SE HA DE HACER.
Manuscrito. Año 1617., 8 pp. B.N., ms. 13.295, fols. 69rº-72vº
«Lo que hace a los reyes y a sus provincias ricos, es la estimación y valor que han dado al oro y plata y a las demás cosas que hacen precio a las demás, y en tanto cuanto ésta abundase, se dirá rica aquella provincia, rey y reino.
La experiencia lo muestra en España, que antes tan corta era y tan poca moneda se hallaba, hasta el descubrimiento de las Indias, que tan próspera y abundantemente se ha esparcido en estos reinos y que tanto precio ha cau- sado y valor a todas las cosas que antes estaba tan disminuido y por ende ha crecido la pompa y gastos y excesos superfluos, y de ello se ha seguido tan- to mayor daño y ruina cierta de España.
Si por algún accidente cesase el paso de estas armadas de las Indias, que tanto cuanto esto durase se conservará España y el patrimonio real que tan cargado está. Y el estado común que tan cargado se halla, así los reinos como las ciudades, villas y lugares y los señores en España, de manera que de esto no ha resultado sino empeñarse los propios y cargarse y no enri- quecerse el estado público, y ser paso de los tesoros, así con las guerras que se han sustentado civiles en los estados como en los demás reinos de Fran- cia que han participado. Y con bajar su moneda y ganancia que el rey para sí ha llevado y la que sus vasallos ha dado porque acarreasen los tesoros de España, se ha enriquecido con tanto extremo y hecho tesorar, teniendo públicas casas de moneda y de batirla en las fronteras para que los merca- dantes la acarreasen con aprovechamiento de él bastante y de su rey, y lo mismo ocurre en Italia, Roma y Alemania que no corren sino escudos de oro y plata más que en España, y en Turquía, y cuán al revés sea en España. La experiencia o evidencia lo muestra, sino que la entretiene y conserva el permitir nuestro señor que las armadas vengan con su orden y concierto, pero poco calor da, sino entretenimiento, por las grandes obligaciones y necesidades que el rey nuestro señor tiene de sustentar la guerra fuera de España, donde le es forzoso gastarlo todo, y así no puede lograr ni atesorar, como lo hacen otros reyes, que con menos gasto tienen más unido su poder y con más facilidad se juntan a la ocasión, y faltando aquella se descargan del gasto, o, en breve ejecutan (fol. 69 vº) su designio, que el nuestro siem- pre ha de estar como el nublado, cargado y amenazando acá y allá, que es con que las fuerzas se consumen.
Excusado podría ser este discurso para el fin que se atiende, pero es for- zoso responder por la causa accidental y final, por qué España está tan pobre, cargada y tan necesitada, que sólo el estado eclesiástico está en su ser, por no poder cargar sobre él ningún poseedor, y así hace que se conserve como es menester para defensa de la Iglesia.
Siendo, pues así verdad, que España había de ser el tesoro y riqueza del mundo, y vista la causa por qué no lo es, será forzoso decir que a más de pro- ceder en esta forma la disposición, tuvo otra caída Castilla, porque fue el rey nuestro señor aconsejado a subir o doblar la moneda de vellón, con que aca- baron de perderse aquellas provincias y reino, pues luego se siguió traer de otros reinos la misma moneda contrahecha, porque como no consistía de valor, peso, ni quilate, ni costaba de hacerla, así por la que se halló como por la que de nuevo se hizo, como por la que falsa fuera de España, como en ella se hizo, fue la perdición, que jamás se halló remedio, ni le ha cubier- to pelo a Castilla.
Luego la experiencia muestra que la pobreza y perdición de los reinos es que aquella que da a las demás cosas su ser y valor no consista en cosa que ella en sí tiene ninguno, como es la materia vil de que se fabrica la moneda, y lo otro es que aquello que más ser tiene y vale para que sea una provincia rica, abunde de ello, y si España la pudiese tener pues es suya propia y de su patrimonio como si las minas se hallasen en ella, como en lo antiguo lo fue tanto, lo mesmo es traer todas las Indias, pues son suyas, sino que está a mayor riesgo de perderlo o faltarle, y si le cogiese en tan ruin estado alguna quiebra de estas, considere al que le tocase lo que convenga que no es más. Pero siendo así que conviene para el común y súbditos todo su ser que la cosa que da ser precio y estimación a las demás le tenga como está intro- ducido en el oro y en la plata, todo lo demás que no sea esto, será hacer pobre a la tal provincia, porque si sólo cobre o hierro ha de ser el que le dé ser habiéndole tanto en otros reinos y siendo tan bajo en quilate, no hay duda sino que todo lo que en esto corriese será dañoso a la tal provincia y particulares de ella, y así conviene que la moneda corriente tenga valor, estimación, sustancia y quilate (fol. 70 rº) y esto no puede ser si no es de oro o plata que le dé valor y por esto la de cobre de Castilla, ni es ni vale, fuera ni dentro.
Que nadie se tenga por rico para en acuñarla, antes muere por trocarla y baratarla es mercándola, aunque pierda, porque gana más en lo que de ella le resulta, y por eso está tan perdida como dijimos, y se precia ya ateso- rar la de plata y oro si se sosegase como dijimos, y si de las paces de los esta-
dos nos resultase el bien tan deseado, que el rey nuestro señor atesorase en ellas como ellos se rehacen, y en riqueza podrían ser loables. Pero ganar ellos y perder nosotros para una avenida de gente tan proterva y que no sólo no ha perdido pero ganado, bueno sería hallarse con poder, y grande, para de ocasión tan sospechosa de que pende ser.
Al fin, es sin duda que la moneda de vellón no hace a un rey y reino rico, sino la de plata y oro, y esa no podemos conservar, ni menos atesorar, ni tampoco desempeñar el patrimonio real ni sus rentas, ni tampoco el patri- monio de los reinos ni de las villas, ciudades y universidades, ni el de la nobleza, que tan adelante está pues, menos se puede esperar que será reme- dio cargar más ni imponer otros géneros de dacios ni gabelas, ni rentas, pues las que se pagan con las que han podido sufrir en quienes consiste el pagarlas, a los reinos de Castilla donde es el apoyo y entrada de los tesoros y millones, bastantemente está proveído que no salga el tesoro, con pena de la vida y perdimiento del oro y plata, ni aun a los mismos reinos propios de su majestad.
Pero esto no es remedio, porque los grisones con los asientos, o su majes- tad para las provisiones lo manda sacar por excusar cambios, que esto no lo alcanzo si se llevan así como así a los menos en el pelo que se nos luce, así lo parece que lo uno, y lo otro lo hace, y si hubiese forma que las mismas rentas de Italia fuesen suficientes para sustentar la gente de guerra ordina- ria, que a la ocasión extraordinaria se acudiese, medio sería conveniente. Si en Portugal, pues hubo rey y reino, pudiesen sus rentas conservarle, sin poner de casa, reparo sería, y lo mesmo en los demás reinos de España, sin añadir del patrimonio real, a lo menos descargásese con algún alivio el empeño de las rentas reales, reformásesen (fol. 70 vº) los juros y censos en lo que se pudiese llevar, que será para ellos y para los demás, cosa llevadera y razonable, y si es verdad que la larga paz de España las hace conservarse, y cualquiera guerra los olvidaría y destruiría sin memoria.
Así para no los pagar el rey y reinos, como para no los pagar las villas y ciudades y comunidades, conveniente cosa sería, mirar para proveer a todo, y si lo que hace el no tener, o no poder con qué pagar, hace lo mesmo que una guerra, o una despoblación, porque no se ha de atender a que sin lle- gar a esto se provea en la conservación de este individuo como se ha de hacer en España. Peligroso y dañoso, que por ser materia tocante a esto ha dado lugar a discurrir a todo.
Pero el fin a que se atiende, es qué conveniencia, o daño hay en la mone- da de vellón, y lo que es en unos reinos si es en otros, y decimos que no, que
así como la moneda de vellón de Castilla es su perdición y ha arruinado a aquellos reinos, la jacerina de Aragón es lo contrario, muy conveniente al rey y al reino, porque de esta jacerina no se puede decir que no tiene valor, quilate ni sustancia, y porque vistas las leyes y forma de hacerse, tiene sus- tancia en sí, que estorbar que no se haga demasiada, por la costa que tiene y poco provecho el fabricador y en ser moneda de más cuento y que más se puede con ella en más partes dividir, y por menudo comprar con ella, es más aventajado, y al fin, si no fuese sino cobre no sería moneda sino cobre, y esto en daño del común, y beneficio de solo el rey, que le da aquel valor, empo- breciéndose el vasallo, que con grande cuidado y providencia lo dispusieron los fueros y antiguos aragoneses, y a mi ver no puede ser otra cosa sino que fueron lastimados en otra cosa semejante a la moneda de vellón de Castilla que dijimos y así perdición, y por eso cuidaron y proveyeron con tanto jura- mento y apretadas cosas a este caso, y así quedó la jacerina que corre, en pie.
La experiencia muestra su perdición del reino de Valencia, que hallán- dose perdidos sin plata ni oro después de la expulsión de los moriscos, y con gran número de moneda de vellón falsa, queriendo remediar su necesidad no han hallado otro medio ni remedio sino aniquilar y fundir la moneda de vellón falsa, y que se les diese lugar de fraguar moneda de vellón con auto- ridad real, no porque (fol. 71 rº) en esta moneda haya sustancia ni quilate del verdadero valor, sino de estimación y autoridad de quien la puede dar, y ayudados con esto y con que de aquel reino, aunque pequeño es ayudado en que ha de entrar en él desde Castilla cantidad de oro y plata para com- prar seda, grano, arroces y azúcares y otras cosas, es socorrido y ayudado de alguna plata y creo que corre aunque en lo demás de la contratación de la tabla es embeleco y embaymiento, que solos los valencianos lo pueden entender y llevar que es bien necesaria su agudeza, y aun espantosa cosa que un tan grande daño no se remedie, o quimera no se deshaga.
Al fin es a nuestro propósito probar que aunque muy dañoso para sí tal que cual remedio haya para entretenerse con la fundición de tantos menu- dos sin valor ni sustancia, y aunque de esto se puede sacar intento a lo que queremos probar con mayor consideración y beneficio, conviene al reino de Aragón que abunde de moneda jacerina y que no se estorbe que en la ceca real no se fabrique, porque no sólo se siente el daño de lo que Zaragoza se queja de que vienen a sus administraciones mucha cantidad de menudos.
Porque siendo tan grande la de la carne y pan, que lo comprende todo, que mucho es, no hay que exagerar que tiene treinta mil escudos en menu- dos, ni aunque fuesen doblados, más porque esta moneda jacerina siendo
de la ceca, ni es infructuosa, ni sin sustancia ni quilate, pues tiene en sí más de las dos partes de plata y de valor, y qué daño se sigue que abunde la moneda que en sí tiene ley y valor y no consiste en sola estimación como otras, y esta moneda no destierra la plata, que antes la trae y la conserva en sí y a más de este beneficio se siguen los demás que los comercios andan, que de otra manera pararían todos.
Y si está privada la plata de entrar en Aragón, qué mayor inconveniente que quedar sin moneda, mayormente, teniendo en sí sustancia, y que hemos de quedar sin moneda de plata es cosa cierta, porque habiendo de pagar Zaragoza las compras de trigos que ha hecho por la mar y las que las villas y ciudades hacen en la frontera de Cataluña y las demás que hacen por la frontera de Navarra y puertos de San Sebastián, para provisiones de trigos, que esperamos, si no que de golpe ha de (fol. 71 vº) quedar este reino sin ninguna forma de poder pasar, faltándole de golpe la plata y oro que para sus provisiones despide fuera del reino, y antes bien, ahora con grandísimo cuidado se había de ordenar que la ceca hiciese gran fundición y cantidad de menudos, pues vemos que si Zaragoza con alguna intención siniestra no cerrase la puerta que antes de ahora alargaba la mano y convidaba, pres- tando moneda jacerina no se debe de hallar con tanta de ella como publica y es sin duda que ya la gente a trueque de contratar, no lleva mal la paga en la moneda jacerina, porque ni desconfía de ella ni de su valor, y quien haya visto que dejaban reales de a dos y de a cuatro de plata castellanos por los sencillos bosqueteros, falsos y malos y de mal talle, y de peores obras y hechos en Francia, no se puede desconfiar que no se reciba muy bien la paga y contratación en la moneda jacerina de ley y quilate.
Bien es verdad que el verdadero remedio había de ser con proveer el remedio necesario de que no corra la moneda valenciana tan desordenada- mente, y aunque la ciudad pone su mira en que el daño consiste en vedar que la moneda de plata no salga del reino, a mi parecer, se debe considerar que la causa por donde no conviene hallar remedio en que la moneda de plata no salga de Aragón, es porque la calidad del dinero siempre busca su ganancia, y así como el tesoro de las armadas llega de las Indias y luego se esparce y comunica buscando el aprovechamiento, y como cuanto más se aparta del reino de Castilla y sale de sus confines y va pasando a las extre- midades de los otros reinos, y fuera de España se acrecienta su valor, tanto más busca la industria humana cómo llevarlo a donde más valga.
Y así, aunque de paso se comunica en este reino, porque como no pue- de entrar si no pudiese salir, ni entraría ni saldría, y porque puede salir aun-
que no puede entrar, entra para pasar y buscar su mayor aprovechamiento, y así a mi entender, mientras no haya forma que no pueda salir de ninguna manera, hecho y proveído en tal forma que satisfaga el rey para que alce la pena de la entrada, no es bueno privarnos de la salida, porque nos osaría- mos quedar más agotados y perdidos que hoy estamos.
Y por lo mesmo, considerando que Zaragoza hace fuerza con que ha hecho el rey nuestro señor merced del privilegio de la ceca, de que se le ven- da, o procura con su majestad, que se venda en propiedad, es de considerar, que ha de ser la ruina del reino, porque si es para no hacer moneda jaceri- na como publican, es la ruina y perdición total de este reino, y si es publicar esto para haber la ceca en menos precio, y hacer fundición de menudos, siendo tan poco el provecho si se hace fuera de la ley, valor y quilate de sus pregmáticas, es mayor la perdición, porque si un particular que la tiene, está estrechísimamente obligado a tan gravísimas penas, si se falta a la ley qué riesgo se pone de emprenderlo contra Zaragoza, la cual aún en la fundición de la moneda de plata, que poco ha se hizo, se vio que tomó el quilate de los reales que menos le tenían de los de Castilla, y en el peso, que tanto menos se halló en las estampadas por Zaragoza, que con correr tan cruda- mente los castigos por ella de los reales cercenados, quiso que por su auto- ridad pasasen, aunque en algo fuesen faltos, diciendo que en la pesada de los marcos se igualaba con la sobra de los unos, la falta de los otros, como si eso se permitiera. Si se mezclara la moneda real de Castilla de la que mucho peso tenía con la que menos, porque le faltaba y al fin sería muy dificultoso el apremiar a Zaragoza en el verdadero valor de los menudos, y no lo es teniendo la ceca un particular.
A más que si andando un particular sobre ella no se halla casi provecho, cuánto más pondrá Zaragoza de gastos de ministros, de salarios de oficios, que podría bastar la grande experiencia que por no querer arrendar las car- nicerías, dice se pierde tanto en ellas, viendo al precio que va la carne y al precio que toma el corte, y lo mesmo en la administración de los panes y en la administración del ladrillo, malo y caro, y aun ese, sin poderse hacer, y que deslustra los edificios que tan ennoblecida han tenido esta ciudad en lo antiguo, que eran mejores las adobas, que ahora el ladrillo, y lo mesmo en las velas, tan malas y tan caras, después que las arrienda o administra, y a este propósito, tantas cosas como se podrían alargar en este discurso.
Que tanta obligación tendría su majestad, de que se pierden las univer- sidades no tomen administraciones, si ganan, no carguen tanto los precios, en daño de sus naturales, y que reformen y limiten la facultad de cargar los
propios con censos fuera y dentro de Zaragoza, y que no sea posible que se dé satisfacción a que si es embeleco lo que se dice de las universidades en sus cuentas, o si es verdad, para que no estén desreputadas, no pudiéndose averiguar, como muy grandes ciudadanos que han sido jurados, aseguran que hará por ser tan breve el año de sus oficios, como por ser la madeja de esta negociación tan enredada, y tan sola para los que la llevan, que no hay dar alcance con ser el negocio más grave que hay para el gobierno de este reino y beneficio de él.
Son muchas y muy sustanciales las razones por las cuales conviene que la ceca haga fundición copiosa de moneda jacerina, y que esta moneda corra en Aragón, como se guarde la ley y quilate, y no sea de vellón, sin los requi- sitos necesarios, porque sería perder el reino, y tan peligroso y dañoso si viniese la ceca a manos de Zaragoza, como se ha dicho, que sólo ha de ser perdición del reino de Aragón.
Se ha de temer no venga a tener efecto por lo cual parece que conven-