La política viene transformándose continuamente, y los programas informativos que en un principio acompañaron dichas transformaciones, con el tiempo han marcado la pauta de estos procesos de cambio, que han redefinido las relaciones entre la política y la comunicación entre medios y clase política. Si bien la presión del mercado ha venido impulsando un proceso de cambios graduales, el golpe de estado fujimorista y la ruptura de la institucionalidad marcaron una diferencia sustantiva, pues precipita el deterioro de la crisis de representación política pero también enmarca las pautas de cómo comunicar la política que aún no ha sido revertida.
Ciertamente, se trató de un periodo en el cual los medios estuvieron coactados por el poder central tanto por “las presiones que ejercía el gobierno en el Perú contra los periodistas y los empresarios de los medios de comunicación son indirectas y utilizan principalmente el aparato del Estado –la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT), el SIN y el Poder Judicial. Otro factor con el cual el gobierno
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la pauta publicitaria de manera preferencial” (Fowks, 2000:83), pero que marcaron una relación entre el la audiencia y la política por varios años.
A partir de la década fujimorista también operan cambios sustanciales en la forma de comunicar la política, que se han constituido en el benchmarking del periodismo político televisivo: 1.- La espectacularización de la práctica política, 2.- La personalización y privatización de la acción política, 3.-El Desplazamiento de la discusión y debate por el drama individual.- El desplazamiento de los temas y actores de la violencia política hacia la violencia delincuencial. Macassi (2001:14-15), aunque algunos de los elementos perdidos en este procesos se han trasladado a las redes sociales y a los blogs pero de manera dispersa y desordenada.
El hecho es que también los conflictos tienen una importancia para los medios, la cobertura en los momentos de crisis atrae la atención ciudadana, mantiene los rating altos y genera corrientes de opinión que repercute en sus ingresos, pero debido a la forma en que se ha constituido el quehacer periodístico con el fujimorismo, existe serias dificultades para desarrollar una cobertura constructiva de los conflictos socioambientales, debido a las consideraciones que a continuación detallamos.
a.- El espacio mediático para los asuntos de la “res publica” es estrecho. El punto de partida de muchos editores de informativos es que los temas políticos no venden, y por ello la agenda noticiosa de los medios "Nacionales" presenta más noticias referidas al espectáculo, los deportes, la farándula y los accidentes que a los asuntos políticos, la apuesta es hacer informativos más atractivos, que llamen constantemente la atención del televidente, en lugar de capturar su entendimiento, por lo tanto el espacio de lo político se estrecha y la atención pública se desvía hacia asuntos que generan escándalos. Esta situación actualmente predominante no siempre fue así durante la década fujimorista los programas políticos dominicales mutaron a programas de variedades marcados por dramas y escándalos.
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En un estudio sobre la cobertura de los noticieros televisivos sobre el Congreso de la República se encontró que “una de cada tres noticias presentadas por los noticieros sobre el Congreso, son enfocadas o enmarcadas desde un frame de confrontación, de pugna y la disputa entre congresistas o grupos parlamentarios” (Macassi y Graham 2003a:6), lo cual restringe la posibilidad de discusión de los proyectos de ley y dictámenes, propios de las funciones congresales, sin visibilidad de la “res publica” y por lo tanto sin que permee la preocupación de los ciudadanos, el debate y la discusión son prácticamente nulos. Las noticias sobre políticas generalmente están centradas en su mayoría en las discusiones, peleas, y disputas entre los actores políticos oficialistas y de oposición, básicamente plateadas desde un "frame" de confrontación, lo cual genera que en la agenda pública no estén presentes los temas de fondo o sean tratados muy superficialmente.
Los actores políticos, aunque descontentos con la cobertura mediática, también están interesados en obtener más pantalla para mantener su posicionamiento e imagen, y muchos no dudan en desarrollar estrategias confrontativas para atraer la atención de los noticieros e incluso participan de los programas de espectáculo con el fin de reforzar su presencia en la mente de los ciudadanos (Macassi, 1999a). Sin embargo, no se trata de un proceso lineal. Sí bien los medios tienen un peso predominante en la forma de construir la agenda pública, como los medios también son parte del sistema político se ven influenciados por muchas de las premisas y formas de hacer política que vienen de los actores políticos, “se nutren de una determinada cultura política que tampoco ha cambiado mucho, esto se vive en las redacciones (…) hay una retroalimentación y una tensión permanentes” (Pedraglio, 2005:306).
Presumiblemente la forma de cubrir los conflictos socioambientales se insertan en esta tendencia de restringir la discusión y el debate, y la forma en que entran a la agenda pública, cuando entran, sea usando preferentemente un "frame" de confrontación, excluyendo la discusión sobre los dimensión de política pública involucrada, en el caso concreto de los conflictos socioambientales la discusión sobre las causas estructurales que generan la actual emergencia de los conflictos.
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b.- Informativos sin una agenda social e inclusión. Otra de las cualidades más notorias de las agenda mediática de los informativos nacionales es la ausencia de los temas sociales, en un análisis de la cobertura realizada por los principales noticieros televisivos
arrojó que en promedio en el año 2003 las “noticias sobre temáticas sociales” ocuparon el
4.1 y 8.9% de la agenda informativa (Macassi y Graham, 2005). A similares conclusiones llega Pedraglio (2005) en un estudio sobre cobertura que la prensa escrita hizo a las elecciones presidenciales precedentes, subrayando el poco porcentaje que tienen temas como la pobreza, la educación, la salud o el empleo. Así mismo, Wilhoit and Weaver al analizar la cobertura de notiticas internacionales de medios Estadounidenses encuentran tendencias confluentes “with such coverage neglecting social problems culture education
health family planning international aid and economic matters” (Beaudoin and Thorson
(2002:48).
De la misma opinión son Macassi y Graham (2005) al señalar que los noticieros “se enfocan en los hechos pero no en los procesos, se concentran en las confrontaciones pero no en los avances, y esta visión fragmentada no contribuye a que el ciudadano termine de
comprender de qué se trata, sino que perciba las dificultades y trabas”.
En la base de estas tendencias informativa se encuentran las premisas en torno a que la
comunicación política debe ser “light”, caso contrario, los públicos cambian de dial, pues
se parte del supuesto “que la pobreza y el trabajo son entendidos como temas aburridos, por lo tanto no se visibilizan, ni se discuten” (Alfaro 2005:13) Sin embargo, esta
tendencia a la satisfacción de las demandas primarias de información termina minando la credibilidad de los propios noticieros frente a la población, la cual percibe inconsistencia en las noticias y es consciente del tratamiento superficial, sin dejar de mencionar que no se asume la responsabilidad social como medio pues no están generando los espacios de deliberación que cualquier democracia necesita para una adecuada gobernabilidad.
En resumidas cuentas, estamos hablando de cierta exclusión de temáticas y actores de la agenda pública que implica un ejercicio de poder pues “the selection of established views for presentation as news may serve a social control function as divergent views become
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confined to the fringes of media coverage and the opposition become marginalized”
Strohom (1999:60), de esta manera al seleccionar no solo temas como lo plantea la agenda setting sino actores también constituye una tendencia del control social que los medios realizan a decir de Martín Serrano (2004) los sistemas de información apuestan a afectar al sistema de referencia con el cual las audiencias interpretan la oferta informativa.
Para la comprensión de los conflictos socioambientales y su adecuado abordaje es clave la presencia de ambas partes y sus puntos de vista y la discusión sobre las problemáticas que están detrás de los conflictos (acceso a recursos naturales o satisfacción de necesidades básicas) la tendencia mediática descrita arroja sombras sobre la forma en que la cobertura de conflictos contribuye a su comprensión, de hecho los datos recogidos aclararán si esta tendencia también se produce en las regiones.
c.- Centralismo informativo. La cobertura de hechos noticiosos ocurridos en las regiones por parte de los medios nacionales es el 15% del total de noticias nacionales (Macassi y Graham, 2005:276). Las regiones solo figuran en la agenda informativa en las secciones de la crónica roja a raíz de algún accidente o debido a alguna crisis o conflicto social que escala. Estos datos no hacen sino reafirmar lo restringida que es la agenda pública de los noticieros nacionales y lo difícil que es acceder a la visibilidad pública de las demandas, especialmente siendo de provincias estas son relegadas y muchas veces solo tienen la oportunidad de figurar en la mente de la opinión pública o de los decidores y ciudadanos cuando se presentan como conflictos.
Con el proceso de descentralización el país tiene nuevos escenarios nacionales, sin embargo, la producción informativa de los medios de alcance nacional parece concentrada solo en Lima, y especialmente en los asuntos metropolitanos, es más fuera de Lima, son pocos los medios que tienen una cobertura que abarque más de una región. En los países vecinos, la producción informativa se encuentra diversificada en dos o más polos de producción: Quito y Guayaquil en Ecuador, Medellín, Cali y Bogotá en Colombia, Sao Paulo, Río de Janeiro y Brasilia en Brasil, Santa Cruz, La Paz y
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Cochabamba en Bolivia, entre otros. Sin embargo, el centralismo limeño de la información nacional cuestiona la visión de país que se tiene, si los medios, que es por donde discurre ahora lo político, no presentan una visión total del país, ¿desde qué institución es que se construye la visión de país? La respuesta aparente es desde ninguno, estamos por lo tanto permeados por la fractura territorial, pues el mapa simbólico viene siendo elaborado por y desde Lima metropolitana sin recoger las la nueva realidad del país, sin dar cuenta de las dinámicas políticas y de los procesos económicos de las regiones.
En cuanto a los conflictos socioambientales estos tienen la misma dificultad de ingresar en la agenda pública nacional, solamente cuando se producen medidas de fuerza que amenazan la estabilidad o los derechos, es decir en la etapa de crisis, es que los conflictos aparecen en los medios, el estudio arrojará información sobre en qué etapa en el ciclo de vida de los conflictos son recogidos por la prensa regional.