos que existe divergencia crítica en este sentido: autores como Gómez Pérez 1954,
Fernández Valverde 1987: xxxv o Catalán 2001: 66, n. 40 y 77 descartan esta posibilidad, que, en cambio, sí ha seducido a Valdés 1999: liii y lviii-lxi, y a Estévez 1995: lxxxiii-lxxxiv y xciv.
430 Por ejemplo, en Chron. mun., IV.7
2-3, llamativamente Lucas omite el dato que ofrece la recensión
rotense de la crónica alfonsí «Paruo tempore uixit» (quizá por homioteleuton entre «construxit… uixit»), donde también omitía la Chronica naiarensis.¿Acaso conocieron el mismo testimonio de este texto?
a la supuesta para la concepción y elaboración del Chronicon mundi. En este sentido, resultaría en verdad extraño que a Lucas le hubiera sido ajena la existencia en su monasterio de un ejemplar con una colección de crónicas tan similar en muchos términos a la suya.